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31 de agosto de 2015

San AIDANO DE LINDISFARNE. M. 651.


Martirologio Romano: En Lindisfarne, de Northumberland, san Aidano, obispo y abad, varón de suma mansedumbre, piedad y recto gobierno, que, llamado del monasterio de Iona por el rey Oswaldo, estableció allí su sede episcopal y un monasterio, para dedicarse con eficacia a la evangelización de aquel reino

Oriundo de Irlanda. Abrazó la vida religiosa en el monasterio de Iona, donde no enseñó nada que no viviese antes. Los caminos los hizo a pie para poder hablar con las personas con las que se iba encontrando y poder evangelizarlas. Fue muy generoso y todo lo que poseía lo entregaba al más necesitado. Pasó a Inglaterra con otros monjes para colaborar con san Oswaldo, rey de Northumbría, en la evangelización de los sajones, que le entregó las islas de Lindisfarne y la de Farne, situadas al sur. Estableció su sede en Lindisfarne, abadía de la que fue fundador (635) (la isla santa), que gobernó como abad y obispo de Northumbría; su diócesis se extendía desde la parte norte desde Tyne al estuario de Edimburgo, y todas las iglesias que se edificaron tuvieron su origen en el episcopado de Aidán, como lo tuvieron también algunas de los que habitaban en la parte sur del mismo reino desde Tyne a Humber. La sede de York había estado vacante durante 20 años, desde que la fundara san Paulino. 
Aidán gobernó todas las iglesias de Northumbría durante 17 años. Según Beda, se distinguió por su celo apostólico, su caridad y su sabiduría, creando, durante los 18 años de su episcopado escuelas, iglesias y monasterios. A través de sus acciones mostró que ni buscaba ni amaba las cosas del mundo: los presentes que le hacía el rey, o cualquier otro hombre rico, los distribuía entre los pobres o los utilizaba en redimir cautivos. Raramente se sentaba a la mesa del rey, y nunca sin llevar con él a alguno de su clero, y siempre después de un ligero refrigerio se apresuraba a leer o rezar en la iglesia o en la celda. Mantuvo excelentes relaciones con el sucesor del rey san Oswaldo, san Oswino. Murió en Bambourough. 

30 de agosto de 2015

San FANTINO "el Joven”. (927 - c. 1000).


Martirologio Romano: En Tesalónica, de Macedonia, san Fantino, apellidado el Joven, eremita, que se consumó por Cristo con vigilia y trabajos.

Nació en una localidad de Calabria "muy cercana a Sicilia", en el seno de una familia de ricos terratenientes. Según la costumbre de la época el niño fue ofrecido al Señor en la iglesia de San Fantino "el Viejo" y con ocho años fue confiado a san Elías "el Joven" en la gruta de Melicuccà para que fuera conducido a la vida monástica. Después de cinco años de aprendizaje con san Elías, recibió el hábito de novicio basilio y permanecio en Melicuccà durante 20 años, hasta la muerte del santo, desempeñando el oficio de cocinero y luego el de custodio de la iglesia.
Se trasladó a la región del Mercurión donde vivió 18 años como eremita dedicándose a la oración y a la penitencia, luchando contra las frecuentes insidias del Mal. Después del largo tiempo pasado en soledad regresó a la vida cenobítica y fundó un monasterio femenino en el que fueron acogidas su madre y su hermana Catalina. Siguió la fundación de monasterios masculinos, en uno de los cuales fueron acogidos su padre y su hermano Lucas y Cosme. 
Deseando vivamente regresar a la vida eremítica dejó a su hermano Lucas la dirección del monasterio más grande y se retiró a un lugar solitario y salvaje. Desde su retiro de vez en cuando iba a visitar a sus nuevos discípulos, entre los que se encontraban los monjes: Juan, Zacarías, Nicodemo y Nilo, y transcurría parte de su tiempo transcribiendo códices. Retomó la vida cenobítica y continuó con su vida de penitencia. Tuvo dones taumatúrgicos y místicos. 
Fantino, "porque le llegaban continuamente gente en masa, como si fuera un enjambre, y no le permitían gozar sin molestarle el bien de la soledad", marchó al santuario de San Michele en Gargano. Una noche, después de la recitación del Oficio Divino, tuvo una terrible visión que no quiso comunicar a sus monjes porque eran "cosas absolutamente indescriptibles". Después "se quitó el sayo y marchó desnudo por los montes", donde estuvo sin comer ni beber durante 20 días seguidos. Así siguió viviendo en soledad y penitencia durante cuatro años, hasta que los monjes le obligaron a regresar. 
En el monasterio fue visitado por san Nilo de Rossano, al que le contó que había tenido una visión de ángeles resplandecientes y de demonios, que lo llenaron de temor y horror. Después fue transportando a una región de resplandeciente luz, en la que oyó un himno inefable, y vio un fuego extraordinario que lo lleno de "divino furor". Luego tuvo una visión del infierno, "lugar lleno de humo maloliente, sin luz", lleno de condenados que "suspiraban desde lo hondo con infinitos lamentos". Luego fue transportado a "un lugar resplandeciente y eterno" y tuvo la visión de los beatos y se encontró con sus padres. Al volver en sí, el santo concibió "un total desprecio por las cosas del mundo".
Entre san Nilo y Fantino hubo una gran amistad, inspirada en la santidad y en la caridad fraterna. Entre ellos se realizaron algunos milagros. Un día le comunicó a san Nilo una visión que tuvo de la destrucción del monasterio por los sarracenos, como así ocurrió. Nuestro santo, respondiendo a una inspiración, dejó Calabria, y con 60 años, con sus discípulos Vital y Nicéforo, se embarco hacia Grecia. En el trayecto realizó algún milagro. Marchó a Atenas para visitar el templo de la Madre de Dios y después marchó a Larissa, donde estuvo largo tiempo junto el sepulcro de san Aquiles "el Taumaturgo". Luego se trasladó a Tesalónica y durante cuatro meses habitó en el monasterio de San Menas. Dejó este cenobio y se fue a vivir fuera de los muros de la ciudad. En Tesalónica realizó también milagros y grandes obras de caridad, y tuvo un encuentro con los monjes de Athos: san Atanasio y Pablo, que iluminaban "las soledades como un faro". Llegado al fin de sus días, fue visitado por los monjes Simón y Focio a los que reveló que Pedro Sclero estaba escribiendo un libro para apropiarse de la autoridad con la rebelión, ignorando el fin de éste. Fantino murió después de abrazar y bendecir a los monjes que lo asistían y fue sepultado con gran solemnidad en el lugar que había elegido.

San ERO DE ARMENTEIRA. M. 1176.


