Mostrando entradas con la etiqueta obispos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta obispos. Mostrar todas las entradas

31 de agosto de 2015

San AIDANO DE LINDISFARNE. M. 651.


Martirologio Romano: En Lindisfarne, de Northumberland, san Aidano, obispo y abad, varón de suma mansedumbre, piedad y recto gobierno, que, llamado del monasterio de Iona por el rey Oswaldo, estableció allí su sede episcopal y un monasterio, para dedicarse con eficacia a la evangelización de aquel reino

Oriundo de Irlanda. Abrazó la vida religiosa en el monasterio de Iona, donde no enseñó nada que no viviese antes. Los caminos los hizo a pie para poder hablar con las personas con las que se iba encontrando y poder evangelizarlas. Fue muy generoso y todo lo que poseía lo entregaba al más necesitado. Pasó a Inglaterra con otros monjes para colaborar con san Oswaldo, rey de Northumbría, en la evangelización de los sajones, que le entregó las islas de Lindisfarne y la de Farne, situadas al sur. Estableció su sede en Lindisfarne, abadía de la que fue fundador (635) (la isla santa), que gobernó como abad y obispo de Northumbría; su diócesis se extendía desde la parte norte desde Tyne al estuario de Edimburgo, y todas las iglesias que se edificaron tuvieron su origen en el episcopado de Aidán, como lo tuvieron también algunas de los que habitaban en la parte sur del mismo reino desde Tyne a Humber. La sede de York había estado vacante durante 20 años, desde que la fundara san Paulino. 
Aidán gobernó todas las iglesias de Northumbría durante 17 años. Según Beda, se distinguió por su celo apostólico, su caridad y su sabiduría, creando, durante los 18 años de su episcopado escuelas, iglesias y monasterios. A través de sus acciones mostró que ni buscaba ni amaba las cosas del mundo: los presentes que le hacía el rey, o cualquier otro hombre rico, los distribuía entre los pobres o los utilizaba en redimir cautivos. Raramente se sentaba a la mesa del rey, y nunca sin llevar con él a alguno de su clero, y siempre después de un ligero refrigerio se apresuraba a leer o rezar en la iglesia o en la celda. Mantuvo excelentes relaciones con el sucesor del rey san Oswaldo, san Oswino. Murió en Bambourough. 

30 de agosto de 2015

Beato JUAN JUVENAL ANCINA. (1545-1604).


Martirologio Romano: En Saluzzo, en el Piamonte, beato Juan Juvenal Ancina, obispo, que, habiendo sido antes médico, fue uno de los primeros en entrar en el oratorio de san Felipe Neri.

Natural de Fossano (Cuneo-Italia). En su juventud fue un gran amigo de san Francisco de Sales. Estudió en Montpellier, Padua, Mondoví y Turín, doctorándose en Filosofía y Medicina en 1567. Fue médico y profesor de medicina en Turín.
Hombre de gran cultura, era muy devoto y veía en su profesión un modo de expandir la Fe tanto en su actitud para con sus pacientes como en sus enseñanzas. Dándose cuenta de que el cuidado de las almas es más importante que el del cuerpo, siempre urgía a los enfermos para que acudieran a un sacerdote, antes de empezar su tratamiento. Como recreación, Juvenal escuchaba música, componía versos latinos y jugaba al ajedrez. Pertenecía a una hermandad religiosa y estudiaba Teología por sus propios medios, aunque parece que puede haber tenido alguna asociación con los Agustinos. Tal era la vida que llevaba, cuando en una Misa de Réquiem en el monasterio agustino, las palabras del “Dies Irae” lo llenaron de terror hacia el juicio divino. Durante el regreso a su casa, las palabras del profeta Sofonías lo atormentaban: "Cerca está el día del Señor; próximo está y llega con suma velocidad. Es tan amarga la voz del día del Señor que lanzarán gritos de angustia hasta los valientes". Pese a que él había llevado una vida objetivamente sin culpas, se dio cuenta de que podía emplear mejor los magníficos talentos que Dios le había dado. Ese mismo día resolvió abandonar cualquier pequeña vanidad a la cual hubiera cedido y dedicarse a seguir solamente los designios de Dios. Se aplicó a la oración y a las lecturas espirituales para determinar qué era lo que Dios quería de él.
Siete años más tarde se fue a Roma como asesor del conde de Madruzzi di Challant, embajador del príncipe de Saboya, ante el Papa. Descubriendo que tenía mucho tiempo libre, decidió sacar provecho de esa situación y empezó a estudiar Teología nada menos que con san Roberto Bellarmino. En Roma conoció a san Felipe Neri, encuentro que haría cambiar su vida. Lo hizo su director espiritual y se hizo sacerdote del Oratorio en 1578. 
En 1586 san Felipe lo envió a Nápoles, donde estableció un oratorio que se le conocerá como el “oratorio de los príncipes” por su gran influencia en la nobleza napolitana. Revisó los “Anales Eclesiásticos” del cardenal Baronio. Rápidamente se ganó la reputación de buen predicador. También hizo uso de sus talentos musicales para hacer crecer la piedad popular -especialmente recordada es su “Tempio Armonico della Beatissima Vergine”, una colección de canciones espirituales para tres, cinco, ocho y doce voces. Debemos mencionar que estas canciones nunca fueron parte de la liturgia, pues Juvenal, con toda razón, pensaba que la música sagrada hacía la liturgia más solemne y hermosa.
En 1596 regresó a Roma y poco tiempo después fue nombrado obispo de Saluzzo por el papa Clemente VIII, a pesar de que Juvenal opusiera una fuerte resistencia. Su breve episcopado, sin embargo, fue fructífero, y se caracterizó por varias iniciativas dirigidas a ayudar a sus fieles a crecer en piedad y caridad. Al mes de haberse hecho cargo de la Diócesis, comenzó el trabajo de reformar las vidas tanto del clero como de los laicos. Buscando combatir la herejía, convocó un Sínodo para implementar los decretos del Concilio de Trento, anunció la fundación de un Seminario, y organizó devociones para incrementar la adoración al Santísimo Sacramento. También puso gran énfasis en inculcar la fe en las enseñanzas de la Iglesia e introdujo el uso del catecismo. Prontamente la gente lo tuvo en gran estima incluso su inmediato vecino, el Obispo de Ginebra, san Francisco de Sales, quien apreciaba su humilde y pacífico carácter.
Un religioso al que había descubierto mientras procuraba hacer del mal a una comunidad, le envenenó. Enfermo ya de muerte, el prelado prohibió denunciar al criminal, dando así su última prueba de caridad y paciencia. El beato Juvenal es el único de los miembros del Oratorio que conoció personalmente a san Felipe y que llegó a los altares. El cuerpo del beato Juvenal descansa en la Catedral de Saluzzo, bajo un altar dedicado a él. Fue beatificado por el papa León XIII en 1890.

Beatos DIEGO VENTAJA MILÁN y MANUEL MEDINA OLMOS. M. 1936.


