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28 de agosto de 2015

San AGUSTÍN DE HIPONA. (354-430). Doctor de la Iglesia.


Martirologio Romano: Memoria de san Agustín, obispo y doctor eximio de la Iglesia, el cual, después de una adolescencia inquieta por cuestiones doctrinales y libres costumbres, se convirtió a la fe católica y fue bautizado por san Ambrosio de Milán. Vuelto a su patria, llevó con algunos amigos una vida ascética y entregada al estudio de las Sagradas Escrituras. Elegido después obispo de Hipona, en África, siendo modelo de su grey, la instruyó con abundantes sermones y escritos, con los que también combatió valientemente contra los errores de su tiempo e iluminó con sabiduría la recta fe


Aurelio Agustín nació en Tagaste (Numidia, la actual Souk Ahras, en Argelia). Su padre -Patricio- era pagano (se hizo cristiano antes de morir) y su madre cristiana -santa Mónica- quiso siempre que su hijo se convirtiera. Tuvo dos hermanos, Navigio y una hermana cuyo nombre desconocemos. 
Recibió primero una formación cultural clásica en Madaura (la lectura del “Hortensio” de Cicerón le inspiró el amor a la sabiduría) donde se sintió atraído por las seducciones de la ciudad de Apuleyo hasta el punto de que, de joven retórico latino, lloraba leyendo en Virgilio la muerte de Dido, mientras abominaba de las Escrituras bíblicas, horriblemente duras e incultas, según él. Al mismo tiempo se dedicó al juego, y a los amores prematuros "No amaba todavía -nos dice él mismo- pero amaba el amar y ser amado". Agustín se marchó de casa a los 14 años hacia Cartago (371) donde inició estudios en Filosofía. Enseñó gramática en Tagaste (374) y retórica en Cartago (375-83) y llegó a recibir galardones. Abrazó primeramente el maniqueísmo, con 19 años, que desde hacía dos siglos se había difundido desde Asia por el área mediterránea y que se presentaba, como una derivación del viejo gnosticismo; esto es, como una explicación del mundo para resolver el problema del mal con el dualismo del cuerpo (sede del mal) y del espíritu (sede del bien). Se convirtió en uno de sus teóricos más encumbrados.
Se trasladó a Roma, con su segunda amante, de la que tuvo un hijo (Adeodato). Agustín decepcionado del maniqueísmo, se refugió en el escepticismo. "Me negaba a prestar ciego asentimiento a cualquier cosa por temor a los precipicios, pero la cuerda que me mantenía suspenso me estrangulaba". Leyó la “Vida de San Antonio Abad”, que le causó una gran impresión. 
De Roma se trasladó a Milán para ocupar una cátedra de Elocuencia (384). Allí recibió la visita de su madre y tuvo ocasión de escuchar a san Ambrosio de Milán, cuyas explicaciones alegóricas de la Escritura le cautivaron y... un día tomó y leyó las cartas de san Pablo "Revestíos de nuestro Señor Jesucristo y no hagáis caso de la carne en sus deseos". En la búsqueda de la verdad, estuvo perplejo por el origen del mal y encontró dificultad en concebir que Dios fuera un espíritu puro. Y se fue dejando penetrar de la luz que le brindaron las obras de Platón y el neoplatonismo, pero no encontró nada en ellas acerca de la redención humana, y por ello se puso a leer los escritos de san Pablo. "Padre, haz que yo te busque... Nos has hecho, Señor, para Ti y está inquieto nuestro corazón hasta que descanse en Ti". Poco a poco se entregó todo a Dios, y a su divina  sabiduría. "Por la libertad de mi alma, me sujeté a no tomar mujer". 
Tenía 32 años cuando lo bautizó san Ambrosio en el 387, junto con su amigo san Alipio y su hijo san Adeodato. Tardó años en renunciar a su amante. "Señor enséñame la castidad, pero no ahora" dirá con cierto humor. Su hijo murió a los 15 años. Fundó una comunidad religiosa, pero él tuvo sus dudas y luchas. Dejó a su amante y vivió en régimen monástico desde el 388 al 391 en Tagaste. En el 390, fue ordenado presbítero por el obispo de Hipona, Valerio, a quien sucedió en el cargo. Santa Melania "la Joven" le pidió consejo para fundar un monasterio en África y tuvo relaciones epistolares con santos Jerónimo, Paulino de Nola, Fabiola y muchos otros. En el 395, fue nombrado obispo de Hipona (hoy Annaba, Argelia), y vivió comunitariamente vida de perfección, dedicando su vida a la defensa de la ortodoxia cristiana y a la lucha contra la herejía y cismas especialmente el donatismo, el maniqueísmo y el pelagianismo. Escribió: “La ciudad de Dios”, “De Trinitate”, “Las Confesiones”, “Sobre la predestinación de los Santos” y “Sobre el don de la perseverancia”. Es uno de los teólogos y filósofos que más han influido en la historia de la Iglesia. Una de sus frases más famosas es “si has entendido, entonces lo que has entendido no es Dios”. Se le conoce como el Doctor de la Gracia. MEMORIA OBLIGATORIA.

27 de agosto de 2015

San CESÁREO DE ARLES. (c.470 - 542).


Martirologio Romano: En Arlés, de la Provenza, san Cesáreo, obispo, que, después de haber llevado vida monástica en la isla de Lérins, recibió ese episcopado en contra de sus deseos. Preparó y reunió sermones apropiados para las festividades que los presbíteros debían leer con objeto de instruir al pueblo y escribió también reglas de vida, tanto para hombres como para religiosas, para dirigir la vida monástica.

Nació en territorio de la ciudad de Cabillón (Châlon-sur-Saône), Francia, en el seno de una familia acaudalada de origen galorromano. A los 18 años, pidió a san Silvestre, obispo de la ciudad que lo admitiese en el clero de Châlons, donde que permaneció aproximadamente dos años; a los 20 años se ingresó como monje benedictino en Lerins donde recibió una sólida formación espiritual; su vida hizo que sus cohermanos le eligieran mayordomo o procurador de la comunidad, pero sus penitencias fueron tantas que su salud se resintió y sus superiores lo mandaron a reponerse a Arles. 
En el 449 recibió el cometido de restaurar la disciplina en un monasterio de los alrededores de Arles del que fue nombrado abad y allí recibió el sacerdocio de manos del obispo san Eonio y a los 30 años fue elegido arzobispo de Arles (502), sucediéndo a san Eonio. Fue un gran hombre de iglesia, presidió diversos concilios y particularmente el de Orange (529), en el cual se condenó el semipelagianismo. Su doctrina sobre la gracia es agustiniana. También luchó contra el paganismo residual. Fundó la gran abadía femenina de Aliscamps de Arles, que lleva su nombre; y para aquella comunidad escribió una regla monástica (“Regula sanctarum virginum”); su hermana santa Cesarea fue la abadesa. Anteriormente había escrito “Regula monachorum”, destinada a los monjes. Como síntesis de toda su vida escribió la llamada “Recapitulatio”, documento que nos detalla la organización de la vida religiosa a principios del siglo VI.  
Se preocupó mucho del decoro en las funciones litúrgicas y fue un excelente predicador, de manera que sus homilías  todavía se pueden leer con gran deleite. Fue ante todo un gran moralista. Se enfrentó a los reyes Alarico II y Teodosio. Fue guía de su pueblo en asuntos sociales y políticos, y siempre se demostró digno de su confianza. Durante el periodo de miseria provocado por el asedio de Arles en el 508 vendió los tesoros de su iglesia para socorrer a los pobres. Se dice que ha sido el primer obispo de Europa occidental en recibir el palio del Papa, cuando le pidió al papa san Símaco que fuera confirmada para Arles, la dignidad de sede metropolitana. Se le considera uno de los fundadores de la iglesia de Francia y uno de los Padres de la Iglesia. 