Su vida es una leyenda contada por el rey Alfonso X el Sabio en las “Cantigas de Santa María”. Se dice que nació en la comarca de Salnés, Galicia. En 1151 fundó la abadía cisterciense de Armenteira del que fue su primer abad durante 26 años, primero bajo la observancia benedictina y después del cister. Tuvo fama de taumaturgo. 
El abad don Ero era muy devoto de la Virgen Santa María y acostumbraba a pedirle en sus rezos que le mostrase el bien que el Paraíso tiene para aquellos que por su piedad y devoción, así como por su rectitud en la vida, son merecedores de él. Y dice la leyenda que acostumbraba a salir el piadoso y buen abad algunos días para solazarse un poco caminando por el bosque que había en el declive del monte Castrove, próximo al monasterio por él fundado. Ero entró un día en una huerta a la cual iba muchas veces, y en ella encontró una fuente de agua clara y murmurante que parecía ofrecerle un apacible reposo a la sombra de un frondoso árbol. Cerró los ojos beatíficamente el anciano abad, pues había recorrido ya muchos años después de ser elegido; y como es costumbre, rogó a Nuestra Señora: “¡Oh, Virgen! ¿Qué será el Paraíso? ¿Y no podría verlo antes de salir de aquí, yo que te lo he rogado?”. Entonces, en el árbol bajo cuyas ramas frondosas descansaba el santo Ero comenzó a cantar un pajarillo. Y el canto del pajarillo era de sonido tan agradable y armonioso, que el anciano monje se olvidó del tiempo que pasaba y se quedó allí sentado sobre la blanda hierba, al pie de la fuente que susurraba, escuchando embelesado aquel canto y aquella armonía. Y así pasó sin darse cuenta trescientos años, pareciéndole que no había estado sino muy poco tiempo.
Los monjes fueron a buscarle, y pensaron que había muerto. Después de levantarse el anciano abad, se encaminó hacia el monasterio; pero, al llegar, se encontró con un gran pórtico que nunca había visto, y dijo: “¡Ay, santa María me valga! ¡Éste no es mi monasterio!”. Con todo, entró en él y los monjes al verle sintieron gran pavor; y el prior le preguntó: “Amigo, ¿Quién sois vos? ¿Qué buscáis aquí?”. Cuando supieron lo que a don Ero le había acontecido, el abad y los monjes todos, exclamaron asombrados: “¡Nunca tan gran maravilla/ como Deus por este fez/ polo rogo de sa madre/ Virgen santa de gran prez!”. Nuestro santo murió en aquel instante.

Beato ALFREDO ILDEFONSO SCHUSTER. (1880-1954).


Martirologio RomanoEn Venegone, cerca de Varese, en Italia, beato Alfredo Ildefonso Schuster, obispo, que, siendo abad de San Pablo de Roma, fue elevado a la sede episcopal de Milán, donde, con gran cuidado y diligencia, desempeñó con admirable sabiduría su función de pastor por el bien de su pueblo

Nació en Roma. Su padre Juan Schuster, era oriundo de Baviera y se enroló en los zuavos pontificios, en donde ejerció el oficio de sastre, hasta que, con la pérdida de los Estados Pontificios, fue dado de baja. Su padrino de confirmación fue el marqués Clemente Sachetti, que lo tomó bajo su protección. Las Hijas de la Caridad y sus muchos protectores, sobre todo el barón Pfiffer de Altishofen, que conocían bien sus cualidades y su inclinación acentuada hacia la vida religiosa, lo encaminaron a través del benedictino Gregorio Palmieri, que trabajaba en el archivo secreto del Vaticano, a la escuela monástica del monasterio de San Pablo Extramuros de Roma. Alfredo fue benedictino y adoptó el nombre de Ildefonso.
No fue del todo feliz en su primera época en la escuela benedictina, porque tenía un defecto de pronunciación y que le humillaba mucho. En 1899 hizo su profesión religiosa. En la escuela conoció y trabó amistad con el beato Plácido Riccardi. Estudió en el Ateneo de San Anselmo de Roma, donde se doctoró en Filosofía, pero a él lo que le apasionaba eran los estudios históricos y arqueológicos. Fue ordenado sacerdote en 1904 y fue profesor en el monasterio; fue maestro de novicios, prior y entre 1904 a 1918, abad del monasterio. Fue también profesor de San Anselmo y en la Escuela de Arqueología Sagrada, en donde enseñó liturgia. Escribió “Liber Sacramentorum”, que tuvo mucho éxito. 
Fue llamado por la Sede Apostólica para grandes y graves misiones en las diócesis de Italia. Fue consultor en varias sagradas congregaciones romanas. Como prelado de la abadía “nullius” de San Pablo de Roma, hizo una labor apostólica de gran importancia. Ayudó mucho al papa Benedicto XV, que le tenía gran estima, y se dice que a él se debe el borrador de la encíclica en la que se declaró a san Efrén, doctor de la Iglesia. También intervino en la fundación del Instituto Pontificio Oriental. 
Pío XI le nombró Cardenal y Arzobispo de Milán en 1929. Rigió la diócesis de Milán durante 25 años, y se inmoló por ella. Comía muy poco. Se interesó mucho por la formación y santificación del clero. Tenía un elevado concepto de la parroquia, pero no descuidó otras formas de apostolado, como la Acción Católica y la prensa católica. Defendió a todo el que estaba en peligro sea cual fuera el régimen gubernamental y fue célebre por su oposición al régimen de Mussolini, aunque apoyó la invasión de Etiopía, y por ello fue acusado de “filofascista”, aunque se opuso a la unión del fascismo con el nazismo por su política racial. Condenó en una dura homilia al régimen fascista. Salvó muchas vidas e intervino para que el cadáver de Mussolini fuera enterrado cristianamente. Fue legado pontificio en muchas ocasiones. Dio todo cuanto podía hasta quedar sin nada. Fundó “Charitas” y la “Domus Ambrosiana” y apoyó la fundación de la Universidad Católica de Milán. Murió con 74 años en Venegono y la homilía fúnebre fue predicado por el cardenal Roncalli, el futuro Juan XXIII; le sucedió el cardenal Montini, luego el futuro Pablo VI, que fue quien inició su proceso de beatificación. Fue siempre un monje que ejerció como obispo. Fue beatificado por el papa Juan Pablo II el 12 de mayo de 1996.

29 de agosto de 2015

San MEDERICO DE AUTUN. M. c. 700.


Martirologio Romano: En París, en Neustria, san Mederico, presbítero y abad de Autun, que vivió en un paraje retirado, cerca de la ciudad.