Martirologio Romano: En Almería, en España, pasión de los beatos mártires Diego Ventaja Milán, obispo de Almería, y Manuel Medina Olmos, obispo de Guadix-Baza, que, encarcelados por odio al nombre de cristiano, soportaron pacientemente insultos y sevicias, hasta que por la noche fueron ejecutados

Diego nació en Ohanes (Almería); su padre era herrero. Muy joven pidió a su madre ser sacerdote, quizás por esta razón la familia se trasladó a vivir a Granada, donde conoció una gran pobreza; luego la familia se estabilizó y él fue admitido como fámulo por el abad del Sacro Monte. En 1888 comenzó sus estudios en esta abadía y tuvo como compañeros a varios siervos de Dios: Andrés Manjón y José Gras Granollers. Consiguió una beca en Pontificio Colegio Español de Roma para estudiar en la universidad Gregoriana. Fue ordenado sacerdote en 1902 en Roma. En Granada fue un gran catequista y pedagogo; fue un predicador incansable y de profunda espiritualidad y conocido por su desprendimiento y humildad en Sacro Monte, donde logró una canonjía en la iglesia magistral;permaneciendo más de 12 años de capellán en el Sacro Monte, cuando diferentes obispos amigos suyos, entre ellos el de Madrid-Alcalá, le ofrecieron en sus diócesis los primeros cargos, no aceptando aquellos ofrecimientos porque, decía, todo lo que él era lo debía al Sacro Mote y él debía dedicar su servicio y actividad. Colaboró estrechamente con don Manuel Medina en la obra de las Escuelas del Ave María. 
En la vida de Diego se pueden distinguir dos épocas: una anterior a la muerte de su madre; otra la que siguió a este hecho. De salud pobre y enfermiza, puesto que tenía un pulmón gravemente lesionado mientras vivió su madre, sin faltar a su deber, evitó cuanto pudiera perjudicar su salud. Muerta su madre se entregó tan de lleno a la vida de apostolado que menospreciba todas las demás cosas. 
En el 1935, fue nombrado obispo de Almería por el papa Pío XI. En su consagración lo presentó su compañero de martirio el obispo de Guadix, el beato Manuel Medina Olmos. Ejerció su ministerio episcopal durante un año en el que intentó hacer un viaje pastoral, para conocer la diócesis y sus problemas.
Al estallar la guerra civil tuvo posibilidades de ponerse a salvo, pero nunca quiso dejar a sus feligreses: "nunca deseé ser obispo; de lo que no me arrepiento es de ser sacerdote". Tuvo que abandonar el palacio episcopal y marchó a la casa del Vicario General, donde fue detenido, junto con el obispo de Guadix, Manuel Medina y trasladados en la cárcel de las Adoratrices, primero estuvieron aislados y luego los reunieron con religiosos lasalianos y sacerdotes diocesanos. Les obligaron a dejar el traje eclesiástico. Serán trasladados al barco “Astoy Mendi” convertido en prisión, y luego al “Jaime I” donde realizaron tareas de limpieza con el escarnio de los tripulantes. Después volvieron al “Astoy Mendi”. Fueron sacados del barco con otros religiosos y seglares y llevados en una camioneta hasta el llamado Barranco del Chisme, en la carretera que va de Almería a Motril. En término municipal de Vícar donde les hicieron bajar y dieron la orden de fusilarlos; el obispo Medina pidió hablar y dijo que ellos no habían hecho nada que mereciera la muerte, pero que los perdonaba para también ser perdonado por Dios, y deseaba que la suya fuera la última sangre. 

Manuel nació en Villa de Lanteira (Granada), en el seno de una familia campesina. Muerta su madre, pasó a Caniles con un tío suyo, párroco de la localidad. Ingresó en el seminario de Guadix donde realizó sus estudios llegando a ser doctor en Teologia. También estudió en la universidad civil de Granada donde se licenció en Derecho civil y Filosofía y Letras, cuando ya era sacerdote.
Fue ordenado sacerdote en 1891, fue nombrado párroco del Sagrario de la catedral de Guadix y prefecto de estudios del seminario diocesano. En 1892 obtuvo una canonjía en el Sacromonte de Granada, donde residió 36 años, donde ejerció la enseñanza y durante 10 años fue rector del colegio, dio misiones por los pueblos de Granada y Almería. Fue íntimo colaborador de don Andrés Manjón y desempeñó diversos cargos en el movimiento educativo "Ave María"; en 1923 fue elegido director de estas escuelas. Fue considerado el catequista más cualificado de su tiempo. En 1926, fue consagrado obispo auxiliar de Granada en Roma, tuvo muy pronto dificultades con el cardenal de Granada, que le confió cargos y misiones menores; mientras Don Manuel se dedicó a su canonjía y a las escuelas del "Ave María", pero por una queja del cardenal a la nunciatura, como pasó con Diego Ventaja, tuvieron que dejar sus canonjías. También presentó su dimisión como obispo auxiliar pero no le fue aceptada y continuó con su trabajo en las Escuelas el Ave María y en la visitas pastorales. En 1928 fue elegido obispo de Guadix-Baza, donde procuró estar siempre atento a sus feligreses en sus necesidades espirituales y materiales. Se dedicó especialmente a los pobres. En 1934, fue nombrado administrador apostólico de Almería, donde estuvo un año, simultaneando su cargo con el de obispo de Guadix, hasta que fue nombrado obispo su amigo el beato Diego Ventaja.
En 1936, fue detenido a causa de su condición de obispo, pudo haber huido pero no quiso; compartió prisión y martirio con el obispo de Almería, Diego Ventaja  y con los Hermanos de las Escuelas Cristianas. Fue trasladado al barco-prisión "Ascoy Mendi" y obligado a hacer trabajos manuales en el acorazado Jaime I, donde sirvió de burla a los marineros; antes de ser fusilado en el barranco del Chisme, en Almería, perdonó a sus ejecutores "para que Dios me perdone a mí". Sus restos fueron rociados con gasolina y quemados, y ahora reposan en la catedral de Almería. Los dos obispos fueron beatificados en Roma el 10 de octubre de 1993 por san Juan Pablo II.

Beato ALFREDO ILDEFONSO SCHUSTER. (1880-1954).


Martirologio RomanoEn Venegone, cerca de Varese, en Italia, beato Alfredo Ildefonso Schuster, obispo, que, siendo abad de San Pablo de Roma, fue elevado a la sede episcopal de Milán, donde, con gran cuidado y diligencia, desempeñó con admirable sabiduría su función de pastor por el bien de su pueblo