28 de junio de 2015

San IRENEO DE LYON. (130/40 - c.200). Doctor de la Iglesia.

(Irineo).
Pacífico.

Martirologio RomanoMemoria de san Ireneo, obispo, que, como atestigua san Jerónimo, de niño fue discípulo de san Policarpo de Esmirna y custodió con fidelidad la memoria de los tiempos apostólicos. Ordenado presbítero en Lyon, fue el sucesor del obispo san Potino y, según cuenta la tradición, murió coronado por un glorioso martirio. Debatió en muchas ocasiones acerca del respeto a la tradición apostólica y, en defensa de la fe católica, publicó un célebre tratado contra la herejía.



Natural de Esmirnia. Fue discípulo de san Policarpo de Esmirna y de san Papías, discípulos de san Juan Evangelista. De la Galia meridional (a donde había emigrado) visitó Roma, donde entró en contacto con san Justino “el Filósofo”, relación que le permitió recoger una amplia documentación sobre las herejías dominantes, especialmente la gnosis (o conocimiento superior sobre Dios y el universo, basada en la creencia de la emanación de seres intermediarios (eones)). 
El papa san Ceferino lo envió a evangelizar Lyon; en el año 177 fue testigo de los martirios decretados por Marco Aurelio. El obispo san Potino, lo ordenó sacerdote en Lyon. Los confesores de la fe estaban impresionados por las desconcertantes profecías de los montanistas procedentes de Frigia, juzgadas severamente por el pontífice san Eleuterio (declaraban inminente la venida de Cristo con sus ángeles). Ireneo, fue enviado ante san Eleuterio como embajador de paz entre las Iglesias. Después de la muerte del obispo de Lyon, san Potino, fue elegido para sucederle (177 o 178) y enviado para luchar contra el racionalismo gnóstico. Algunos historiadores creen que Ireneo era obispo de Vienne cuando ocupó el cargo de la diócesis de Lyon y que unió la de Vienne a la de Lyon.
Es dudosa la tradición que le supone mártir, pero está atestiguada la delicadeza y el tacto de sus afanes por la unidad y el bien de las almas: medió ante el papa san Víctor I, que se disponía a excomulgar a los orientales por celebrar la Pascua en la misma fecha que los judíos, y recomendó someterse a la costumbre romana, pero usando procedimientos de persuasión y concordia. El pontífice atendió a su ruego, y el obispo lionés resolvió así una cuestión de disciplina sin olvidar los principios pero dando prioridad a la solución fraterna para con todos. 
Es el primer gran escritor de la Iglesia de Occidente: su obra contra el agnosticismo es testimonio de la tradición apostólica. Escribió un tratado "Adversus haereses". También escribió "Demostración de la enseñanza apostólica (Epideixis)". Sus escritos teológicos enfatizan la importancia de los dos Testamentos, la unidad de los Evangelios y la idea de la recapitulación de nuestra naturaleza humana en la naturaleza de Cristo y la primacía del Obispo de Roma, así como es considerado el primer teólogo mariológico. Inventó un criptograma llamado el “cuadro mágico”, en el cual, los fieles iniciados encontraban el signo de la cruz. Escribió: "es mejor y más útil ser simples y poco instruidos y mantenerse cerca de Dios con la caridad que parecer sabios y hábiles y blasfemar al propio maestro" y "La gloria de Dios consiste en que el hombre viva, y la vida del hombre consiste en la visión de Dios". Fue decapitado y parece que fue enterrado entre los mártires: santos Alejandro y Epipodio. Patrón de la diócesis de Lyon. MEMORIA OBLIGATORIA.  

21 de abril de 2015

San ANASTASIO "el Sinaita". M. c. 690.

(Anastasio del Monte Sinaí, Anastasio “el Ermitaño”).
Resucitado. Que resurgirá.

Martirologio RomanoEn el monte Sinaí, san Anastasio, hegúmeno, que defendió incansablemente la fe ortodoxa ante los monofisitas y escribió muchos sermones útiles para la salvación de las almas.

Se dice nacido en Siria, aunque este dato no es seguro. Durante su juventud vivió una vida de gran piedad. Cuando alcanzó la primera madurez, Anastasio abandonó el mundo y entró en el Monasterio de Santa Catalina sobre el Monte Sinaí, donde san Juan Climaco era entonces el abad. Allí, se enriqueció con el ejemplo de muchos monjes santos y fue ordenado sacerdote. Dotado de una gran humildad, Anastasio escribió las vidas de varios padres santos, así como otros libros considerados espiritualmente instructivos.
Después de san Juan Clímaco y de su hermano Jorge, Anastasio fue elegido abad del Sinaí. Se mostró entusiasta en su oposición a la herejía del monotelismo, la negación de la existencia de una voluntad humana en Jesucristo, así como del monofisismo y de las enseñanzas de los eutiquianos. Para ello, no dudó en abandonar su retiro cenobítico y viajar a Siria, Palestina, Egipto y Arabia para desarraigar la herejía y reforzar la doctrina de la iglesia oficial. En este marco, se le sitúa en Alejandría hacia el año 640 y cuarenta años después, entre los años 678-689, en tiempos del patriarca monofisita Juan III. El III Concilio de Constantinopla, en el año 680-681, pocos años antes de su muerte, pondría fin a esta herejía. Precisamente la mayor parte de su actividad literaria -poco estudiada aún- se concentró en esta polémica. Después de una larga vida de servicio a Dios, Anastasio murió.
Anastasio fue uno de los primeros en defender las enseñanzas del ángel de la guarda. Expuso que Dios otorga a cada cristiano un ángel para que lo cuide y lo proteja en todas las situaciones de su vida. Sin embargo, podemos alejar de nosotros a nuestro ángel de la guarda a causa de nuestros pecados, del mismo modo que las abejas huyen a causa del humo. Mientras los demonios trabajan para privarnos de la gracia de Dios, los ángeles santos nos guían para hacer el bien.
Aparte de su obra dogmática y apologética contra las herejías ("Hodegos" o "Guía del Verdadero Camino"), escribió una pequeña historia de éstas y de los sínodos eclesiásticos, un texto exegético (el "Hexamerón"), un comentario bíblico de la creación, varias homilías y un volumen de preguntas y de respuestas sobre cuestiones predominantemente morales ("Libro de las Ciento Cincuenta y Cuatro Cuestiones"). Entre sus homilías más conocidas se encuentra el "Sermón sobre la Santa Sinaxis" (o, también, "De la Sinaxis Cristiana") donde resume la doctrina sobre la Eucaristía y exhorta a los cristianos a comulgar dignamente. Es, por tanto, uno de los últimos escritores orientales a quienes se reconoce el titulo de Padre de la Iglesia. Es conocido en la Iglesia Ortodoxa, especialmente entre los griegos, como el Nuevo Moisés.

13 de enero de 2015

San HILARIO DE POITIERS. Doctor de la Iglesia. (310/20 - c.368).


(fr.: Hilaire de Poitiers). 
Sonriente, alegre

Martirologio Romano: San Hilario, obispo y doctor de la Iglesia, que fue elevado a la sede de Poitiers, en Aquitania (hoy Francia), en tiempo del emperador Constancio, quien había abrazado la herejía arriana, y luchó denodadamente en favor de la fe nicena acerca de la Trinidad y de la divinidad de Cristo, siendo desterrado, por esta razón, durante cuatro años a Frigia. Compuso unos comentarios muy célebres sobre los Salmos y sobre el evangelio de san Mateo.