Natural de Autun, a los 13 años ingresó en la abadía benedictina de San Martín. En él había cincuenta y cuatro monjes, cuya fervorosa vida regular era la edificación de toda la región. En tan buena compañía, Mederico progresó en la virtud y la escrupulosa observancia de la regla. Elegido abad muy contra su voluntad, precedió con el ejemplo a sus súbditos, ya que era el primero en el cumplimiento del deber.  La fama de su santidad atrajo sobre él las miradas de los hombres. Pronto empezaron a acudir gentes de todas partes a consultarle. Como ello le acarrease demasiadas distracciones y tentaciones de vanidad, el santo renunció a su cargo y se retiró durante algún tiempo al bosque y vivió como ermitaño en una celda cercana a Paris, en el lugar donde hoy existe la iglesia de Saint-Merry. 
Pero el pueblo no tardó en descubrir su retiro y una enfermedad le obligó a retornar al monasterio. Ahí pasó algún tiempo, edificando y ayudando a sus hermanos a progresar en la virtud. Murió en París, durante una peregrinación que realizaba en compañía de su discípulo san Frodulfo a las tumbas de san Dionisio de París y san Germán de Auxerre. Se estableció en una pequeña celda contigua a la capilla de San Pedro, en el norte de la ciudad. Al cabo de dos años y nueve meses de una penosa enfermedad, que soportó con admirable paciencia, murió apaciblemente.

28 de agosto de 2015

Santa FLORENTINA DE CARTAGENA. (c.550 - c.633).


Martirologio Romano: En Sevilla, en la región hispánica de Andalucía, santa Florentina, virgen, a la que, por su gran conocimiento de las disciplinas eclesiásticas, sus hermanos San Isidoro de Sevilla y Leandro le dedicaron tratados de alta doctrina.

Nació en Cartagena en el seno de una familia hispanorroamana. Hermana de santos Fulgencio, Isidoro y Leandro, que fue su maestro en los estudios clásicos y sagrados y, ella a su vez, fue la formadora de su hermano pequeño san Isidoro. La familia tuvo que ir al destierro (en el 554) en dirección a tierras andaluzas. Ingresó en el monasterio de Santa María del Valle de Écija donde era obispo su hermano san Fulgencio. Fue abadesa de este monasterio, y además tuvo a su cargo otros varios monasterios de la comarca, con un total de mil monjas. 
Sobresalió por su espíritu de penitencia y por su constante atención a las jóvenes que, en gran número, se añadían a las monjas del convento. Para ella y sus religiosas, san Leandro, escribió "La institución de las vírgenes". San Isidoro escribió, por insinuación suya, dos libros sobre la fe cristiana en su relación con los judíos. Tuvo la tentación de dejar el monasterio de Écija y volver a Cartagena con su hermano Fulgencio, pero su hermano Leandro, le disuadió de ello. 
San Leandro le dijo a su hermana: "No quieras irte del tejado en donde la tórtola tiene sus pequeñuelos. Eres hija de la inocencia, del candor, tú precisamente que tuviste a la tórtola por madre (se refiere a la abadesa Turtula). Pero ama mucho más a la Iglesia, tórtola mística que todos los días te engendra para Cristo. Descanse tu ancianidad en su seno, como antaño descansabas y tu ardor mecías en el regazo de la que cuidó tu infancia.
¡Ah, hermana mía querida, comprende si puedes el ardiente deseo que inflama el corazón de tu hermano de verte unida con Cristo!. Tú eres lo mejor de mí mismo. ¡Desgraciado de mí si otro pretendiese despojarte de tu corona! Tu eres delante de Cristo mi baluarte, tú mi prenda querida, mi hostia santa por la que he de merecer salir del abismo de mis pecados...". Fue enterrada junto con su hermano Leandro. 

27 de agosto de 2015

San POEMENO. M. c. 450.


Martirologio Romano: En la Tebaida, en Egipto, san Poemeno, abad, tenido en suma consideración entre los anacoretas y del que se refieren muchas máximas llenas de sabiduría.

Poimén o Pimen -cuyo nombre significa «pastor»- fue uno de los más famosos padres del desierto egipcio. Retirado al desierto egipcio de Scete con un hermano más joven y uno más anciano; en el 408 los tres fueron obligados a abandonar, por las incursiones de los bereberes, ese primer asentamiento, y buscar refugio entre las ruinas del templo de Terenuthis. Anubis -el hermano anciano- y Poimén, se alternaban en la guía de la minúscula comunidad. Por la mañana trabajaban hasta el mediodía, leían luego hasta las tres de la tarde, después se dedicaban a la recogida de leña, comida, y otras eventuales necesidades. De las doce horas nocturnas sólo cuatro las dedicaban al reposo, mientras que las restantes las repartían entre el trabajo y el canto del Oficio.
Dejó muchos apotegmas llenos de sabiduría: "El agua es blanda y la piedra es dura. Sin embargo, cayendo el agua gota a gota de un recipiente sobre la dura piedra, poco a poco la taladra. Así es la palabra de Dios. Es blanda por su dulzura, y aunque nuestro corazón sea duro e insensible, si se la escucha y recibe con docilidad, abre al fin nuestro corazón, a pesar de su dureza, para dejar entrar el temor de Dios." "La humildad es tan necesaria al hombre como la respiración," "Nuestra voluntad propia es como un muro de bronce que ponemos entre Dios y nosotros." "Si refrenas tu lengua, tendrás reposo." Murió casi centenario. La liturgia bizantina define al santo como «lámpara del universo y modelo para los monjes».

San CESÁREO DE ARLES. (c.470 - 542).


Martirologio Romano: En Arlés, de la Provenza, san Cesáreo, obispo, que, después de haber llevado vida monástica en la isla de Lérins, recibió ese episcopado en contra de sus deseos. Preparó y reunió sermones apropiados para las festividades que los presbíteros debían leer con objeto de instruir al pueblo y escribió también reglas de vida, tanto para hombres como para religiosas, para dirigir la vida monástica.