Nació en Roma. Su padre Juan Schuster, era oriundo de Baviera y se enroló en los zuavos pontificios, en donde ejerció el oficio de sastre, hasta que, con la pérdida de los Estados Pontificios, fue dado de baja. Su padrino de confirmación fue el marqués Clemente Sachetti, que lo tomó bajo su protección. Las Hijas de la Caridad y sus muchos protectores, sobre todo el barón Pfiffer de Altishofen, que conocían bien sus cualidades y su inclinación acentuada hacia la vida religiosa, lo encaminaron a través del benedictino Gregorio Palmieri, que trabajaba en el archivo secreto del Vaticano, a la escuela monástica del monasterio de San Pablo Extramuros de Roma. Alfredo fue benedictino y adoptó el nombre de Ildefonso.
No fue del todo feliz en su primera época en la escuela benedictina, porque tenía un defecto de pronunciación y que le humillaba mucho. En 1899 hizo su profesión religiosa. En la escuela conoció y trabó amistad con el beato Plácido Riccardi. Estudió en el Ateneo de San Anselmo de Roma, donde se doctoró en Filosofía, pero a él lo que le apasionaba eran los estudios históricos y arqueológicos. Fue ordenado sacerdote en 1904 y fue profesor en el monasterio; fue maestro de novicios, prior y entre 1904 a 1918, abad del monasterio. Fue también profesor de San Anselmo y en la Escuela de Arqueología Sagrada, en donde enseñó liturgia. Escribió “Liber Sacramentorum”, que tuvo mucho éxito. 
Fue llamado por la Sede Apostólica para grandes y graves misiones en las diócesis de Italia. Fue consultor en varias sagradas congregaciones romanas. Como prelado de la abadía “nullius” de San Pablo de Roma, hizo una labor apostólica de gran importancia. Ayudó mucho al papa Benedicto XV, que le tenía gran estima, y se dice que a él se debe el borrador de la encíclica en la que se declaró a san Efrén, doctor de la Iglesia. También intervino en la fundación del Instituto Pontificio Oriental. 
Pío XI le nombró Cardenal y Arzobispo de Milán en 1929. Rigió la diócesis de Milán durante 25 años, y se inmoló por ella. Comía muy poco. Se interesó mucho por la formación y santificación del clero. Tenía un elevado concepto de la parroquia, pero no descuidó otras formas de apostolado, como la Acción Católica y la prensa católica. Defendió a todo el que estaba en peligro sea cual fuera el régimen gubernamental y fue célebre por su oposición al régimen de Mussolini, aunque apoyó la invasión de Etiopía, y por ello fue acusado de “filofascista”, aunque se opuso a la unión del fascismo con el nazismo por su política racial. Condenó en una dura homilia al régimen fascista. Salvó muchas vidas e intervino para que el cadáver de Mussolini fuera enterrado cristianamente. Fue legado pontificio en muchas ocasiones. Dio todo cuanto podía hasta quedar sin nada. Fundó “Charitas” y la “Domus Ambrosiana” y apoyó la fundación de la Universidad Católica de Milán. Murió con 74 años en Venegono y la homilía fúnebre fue predicado por el cardenal Roncalli, el futuro Juan XXIII; le sucedió el cardenal Montini, luego el futuro Pablo VI, que fue quien inició su proceso de beatificación. Fue siempre un monje que ejerció como obispo. Fue beatificado por el papa Juan Pablo II el 12 de mayo de 1996.

28 de agosto de 2015

San AGUSTÍN DE HIPONA. (354-430). Doctor de la Iglesia.


Martirologio Romano: Memoria de san Agustín, obispo y doctor eximio de la Iglesia, el cual, después de una adolescencia inquieta por cuestiones doctrinales y libres costumbres, se convirtió a la fe católica y fue bautizado por san Ambrosio de Milán. Vuelto a su patria, llevó con algunos amigos una vida ascética y entregada al estudio de las Sagradas Escrituras. Elegido después obispo de Hipona, en África, siendo modelo de su grey, la instruyó con abundantes sermones y escritos, con los que también combatió valientemente contra los errores de su tiempo e iluminó con sabiduría la recta fe


Aurelio Agustín nació en Tagaste (Numidia, la actual Souk Ahras, en Argelia). Su padre -Patricio- era pagano (se hizo cristiano antes de morir) y su madre cristiana -santa Mónica- quiso siempre que su hijo se convirtiera. Tuvo dos hermanos, Navigio y una hermana cuyo nombre desconocemos. 
Recibió primero una formación cultural clásica en Madaura (la lectura del “Hortensio” de Cicerón le inspiró el amor a la sabiduría) donde se sintió atraído por las seducciones de la ciudad de Apuleyo hasta el punto de que, de joven retórico latino, lloraba leyendo en Virgilio la muerte de Dido, mientras abominaba de las Escrituras bíblicas, horriblemente duras e incultas, según él. Al mismo tiempo se dedicó al juego, y a los amores prematuros "No amaba todavía -nos dice él mismo- pero amaba el amar y ser amado". Agustín se marchó de casa a los 14 años hacia Cartago (371) donde inició estudios en Filosofía. Enseñó gramática en Tagaste (374) y retórica en Cartago (375-83) y llegó a recibir galardones. Abrazó primeramente el maniqueísmo, con 19 años, que desde hacía dos siglos se había difundido desde Asia por el área mediterránea y que se presentaba, como una derivación del viejo gnosticismo; esto es, como una explicación del mundo para resolver el problema del mal con el dualismo del cuerpo (sede del mal) y del espíritu (sede del bien). Se convirtió en uno de sus teóricos más encumbrados.
Se trasladó a Roma, con su segunda amante, de la que tuvo un hijo (Adeodato). Agustín decepcionado del maniqueísmo, se refugió en el escepticismo. "Me negaba a prestar ciego asentimiento a cualquier cosa por temor a los precipicios, pero la cuerda que me mantenía suspenso me estrangulaba". Leyó la “Vida de San Antonio Abad”, que le causó una gran impresión. 
De Roma se trasladó a Milán para ocupar una cátedra de Elocuencia (384). Allí recibió la visita de su madre y tuvo ocasión de escuchar a san Ambrosio de Milán, cuyas explicaciones alegóricas de la Escritura le cautivaron y... un día tomó y leyó las cartas de san Pablo "Revestíos de nuestro Señor Jesucristo y no hagáis caso de la carne en sus deseos". En la búsqueda de la verdad, estuvo perplejo por el origen del mal y encontró dificultad en concebir que Dios fuera un espíritu puro. Y se fue dejando penetrar de la luz que le brindaron las obras de Platón y el neoplatonismo, pero no encontró nada en ellas acerca de la redención humana, y por ello se puso a leer los escritos de san Pablo. "Padre, haz que yo te busque... Nos has hecho, Señor, para Ti y está inquieto nuestro corazón hasta que descanse en Ti". Poco a poco se entregó todo a Dios, y a su divina  sabiduría. "Por la libertad de mi alma, me sujeté a no tomar mujer". 
Tenía 32 años cuando lo bautizó san Ambrosio en el 387, junto con su amigo san Alipio y su hijo san Adeodato. Tardó años en renunciar a su amante. "Señor enséñame la castidad, pero no ahora" dirá con cierto humor. Su hijo murió a los 15 años. Fundó una comunidad religiosa, pero él tuvo sus dudas y luchas. Dejó a su amante y vivió en régimen monástico desde el 388 al 391 en Tagaste. En el 390, fue ordenado presbítero por el obispo de Hipona, Valerio, a quien sucedió en el cargo. Santa Melania "la Joven" le pidió consejo para fundar un monasterio en África y tuvo relaciones epistolares con santos Jerónimo, Paulino de Nola, Fabiola y muchos otros. En el 395, fue nombrado obispo de Hipona (hoy Annaba, Argelia), y vivió comunitariamente vida de perfección, dedicando su vida a la defensa de la ortodoxia cristiana y a la lucha contra la herejía y cismas especialmente el donatismo, el maniqueísmo y el pelagianismo. Escribió: “La ciudad de Dios”, “De Trinitate”, “Las Confesiones”, “Sobre la predestinación de los Santos” y “Sobre el don de la perseverancia”. Es uno de los teólogos y filósofos que más han influido en la historia de la Iglesia. Una de sus frases más famosas es “si has entendido, entonces lo que has entendido no es Dios”. Se le conoce como el Doctor de la Gracia. MEMORIA OBLIGATORIA.

San ALEJANDRO DE CONSTANTINOPLA. M. 336.


Martirologio Romano: En Constantinopla, san Alejandro, obispo, cuyas apostólicas súplicas, según escribe san Gregorio Nazianceno, lograron vencer al jefe de la herejía arriana.