Profesor y padre de familia en Pictavium (Poitiers). Procedía de una distinguida familia pagana. Se convirtió cuando tenía 35 años, gracias a la lectura del Evangelio de san Juan, allí descubrió el destino del hombre y sus relaciones con el Creador. El misterio de la Encarnación del Verbo le deslumbró: "Si la vida presente no se nos ha dado para avanzar hacia la eternidad, no hay que considerarla como un beneficio". En el 354, se hizo bautizar con su esposa y su hija. Con él, su esposa y su hija se entregaron a la vida religiosa; Hilario fue ordenado sacerdote. Su esposa, se propuso no mirarle sino era cuando celebraba la Eucaristía, y su gesto fue imitado en la primitiva Iglesia; su hija santa Abra, alcanzará más tarde la santidad. 
En el año 354, fue nombrado obispo de Poitiers, por aclamación popular y desde entonces, de acuerdo con su esposa, se comprometió a guardar castidad perfecta, y se convirtió en un pastor de una firmeza y constancia tales que se le llama "el Atanasio de Occidente". Apenas terminada las persecuciones, tuvo que enfrentarse a la herejía arriana que en el sínodo de Milán (355), convocado por el emperador Constantino II, el mismo emperador se decantó por el arrianismo. En el 356 asistió al concilio de Bézieres, donde los obispos, cediendo a las presiones de Constantino II y de los corifeos arrianos de occidente, confirmaron la condenación de san Atanasio de Alejandría. Hilario se negó a la condena, y esto le llevó a que fuera depuesto y desterrado a Frigia, durante cuatro años, donde escribió "De Trinitate" (un compendio de 12 libros), en el que introdujo, las precisiones de la doctrina católica y del pensamiento griego. También escribió "In Matthaeum" antes del exilio. El exilio fue un acontecimiento fundamental para su formación cultural y doctrinal. Pero ello no le impidió que asistiese al concilio de Seleucia (359) (del que se le quiso excluir), y por el que escribió "De Synodis". Marchó a Constantinopla, de donde fue expulsado otra vez por los arrianos y allí pidió al emperador la liberación del papa san Liberio, pero no fue escuchado. En el destierro fue más fastidioso a los arrianos que en su sede, por ello le pidieron que regresara a Poitiers. 
En el 360, les combatió de nuevo y consiguió erradicarlos, al convocar, a este efecto, el concilio de París (361). Años más tarde acudió al sínodo de Milán (364) con san Eusebio de Vercelli, y ambos se enfrentaron contra el obispo arriano Auxencio, que no lograron desterrarlo de la ciudad, aunque algunos autores dicen que fue exiliado junto con san Eusebio de Vercelli y murió en el exilio. Fue el primer hinnólogo de la Iglesia y el primero que estableció la armonía entre la fe y la razón, asimismo está considerado el “Doctor de la Divinidad de Cristo”. Escribió otros muchos tratados. Se le representa junto a su hija santa Abra, y con su hija espiritual, santa Troecia (Triaise) y su discípulo san Lienne. Fue enterrado en su ciudad natal, según otras fuentes, hasta que en 1562, los protestantes quemaron su sepulcro. A su vida le añadieron muchos hechos milagrosos y fantásticos que formaron su leyenda. MEMORIA FACULTATIVA. 

10 de enero de 2015

San GREGORIO DE NISA. (335/40 - c.395). Padre de la Iglesia.


Vigilante, guardián, que vela.

Martirologio Romano: En la ciudad de Nisa, en la región de Capadocia (hoy Turquía), san Gregorio, obispo, hermano de san Basilio el Grande, admirable por su vida y doctrina, que, por haber confesado la recta fe, fue expulsado de su sede por el emperador arriano Valente.


Hermano menor de san Basilio y de santa Macrina, sobre la que escribió "Vida de Macrina". Nació en Sebaste en Capadocia y se le puso el nombre de Gregorio en honor de san Gregorio “el Taumaturgo”; su madre santa Emelia y su abuela santa Macrina “la Vieja” lo educaron en la fe cristiana. Se bautizó en su adolescencia, y antes de tener sus crisis típicas de la edad, se sintió atraído hacia la vida eclesiástica. Se dedicó al estudio de los textos literarios de los clásicos, gracias a la educación que le proporcionó su padre, san Basilio “el Viejo”. Aunque su hermano fue su maestro, él fue, sobre todo, un autodidacta. Su vasta cultura se muestra en su escrito "Sobre la virginidad".
Se casó con Teosebia (aunque no es seguro que se llamase así), y atraído por la literatura clásica, ejerció el cargo de rector, rechazando los libros cristianos, pero después lo abandonó para hacerse sacerdote, al quedarse viudo, gracias al influjo de su familia. En el 372, su hermano san Basilio le nombró obispo de Nisa, una ciudad de la pequeña Armenia; fue una elección no muy feliz, ya que no era hombre de acción y en aquella diócesis predominaban los arrianos; además le faltaba tacto diplomático, para solucionar los conflictos de la época. 
Combatió a los arrianos y por esta causa fue expulsado en el 396, por el emperador arriano Valente: se le acuso de que su ordenación episcopal no había sido legal, y que derrochaba mucho. Regresó a Nisa en el 377, donde fue acogido con gran alegría por parte de sus fieles. Después de la muerte de su hermano fue el sostén de la ortodoxia en toda la Capadocia. Se considera el heredero de su hermano en todos los campos, particularmente en el eclesiástico, el teológico y el monástico, y fue consciente con la conciencia de responsabilidad que eso suponía para él. 
De los tres grandes Padres Capadocios fue el más culto y el más profundo teólogo escribió "Sobre la creación del hombre", "Contra Eunomio". Asistió a los Concilios de Antioquía y II Constantinopla del 381, donde pronunció el discurso de apertura. Marchó a una delicada misión a Arabia, para solucionar conflictos eclesiásticos y teológicos, pasó por Jerusalén, que le decepcionó profundamente. En el 381 regresó a Nisa y escribió "Contra Apolinar". "Antirrético" y "Demostración de la encarnación de Dios en la imagen del hombre". Al final de su vida escribió su gran obra dogmática: "Gran catequesis"
Su festividad quedó fijada en los sinaxarios bizantinos más antiguos, el 10 de Enero, aunque en los calendarios occidentales aparece ya sea el 9 de Marzo como el 3 de Agosto. 

2 de enero de 2015

Santos BASILIO "Magno" y GREGORIO NACIANCENO. s. IV. Doctores y Padres de la Iglesia.


Martirologio Romano: Memoria de los santos Basilio Magno y Gregorio Nazianceno, obispos y doctores de la Iglesia. Basilio, obispo de Cesarea de Capadocia (hoy en Turquía), apellidado “Magno” por su doctrina y sabiduría, enseñó a los monjes la meditación de la Escritura, el trabajo en la obediencia y la caridad fraterna, ordenando su vida según las reglas que él mismo redactó. Con sus egregios escritos educó a los fieles y brilló por su trabajo pastoral en favor de los pobres y de los enfermos. Falleció el día uno de enero de 379. Gregorio, amigo suyo, fue obispo de Sancina, en Constantinopla y, finalmente, de Nacianzo. Defendió con vehemencia la divinidad del Verbo, mereciendo por ello ser llamado “Teólogo”. La Iglesia se alegra de celebrar conjuntamente la memoria de tan grandes doctores.