Nació en territorio de la ciudad de Cabillón (Châlon-sur-Saône), Francia, en el seno de una familia acaudalada de origen galorromano. A los 18 años, pidió a san Silvestre, obispo de la ciudad que lo admitiese en el clero de Châlons, donde que permaneció aproximadamente dos años; a los 20 años se ingresó como monje benedictino en Lerins donde recibió una sólida formación espiritual; su vida hizo que sus cohermanos le eligieran mayordomo o procurador de la comunidad, pero sus penitencias fueron tantas que su salud se resintió y sus superiores lo mandaron a reponerse a Arles. 
En el 449 recibió el cometido de restaurar la disciplina en un monasterio de los alrededores de Arles del que fue nombrado abad y allí recibió el sacerdocio de manos del obispo san Eonio y a los 30 años fue elegido arzobispo de Arles (502), sucediéndo a san Eonio. Fue un gran hombre de iglesia, presidió diversos concilios y particularmente el de Orange (529), en el cual se condenó el semipelagianismo. Su doctrina sobre la gracia es agustiniana. También luchó contra el paganismo residual. Fundó la gran abadía femenina de Aliscamps de Arles, que lleva su nombre; y para aquella comunidad escribió una regla monástica (“Regula sanctarum virginum”); su hermana santa Cesarea fue la abadesa. Anteriormente había escrito “Regula monachorum”, destinada a los monjes. Como síntesis de toda su vida escribió la llamada “Recapitulatio”, documento que nos detalla la organización de la vida religiosa a principios del siglo VI.  
Se preocupó mucho del decoro en las funciones litúrgicas y fue un excelente predicador, de manera que sus homilías  todavía se pueden leer con gran deleite. Fue ante todo un gran moralista. Se enfrentó a los reyes Alarico II y Teodosio. Fue guía de su pueblo en asuntos sociales y políticos, y siempre se demostró digno de su confianza. Durante el periodo de miseria provocado por el asedio de Arles en el 508 vendió los tesoros de su iglesia para socorrer a los pobres. Se dice que ha sido el primer obispo de Europa occidental en recibir el palio del Papa, cuando le pidió al papa san Símaco que fuera confirmada para Arles, la dignidad de sede metropolitana. Se le considera uno de los fundadores de la iglesia de Francia y uno de los Padres de la Iglesia. 

San AMADEO DE LAUSANA. (1110-1159).


Martirologio Romano: En Lausana, entre los helvecios (hoy Suiza), san Amadeo, obispo. Siendo monje de Claraval, fue designado abad del cenobio de Hautecombe y elegido, más tarde, para la sede episcopal, desde donde educó con destreza a los jóvenes, formó un clero piadoso y casto y cantó las alabanzas en su predicación de la bienaventurada Virgen María

Nació en el castillo de Chatte del Delfinado. Cuando tenía ocho años, su padre, el beato Amadeo de Clermont, señor de Hauterive, tomó el hábito religioso en la abadía cisterciense de Bonnevaux. El santo fue al mismo convento a proseguir su educación, pero al poco tiempo pasó, con su padre, a Cluny. Después sirvió en la Corte del emperador Enrique V. 
En 1125, se hizo monje en Claraval cuando era abad san Bernardo, que en 1139, le envió como abad a Hautecombe en Saboya. El monasterio había adoptado la reforma apenas cuatro años antes y sus finanzas se hallaban en un estado lamentable. Amadeo animó a la comunidad a soportar gozosamente esas dificultades adicionales, y con una administración cuidadosa, logró sacar al monasterio del mal paso. 
En 1144, se vio obligado a aceptar, por orden del Papa Lucio II, la sede de Lausana, donde se encontró pronto envuelto en luchas con los nobles y fracasó en su intento de persuadir al emperador Conrado para que acudiese en ayuda del Papa contra Pierleone. Cuando Amadeo III, duque de Saboya, partió a la segunda Cruzada, Amadeo fue nombrado corregente con Humberto, el hijo del duque. Cuatro años antes de su muerte, Federico Barbarroja le hizo canciller de Borgoña. Como obispo enseñó a los jóvenes con su ingenio, formó un clero puro y piadoso y ensalzó a María en sus sermones. Nicolás, el secretario de san Bernardo, habla en términos muy elogiosos de la virtud de este activo prelado. Su antiquísimo culto fue aprobado en 1903 por el papa Pío XI. 

25 de agosto de 2015

San AREDIO (Yrieix). M. 591.


Martirologio Romano: En Attane, en el territorio de Limoges, en Aquitania, san Aredio, abad, que compuso para el cenobio que había fundado una sabia regla extraída de los preceptos de varios institutos de vida monástica.

Nació en Limoges en el seno de una familia de la nobleza, y fue educado por el abad de Vigeois, Sebastián. Sirvió durante un tiempo en la corte de los francos del rey de Austrasia, Teodeberto I. Luego fue a Tréveris, donde fue canciller; aquí llamó la atención del abad Nicecio, del cual resultó discípulo, por lo que finalmente decidió entregarse a la vida eclesiástica, recibiendo la tonsura. 
A la muerte de su padre volvió a Limoges, recibió su herencia y rentas, que dedicó a la fundación de iglesias y la adquisición de reliquias de mártires y santos. Abad fundador de la abadía de Attane en el Limousin, que más tarde se le dio su nombre, como al pueblo de Saint-Yrieux que se desarrolló en torno a ella; este cenobio fue fundado bajo una regla sacada de las de Casiano, Basilio y otro abades que instituyeron la vida monástica. Confió la administración del monasterio a su madre, Pelagia. Fue famoso por sus viajes misioneros por la Galia, visitando asiduamente las tumbas de los santos, especialmente a la de san Martín de Tours.
Por el hecho de no haber permanecido siempre dentro de los muros del monasterio, tuvo mucha relación con personajes importantes de su época: tuvo contacto con santa Radegunda, fundadora de monasterio de la Santa Cruz en Poitiers; fue estrecho amigo del poeta san Venancio Fortunato; participó de una misión diplomática junto al rey de Austrasia Gurtram Boso. Murió en su monasterio de Attane el 25 de agosto del 591. Las noticias sobre su vida provienen de san Gregorio de Tours, contemporáneo del abad, entresacadas de su «Historia Francorum». Su culto se ha restringido a los calendarios locales. 

San GREGORIO DE UTRECHT. (703 - c.776).


Martirologio Romano: En Utrech, de Gueldres, en Austrasia, san Gregorio, abad, que, siendo todavía un adolescente, siguió fielmente a san Bonifacio cuando intentaba la conversión de Hesse y Turingia. Posteriormente, y por mandado del mismo, dirigió como abad el monasterio de San Martín y gobernó la iglesia de Utrech.

Nació en Tréveris. Su abuela fue santa Adela de Tréveris, quién le enseñó la vida de perfección. Cuando era niño conoció a san Bonifacio de Maguncia, y le siguió en la vida religiosa; el viejo apóstol lo amaba como a un hijo y le nombró abad del monasterio de San Martín en Utrecht. Sin abandonar este cargo se hizo cargo de la diócesis durante 22 años; durante su gobierno como abad de San Martín, este monasterio fue un gran centro misionero y forja de santos. Algunos documentos afirman que fue obispo de Utrecht, pero consta que no llegó a serlo, pues así lo dice expresamente su biógrafo, san Ludgero. 
Entre los discípulos de san Gregorio se contaron san Ludgero, san Lebwino y san Marchelem. Con su predicación y diligencia pastorales, san Gregorio hizo de la diócesis un sitio digno de la abadía. San Ludgero alaba principalmente a su maestro por su prudencia, liberalidad y espíritu de perdón. Al respecto cuenta que los dos hermanos de san Gregorio fueron asesinados alevosamente. Las autoridades enviaron a los asesinos a san Gregorio para que éste decidiese qué género de muerte habían de sufrir. El santo, en vez de castigarlos, dio a cada uno una generosa limosna y los dejó en libertad. Gregorio soportó con ejemplar paciencia y fortaleza una parálisis durante los últimos tres años de su vida. Murió en Maastricht. Los canónigos regulares de Letrán, así como las diócesis de Utrecht y Tréveris, celebran la fiesta del santo.