Alejandro contaba ya con setenta y tres años cuando fue elegido obispo de Constantinopla (317-336) sucedió a san Metrófanes. Combatió el arrianismo. Se dice que participó como presidente en el I Concilio de Nicea, pero parece que no es cierto y que se equivoca con otro Alejandro. Tomó posiciones contra Arrio, que según escribió san Gregorio Nacianceno, lo llamó "jefe de la impiedad". El año 336, Arrio entró triunfalmente en Constantinopla. Llevaba una orden del emperador para que Alejandro le admitiese a la comunión. Se cuenta que el santo patriarca se encerró entonces en la iglesia a orar, junto con Santiago de Nísibis, para que Dios lo iluminara en el momento en que aquel hereje se aproximase a comulgar. Como quiera que haya sido, la víspera de la recepción de Arrio en la iglesia, el heresiarca falleció repentinamente. Los cristianos vieron en ello una intervención divina debida a las oraciones de Alejandro.  
Tenemos pocas noticias de él, se sabe que gozó de un gran prestigio moral y espiritual. Poco después de su elección, el emperador Constantino organizó una reunión de teólogos cristianos y filósofos paganos: pero, como todos los filósofos quisiesen hablar al mismo tiempo, la reunión se convirtió en un desorden. Entonces, Alejandro les aconsejó que eligiesen a los más autorizados de entre ellos para exponer su doctrina. Cuando uno de los oradores estaba en la tribuna, el santo exclamó: "En el nombre de Jesucristo, te mando que te calles". Según se dice, el pobre filósofo perdió el habla hasta que Alejandro se la devolvió. Este prodigio impresionó más a los filósofos que todos los argumentos de los cristianos. 
El antiguo Martirologio decía "Por el poder sus oraciones (las de Alejandro), Arrio, condenado por el juicio de Dios se partió por el medio y le salieron la vísceras". 

San VIVIANO DE SAINTES. M. 460.



Martirologio Romano: En Saintes en Francia, san Viviano, obispo.

Obispo de Saintes en Francia occidental. Protegió a su pueblo durante la invasión de los visigodos. Su festividad se celebra junto a la de su predecesor san Ambrosio. 
Natural de Saintes, su padre era pagano y su madre cristiana. Fue nombrado administrador de la región de Saintes por el emperador Honorio. Abandonó esta vida y se puso a disposición del obispo san Ambrosio de Saintes, que lo ordenó sacerdote, cuando murió Ambrosio, fue elegido para sucederle como obispo de Saintés.
Su episcopado transcurrió en los tiempos difíciles de las incursiones de los godos y le llevaron a defender, de forma directa, a sus fieles. Cuando el rey de los visigodos, Teodorico, invadió la región, acompañó a los prisioneros a Toulouse para apoyarles en su aflicción. Consiguió, tiempo después, el aprecio de Teodorico y consiguió su liberación así como recortes en los impuestos que sus conciudadanos no podían pagar y la ayuda de los visigodos para defenderse de las incursiones de los piratas sajones y para reconstruir la catedral de la ciudad.
En Luzeret, cerca de Argenton-sur-Creuse, hay una iglesia parroquial dedicada a san Viviano donde está representado en una estatua y en una vidriera.

27 de agosto de 2015

San CESÁREO DE ARLES. (c.470 - 542).


Martirologio Romano: En Arlés, de la Provenza, san Cesáreo, obispo, que, después de haber llevado vida monástica en la isla de Lérins, recibió ese episcopado en contra de sus deseos. Preparó y reunió sermones apropiados para las festividades que los presbíteros debían leer con objeto de instruir al pueblo y escribió también reglas de vida, tanto para hombres como para religiosas, para dirigir la vida monástica.

Nació en territorio de la ciudad de Cabillón (Châlon-sur-Saône), Francia, en el seno de una familia acaudalada de origen galorromano. A los 18 años, pidió a san Silvestre, obispo de la ciudad que lo admitiese en el clero de Châlons, donde que permaneció aproximadamente dos años; a los 20 años se ingresó como monje benedictino en Lerins donde recibió una sólida formación espiritual; su vida hizo que sus cohermanos le eligieran mayordomo o procurador de la comunidad, pero sus penitencias fueron tantas que su salud se resintió y sus superiores lo mandaron a reponerse a Arles. 
En el 449 recibió el cometido de restaurar la disciplina en un monasterio de los alrededores de Arles del que fue nombrado abad y allí recibió el sacerdocio de manos del obispo san Eonio y a los 30 años fue elegido arzobispo de Arles (502), sucediéndo a san Eonio. Fue un gran hombre de iglesia, presidió diversos concilios y particularmente el de Orange (529), en el cual se condenó el semipelagianismo. Su doctrina sobre la gracia es agustiniana. También luchó contra el paganismo residual. Fundó la gran abadía femenina de Aliscamps de Arles, que lleva su nombre; y para aquella comunidad escribió una regla monástica (“Regula sanctarum virginum”); su hermana santa Cesarea fue la abadesa. Anteriormente había escrito “Regula monachorum”, destinada a los monjes. Como síntesis de toda su vida escribió la llamada “Recapitulatio”, documento que nos detalla la organización de la vida religiosa a principios del siglo VI.  
Se preocupó mucho del decoro en las funciones litúrgicas y fue un excelente predicador, de manera que sus homilías  todavía se pueden leer con gran deleite. Fue ante todo un gran moralista. Se enfrentó a los reyes Alarico II y Teodosio. Fue guía de su pueblo en asuntos sociales y políticos, y siempre se demostró digno de su confianza. Durante el periodo de miseria provocado por el asedio de Arles en el 508 vendió los tesoros de su iglesia para socorrer a los pobres. Se dice que ha sido el primer obispo de Europa occidental en recibir el palio del Papa, cuando le pidió al papa san Símaco que fuera confirmada para Arles, la dignidad de sede metropolitana. Se le considera uno de los fundadores de la iglesia de Francia y uno de los Padres de la Iglesia. 

San AMADEO DE LAUSANA. (1110-1159).


Martirologio Romano: En Lausana, entre los helvecios (hoy Suiza), san Amadeo, obispo. Siendo monje de Claraval, fue designado abad del cenobio de Hautecombe y elegido, más tarde, para la sede episcopal, desde donde educó con destreza a los jóvenes, formó un clero piadoso y casto y cantó las alabanzas en su predicación de la bienaventurada Virgen María

Nació en el castillo de Chatte del Delfinado. Cuando tenía ocho años, su padre, el beato Amadeo de Clermont, señor de Hauterive, tomó el hábito religioso en la abadía cisterciense de Bonnevaux. El santo fue al mismo convento a proseguir su educación, pero al poco tiempo pasó, con su padre, a Cluny. Después sirvió en la Corte del emperador Enrique V. 
En 1125, se hizo monje en Claraval cuando era abad san Bernardo, que en 1139, le envió como abad a Hautecombe en Saboya. El monasterio había adoptado la reforma apenas cuatro años antes y sus finanzas se hallaban en un estado lamentable. Amadeo animó a la comunidad a soportar gozosamente esas dificultades adicionales, y con una administración cuidadosa, logró sacar al monasterio del mal paso. 
En 1144, se vio obligado a aceptar, por orden del Papa Lucio II, la sede de Lausana, donde se encontró pronto envuelto en luchas con los nobles y fracasó en su intento de persuadir al emperador Conrado para que acudiese en ayuda del Papa contra Pierleone. Cuando Amadeo III, duque de Saboya, partió a la segunda Cruzada, Amadeo fue nombrado corregente con Humberto, el hijo del duque. Cuatro años antes de su muerte, Federico Barbarroja le hizo canciller de Borgoña. Como obispo enseñó a los jóvenes con su ingenio, formó un clero puro y piadoso y ensalzó a María en sus sermones. Nicolás, el secretario de san Bernardo, habla en términos muy elogiosos de la virtud de este activo prelado. Su antiquísimo culto fue aprobado en 1903 por el papa Pío XI. 

