8 de febrero de 2015

San JERÓNIMO EMILIANI. (1486-1537).

(Jerónimo Emiliano. it.: Girolamo Emiliani).
Bosque sagrado. El que tiene un nombre sagrado.

Martirologio Romano: San Jerónimo Emiliani, que en su juventud se dejó llevar por la cólera y la lujuria, pero, tras ser encarcelado por sus enemigos, se convirtió a Dios y se entregó al cuidado de los más necesitados, especialmente de los huérfanos y enfermos. 
Junto con los compañeros que logró reunir, dio inicio a la Congregación llamada de los Clérigos Regulares de Somasca, y después, mientras atendía a los enfermos en esa misma población de Somasca, cerca de Bérgamo, en Lombardía, contrajo la peste y falleció piadosamente.


Nació en Venecia, en el seno de la noble familia  de los Miani o Emiliani, llevó una juventud disoluta, al margen de su profesión militar. Tenía un defecto que le costó mucho arrancarlo de su corazón durante toda su vida: era la ira, el genio fuerte que en tantas ocasiones le traicionaba... Los malos amigos le llevaron por malos caminos. A los 15 años era soldado, y a los 25 vistió el traje de senador. 
Emiliani fue encargado, como gobernador, defender la plaza fuerte de Caltelnovo di Quero sul Piave frente a Luis XII de Francia, se resistió hasta el fin con gran valentía y cayó prisionero. En la cárcel meditó sobre su vida, y decidió consagrarla a Dios y a los pobres. Invocando a María continuamente logró salir pronto de su encierro: "Madre, pide perdón a vuestro Hijo de todos mis pecados y concédeme la gracia de mostrarme cuál es el camino que debo seguir para serle fiel a El y a Vos"... Por ello, en Treviso, hizo voto de entregarse al servicio de María. Durante tres años, el tiempo en el que estuvo al mando del municipio de Castelnuovo sul Piave, se preparó para este servicio mariano. Para ello se dedicó a las obras de caridad, y en la carestía y epidemia de 1528, se prodigó en socorrer a los desvalidos, con dinero de su propio bolsillo, al mismo tiempo que cuidó de sus sobrinos huerfanos. Fue tanta su entrega que cayó enfermo. Curado de esta enfermedad, empezó a recoger en su casa a los huérfanos. Mantuvo relaciones con miembros de la Compañía del Divino Amor, fundada por san Cayetano de Thiene.
En 1531 abandonó todos sus bienes en favor de sus sobrinos, y se dedicó a atender y vivir con los niños de la calle de las localidades de Bersaglio, Bérgamo, Milán, Pavía. Fundó en Somasca la Compañía de los Servidores de los Pobres (que después se llamará Sociedad de los Somascos), formada de laicos y de presbíteros, aunque él fue siempre laico. También fundó las Compañías de los Huérfanos, o sea, un grupo de voluntarios organizados al estilo de una comunidad religiosa, con una fuerte vida espiritual y sacramental, que se ocuparon del cuidado material de los huérfanos y huérfanas y de la gestión económica. Vio la necesidad de la formación de los sacerdotes, y después de la Contrarreforma, sus miembros serán los que dirigieron los primeros seminarios. contemporáneos suyos hubo otros dos fundadores que crearon Institutos parecidos: san Antonio María Zacarías y san Cayetano. El principal objetivo de sus fundaciones fueron la instrucción y ayuda al clero, la asistencia a los necesitados, y la educación de los jóvenes. San Cayetano fue uno de sus consejeros.
Jerónimo pensó en los huérfanos y fundó el primer orfanato dirigido con concepciones modernas, donde los muchachos además de ser acogidos y mantenidos se les daba una enseñanza para aprender un oficio y de esta manera afrontar la vida a la par que repetía la frase paulina: "El que no trabaje que no coma" (2Tes 3,10). Después de los hospicios creo casas de acogida para prostitutas; entre las que andaba siempre compartiendo su penuria y su comida; y organizándoles residencias desde Somasca, Bérgamo y Brescia, a Venecia y Verona. Según un biógrafo "Parecía que tenía el Paraíso en las manos, y enamoraba y embriagaba del amor de Cristo, a todo el que le miraba". Atendiendo a los contagiados de peste, adquirió la misma enfermedad y murió en Somasca. 
Tres años después de su muerte, en 1540, su congregación fue declarada Orden religiosa por el papa Pablo III y confirmada bajo la regla de san Agustín. Fue beatificado el 29 de septiembre de 1747 por Benedicto XIV y canonizado el 16 de julio de 1767 por Clemente XIII. MEMORIA FACULTATIVA. 

Santa JOSEFINA BAKHITA. (c.1869 - 1947).