20 de agosto de 2015

San BERNARDO DE CLARAVAL. (1091-1153). Doctor de la Iglesia.


Martirologio Romano: Memoria de san Bernardo, abad y doctor de la Iglesia, el cual, habiendo ingresado con treinta compañeros en el nuevo monasterio del Cister, fue después fundador y primer abad del monasterio de Clairvaux (Claraval), dirigiendo sabiamente a los monjes por el camino de los mandamientos del Señor, con su vida, su doctrina y su ejemplo. Recorrió una y otra vez Europa para restablecer la paz y la unidad e iluminó a la Iglesia con sus escritos y sabios consejos, hasta que descansó en el Señor cerca de Langres, en Francia.


Nació en Fontaines-lès-Dijon (Borgoña), de una noble familia feudal (su padre era vasallo del duque de Borgoña); era el tercero de seis hermanos. A los 16 años quedó huérfano de madre y tuvo una juventud bastante ligera. Con 30 miembros de su familia y amigos llegó a Citeaux (1112), a sacar la Orden del Cister de san Esteban Harding, de la falta de vocaciones que se encontraba; tenía 22 años. Los cistercienses iban a renacer, convirtiéndose Bernardo en una especie de segundo fundador.
Tres años después (1115), (había fundado la abadía de Ferté, y Pontigny) se le encargó fundar la abadía de Claraval, en Langres, donde permaneció hasta su muerte, tras dedicarse a la contemplación, a la predicación y a responder a todos los llamamientos de la caridad y las circunstancias históricas requerían; este mismo año fue ordenado sacerdote. En 1147, el papa san Eugenio III asistió con él al capítulo general de Claraval. Todos los pueblos, reyes y papas escuchaban sus consejos. Solucionó el cisma entre el antipapa Anacleto II frente al papa Inocencio II, logrando que el antipapa pidiera perdón al auténtico pontífice y así recobrar la unidad de la Iglesia. Fue elegido muchas veces obispo de Langres y Challons, y arzobispo de Génova, Milán y Reims; pero se opuso tan tajantemente a la moción que los papas no desearon ofender su humildad. Encargado por el papa beato Eugenio III, antiguo discípulo suyo, a quien le había dedicado su último libro (“De consideratione”), predicó la II Cruzada (1146), que tuvo un éxito militar negativo. Su temperamento fogoso, le llevó a lanzar en el 1128, en el concilio de Troyes, una invitación a favor del reclutamiento de la orden militar de los Caballeros del Temple (Templarios), cuya regla escribió en un libro, “Alabanza de una nueva milicia”. “Tened piedad de vuestras almas, de la sangre que ha sido derramada por vosotros". El quiso tratar su alma como "si llevase una gota de la sangre de Cristo en un ánfora de cristal”. Estudió y vivió la Sagrada Escritura y los Santos Padres en sí mismo "pues gustado en su fuente tiene más sabor". Es el autor de la “Salve” y de la “Teología Mariana”. Aunque no aceptó la doctrina de la Inmaculada Concepción. "Bernardo dame algo. El le contestó: Señor tu sabes que te lo he dado todo, ¿qué más quieres? - Bernardo dame más.- Pero Señor, qué quieres que te dé de mas, si te lo he dado todo, mi familia, mi vida, mis trabajos, todo, todo es tuyo. -Bernardo, te falta una cosa, dame tus pecados”
Fue por iniciativa suya que los cistercienses pusieran todas sus iglesias bajo la advocación de María. Si bien enriqueció la teología mariana, declaró la guerra al arte, especialmente la escultura que consideraba un lujo pernicioso que proscribió en las iglesias cistercienses. 
Además de fundar unos 60 monasterios, desde España hasta Siria y desde Sicilia hasta Suecia; intervino, por fin, como pacificador en las diversas contiendas, predicó sin descanso, amonestó a reyes y papas, asistió a concilios, combatió herejías y los abusos eclesiásticos, intervino como árbitro en los litigios políticos y aun encontró tiempo para escribir un montón de cartas y ser un gran teólogo. Abelardo tuvo que declararse vencido por él en el concilio de Sens (1140), aunque Bernardo utilizó algún engaño procesal para condenarlo, y gracias a san Hugo de Grenoble terminará por congraciarse con Abelardo. Fue un hombre de hierro que tuvo una incansable actividad -aunque su salud fue siempre mala - y que fue contemplativo, un alma dulcísima y efusiva al que se le puso el sobrenombre de "Doctor Melifluo". Suscitó por doquier entusiasmo y veneración por sus milagros, así como por su doctrina de interiorización espiritualista.  
Su aportación a la espiritualidad cristiana se condensa en estos dos motivos: el descubrimiento de la piedad humanística, con la devoción a la humanidad de Cristo y el rol constitutivo de la piedad mariana en el contexto de la piedad hacia el Hombre-Dios (María es el "aquaeductus gratiae"). Decía: "Yo sirvo voluntariamente porque la caridad me hace libre"; "amémonos, porque somos amados: es nuestro interés y el interés de los nuestros. En aquello que amamos, nosotros reposamos; a aquellos que amamos, ofrecemos nuestro reposo. Amar en Dios significa tener caridad; buscar de ser amados por Dios, significa servir la caridad". 
Escribió obras teológicas y ascéticas como el “Tratado de la gracia y del libre arbitrio”, “Sobre el ascenso del alma a Dios”, los “Sermones sobre el Cantar de los Cantares” y su obra maestra ascética: el “Tratado del amor de Dios”. Fue amigo del cisterciense irlandés san Malaquias quién murió en sus brazos en Claraval. Sobre él se han escrito numerosas leyendas. MEMORIA OBLIGATORIA. 

San FILIBERTO DE JUMIÉGES. (c.616/20 - c.685).


Martirologio Romano: En el monasterio de Noirmoutier, en la isla de Hero, en la costa de Aquitania, san Filiberto, abad, que, educado en la corte del rey Dagoberto, y todavía adolescente, se hizo monje. Fundó y dirigió primeramente el cenobio de Jumièges y después el de Hero.