25 de agosto de 2015

Santo TOMÁS CANTALUPE. (c.1218 - c.1282).


Martirologio Romano: En Montefiascone, de la Toscana, muerte de santo Tomás Cantelupe, obispo de Hereford, en Inglaterra, quien, célebre por sus conocimientos, se mostró severo para consigo mismo, pero excepcionalmente espléndido para con los pobres.

Nació en Hambledon (Buckinghamshire, Inglaterra), era hijo del barón normando lord Guillermo de Cantelupe, senescal del rey Juan de Inglaterra. Encomendada su educación primero a su tío Walter Cantelupe, obispo de Hereford, y luego al arzobispo de Canterbury el dominico fray Robert Kilwarby, pasó en la adolescencia a París a estudiar filosofía y de ahí a Orleans donde se graduó en Derecho civil. Acompañando a su padre, asistió en 1245, al I concilio de Lyon, donde el papa Inocencio IV lo ordenó sacerdote y le dio el título de capellán suyo. Estudió en Oxford donde se doctoró en Derecho canónico y donde fue profesor de esta materia; en el 1261 fue nombrado canciller de la universidad de Oxford. 
Tomó parte en la luchas entre los barones y el rey Enrique III, y solicitó el arbitrio del rey de Francia. No pudo evitar una guerra civil, pero al salir victoriosos los barones, le nombraron canciller del reino de Inglaterra en el 1265. Pero él no quiso meterse en política y renunció; regresó a sus clases en Oxford. El papa el beato Gregorio X, le nombró capellán pontificio, y para que asistiera al II concilio de Lyon, donde tuvo lugar la unión con el Oriente cristiano. Su generosidad fue proverbial frente a todos los indigentes que pululaban en Oxford. Esto hizo que en 1275, se le nombrara obispo de Hereford en Gales. Después el rey Eduardo, lo eligió como su consejero. Pasó los 7 años de su episcopado en incesante actividad pastoral y en continua batalla en defensa de los derechos de su diócesis, que había pasado un periodo de mal gobierno y de abandono, sobre todo a causa de la guerra civil. 
Murió en Montefiascone donde había apelado al papa Martín IV, después de una violenta discusión con el arzobispo de Canterbury, Juan Peckham, que lo había excomulgado. El Papa desde el punto de vista jurídico no pudo darle la razón, y le exhortó a la paciencia y a la prudencia. No conoció el éxito de su recurso, así que murió fuera de la comunión Iglesia. Algunas de sus reliquias fueron llevadas a Hereford, donde nació un movimiento popular para su canonización, sostenido por su amigo y sucesor Ricardo Swinfield y apoyado por el rey Eduardo I; el recuerdo de su santidad y celo personal prevaleció por encima de su mal carácter y de la excomunión y fue canonizado en 1320 por el papa Juan XXII. 
El Martirologio Romano menciona a Santo Tomás el día del aniversario de su muerte, pero los canónigos regulares de Letrán y las diócesis de Birmingham, Shrewsbury y otras celebran su fiesta el 3 de octubre. Las diócesis de Cardiff y Salford la celebran el 5 de octubre, y la de Westminster el 22 del mismo mes.

24 de agosto de 2015

San AUDOENO DE ROUEN. (c.610 - c.676).


Martirologio Romano: En Clichy, en la región de París, muerte de san Audeno, obispo de Rouen, que desde el cargo de refrendario del rey Dagoberto fue elevado al episcopado y gobernó felizmente su iglesia a lo largo de cuarenta y tres años, fundando muchísimos templos y protegiendo los monasterios.

Nació en la región de Sancy, junto a Crécy-en-Brie, en el seno de una rica familia aristócrata de la corte de Neustria su verdadero nombre era Dado y adoptó el nombre de Audoeno después de que fuera designado obispo. En el 610, se trasladó con su famiia a Ussy-sur-Marne, donde más tarde frecuentó a un grupo de monjes dirigidos por san Columbano, que dajaron una impronta en su formación cultural. En la corte del rey Dagoberto I, que le nombró refrendario, estableció amistad con santos Eloy, Farón de Meaux, Desiderio, obispo de Cahors, Wandregisilio y Pablo de Verdún. Fundó, siendo un cortesano, la abadía de Rebais en el 636, en la diócesis de Meaux, a la que dio el nombre místico de “Jerusalén”, y también promovió y sostuvo otras fundaciones en los años sucesivos: la abadia de Flay en el Bray, de Fontenelle y de Jumièges. Entre el 640 y el 641 fue enviado en misión por la corte a España. Según la leyenda habría evangelizado España donde con sus plegarias consiguió lluvias en abundancia para terminar con la larga sequía.
Fue ordenado obispo de Rouen en el 641 por san Columbano, durante el reinado de Clodoveo II, sucediendo a san Romano. Favoreció las fundaciones monásticas, participó en la traslación de las reliquias de san Márculo. Fundó la capilla Croix-Saint-Ouen. En el 644 participó en el sínodo de Châlon-sur-Saône. Parce que peregrinó a Roma y hacia el 676 viajó a Colonia para recomponer el conflicto entre Austrasia y Neustria, a su regreso murió en Clichy la Garenne, cerca de París, que luego tomó el nombre de Saint Ouen. Ordenó a san Ansberto presbítero, que luego le sucedería en el episcopado. 

22 de agosto de 2015

Beato NARCISO DE ESTENAGA Y ECHEVARRÍA. (1882-1936).


Nació en Logroño. Huérfano de padre y madre (jornalero y lavandera, respectivamente), fue llevado primero a Vitoria y luego a un colegio para huérfanos en Toledo, fundado por Joaquín de Lamadrid (que también sería asesinado en el mes de agosto de 1936), que quedó impresionado por la viva inteligencia del niño. Lamadrid le consiguió una beca en el Seminario de Toledo, graduándose en Derecho con brillantez y siendo ordenado sacedote en 1907. Además del Derecho, sentía predilección por los temas históricos y los relacionados con el arte. Debido a sus talentos fue pronto nombrado canónigo por oposición de la catedral primada.
Amigo y confesor del rey Alfonso XIII, tras quince años de ministerio sacerdotal éste lo eligió como Obispo- Prior de Ciudad Real, Prior de las Órdenes Militares, en 1922. El propio rey le invistió como caballero de la Orden de Santiago. Intervino en el Congreso Catequístico Nacional de 1929, celebrado en Granada, en el Ibero-Americano de Sevilla y en el Eucarístico de Toledo.
Era correspondiente de las Real Academia de la Historia y de la de Bellas Artes de San Fernando, académico de número y director de la Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo, caballero de la belga Orden de la Corona. Dominaba varios idiomas y fue autor de varias obras, entre ellas una historia de la catedral de Toledo que dejó inconclusa. El presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora, que le encargó, en abril del 1936, el “Elogio fúnebre de Lope de Vega”, con motivo del tercer centenario del fallecimiento del Fénix de los Ingenios.
Cuando estalló la Guerra Civil se produjo una situación equívoca. Cuando la situación se complicó, sobre todo a mediados de julio de 1936, y peligraban las personas de Iglesia, algunos amigos ofrecieron, al Sr. Obispo y a su familiar la posibilidad de ponerse a salvo abandonando la diócesis, lo que no aceptaron. Como diría el Prelado: “mi puesto está aquí”. Nuevamente el día 26 ó 27 les ofrecieron la posibilidad de librarse, y su respuesta fue la misma: «aquí está mi puesto”. El 5 de agosto un grupo de milicianos armados asaltaron el obispado, donde él residía, y empezaron un registro meticuloso. El Sr. Obispo defendió el Sagrario de una profanación inminente. En un momento dado amenazaron con matar al Prelado, quien, de rodillas, les dijo: “matadme”. Pero no lo hicieron. 
El día 12 de agosto los echaron fuera del obispado y los acogió una familia amiga, con quien permanecieron hasta el día 22. Ese día los milicianos asaltaron la casa y se llevaron al Sr. Obispo y a su secretario, el beato D. Julio Melgar, que no opusieron la menor resistencia. Los condujeron por el camino de Peralvillo Bajo, hacia el río, donde los asesinaron disparándoles. Al día siguiente sus cadáveres fueron vistos por un testigo, que los reconoció. Llevados al depósito del cementerio, los colocaron en dos sencillas cajas de madera y los trasportaron a la sepultura del Cabildo, donde fueron enterrados. El 10 de mayo de 1940 el cadáver de D. Narciso fue sepultado en la catedral. Sus reliquias fueron exhumadas y nuevamente inhumadas privándolas de la veneración popular. 