Basilio: (c.330 - 379). Nació en Cesarea de Capadocia (actual Kayseri). Hijo de santos Basilio "el Viejo" y Emelia. Hermano de san Gregorio de Nisa, san Pedro de Sebaste, Naucracio (monje a orillas del Iris) y santa Macrina. Su abuela santa Macrina "la Vieja", fue quién lo educó. Estudió primero bajo la guía de su padre, y después  en Constantinopla y Atenas, donde inició una fértil amistad con san Gregorio Nacianceno. Terminados los estudios empezó a enseñar Retórica. Como la profesión de maestro de Retórica era muy importante y bastante honorífica, Basilio soñó en alcanzar la gloria y la fama, pero las conversaciones con su hermana santa Macrina, se inició un proceso de conversión que le hicieron pedir el bautismo que recibió de manos del obispo de Cesarea, Dianio. Inició una peregrinación por distintos lugares y el ejemplo de los monjes que conoció en Egipto, Palestina y Siria le hicieron, renunciar a sus bienes en beneficio de los más pobres y junto con san Gregorio Nacianceno, seguir la vida religiosa; escribió una "Regla" para la organización del monacato sea masculino que femenino. Es la única Orden monástica que existe en la Iglesia griega. Se retiró a un lugar llamado Nisa (o Sens) a orillas del Iris, cerca de Cesarea, donde edificó un monasterio. En el 360, acompañó a su obispo Dianio al I Concilio Ecuménico de Constantinopla como lector, al regreso terminó sus dos obras ascéticas "Sobre el juicio de Dios" y las "Reglas morales"
Se distinguió por su preocupación social y por sus escritos. Fue ordenado sacerdote en el 364 por el nuevo obispo de Cesarea, san Eusebio de Samosata y lo convirtió en su colaborador. De aquí salió la obra "Liturgia de San Basilio". Asistió al concilio de Lampsaco donde conoció el arrianismo más radical representado por Eutimio y compuso la obra "Contra Eutimio" en defensa del Concilio de Nicea. 
Las relaciones con su obispo se enfriaron y Basilio regresó a su retiro monástico donde compuso "Pequeño Ascético". Fue elegido arzobispo de Cesarea, metropolitano de Capadocia y exarca del Ponto en el 370, sucediendo a san Eusebio, y desde la cátedra luchó contra el arrianismo y los macedonistas, que tenían el apoyo del emperador Valente de Bizancio; con gran coraje conservó la fe católica en toda la Capadocia. Defendió la unidad de la Iglesia y apoyó y luchó por los más pobres creando hospitales. Con este fin dedicó todas sus energías en la predicación y en la creación de obras doctrinales. Su obra "Sobre el Espíritu Santo" todavía no ha sido superada por la teología católica donde se defendió de falta de ortodoxia. 
Sabemos que era incorregiblemente testarudo y temerario; luchó contra el arrianismo y fue acusado de ser él también hereje. Frustrado y desanimado, escribió: “Por mis pecados, parezco no tener éxito en nada”, sin embargo no permitió que los pensamientos negativos le dominaran. La razón de este desánimo fue que tuvo que soportar el cisma de Antioquía, entre dos obispos ortodoxos, san Melecio y Paulino, Basilio intentó informar al Occidente cristiano, al papa san Dámaso y a las iglesias de las Galias, que ignorantes de la situación de Oriente, condenaron al obispo legítimo san Melecio. Será para Oriente lo que san Benito para Occidente. En Oriente es el primero de los tres santos Jerarcas. 

Gregorio Nacianceno: (c.329 - c.390). Nació probablemente en Arianzo en Nacianzo en Capadocia, donde era obispo de Nacianzo su padre; fue el hijo mayor de santos Gregorio Nacianceno "el Viejo" y de Nonna. Hermano de santos Cesáreo de Capadocia y Gorgonia. Durante 16 años estudió Cesarea de Capadocia, (donde conoció a san Basilio) en Cesarea de Palestina y, sobre todo, en Alejandría y, finalmente en Atenas, donde fue compañero de estudios de Juliano el Apóstata, y de san Basilio, donde nació una gran  amistad. Regresó a Nacianzo, y ya con cerca de 30 años, recibió el bautismo de manos de su padre. El carácter de Gregorio era muy inestable y sensible, capaz de repentinos entusiasmos y desilusiones, lo que le acarreó no pocos problemas.
Se unió con su amigo Basilio en el eremitorio monástico de Annesi de Ponto, donde combatieron la herejía arriana; en el 361 fue ordenado sacerdote por su padre para que le ayudase en las funciones de su episcopado, y en el 372, obligado por Basilio, obispo de la pequeña ciudad de Sasima, pero se negó a aceptar esta sede, cosa que enturbió las relaciones entre ambos. Pero cuando Basilio murió, Gregorio le hizo un panegírico recordando con emoción los años vividos. La amistad de estos dos hombres se traduce en el elocuente sermón de alabanza que Gregorio escribió para su amigo, en el que resaltó la hondura, la fecundidad y calidad de su mutua amistad:
"Nos movía un mismo deseo de saber, actitud que suele ocasionar profundas envidias, y sin embargo carecíamos de envidia. En cambio teníamos en gran aprecio la emulación. Contendíamos entre nosotros, no para ver quién era el primero, sino para averiguar quién cedía al otro la primacía. Cada uno de nosotros consideraba la gloria del otro como propia".
"Una sola tarea y afán había para ambos, y era la virtud, así como vivir para las esperanzas futuras, de tal modo que, aun antes de haber partido de esta vida, pudiese decirse que habíamos emigrado ya de ella. Ese fue el ideal que nos propusimos, y así tratábamos de dirigir nuestra vida  y todas nuestras acciones, dóciles a la dirección del mandato divino, acuciándonos mutuamente en el empeño de la virtud. Y, a no ser que decir esto vaya a parecer arrogante en exceso, éramos el uno para el otro la norma y regla con la que se discierne lo recto de lo torcido".
Al morir su padre, tuvo que aceptar se nombrado obispo de Nacianzo, pero al fallecer su familia se retiró a Seleucia, buscando la soledad. En el 380, el emperador Teodosio, lo nombró al obispado de Constantinopla. Estuvo solamente un mes en este cargo, donde consiguió que 36 obispos arrianos regresaran al seno de la Iglesia. Asistió a el II Concilio Ecuménico de Constantinopla, donde se condenó una vez más, el arrianismo, a los penumatómacos, apolinaristas y sabelianos. La oposición de algunos elementos hostiles, especialmente los obispos de Egipto y Macedonio, determino su  retiró a Nacianzo, para regirla por poco tiempo, ya que designó para el cargo a un sacerdote llamado Eulalio, que era su primo. Posteriormente se trasladó a Arianzo, donde se dedicó a la oración y al estudio, y allí murió. La tragedia de su vida fue la consagración episcopal porque no tenía carácter para ello y que le valió el distanciamento temporal con Basilio. Defendió la ortodoxia contra la herejía arriana, y a él se debe la conversión de Constantinopla que había caído en la herejía de Arrio. 
Fue un gran teólogo y poeta, escribió sus célebres "Homilías". Suya es la célebre frase cristológica antiapolinarista: “No es sanado lo no asumido”. Los griegos le llaman "el Teólogo" por sus "Discursos teológicos" u "Homilias". MEMORIA OBLIGATORIA. 

7 de diciembre de 2014

San AMBROSIO DE MILÁN. (c.339 - 397). Doctor y Padre de la Iglesia.