Nació en Gascuña, de la región de Euauze (Gers). Su padre fue obispo de Aire-sur-l’Adour (Landes). A los 13 años fue enviado a la corte de Dagoberto I, y allí tuvo amistad con dos futuros santos: Audoeno de Rouen y Aicardo de Poitiers. Al poco tiempo dejó la corte y se retiró a un monasterio (que seguía la regla de san Columbano) de la isla de Rebais (Poitiers), llamado "Jerusalén", donde fue designado abad hacia el 650. Dejó la abadía, porque su rigor indispuso a los monjes y después de visitar varios monasterios fundadas por san Columbano (que en aquel tiempo estaban adoptando la regla de san Benito), como Luxeuil y Bobbio, meditando las enseñanzas de los santos Basilio, Macario, Benito y Columbano; fundó el monasterio de Jumiéges, de donde fue abad en el 654, también fundó cerca de allí, un convento de mujeres, que luego se trasladó a Pavilly, cuya abadesa fue santa Austreberta (662). Fue un hombre profundamente ascético, que domó su cuerpo con ayunos y disciplinas. 
Criticó a Ebroim, verdugo del obispo de Autun, san Leodegario, y ministro del rey francés, que le encarceló y expulsó del país; fue a refugiarse con el obispo de Poitiers, Ansoaldo. Fundó un monasterio dedicado a San Benito en Quinçay, cerca de Poitiers. Muerto Ebroim, Filiberto regresó como abad de Jumiéges en el 683, y a consecuencia de un desacuerdo con san Audoeno, se trasladó a la región de Poitou. El obispo de Poitiers le concedió la isla de Her, en la costa de la Vendée, para que estableciera un monasterio cuyo nombre primitivo, Hermoutier u Oirmoutier se convirtió más tarde en Noirmoutier. 
De nuevo en Jumiéges por petición de san Audoeno, en el 684, fundó en las montañas de Normandía la abadía de mujeres de Montivilliers y reformó el de Qunáy. Cuando murió Audoeno, regresó definitivamente a Poitou, y murió en Noirmoutier. Está enterrado en Brou, cerca de Bourg en Bresse.      

San BERNARDO TOLOMEI. (1272-1348).


Martirologio Romano: En Siena, de la Toscana, muerte de san Bernardo Tolomei, abad y fundador de la Congregación Olivetana según la Regla de san Benito. Trabajó con gran empeño por la disciplina monástica y, cuando la peste asolaba Italia, murió entre los monjes de Siena, expuestos al mismo peligro.

Nació en Siena. En el bautismo recibió el nombre de Giovanni. Fue educado en el colegio de Santo Domingo de Camporeggio, en Siena, por los frailes predicadores (dominicos) ocupó varias cargas municipales, incluso la de podesta (alcalde). Entró a formar parte de la Hermandad de los Disciplinados de Santa María della Scala. Un día del 1313, sorprendió a sus colegas con un discurso en el que elogiaba la vida religiosa y condenaba toda vanidad mundana. Unos amigos de la nobleza sienese, se impresionaron con la lección de Juan, eran Patricio Patrizi y Ambrosio Piccolomini. Bernardo habría visto en sueños a monjes vestidos de blanco, como los olivetanos, que ascendían al cielo por una escala levantada por los ángeles. Una ceguera progresiva, casi total, le obligó a renunciar a una carrera pública.
  En una época de luchas entre facciones ciudadanas, para realizar su ideal cristiano y ascético, en el año 1313, casi a los cuarenta años, se retiró, junto con otros dos nobles de Siena, a la soledad, en Accona, a  cerca de 30 km de la ciudad. Allí, llevó una vida eremítica en grutas. Tomó el nombre de Bernardo, por veneración al santo abad cisterciense. La vida  penitente de estos laicos eremitas se caracterizaba por la oración, la lectio divina, el trabajo manual y el silencio. Poco a poco se les fueron uniendo otros compañeros de Siena, Florencia y las regiones vecinas.
 Para consolidar la posición jurídica del nuevo grupo, Bernardo acudió al obispo de Arezzo, en cuya jurisdicción se encontraba Accona, y el 26 de marzo de 1319 obtuvo un decreto de erección para el futuro monasterio de Santa María de Monte Oliveto, que debía ponerse "sub regula sancti Benedicti", con algunos privilegios y exenciones. El obispo, a través de un legado, recibió su profesión monástica. Al elegir la Regla de san Benito, Bernardo tuvo que mitigar el rigor eremítico primitivo adoptando el cenobitismo benedictino. Por el deseo de honrar a la Virgen, los fundadores vistieron un hábito blanco.
 Así, el 1 de abril de 1319 nació el monasterio de santa María de Monte Oliveto Maggiore, con la bendición y colocación de la primera piedra de la iglesia. Desde entonces, el desierto de Accona cambió su nombre por el de "Monte Oliveto" en recuerdo del Monte de los Olivos, a donde el Señor Jesús solía retirarse con sus discÌpulos y donde oró antes de su pasión.
 El 1 de septiembre de 1319, en el momento de la elección de abad -cargo que por decisión del capítulo general debía durar un año solamente- Bernardo no quiso aceptar, aduciendo su creciente ceguera, y fue elegido Patrizio Patrizi. Sin embargo, después de un segundo abad, Simone di Tura, Bernardo no logró oponerse al deseo de sus monjes y el 1 de septiembre de 1322 fue elegido abad del monasterio que él mismo había fundado, cargo que ocupó hasta su muerte, pues era tal su prestigio y santidad que los monjes lo volvieron a elegir durante veintiséis años consecutivos.
 Con el paso del tiempo el cenobio de Santa María de Monte Oliveto se fue convirtiendo en el centro de una congregación monástica. El número cada vez mayor de personas que acudían desde varias ciudades al nuevo monasterio permitió a Bernardo acoger las peticiones de obispos que querían que sus monjes se establecieran también en sus ciudades y aldeas. Por eso, pudo fundar otros diez monasterios, íntimamente unidos a la abadía principal, todos con el mismo nombre; la Congregación era dirigida por un solo abad, mientras que los monasterios estaban sólo bajo la autoridad de un prior. El 21 de enero de 1344, desde Aviñón, el Papa Clemente VI aprobó la Congregación, ya formada entonces por esos diez monasterios.
 Bernardo dejó a sus monjes un ejemplo de vida santa, de práctica de las virtudes en grado heroico y de una vida entregada al servicio de los demás y a la contemplación. Se destacó por su devoción a María, especialmente a la Natividad de María fiesta que difundió. Durante la gran peste del año 1348, el santo abad abandonó la soledad de Monte Oliveto para acudir al monasterio de San Benito en Porta Tufi, en Siena. Allí, a los 76 años, asistiendo a sus conciudadanos y a sus monjes afectados por la infección fuertemente contagiosa, murió víctima él mismo de la peste, junto con 82 monjes. Canonizado por SS Benedicto XVI el 26 de abril de 2009.