Julio Melgar Salgado. Beato. (1900-1936). 
Nació en Bercero (Valladolid). Estudió en el Seminario Universidad de Valladolid, donde conoció al beato Narciso de Estenega y Echevarría, con el que entabló una profunda amistad. Ordenado sacerdote en 1924, por el mismo obispo de Ciudad Real, el beato don Narciso Estenega, quien le nombró su secretario.
Los doce años de vida sacerdotal fue siempre el servidor fiel y prudente, siempre al lado de su obispo, con el que compartió su amor y devoción a la Virgen de Guadalupe, especialmente en las visitas a sus santuario como peregrino en 1925, que hizo la Diócesis de Ciudad Real, en la que su obispo pronunció unas encendidas palabras al besar el manto de la Santísima Virgen en su Camarín. En la visita de 1927, donde estuvieron casi tres días en Guadalupe o en octubre de 1928, en esa maravillosa proclamación de fe que fue la Coronación canónica de Santa María de Guadalupe, como Reina de las Españas o de la Hispanidad.
Su grata amabilidad, sencillez y virtud de servicio le acompañó hasta su temprana muerte, que demostró cuando, el día 22 de agosto de 1936, los milicianos detuvieron al señor obispo Esténega y le dijeron al siervo fiel: “Puede usted quedarse”, a lo que el respondió: “yo voy siempre a donde va el Señor Obispo” y como el obispo iba al martirio, al martirio fue con él “fidelis usque ad mortem. Murió asesinado en El Pliego (Ciudad Real). 

21 de agosto de 2015

San SIDONIO APOLINAR. (c.431 - c.489).


Martirologio Romano: En Auvernia, en Aquitania, san Sidonio Apolinar. Era prefecto de la ciudad de Roma cuando fue ordenado obispo de Clermont, y muy bien formado en lo divino y lo humano, y dueño de gran fortaleza cristiana, se enfrentó a la ferocidad de los bárbaros, como padre de la Iglesia y doctor insigne.

Cayo Solio Apolinar nació en Lyon, en el seno de una familia de la aristocracia galo-romana. Se dice que en su juventud, un día descubrió a unos individuos excavando cerca de la tumba de su abuelo, Sidonio se lanzó contra ellos a caballo y los golpeó como castigo por la profanación. Terminados sus estudios en Lyon y se casó con su prima Pampiniela, la hija de Avito, emperador de Occidente. Sirvió al Estado como jefe del Senado y prefecto de Roma (468-469) y al terminar su mandato se retiró a sus tierras de la Galia, en Lyon y recibió el título de conde. En este retiro se dedicó al estudio y compuso la mayor parte de los “Carmina”
Aunque era laico, fue elegido obispo de Arvernum (hoy Clermont-Ferrand) hacia el 472; se separó de su esposa, renunció a sus cargos civiles, se bautizó y comenzó una nueva vida; se distinguió por su caridad; como tal salvó al pueblo de la furia de los invasores godos mandados por Alarico. Fue hecho prisionero en el castillo de Livia, de donde fue liberado gracias a la intervención de uno de sus amigos, el poeta y retórico León. A este fin, no sólo usó de una fina diplomacia, sino que introdujo en su diócesis, reorganizándola, los días de pública oración llamados "Días de Ruego". 
Entregó a los pobres su gran fortuna y fundó varios monasterios. También fue un hombre de letras: escribió versos latinos con gran habilidad. Tuvo que sufrir la hostilidad de algunos miembros del clero y los avatares de su hijo Apolinar que se había aliado con los godos. Sidonio se vio arrastrado por los acontecimientos y exiliado a Milán, donde huyó para regresar a Galia. Se le considera el último representante de la auténtica cultura clásica, el último de los grandes galo-romanos, antes que las invasiones bárbaras alterasen el clima intelectual de Occidente. Dejó en todos lo que le trataron la sensación de haber procurado, en la medida de lo posible, el bien de cada uno o, al menos, el menor de los males. En esto, dice G. Cremascoli: “habrá de buscarse, si no nos engañamos, la señal de su santidad, que va unida a una hora difícil y trágica en la evolución de la civilización occidental”. 

19 de agosto de 2015

San EZEQUIEL MORENO DÍAZ. (1848-1906).


Martirologio Romano: En Monteagudo, de Navarra, en España, tránsito de san Ezequiel Moreno Díaz, obispo de Pasto, en Colombia, de la Orden de los Recoletos de San Agustín, que trabajó y, por anunciar el Evangelio, dio su vida tanto en las Islas Filipinas como en América del Sur.