Martirologio Romano: Memoria de san Ambrosio, obispo de Milán y doctor de la Iglesia, que se durmió en el Señor el 4 de Abril, pero es venerado particularmente en este día, en el cual recibió, todavía catecúmeno, el episcopado de esta célebre sede, mientras era prefecto de la ciudad. Verdadero pastor y maestro de los fieles, estuvo lleno de caridad hacia todos, defendió hasta la extenuación la libertad de la Iglesia y la recta doctrina de la fe contra el arrianismo e instruyó en la devoción al pueblo con comentarios e himnos para el canto


Nació en Tréveris o en las Galias. Su padre era prefecto de las Galias, después de la muerte de su padre, la familia volvió a Roma. Hermano de santa Marcelina (que será virgen consagrada por el papa san Liberio) y san Sátiro. Ambrosio estudió Derecho y Retórica y siguió la carrera jurídica. En el 373 fue nombrado prefecto consular de las ciudades de Liguria y Emilia. En el año 374, se encontraba en Milán, cuando el obispo Auxencio murió, y como buen funcionario imperial, intentó evitar los desordenes que se producían cuando la elección de un prelado, ya que Auxencio era arriano, y el pueblo quería volver a la fe nicena. Habló con tanta prudencia y sabiduría que a petición unánime de la comunidad cristiana, fue elegido para este cargo. Estaba tan asustado que proclamó su indignidad, se confesó pecador e intentó incluso de huir, pero todo fue inútil."Alejado de los tribunales y de la administración pública -dirá el nuevo obispo- para pasar al episcopado, he tenido que comenzar a enseñar aquello que jamás había aprendido".
Fue ordenado sacerdote el 7 de Diciembre del 374 (el día en que se celebra su fiesta). Dejó su carrera de Derecho y sus cargos de gobernador civil de la alta Italia y prefecto de Milán, para servir a la Iglesia como obispo de Milán, teniendo en cuenta que para ello tuvo que bautizarse, ya que era catecúmeno. 
Después de asimilar la teología escriturística, la tradición de la Iglesia y de los Santos Padres, bajo la dirección del erudito san Simpliciano: será su acción apostólica la que asombrará al mundo. Como obispo y consejero de emperadores (Valentiniano y Teodosio), defendió la fe con una energía inflexible ante paganos y herejes, salvaguardó los derechos de la Iglesia ante las intromisiones del poder y se enfrentó al emperador Teodosio exigiéndole penitencia pública por la bárbara matanza de Tesalónica antes de admitirle en el templo. 
Fue apóstol de la caridad, distribuyó su patrimonio entre los pobres: "más vale salvar a las almas que conservar el dinero". "La Iglesia nunca gana cuando falta la caridad". Fue reformador litúrgico (con sus himnos y sus sermones sacramentales como medio de catequesis); reformador de almas; promotor y defensor (contra el hereje Joviniano) de la virginidad: "Siempre ha sido propio de la gracia sacerdotal echar la simiente de la castidad y excitar el amor de la Virginidad" y con ello daba un nuevo status de libertad a la mujer. También fue comentarista de las Escrituras (especialmente de los textos del Antiguo Testamento y del evangelio de Lucas), en su célebre obra el “Hexamerón”. Encontró las tumbas de santos Gervasio y Protasio, así como de Nazario y Celso. Mantuvo conversaciones con san Delfín y bautizó a san Agustín, a su hijo Adeodato y a san Alipio; consagró obispo a san Paulino de Nola. Dejó una huella indeleble en la Iglesia de Milán. Construyó dos basílicas, añadidas a las seis existentes, y dio origen a lo que luego fue llamado rito ambrosiano. En el año 397, ya débil de salud, dictó sus “Comentarios al salmo 43”; y al llegar al versículo 24 escribió sus últimas líneas: "Es duro arrastrar tanto tiempo y por todas partes este cuerpo envuelto ya por las sombras de la muerte. Levántate Señor. ¿Por qué duermes? ¿Quieres seguir rechazándome?... no tengo miedo a morir porque tenemos un Señor bueno". Escribió tres libros: “Sobre la Virginidad” (377), escribió sus tratados “De las Viudas” para exhortarlas a la perpetua castidad; para el emperador Graciano escribió “Sobre la fe”, que es la refutación de la herejía arriana. También escribió “Sobre María”. Patrón de Milán y de Bolonia. MEMORIA OBLIGATORIA. 

4 de diciembre de 2014

San JUAN DAMASCENO. (c.650 – c.750). Doctor de la Iglesia.


Martirologio Romano: San Juan Damasceno, sacerdote y doctor de la Iglesia, que resplandeció por su santidad y doctrina y luchó hasta la extenuación con la palabra y con los escritos contra el emperdor León el Isáurico en defensa del culto de las sagradas imágenes. Cuando se hizo monje en el monasterio de Mar Sabás en Jerusalén, se dedicó a la composición de himnos sagrados hasta su muerte. Su cuerpo fue depuesto en este día


Se llamaba Juan Mansúr y había nacido en Damasco, en el seno de una familia de origen sirio, y probablemente de religión cristiana ortodoxa calcedoniana. Hijo de un gran funcionario del califato de Damasco (su padre se llamaba Yahia Ibn Sargur Mansur; Constantino Coprónimo le cambió el nombre por el término infamante de "manzer", o sea, "bastardo", porque era el administrador económico del califato), apenas veinte años después de la muerte de Mahoma. Fue educado probablemente por un monje siciliano llevado prisionero por los sarracenos a Damasco. Al morir su padre, Juan le sucedió en el cargo, llegando gran visir, es decir, ministro de finanzas de la corte del califa, hasta que, por razones políticas, el soberano negó sus favores a la familia de Juan, de modo que tuvo alejarse de Damasco. Parece ser que tuvo un hermano adoptivo, san Cosme de Jerusalén, obispo de Mayuma. La leyenda dice que el emperador León III, falsificó una carta de Juan, en la que tramaba la entrega de Damasco traicionando de este modo al califa, éste le hizo cortar la mano derecha pero la Virgen se la restituyó íntegra por la noche. 
Juan recaló en Jerusalén, y aquí ingresó en la cercana laura de Mar Sabas. Su vida monástica fue al principio muy severa, por las pruebas a las que fue sometido. Allí tuvo como maestro a san Cosme, su hermano, quién le impuso no hablar, no escribir, no leer, no cantar, ... cuando el hegúmeno quedó convencido de que su obediencia era perfecta le liberó de estas prohibiciones y le instruyó para que escribiera. Ciertamente pudo dedicarse a sus estudios, componiendo obras (entre ellas la “Fuente del Saber”, primer compendio de dogmática e himnos litúrgicos, así como el primer escrito cristiano sobre el Islam, que los considera como una herejía cristiana). Tuvo una gran devoción por María a quién dedicó la mayoría de sus escritos. Fue ordenado sacerdote (726) por el patriarca de Jerusalén, Juan V, que se sirvió de él como predicador y escritor, especialmente durante la polémica iconoclasta suscitada por León III el Isáurico en el 730, tal vez influido también por el edicto del califa Yadiz del 720, en el que condenaba como idolatría el culto de las imágenes de los cristianos. Junto con san Germán, patriarca de Constantinopla, y con el papa san Gregorio II, Juan se convirtió en uno de los principales defensores del culto de las imágenes. Su defensa de este culto se resume en esta frase: "No es la materia lo que nosotros veneramos, sino lo que ella representa; el honor que se tributa a la imagen se transmite a su ejemplar". Escribió tres “Discursos en defensa de las imágenes”
 Es probable que muriera en su celda monástica, aunque otros biógrafos digan que recorrió las provincias de Oriente para fortificar a los cristianos contra los iconoclastas, hasta que sucumbió mártir por la fe. Fue el último de los Padres griegos y el primero de los cristianos aristotélicos. Los musulmanes lo confundieron con san Juan Bautista, por lo que veneran su tumba en la mezquita de los omeyas en Damasco, aunque sus restos desaparecieron en Constantinopla. MEMORIA FACULTATIVA. 