19 de agosto de 2015

San CALMINIO. M. c. 690.


Gracias al hagiógrafo del siglo XVII, Tomás de Aquino, conocemos la vida de este santo, pero es una obra que tiene más de literatura que de verdad histórica. 
Se dice que era duque de Aquitania y conde de Auvernia (estos títulos fueron honoríficos pues el ducado y el condado se constituyeron más tarde). Descendiente de una familia de origen romana que se instaló en Clermont. Calminio era un hombre de guerra, pero pronto se decidió a vivir la austeridad de la vida monástica. Fundó tres monasterios en el centro de Francia: la abadía de Velay ("Calminiacum", que más tarde se llamó Saint-Chaffre du Monastier); algunos cenobitas se unieron a él y con ellos pudo fundar este monasterio. Marchó a Roma para obtener la consagración de este monasterio. A su regreso, pasó por la isla de Lerins, junto a su mujer santa Namadia. Admirado por la célebre abadía insular, decidió pararse durante algunos meses. Aquí conoció la regla de san Benito. Al partir, el abad de Lerins le autorizó a llevarse unos 20 monjes para ayudarle en la fundación del monasterio de Mozac. 
Después marchó a la diócesis de Limoges, donde se refugió para vivir una existencia de ermitaño. Cuando decidió regresar a la vida pública, fundo en Limousin (Tulle) su segundo monasterio, que tomó el nombre de Laguenne. El pueblo ya lo definía como “santo”.
 Pero él prefirió establecerse en Auvernia y terminar alli sus días. Mucho antes de su muerte, se instaló en Mozac, lugar propicio para la meditación, tranquilo y rico en agua. Alli fundó la última abadía. Después de la construción del monasterio, dejó de nuevo a sus compañeros y marchó, por última vez, a Roma. Alli se entrevistó con el Papa, que, para enriquecer la abadía, le ofreció una parte del cráneo de san Pedro (de aquí el nombre de San Pedro de Mozac). A su regreso, se acercó a Agen, donde obtuvo una parte del brazo de san Caprasio. El regreso de nuestro santo fue celebrado con gran pompa, los monjes estaban contentos por gozar de las nuevas reliquias e influencia. Poco después Calminio murió en olor de santidad. 

San BARTOLOMÉ DE SIMERI. M. 1130.


Martirologio Romano: En Calabria, san Bartolomé de Simeri, presbítero y abad, que, después de haber abrazado la vida eremítica, fundó un monasterio para los griegos.

Nació en Simieri, Calabria, en el seno de una familia de la aristocracia. Pronto abandonó a su familia y se refugió con un monje llamado Cirilo de Mileto. Vivió varios años como eremita; pronto fue conocida su fama de santidad, por sus milagros y buen hacer y el eremitorio fue creciendo con nuevas vocaciones atraídos por sus fama. Fundador de los monasterios de Santa María del Sufrimiento en Rossano y San Salvador en Mesina. Organizó la vida monástica de los monjes orientales en la Italia meridional; escribió para estos un "Típico" ascético adoptando el texto de san Bartolomé el Joven; acudió varias veces a Roma para obtener privilegios para su comunidad. Acudió a Constantinopla a ver al emperador Alejo Comneno y la emperatriz Irene, de los que obtuvo algunos beneficios y dinero, luego pasó al monte Athos para reformar la vida monástica. Obtuvo del papa Pascual II, en 1105, diplomas de inmunidad para su comunidad. 
En 1125, a causa de algunas calumnias difundidas sobre su gestión del dinero para la reconstrucción de los monasterios, y sobre su su fe, fue acusado de herético, tuvo que disculparse ante el tribunal de la ciudad de Mesina, en presencia del rey Ruggero. Iba a ser condenado a muerte en la hoguera, ya que se negó a defenderse, cuando un milagro, convenció a todos de su santidad y de la culpabilidad de los monjes delatores, a los que Bartolomé pidió la gracia del perdón. Murió en su monasterio de Santa María del Sufrimiento. 

Beato GUERRICO DE IGNY. (c. 1070/80 - 1157).


Martirologio Romano: En el monasterio de Igny, en Francia, beato Guerrico, abad. Verdadero discípulo de san Bernardo, al no poder dar ejemplo en el trabajo a sus hermanos por la debilidad de su cuerpo, los fortalecía en la humildad y caridad con reiteradas exhortaciones espirituales.

Hizo sus estudios en un colegio de Tournai donde había nacido y tuvo como maestro a san Odón de Cambrai. Fue canónigo y profesor de Teologia en Tournai; vivía retirado, dedicado a la oración y al estudio. Como su maestro, que había dejado la catedral para ingresar entre los Canónigos Regulares, fue atraído por la vida del claustro. Hacia el 1125, visitó Claraval para edificarse, y fue conquistado por san Bernardo hasta tal punto que decidió ingresar en los cistercienses, cuando ya tenía 38 años; allí conoció a Bernardo de Pisa, futuro san Eugenio III, Henry Mudach, que sería arzobispo de York, y a san Humberto, fundador del monasterio de Igny. 
En el 1138, san Bernardo le envió a gobernar la abadía de Igny (Reims), que había fundado el beato Humberto; Guerrico en sus sermones se quejaba de ser un inútil para gobernar, pero todo era fruto de su humildad, ya que resultó un excelente abad, gran director de almas y elocuente maestro espiritual. En el 1149, intervino para que se eligiera a Hugo de Fouilloy, abad de los Canónigos Regulares de San Dionisio de Reims. En el 1150 fundó la abadía de Valroy, en los confines de las diócesis de Reims y Laon. Guerrico fue un prolífico escritor ascético y místico, escribió sermones dedicados a María que han inspirado el libro “Secreto de María”, de san Luis María Grignon de Montfort; algunos de sus escritos se han atribuido a Bernardo; según cuenta la leyenda antes de morir ordenó quemar todos sus escritos, pero uno de sus monjes ya los había copiado. 
Era un hombre enfermo y se quejaba de que no podía seguir todos los deberes de la comunidad, pero se consolaba buscando la manera de instruir a sus monjes y de edificarlos con sus sermones. Murió en Igny. 

18 de agosto de 2015

San MACARIO "el Taumaturgo". M. 830/50.


Martirologio Romano: En Bitinia, muerte de san Macario, hegúmeno del monasterio de Pelecete, que, en tiempo del emperador León V, sufrió muchas pruebas por la defensa de las sagradas imágenes, muriendo en el destierro.