Nació en Alfaro (La Rioja), hijo de una humilde familia, su padre era sastre. Desde muy joven quiso ser misionero en Filipinas. Ingresó en la Orden de los Agustinos Recoletos en Monteagudo (Navarra). En el 1869 fue enviado como misionero a Filipinas donde recibió la ordenación sacerdotal en Manila (1871). La integridad de su vida, su amor a los enfermos y su ardor por la difusión del evangelio le ganaron la estima de sus superiores, que a los 24 años le confiaron la delicada tarea de misionero y capellán castrense de una expedición militar a las islas de Palawan. Allí demostró su celo apostólico. También estuvo en Mindoro (1873-76) y Luzón (1876-85). Las fiebres le obligaron a volver a Manila.
Fue nombrado prior del convento de Monteagudo en 1885, y después de su mandato, que fue eficaz, y donde se demostró su celo fue en la carestía de 1887 (llegó a socorrer diariamente a unos 400 pobres). Luego se ofreció como voluntario para restaurar su congregación en Colombia. Llegó a Bogotá en 1889 como superior y allí comenzó a trabajar en la restauración de la observancia religiosa; pronto fue conocido por su celo apostólico en los poblados de Los Llanos. En 1893 se le nombró Obispo titular de Pinara y vicario apostólico de Casanare, y en 1895 se le nombró Obispo de Pasto; cuando se le comunicó la noticia le vino a la mente una pregunta angustiante: "¿Me habré hecho indigno de sufrir por Dios, mi Señor?". Una de sus principales tareas fue la visita pastoral de su amplísima diócesis. No dio descanso en promover toda obra buena. Estas visitas fueron siempre largas y extenuantes. El clima, los caminos, las posadas, los traslados agotadores... A veces regresaba con la salud quebrantada. En Pasto dio gran impulso a las misiones populares y a la instrucción religiosa. 
Con frecuencia predicaba y se sentaba a confesar. Visitó los seminarios, el orfanato, el hospital, la cárcel. Con un grupo de jóvenes formó un instituto religioso femenino dedicado a la enseñanza de la doctrina cristiana a los analfabetos. Un cuidado muy especial lo dedicó a los pobres, a los enfermos y a las monjas de clausura. Y fue sobre todo un misionero, y tuvo una especial devoción al Sagrado Corazón, la eucaristía y María.
En su nueva misión le esperaban situaciones mucho más difíciles y amargas: humillaciones, burlas, calumnias, persecuciones e incluso el abandono de parte de sus superiores inmediatos. "Su profunda vida espiritual, siempre en tensión hacia Dios, su amor a la contemplación atrajeron en torno a él a un grupo de almas escogidas, a las que él guió con sabiduría". 
Con ocasión de una polémica suscitada en torno a su persona presentó su renuncia, para evitar "disgustos y conflictos" y para salvaguardar la fama de "un hermano del episcopado" pero el papa León XIII no se la aceptó, y volvió a su diócesis donde le esperaban nuevas persecuciones y los horrores de una guerra civil. Tuvo que regresar a España a causa de un cáncer de nariz y boca, enfermedad que sufrió con gran heroicidad, ya que tuvo que ser operado sin anestesia. Murió en Monteagudo. MEMORIA FACULTATIVA.

San LUIS DE ANJOU. (1274-1297).


Martirologio Romano: En Brignoles, en la Provenza, de Francia, muerte de san Luis, obispo. Sobrino del rey san Luis, prefirió la pobreza evangélica a las alabanzas y honores del mundo, y joven en años, pero maduro en virtud, fue elevado a la sede de Tolosa. Debido a su delicada salud, descansó piadosamente en el Señor.

Nació en Nocera cerca de Salerno, era el segundo de 14 hermanos e hijo de Carlos II de Anjou. Pariente de san Luis IX, rey de Francia y de santa Isabel de Hungría. Su padre, Luis, fue hecho prisionero de los aragoneses, y el abuelo murió un año después. Luis ofreció su propia vida por el rescate de su padre, liberado después de entregar como rehenes a sus tres hijos Luis, Roberto y Raimundo.
En Barcelona fue tratado con respeto junto con sus otros tres hermanos, que llevaron una vida casi monástica, dirigidos por Luis que era el mayor. Una vez liberado, renunció a todos sus derechos en favor de su hermano Roberto y se retiró a la meditación y penitencia en Castel dell’Uovo (Nápoles). 
En 1296 a los 22 años, fue ordenado sacerdote. Poco después el papa san Celestino V lo consagraba obispo y cuando la diócesis de Tolosa quedó vacante, Luis debió aceptarla por obediencia. Durante el viaje, siempre rehusó los honores que todas las ciudades creían deber tributar al sobrino e hijo de reyes, que había renunciado a la corona para vestir el sayal de la Orden de los Hermanos Menores. Nunca quiso habitar en palacios sino que fue siempre huésped en los conventos más pobres.
Grande fue la admiración de los tolosanos cuando vieron a aquel obispo de veintitrés años, de sangre real, llevar vida de fraile y rodearse de pobres. Visitaba a los enfermos, socorría a los prisioneros, se ocupaba de los hebreos. Pero la prisión y la vida de penitencia habían minado su salud. A pesar de esto quiso estar presente en Roma en la canonización del hermano de su abuelo, el gran san Luis IX rey de Francia. Fue un maltrato del cual el joven obispo tuberculoso, presa de continuas hemotisis, no se repuso más. Murió dulce y piadosamente, en Brignoles, Provenza, a los veintitrés años, siguiendo pronto a su real antepasado en la gloria de los altares. 
Así el príncipe que renunció al trono para hacerse franciscano y quizás el más joven obispo que haya llegado a la santidad, es recordado no sólo en la historia de la piedad, sino también en la de la literatura y en el arte. Enterrado primero en la iglesia franciscana de Marsella, Alfonso V rey de Aragón transportó sus reliquias a la catedralo de Valencia en 1423.

18 de agosto de 2015

Beato REINALDO DE CONCOREZZO. (1245-1321).


Martirologio Romano: En Ravena, en la Romaniola, beato Reinaldo de Concorezzo, obispo, ilustre por su celo, prudencia y caridad.

Nació en Concorezzo, cerca de Milán. Enseñó Derecho en Bolonia y Lodi. Fue canónigo de Laon en Francia. En Roma entró al servicio del cardenal Peregrosso, canciller de la Curia Romana, hasta el 1295, que murió el cardenal. Ingresó entonces al servicio del cardenal Gaetania, sobrino de Bonifacio VIII, hasta que éste murió. El Papa lo hizo uno de sus capellanes, mostrándose generosos con él otorgándole numerosos beneficios. 
Todavía joven fue consagrado obispo de Vicenza en 1296, aunque se oponía el cabildo vicentino; el papa Bonifacio lo mandó promulgar su laudo entre Francia e Inglaterra a propósito de La Guyena (1298). Declarado su vicario por Carlos de Valois en la Romaña, al intentar poner la paz en un tumulto en Forlí fue herido gravísimamente, teniendo lugar al poco tiempo el asalto a Anagni y la muerte de Bonifacio VIII (1303).
El beato Benedicto XI lo nombró arzobispo de Rávena (1303). En la nueva diócesis convocó varios sínodos, gracias a los cuales, con celo y caridad pudo promover la disciplina entre el clero y la pureza de la fe. Personalmente vivió con gran austeridad, lo que le acreditaba a la hora de corregir los abusos. Fue muy amante de los pobres, a los que dedicaba gran parte de sus rentas. 
En 1308 y por encargo de del papa Clemente V presidió el juicio de los templarios italianos. Se negó a obtener confesiones mediante la tortura a pesar de las requisitorias del Papa, y en el concilio en Rávena (1310), apoyó con justicia y moderación a los Templarios, aunque no pudo evitar su supresión por parte de los reyes de Francia y de las presiones del propio papa Clemente V en el Concilio Ecuménico de Vienne (1311-1312), que disolvió la Orden como medida disciplinar, no por sentencia judicial. Sintiéndose anciano y enfermo, se retiró al castillo de Argenta, donde gobernó su diócesis mediante vicarios, murió en Argenta. El culto oficial fue concedido a la diócesis de Ravena y a las otras ciudades por el papa Pío IX el 15 de enero de 1852. 

15 de agosto de 2015

San SIMPLICIANO DE MILÁN. M. 400.


Martirologio Romano: En Milán, en la provincia de Liguria, san Simpliciano, obispo, al que san Ambrosio designó como sucesor suyo y san Agustín dedicó grandes elogios.