Martirologio Romano: Santa Josefina Bakhita, virgen, nacida en la región de Darfur, en Sudán, que siendo aún niña fue raptada y vendida en diversos mercados africanos de esclavos, sufriendo dura cautividad, pero al obtener la libertad abrazó la fe cristiana e ingresó en el Instituto de la Hijas de la Caridad (Canosianas), pasando el resto de su vida en Schio, cerca de Vicenza, entregada a Cristo y al servicio de los demás.


Nació en la región de Darfur (Sudán), en el seno de una familia animista perteneciente a una tribu nubia. Raptada por negreros, cuando todavía era una niña y vendida varias veces en los mercados africanos, conoció las atrocidades de la esclavitud que dejó en su cuerpo señales profundas de la crueldad humana; fue tatuada de forma atroz por la madre e hija de su último amo un general de la armada turca. Fue comprada y vendida cinco veces. Había intentando huir pero fue capturada.
Su apellido "Bakhita", se lo dieron los negreros que significa "afortunada". En 1882, llegó a Venecia, porque la compró el cónsul italiano en Jartum, Calixto Legnani, que la “regaló” a una familia amiga (los Micheli) de Mirano Veneto, y allí trabajó como niñera, pudo conocer el cristianismo y recibió el bautismo en 1890 y recibió el nombre de Josefina Margarita, tres años más tarde entró en las Religiosas del Instituto de las Hijas de la Caridad, llamadas Canosianas en Verona. Recibió la libertad en 1889. Vivió en su convento del norte de Italia en Schio (Vicenza) realizando trabajos humildes. Hizo su profesión religiosa en 1896. En la localidad muy pronto gozó ya fama de santidad. Durante un tiempo regresó a su tierra. Decía: "Sabéis qué alegría da conocer a Dios". 
Su vida sencilla y humilde estuvo marcada por pequeñas cosas que le ayudaron a construir el camino de la santidad. Fue pobre de espíritu, bondadosa. No hubo en ella orgullo ni soberbia sino que siempre vivió con una total disponibilidad a la voluntad de Dios. Durante dos años (1933-1935) prestó ayuda a las misioneras de su propio instituto recorriendo todas las casas de la Congregación de Italia contando su historia y animando a la vocación misionera. Durante este período vivió en el convento de Vimercarte (Milán), trabajando en la portería y en este oficio ofreció consuelo a todos. Murió en Schio (Vicenza) después de una dolorosa enfermedad que la dejó casi paralizada. Fue canonizada por SS Juan Pablo II el 1 de octubre del 2000. MEMORIA FACULTATIVA. 

Santa COINTA. M. 249.


(Quinta, Cynthia). 
La quinta

Martirologio Romano: En Alejandría, en Egipto, conmemoración de santa Cointa o Quinta, mártir, a quien los paganos, durante la persecución bajo el emperador Decio, querían obligar a adorar a los ídolos, lo que ella rechazó y atada de pies y manos fue arrastrada por calles y plazas, sufriendo un horrendo suplicio.

Mártir en Alejandría de Egipto, durante la persecución de Decio. Fue apresada y conducida a un templo para que adorara a los dioses, pero se negó con decisión. Arrastrada por las calles atada a los pies a la cola de un caballo hasta que murió lapidada. 
Según un extracto de la carta que Dionisio de Alejandría dirigió a Fabio de Antioquía, narrando los combates heroicos de los mártires en aquella ciudad, durante la persecución de Decio:
«Los perseguidores -dice la carta- condujeron a una mujer cristiana, por nombre Quinta, hacia el templo de los ídolos y querían obligarla a que adorara. Pero ella les volvió la espalda como muestra de su disgusto. Entonces la ataron por los pies y la arrastraron por los empedrados de toda la ciudad. No contentos con que las piedras agudas desgarraran su cuerpo, la golpeaban con el látigo. Por último, la lapidaron en el mismo sitio donde mataron a Metrano».
La fecha de martirio asignada proviene de que este hecho se narra inmediatamente después del martirio de san Metrano, y como sucedido en el mismo tiempo; este hecho, según las fuentes, ocurrió el año anterior a que se iniciara oficialmente la persecución de Decio, es decir, antes del 250.

San JOVENCIO DE PAVÍA. M. 397.

(Juvencio, Juvenco. it.: Invenzio o Evenzio).
Joven

Martirologio Romano: En Pavía, de la Liguria, san Jovencio o Evencio, obispo, que trabajó denodadamente en favor del Evangelio.