Nació en Constantinopla. Recibió una excelente educación y mostró particular aptitud para la Sagrada Escritura, "que aprendió entera en breve tiempo", según leemos. Después, se trasladó de Constantinopla al monasterio de Peleci o Palecet, donde cambió su nombre de bautismo, que era Cristóbal, por el de Macario. 
Como era un monje modelo, fue elegido abad, y pronto se hizo famoso por las curaciones milagrosas que obró. Las multitudes acudían a Pelecet para obtener la curación de enfermedades de cuerpo y alma. San Tarasio, patriarca de Constantinopla, quien había oído hablar mucho de su santidad y milagros, quiso entrevistarse con él; para escoltarle, envió al patricio Pablo, pues tanto a éste como a su esposa, ya desahuciada por los médicos, Macario había devuelto la salud. Cuando se encontraron los dos santos, Tarasio bendijo a Macario y no le dejó volver a su monasterio, sino después de haberle conferido la ordenación sacerdotal. 
El santo abad no estaba destinado a vivir mucho tiempo en la paz del monasterio; el emperador León el Armenio se dedicó a perseguir a todos los que defendían el culto de las imágenes, y Macario fue torturado y estuvo prisionero hasta la muerte de León. El sucesor de éste, Miguel el Balbo, devolvió la libertad al santo y trató de ganarle con amenazas y promesas; pero, como Macario permaneciese inflexible, el emperador lo desterró finalmente a Afusia, en la costa de Bitinia, donde murió el santo el 18 de agosto, pero es imposible precisar el año.

Beata PAULA MONTALDI. (1443-1514).


Martirologio Romano: En Mantua, de la Lombardía, beata Paula Montaldi, virgen, abadesa de la Orden de las Clarisas, que se distinguió por su devoción a la pasión del Señor y por su constante oración y austeridad.

Nació en Volta Mantovana, en el castillo de Montaldi. De sólo quince años, en 1458, ingresó en el monasterio de las Hermanas Clarisas, de Santa Lucía en Mantua, donde por largos años fue abadesa. La Pasión de Jesús era el objeto más familiar de sus conversaciones, como también de sus meditaciones y contemplaciones. Fue devotísima de la Eucaristía. Llevó una vida muy austera, llevaba cilicio, se flagelaba y ayunaba, siempre feliz en las humillaciones, en el trabajo y en las fatigas.
Para con sus cohermanas se mostró llena de caridad y pronta a todas sus necesidades. Bajo su dirección el monasterio de Santa Lucía fue floreciente por las numerosas vocaciones y por la vida seráfica que allí se llevaba.
Agradecida al Señor por los favores que le había concedido, solía repetir esta oración: “Dios mío, te amo con todo mi corazón, con un amor sin medida y por toda mi vida no cesaré de cantar tus alabanzas”. En 56 años de vida religiosa nunca dio un disgusto a sus cohermanas. Como superiora prudente, procuró también el bien material de su comunidad, convencida de que habrá perfecta observancia de la regla cuando no falte lo necesario para la vida. En el jardín hizo excavar un pozo, llamado “Pozo de la Beata Paula”, cuya agua abundante posee virtudes curativas.
Su confianza en Dios era grande. A menudo repetía la expresión de san Pablo: “¡Sé de quién me he fiado!”. Su alma a veces era arrebatada en dulces éxtasis, a veces se oyeron coros angélicos que cantaban junto al tabernáculo. Escribió varios opúsculos especialmente sobre el nombre de Jesús, que lamentablemente se han perdido.
Un día mientras oraba en éxtasis ante un crucifijo situado en lo alto de una escalera, el demonio la atacó y la arrojó por tierra pavorosamente. Fue recogida por las cohermanas y recostada sobre un jergón. Eran los últimos días y las últimas pruebas. Exhausta por las vigilias prolongadas, por el riguroso ayuno y otras ásperas penitencias, asistida por su confesor y sus cohermanas, apretando contra su corazón el crucifijo, repitió nuevamente su jaculatoria predilecta: “Pasión de Cristo, Sangre de Cristo, misericordia de mí”. Y serenamente expiró. Tenía 71 años, de los cuales transcurrió en el monasterio 56. Aprobó su culto Pío IX el 6 de septiembre de 1876.

17 de agosto de 2015

San ELÍAS "el Joven". (c.829 - 904).


Martirologio Romano: En Tesalónica, de Macedonia, muerte de san Elías el Joven, que fue monje según las reglas de los Padres Orientales y, después de haber sufrido mucho por parte de los sarracenos a causa de la fe, con una fortaleza de ánimo invencible llevó una vida rigurosa de oración y austeridad, tanto en Calabria como en Sicilia.

Nació en Enna y se llamaba Juan. Cambió su nombre por el de Elías cuando se hizo monje; fue un asceta siculo-griego. Su vida fue itinerante, plagada de aventuras, viajes a pie, fundaciones de monasterios, milagros‚...; fue obligado a abandonar su ciudad Enna en Sicilia (la antigua Henna), asediada por los sarracenos y conquistada en el 859; cayó en sus manos y fue vendido como esclavo en África.
Al ser liberado, predicó el Evangelio con riesgo de su propia vida; obligado a huir, se refugió en Palestina, donde recibió el hábito monástico de manos del patriarca de Jerusalen. Pasó tres años en un monasterio del Sinaí desde donde pasó a Alejandría, después a Persia, a Antioquía y por fín a África. Después de la toma de Siracusa (878) por los árabes, Elías que había regresado a Sicilia, marchó a Palermo para ver a su anciana madre; de allí pasó a Taormina donde se asoció con el monje Daniel, que fue su compañero de peregrinaciones y emulándolo en su virtud. 
Atraversó el estrecho de Mesina y llegó a Calabria donde, hacia el 880, fundó el monasterio de Saline cercano a Reggio Calabria, que después tomaría su nombre. Amenazado por las incursiones sarracenas fue obligado a alejarse primero a Patrás en Grecia y después a Santa Cristina en Aspromonte. El infatigable monje marchó en peregrinación a Roma y a su regresó, fundó el monasterio de Aulinas (900-901) sobre el monte que tomó su nombre junto a Palmi; la fama de su maravillosa actividad, predicación y de los numerosos milagros, llegó a Oriente, por lo cual el emperador León VI el Filósofo lo invitó a ir a Constantinopla. 
Una vez más, el anciano Elías se marchó de viaje, pero no llegó a su destino; al llegar a Tesalónica, en Macedonia, enfermó y murió. Su cuerpo fue trasladado por el fiel monje Daniel a Aulinas y, según su deseo, enterrado en la iglesia del monasterio. Su nombre queda en el monte San Elías, meta turística y donde hay un oratorio en su honor.