Simpliciano fue uno de los varones más sabios del siglo IV en Italia, discípulo del retórico Victorino. Amigo y consejero de san Ambrosio, a quién sucedió en la sede de Milán; era anciano y fue obispo durante tres años. Tuvo un papel muy importante en la conversión de san Agustín de Hipona, que lo recordó siempre con profunda gratitud: "Padre espiritual de mi propia alma", escribe en otra parte el mismo san Agustín, "porque él fue quien me enseñó a Cristo".  
San Ambrosio y san Agustín le dirigieron muchas epístolas. San Simpliciano, a su vez, contribuyó con las suyas a la conversión del doctor de Hipona. Turbado por ciertas dificultades que había encontrado en la Epístola de San Pablo a los Hebreos, san Simpliciano consultó a san Agustín, el cual le respondió en su obra «Quaestiones diversae ad Simplicianum». 
San Simpliciano (como también san Agustín) llevaba siempre un cinturón de cuero negro, pues santa Mónica había tenido una visión en que la Santísima Virgen le había pedido que se pusiese un cinturón así en su honor. El cinturón negro pasó a formar parte del hábito de los agustinos.

San ALIPIO DE TAGASTE. (d.345 - 430).


Martirologio Romano: Conmemoración de san Alipio, obispo de Tagaste, en Numidia, que en un tiempo fue discípulo de san Agustín y, posteriormente, compañero suyo de conversión, colega en el ministerio pastoral, camarada en la lucha contra los herejes, para, finalmente, también ser partícipe con él de la gloria del cielo

Nació en Tagaste, en el seno de una familia pagana acomodada. Sabemos que era pequeño de estatura sufrido y amigo de los buenos libros; que cursó la carrera de leyes y llegó a abrirse paso en la administración del Imperio. En el desempeño de su cargo dio muestras de probidad, renunciando a servirse de él para satisfacer su afición a la lectura y oponiéndose a los atropellos de un senador muy poderoso. Se narra de él que un día le invitaron a una pelea de gladiadores, pero él, que no estaba de acuerdo, no quería ir, pero al final para no quedar mal con sus amigos, decidió acudir, pero cerró los ojos para no ver el espectáculo, pero en un grito del público, abrió los ojos, y se quedó prendado de los juegos; desde ese día hasta el de su conversión, fue el más ferviente defensor de las luchas de gladiadores. En su madurez, su sentido de la justicia le impulsó a combatir la esclavitud. 
Consta que era más joven que san Agustín, que además fue su maestro en Tagaste y en Cartago. Como san Agustín, su amigo, fue maniqueo. Marchó a Italia, como maestro de Retórica, donde se encontraron. Fue en un jardín de Milán, cuando Agustín, en compañía de Alipio, sintió la voz de un niño que le decía: "Toma y lee" y encontró la carta de san Pablo que dice: "No en las fiestas, ni en las juergas, no en la lujuria y en la impureza, no en las disputas y en los celos, sino que revestíos del Señor Jesús y no os hagáis servir de la carne y de la concupiscencia".  
La conversión fue mutua. Y fue en el retiro de Cassiciaco, que Alipio y Agustín fueron bautizados por san Ambrosio de Milán en el 387. Después regresaron a África, donde fue ordenado sacerdote, y junto con Agustín durante tres años ensayaron un tipo de vida monástica que dejaría profunda huella en la vida religiosa de Occidente. Fue peregrino en Tierra Santa donde hizo una visita a san Jerónimo, y finalmente fue nombrado obispo de Tagaste en el 395, antes que lo fuera Agustín de Hipona. Como obispo colaboró con Agustín en la reconstrucción de la iglesia africana, duramente probada por el donatismo y otras herejías. Participó en el concilio de Cartago del 411 que puso fin al cisma donatista. También fue valiosa su intervención en la disputa de Tubursico (397), en la que libró a Agustín de una situación embarazosa. Luchó contra arrianos y pelagianos. Murieron los dos el mismo año. 

San ALFREDO DE HILDESHEIM. (800 - 874).


Martirologio Romano: En Hildesheim, de Sajonia, en Alemania, san Alfredo, obispo, que construyó la iglesia catedralicia y favoreció la construcción de monasterios.

Nació en Colonia, en el seno de una rica e ilustre familia. Muy joven sintió la llamada a la vida religiosa y libremente ingresó como benedictino. Se formó para ser sacerdote en la abadía de Fulda; cuando fue ordenado ejerció su ministerio en Corvey, junto a Minden en Westfalia, edificando a todos con su predicación y santidad de vida; atacó duramente los vicios de la sociedad de su tiempo. Director de la escuela de la abadía benedictina de Corbey en Sajonia. 
Fue el cuarto obispo de Hildesheim, en Hannover, Sajonia, siendo consagrado hacial el año 845, se ganó gran fama por pacificar las distintas facciones carolingias enfrentadas en aquellos momentos por controlar el imperio. Fundó la abadía de Essen, origen de la ciudad actual de Essen, con su propio peculio y en un campo de su propiedad, y una bella basílica con un convento anexo de benedictinas.
Fue amigo de Luis el Germánico. Gran constructor, como todos los benedictinos, fundó abadías y monasterios. Se le atribuye el inicio de la construcción de la catedral dedicada a la virgen María en Hildeseheim. Junto a la catedral construyó un convento de sacerdotes dedicados al servicio religioso de la catedral y vivían en común según la regla de san Benito. A su actividad de constructor fue un gran forjador de almas sacerdotales apostólicas y director espiritual de su pueblo. Fue sepultado en la iglesia de la abadía de Essen.

14 de agosto de 2015

San MARCELO DE APAMEA. M. c. 389.


Martirologio Romano: En Apamea, en Siria, san Marcelo, obispo y mártir, que, por haber destruido un templo de Júpiter, murió a manos de los enfurecidos gentiles.

Nació en Chipre, era un magistrado civil que fue elegido obispo de Apamea de Siria. El Edicto de Teodosio el Grande mandaba que todos sus súbditos profesaran la fe de los obispos de Roma y Alejandría. Ocho años más tarde, envió a un legado a Egipto, Siria y Asia Menor para que exigiese la ejecución del edicto de destrucción de todos los templos paganos. Tal edicto fue aplicado en forma brutal, de suerte que provocó naturalmente el resentimiento y la cólera de los paganos. Cuando el prefecto imperial llegó a Apamaea, en Siria, mandó a sus soldados que destruyesen el templo consagrado a Júpiter. Pero se trataba de un templo muy grande y bien construido, y los soldados, que carecían de experiencia en la demolición sistemática, avanzaban muy lentamente. El obispo de la ciudad, Marcelo, dijo al prefecto que pusiese a sus soldados a trabajar en otro templo y que él se encargaría de la demolición del templo de Júpiter. Al día siguiente, un albañil se presentó al obispo y le ofreció derribar el templo de Júpiter a cambio de doble paga. San Marcelo aceptó. Entonces el albañil procedió a la demolición de la siguiente manera: excavó un agujero debajo de una de las columnas principales, lo llenó de leña y le prendió fuego. El templo se vino abajo.
San Marcelo empleó el mismo método en la demolición de otros templos. Pero en cierta ciudad, cuyo nombre desconocemos, el santo encontró un templo defendido por los paganos, de suerte que «hubo de retirarse a un paraje situado lejos de la escena del conflicto y fuera del alcance de las flechas, ya que sufría de gota y no podía pelear ni huir». En tanto que el santo obispo contemplaba la batalla desde ese puesto de observación, unos paganos le hicieron prisionero y le quemaron vivo. Más tarde, los hijos de san Marcelo intentaron vengar su muerte; pero el consejo de la provincia se lo prohibió, diciéndoles que más bien debían regocijarse de que Dios hubiese juzgado a su padre digno de morir por su causa.
Esta biografía hay que interpretarla dentro del contexto histórico de la época, hoy estas actitudes no hubieran sido posibles en un ministro de la Iglesia.