17 de octubre de 2014

San IGNACIO DE ANTIOQUÍA. (c.50/70 - c.107). Padre Apostólico. Doctor de la Iglesia.


Martirologio Romano: Memoria de san Ignacio, obispo y mártir, que, discípulo del apóstol san Juan, fue el segundo sucesor de san Pedro en la sede de Antioquía, siendo condenado, en tiempo del emperador Trajano, al suplicio de las fieras y trasladado a Roma, donde consumó su glorioso martirio. Durante el viaje, mientras experimentaba la ferocidad de sus centinelas, semejante a la de los leopardos, escribió siete cartas dirigidas a diversas Iglesias, en las cuales exhortaba a los hermanos a servir a Dios unidos con el propio obispo y a que no le impidiesen poder ser inmolado como víctima por Cristo.


Discípulo de san Juan Evangelista. Ignacio "Teóforo" (que lleva a Dios), como él mismo solía autodefinirse, tal vez después de haberse convertido del paganismo (se proclamaba un aborto) fue el tercer obispo de Antioquía en Siria desde el año 69 (después de san Pedro y san Evodio), Eusebio de Cesarea en su “Historia Eclesiástica” dice que fue “Ignacio, el hombre más célebre para muchos todavía hoy, segundo en obtener la sucesión de Pedro en el episcopado de Atioquía”. 
Sufrió la primera persecución de Domiciano contra los judíos y cristianos, pero luego fue condenado a muerte en tiempos de Trajano que había dado la orden: “No hay que ir a buscar a los cristianos, pero si se les denuncia y son convencidos, es preciso castigarlos”. Como tenía enemigos fue denunciado, y por tanto condenado a las fieras del anfiteatro, porque no era ciudadano romano. 
Fue llevado a Roma con una escolta de militar de diez soldados. En su viaje hacia la capital del Imperio, a través del Asia Menor, llegó a Filadelfia (Lidia), donde constató divisiones entre el clero; luego, a través de Sardes, llegó a Esmirnia, donde fue acogido en su prolongada estancia por  san Policarpo, obispo de la ciudad. Aquí escribió tres cartas a las tres comunidades, cuyos delegados habían acudido para venerarlo: Éfeso, Magnesia y Trales. Escribió también a la "Iglesia de Roma, que preside la caridad y que ha recibido la ley de Cristo y el nombre del Padre, y que ha recibido las ordenes de los apóstoles" rogando a aquellos cristianos que no intervinieran para evitar su martirio: "Dejadme que yo sea pasto de la fieras, que me ofrecen a modo de llegar a Dios. Soy trigo de Cristo. Sean los dientes de las fieras, la muela que me haga pan limpio de Cristo... Si llego a sufrir el martirio, resucitaré libre". 
Embarcado en Tróade, donde escribió otras tres cartas: a Filadelfia, a Esmirnia y a san Policarpo, el ilustre prisionero llegó a Neápolis, en Macedonia, y luego a Filipos, recorriendo la vía Egnatia, donde los fieles escoltaron a estos prisioneros (se le habían unido otros cristianos que se dirigían a Roma), que se embarcaron para Durazzo, en el Adriático. A la vista de Puzzoli, donde Ignacio le hubiera gustado desembarcar para seguir las huellas de san Pedro, la nave fue empujada por el viento hacia la desembocadura del Tíber. Desde aquí Ignacio se dirigió al circo, donde los espectadores le esperaban. Allí fue arrojado a las fieras, en lugar de los "gladiadores para los juegos públicos". Tuvo mucha fama en la antigüedad por ser un discípulo de los apóstoles, aunque la leyenda afirma que era uno de los niños que Jesús puso como ejemplo. MEMORIA OBLIGATORIA.  

13 de octubre de 2014

San TEÓFILO DE ANTIOQUÍA. (c.120 - c.181).


Martirologio Romano: Conmemoración de san Teófilo, obispo de Antioquía, varón muy erudito, que ocupó esta sede como sexto sucesor de san Pedro y compuso un libro para defender la fe ortodoxa contra el hereje Marción.

Había nacido pagano cerca de los ríos Tigris y el Eufrates en Asiria. Recibió una educación helenística. Se convirtió observando las costumbre de los cristianos, claramente superiores a la de los paganos, y leyendo la Biblia. De su experiencia de convertido y de su conocimiento de la cultura helenística se sirvió para polemizar contra los filósofos paganos de su época y aquellos cristianos helenizantes. Luchó contra las herejías que fueron surgiendo en su época. Fue un apologistas que tuvo como misión la fe cristiana y a la vez ganarse nuevos cristianos. 
Fue elegido sexto obispo de Antioquía en el 169. Como tal fue autor de muchos escritos de los cuales el más conocido este fragmento de la defensa de la fe cristiana “A Autólico”: "Pero si tu me dices: - Muéstrame tu Dios, yo te diré: Muéstrame tu hombre, y yo te mostraré mi Dios. Muéstrame que ven claro los ojos de tu alma, y que entienden bien los oídos de tu corazón... Dios se muestra a aquellos que lo pueden ver, cuando han abierto los ojos del alma. Todos tienen sus ojos, pero alguno los ha velado, incapaces de ver la luz del sol. El hecho es que los ciegos no ven, no demuestran por qué la luz del sol no aparece. Los ciegos se enfadan consigo mismos y con sus ojos. Del mismo modo, muchacho, si tu tienes los ojos del alma velados de tus culpas y de tus malos hábitos, no podrás ver la luz. Como un espejo limpio: así es como el hombre debe ver su propia alma pura. Si el espejo está oxidado, la faz del hombre no aparece sobre la superficie. Del mismo modo, si el hombre es pecador, este hombre no puede contemplar a Dios". 
Fue el primero que utilizó el término “Trias” (Trinidad), y una doctrina del “logos” precozmente elaborada. También escribió “Contra la herejía de Hermógenes” y “Contra Marción”. Es Padre de la Iglesia griega.

30 de septiembre de 2014

San JERÓNIMO. (c.347 - c.420). Doctor de la Iglesia.


Martirologio Romano: Memoria de san Jerónimo, presbítero y doctor de la Iglesia, que, nacido en Dalmacia, estudió en Roma, cultivando con esmero todos los saberes, y allí recibió el bautismo cristiano. Después, captado por el valor de la vida contemplativa, se entregó a la existencia ascética yendo a Oriente, donde se ordenó de presbítero. Vuelto a Roma, fue secretario del papa Dámaso, hasta que, fijando su residencia en Belén de Judea vivió una vida monástica dedicado a traducir y explanar las Sagradas Escrituras, revelándose como insigne doctor. De modo admirable fue partícipe de muchas necesidades de la Iglesia y, finalmente, llegando a una edad provecta, descansó en la paz del Señor.


Sofronio Eusebio Jerónimo, nació en Estridon, cerca de Aquilea, en Venecia (y no en Dalmacia o Panonia), en el seno de una familia muy rica, tras una juventud desordenada y la formación romana en la escuela del famoso retórico Donato, fue ordenado catecúmeno en Roma junto con san Bonosio en el 366 y recibió el bautismo de manos del papa san Liberio. Después de una breve estancia en Tréveris, se estableció en Aquileya con la comunidad de san Cromacio (374), donde conoció a Rufino (con el que más tarde polemizará); pero luego partió para Oriente en el 373, llegando a Antioquía; aquí, durante una enfermedad, tuvo la célebre visión, contada por santa Eustoquio, en la que se sintió llamado a juicio; y ante su respuesta de que era cristiano, el juez divino le respondió que mentía: "Tú eres ciceroniano y no cristiano, ...porque donde está tu tesoro está tu corazón". 
En el retiro del desierto Calcídico (375 y 378), se entregó a las mayores austeridades, superando grandes tentaciones: "Yo que no tenía por compañeros más que a los escorpiones y a las fieras, me veía con frecuencia entre las danzas de las jóvenes de Roma...; con semanas de ayunos trataba de domar la carne rebelde" y su cólera (esta característica de su carácter siempre le acompañará, y aparecerá como un santo con un carácter agrio y mal humorado, teniendo desavenencias con casi todos los personajes de su época); también escribió la “Vida de san Pablo ermitaño”. Concluido este noviciado, estudió hebreo, teniendo como profesor a un judío cristiano. En el año 379, el obispo Paulino le ordenó presbítero en Antioquía; y pronto perfeccionó su gran saber en Constantinopla; allí conoció, escuchó y estimó a santos Gregorio Nacianceno y Gregorio de Nisa. Mantuvo contactos con la escuela neoplatónica, con la exégesis alegórica alejandrina, dedicándose a traducir las “Homilías” de Orígenes sobre Ezequiel y la “Crónica” de Eusebio de Cesarea (completéndola desde el año 326 al 379). Para acompañar a Paulino de Antioquía y san Epifanio de Salamina al concilio romano del 382 contra los apolinaristas, se fue a Roma, donde el papa san Dámaso le hizo secretario suyo, encargéndole que revisara la traducción latina de los evangelios y de la Biblia, incluyendo la versión de “los LXX”. Con su espíritu satírico combatió a Elpidio, que despreciaba la virginidad, y dirigió espiritualmente un círculo ascético de mujeres nobles en las lujosas villas del Aventino, como santas Marcela de Roma, Paula de Roma, Asela, Eustoquio y Fabiola. Escribió “Adversus Helvidium”, sobre la perpetua virginidad de María.
A la muerte de san Dámaso (384), por desavenencias con el clero romano (entre otras cosas, a causa de la nueva versión de la Biblia), partió de nuevo para Oriente, visitando Palestina, Egipto y el desierto de Nitria, donde vivían los ascetas. Finalmente recaló en Belén (386-419), donde se convirtió en el responsable espiritual del monasterio construido por santa Paula para sus compañeras. En su monasterio masculino, Jerónimo pudo dedicarse a ultimar la “Vulgata”, y a redactar otras obras: “De viris illustribus” (precioso para la historia) y numerosas cartas (157). Tuvo que luchar de nuevo en defensa de la virginidad (su adversario era Joviniano) y contra el origenísmo. Polemizó duramente contra su amigo Rufino y contra el obispo de Jerusalén, Juan; luego, contra Pelagio y Vigilancio. Tras la muerte de sus bienhechoras e hijas espirituales (Paula y Eustoquio), permaneció en el monasterio devastado, apenado por las noticias que llegaban de Roma, donde Alarico hacía estragos. Acogió a los nobles míseros y despavoridos que se refugiaron en Belén a causa de las incursiones de los sarracenos en Palestina (410-412), interrumpiendo su “Comentario sobre Ezequiel”. Tuvo una gran correspondencia con muchos personajes de la época, entre ellos, san Agustín, que si bien en un principio no le gustó el santo de Hipona, lograron ser, más tarde, grandes amigos. Fue conocido como el “Doctor Maximus”.
 Su fidelidad al Papa fue proverbial: "Yo me mantengo unido a su Santidad, esto es, a la sede de Pedro. Sobre esta roca sé que está fundada la Iglesia. Fuera de la Iglesia, no hay salvación. El que come el Cordero fuera de esta casa, es extraño. El que está fuera de la Iglesia del Señor, no puede ser puro". Era un carácter fogoso, pero tierno con aquellos que se entregaban por entero a Dios. La leyenda nos lo presenta como un asceta luchando siempre contra el pecado de la lujuria y contra el mismo diablo, que tantas veces se ha reproducido en la pintura. Murió en Belén. Está enterrado en la basílica de Santa María la Mayor de Roma. Patrón de Dalmacia (Croacia). MEMORIA OBLIGATORIA.

16 de septiembre de 2014

CORNELIO y CIPRIANO. M. 253, 258.


Martirologio Romano: Memoria de los santos Cornelio, papa, y Cipriano, obispo, mártires, acerca de los cuales el catorce de septiembre se relata la sepultura del primero y la pasión del segundo. Juntos son celebrados en esta memoria por el orbe cristiano, porque ambos testimoniaron, en días de persecución, su amor por la verdad indefectible ante Dios y el mundo.

Cornelio nació en Roma. Nada de sabe de sus orígenes, pero tal vez perteneciera a la gran familia de los Cornelios. Sucedió al papa san Fabián y gobernó la Iglesia, después de la persecución de Decio, "el cual, dice san Cipriano, habría soportado mejor enterarse que un rival se rebelaba contra él que ver en Roma un obispo de Dios".
Durante la persecución de Decio muchos habían apostatado y el Papa consideraba que estos debían ser tratados con sensibilidad pastoral y clemencia, para que pudieran reingresar fácilmente en la Iglesia; pero Novaciano, un inteligente obispo, se puso en contra, negando que la Iglesia tuviera el poder de perdonar la apostasía; fue elegido antipapa por su grupo. San Cipriano y otros obispos apoyaron a Cornelio. En la lucha contra Novaciano (en Roma) y contra Novato, enemigo de Cipriano (en Cartago), Cornelio y Cipriano estuvieron unidos, pese que hubo algunos equívocos provocados, por falsos informes. San Dionisio, obispo de Alejandría, también se puso al lado de Cornelio. Cipriano elogió a Cornelio, que "había pasado por todos los oficios eclesiásticos y había subido, superando los grados, a la cumbre sublime del sacerdocio". 
 Tras la condena de Novaciano y Novato en el sínodo de Roma y Cartago (251), el papa Cornelio aprobó esta excomunión y se la comunicó a todas la Iglesias, que la acogieron favorablemente, salvo la de Antioquía, donde su obispo Fabio compartía las ideas de Novato. Después de la peste que se cebó en el Imperio romano (252-254), de la que fueron acusados los cristianos por haber provocado la cólera de los dioses, el emperador Galo desencadenó una persecución, que fue benigna, y en la que Cornelio fue desterrado al pequeño puerto de Centumcellae (Civitavecchia), donde encontró la muerte a causa de los sufrimientos; alguna tradición dice que murió decapitado. Se le atribuye el traslado de los cuerpos de san Pedro y san Pablo, junto a la matrona santa Lucina. 
Cipriano, cuando supo del destierro del Pontífice, le escribió: "No podría decir, toda la alegría, toda la satisfacción, que se ha manifestado cuando hemos sabido las felices noticias de vuestro coraje... Usted ha  sido el jefe  de los hermanos, en la confesión; pero la confesión de la cabeza es exaltada también de la conformidad de sentimientos manifestada por los hermanos. Recemos, cada uno por parte suya, uno por el otro, en los momentos de persecución"; en otro lugar añade: "Si uno de nosotros dos, Dios le hace la merced de morir antes, que nuestra amistad perdure junto a Dios". Fueron grandes amigos, y nunca se conocieron. Su tumba se encuentra en la cripta de Lucina, en las catacumbas de San Calixto, en Roma. 

Llamado Tascio Cecilio Cipriano (c.200 - 258). Nació en Cartago, aunque es posible que fuera de origen chipriota, como permite suponer su nombre, en el seno de una familia pagana y muy rica. Se dice que en su juventud llevó una vida poco edificante, estudió Retórica y Derecho y ejerció ambas disciplinas. Ejerció como rector y fue discípulo de Tertuliano, al que se refiere en muchas de sus cartas (aunque no lo nombra explícitamente porque cayó en la herejía). Se convirtió al cristianismo bajo la guía de san Cecilio en el 246, del que tomó el nombre, y al convertirse repartió sus bienes entre los pobres e hizo voto de celibato. Escribió el opúscolo “A Donato”, primer opúscolo apologético.
Fue elegido obispo de Cartago en el 249, después de la muerte de Donato. Cuando la persecución de Decio, Cipriano huyó. Le parecía que así podría defender mejor a su grey, que lo necesitaba. Fue un gran teólogo cristiano y defensor de la fe, en contra de la herejía de Novaciano y Novato. Es uno de los grandes apologistas cristianos. No fue comprendido en su sede porque se había convertido a los 35 años. 
Después de la muerte del papa san Cornelio y la breve sucesión de san Lucio I, el papa san Esteban I, de carácter más bien autoritario, demostró no aceptar la tesis de Cipriano, que defendía el rebautismo de los herejes y cismáticos, porque "sólo la Iglesia (y no estos novacianos) tenía el poder de bautizar y purificar". En el concilio de Cartago del 256, Cipriano fue apoyado por los obispos africanos, entre otros por san Firmiliano, obispo de Cesarea, mientras que san Dionisio de Alejandría intervino para evitar un cisma y calmar a los antagonistas. Pero la muerte de san Esteban I, con la sucesión de san Sixto II, juzgado "bueno y pacífico", resolvió la peligrosa situación. El concilio de Arles (314) negó el rebautismo de Cipriano, pero no le condenó.
Escribió numerosos tratados, uno de los más importantes fue “De Ecclesiae unitate”; donde defendió la primacía del obispo de Roma; “De lapsis” contra los novacianos y “A Quirino: Tres libros de testimonios”, tiene una gran importancia para el estudio de las primeras versiones de la Biblia. Sus escritos están caracterizados, como su vida, de la compasión, de la sabiduría y del celo pastoral. Murió  en la persecución de Valeriano y Galieno, acusado de sacrílego, conspirador criminal y enemigo de los dioses de Roma. Primero fue desterrado a Curubis (África proconsular) en el 257; después, tras su vuelta a Cartago (donde se enteró de la ejecución de Sixto II), fue procesado de nuevo, y luego decapitado en Cartago; a su verdugo le entregó 25 monedas de oro por su trabajo, y al conocer su sentencia dijo: "Gracias a Dios". Es Padre y Doctor de la Iglesia. Su cabeza se encuentra en Kornelimünster, cerca de Aquisgrán. MEMORIA OBLIGATORIA. 

13 de septiembre de 2014

San JUAN CRISÓSTOMO. (c.350 - 407). Doctor y Padre de la Iglesia.


Martirologio Romano: Memoria de san Juan, obispo de Constantinopla y doctor de la Iglesia, antioqueño de nacimiento, que, ordenado presbítero, llegó a ser llamado “Crisóstomo” por su gran elocuencia. Gran pastor y maestro de la fe en la sede constantinopolitana, sufrió el destierro por la facción de sus enemigos, y al volver del exilio por decreto del papa san Inocencio I, como consecuencia de los maltratos recibidos de sus guardas durante el camino de regreso, entregó su alma a Dios en Comana, localidad del Ponto.


Llamado "Crisóstomo" por su gran elocuencia. Nació en Antioquía de Siria, y era hijo de un oficial del ejército; Juan fue educado por su madre, Antusa, que se quedó viuda a los 20 años, e instruido por el célebre retórico pagano, maestro de helenismo, Libanio. Ejerció la abogacía. En este empleo se dejó arrastrar por las diversiones del mundo, cuando Dios le abrió los ojos. Determinó la determinación de renunciar al mundo.
Orientado al cristianismo por el obispo san Melecio, que lo bautizó a los 18 años (c.368), y por Diodoro de Tarso, llegó a lector y con este maestro empezó la famosa Escuela exegética y teológica de Antioquía, que tanto ha dado a la Teología y Apologética e interpretación de las Sagradas Escrituras. Luego fue ordenado diácono (c. 381). Después de haber estudiado elocuencia y letras, se dejó seducir por la vida eremítica, pero, una dolencia de estómago y la necesidad de gente preparada intelectualmente para vencer las herejías, le hicieron dejarla. En el desierto escribió “Diálogo sobre el sacerdocio”. Fue ordenado sacerdote en Antioquía a los 32 años (c.386) por su sucesor, Flaviano. 
Se dedicó al ministerio de la predicación en Antioquía durante doce años (386-398). Sus homilías, construidas sobre una doble trama: dogmática y moral, le granjearon la simpatía del pueblo. Fue célebre su “Homilía sobre las estatuas”, con la cual logró consolar al pueblo, temeroso de una represalia imperial por una rebelión en 386 a causa de un nuevo impuesto. Tras la muerte de san Nectario (397), patriarca de Constantinopla, por su fama de orador y homeleta, Juan fue elegido, en contra de su voluntad, para sucederle. Quiso terminar con el cisma de Antioquía, y para ello pidió apoyo al papa san Inocencio I, que le rogó que admitiera en la comunión al anciano obispo Flaviano. No fructificó su gestión, y entonces Juan se dedicó a fondo a la renovación de su diócesis. Siguió predicando contra el vicio, el lujo y el desenfreno de la corte imperial, ganándose una oposición feroz, especialmente del valido, el eunuco Eutropio. Organizó una gigantesca obra de apoyo a los pobres y luchó especialmente contra el relajamiento del clero y los monjes. A su predicación incansable de la palabra divina, acudían las gentes a Constantinopla en bloque. Renovó la liturgia, como catequesis eficaz y escuela permanente de formación de los fieles. Todavía hoy la Iglesia bizantina titula su “misa” como “La divina liturgia de nuestro padre entre los santos, Juan el Crisóstomo”.
Tan fiel al papa san Inocencio I, como a sus diocesanos, tuvo que enfrentarse a los abusos de poder especialmente los de la emperatriz Eudoxia, que se consideró atacada en una homilía contra el lujo, así como de muchos obispos, que se consideraron agraviados por sus reformas. En venganza, la emperatriz, apoyada por el obispo de Alejandría, Teófilo, y los otros obispos, convocó un Sínodo sedicioso conocido como el de "La encina", donde Juan fue desterrado por primera vez. "No temo la muerte -decía- ni envidio las riquezas. No tengo deseos de vivir, sino es para vuestro bien espiritual... En cualquier lugar donde me mande Dios, le doy las gracias". Marchó a Prenetos, en la costa de Bitinia, pero el pueblo se sublevó contra esta decisión. Reclamado más tarde por el emperador Arcadio, cuando la ciudad sufrió un terremoto, el pueblo lo recibió triunfalmente; pero dos meses después, al oponerse Eudoxia, que aspiraba a los honores divinos en una fiesta popular pagana, fue exiliado de nuevo (404) a Cucuso, en la frontera de Armenia; otra vez el pueblo se sublevó, quemando Santa Sofía y el Senado. Por fin, a causa de las protestas imperiales, fue enviado a un lugar todavía más lejano, a Pitionte, en la costa oriental del mar Negro. Pero durante el viaje murió en la pequeña ciudad de Comana (Tokat, Turquía), en la capilla del mártir Basilio o Basilisco, pronunciando las palabras: "Gloria a Dios por todo. Amén". 
En 1909, San Pío X declaró a san Juan Crisóstomo patrono de los predicadores. Su nombre está incluido en la liturgia eucarística de los ritos bizantino, sirio, caldeo y maronita. MEMORIA OBLIGATORIA.