Obispo de Pavía. La tradición afirma que san Hermágoras, obispo de Aquileya, discípulo de san Marcos, envió a san Siro y Juvencio a evangelizar Pavía (Ticinum) y que el segundo fue el primer obispo de la ciudad.  
Pero realmente desarrolló su ministerio pastoral de obispo en la ciudad de Pavía, entre el 381 y el 397, y se cuenta entre los obispos que fueron nombrados por san Ambrosio de Milán, de cuya sede metropolitana dependía la de Pavía. En el año 381 estuvo presente en el sínodo de Aquilea, y en el 390 en el de Milán; el primer nombre escrito en la carta sinodal de este último al papa Siricio es el suyo; esta carta condenaba los errores de Joviniano, según los cuales para la salvación serían suficientes el bautismo y la fe, no contando en absoluto el valor de las obras.
San Ambrosio cita a san Juvencio en su obra “De oficiis” como valiente protagonista de una intervención en favor de una viuda para reivindicar unos bienes que le pertenecíam. El santo murió probablemente en febrero del 397, algunos meses antes que san Ambrosio. Fue sepultado en la iglesia de los santos Nazario y Celso, que por el culto dado con el tiempo al santo fue intitulada de San Evencio.
Su cuerpo se perdió durante algunos siglos, pero gracias a la inscripción en una lápida fue encontrado nuevamente en el 1574. En 1789, a causa del derribo de la iglesia, sus reliquias fueron trasladadas a la del Gesú, dentro mismo de Pavía. El Martirologio Romano anterior lo inscribía dos veces: esta misma fecha del 8 de febrero, y el 12 de septiembre, por confusión con otro Evencio, compañero de san Siro. La nueva edición del Martirologio reorganizó estas memorias.

Santos MÁRTIRES DEL MONASTERIO DE DIO EN CONSTANTINOPLA. M. c. 485.


Martirologio Romano: Conmemoración de los santos monjes mártires del monasterio de Dio en Constantinopla, que, por defender la fe católica, por llevar una carta del papa san Félix III contra Acacio, fueron ejecutados con gran crueldad

Martirio de la comunidad de monjes de San Didio que defendieron la fe de la Iglesia emanada del concilio de Calcedonia, cuando se opusieron al cisma de Acacio, y mantuvieron su obediencia al papa san Félix III. 
El monasterio, que funcionaba bajo la regla de los «acemetas» -monjes que se turnaban para que la alabanza a Dios fuera continua, las 24 horas- fue considerado un modelo de piedad y virtud durante el siglo V, y por tanto gozó de gran prestigio en la vida religiosa constantinopolitana. Pero sobre todo, la ortodoxia de los monjes, y su adhesión incondicional a la sede romana y al concilio de Calcedonia, les dio un papel destacado en los confusos acontecimientos eclesiásticos e imperiales del fin del siglo V en Constantinopla.
A pesar de que el Concilio Ecuménico de Calcedonia había clarificado de modo definitivo la cuestión cristológica fundamental de las dos naturalezas de Cristo, los monofisitas, que pretendían una única naturaleza en Cristo, ganaban terreno. En este contexto, y con el ascenso de un nuevo emperador, Zenón, el patriarca de Constantinopla, Acacio, buscó a su manera pacificar la Iglesia por medio de una fórmula de fe de compromiso, el «Henoticón», que si bien dejaba afuera a los monofisitas declarados, en la práctica implicaba dejar sin efecto el concilio de Calcedonia, y además se hacía a espaldas de la sede romana. Todo esto ocurría en el año 482.
Fueron los monjes acemetas quienes, comprendiendo el peligro letal para la fe que hubiera sido una firma de los legados papales aceptando el Henoticón, enviaron un mensajero a Roma. Fue elegido papa san Félix III, quien convocó un sínodo que depuso a los legados, y tomó cartas personales en la cuestión del “Henoticón”, la vigencia del conclio de Calcedonia, y la autoridad del patriarca de Constantinopla. También esta carta fue remitida por mediación de los monjes de San Dio. Sin embargo, la reacción del emperador y de Acacio, lejos de clarificar la cuestión abriendo el camino a una verdadera pacificación de la Iglesia, no se hizo esperar: los partidarios del partido constantinopolitano irrumpieron en la celebración del monasterio y mataron a algunos monjes como prueba de poder, lo que dio inicio al llamado "cisma de Acacio", que duró unos 20 años, y fue uno de los tantos precursores de lo que siglos más tarde sería la ruptura con Roma que se mantiene hasta hoy.
Lamentablemente, desconocemos tanto los nombres, como la cantidad de monjes muertos en defensa de la ortodoxia y la unidad de la Iglesia, así como la fecha histórica de su martirio. El Cardenal Baronio los inscribió el 8 de febrero en el primer Martirologio Romano.

San NICECIO DE BESANÇON. M. 611.

(fr.: Nicet o Nizier).
Victorioso.

Martirologio Romano: En Vesoncio (hoy Besançon), en Burgundia, san Nicecio, obispo.

Iglesia de Saint-Pierre
Obispo de Besançon; amigo de san Columbano de Bobbio. Trasladó de nuevo a Besançon la sede episcopal que después de la invasión de los bárbaros había sido transferida a Noyón. 
Se conocen poquitísimos datos sobre san Nicecio y su actividad episcopal en una ciudad y en una provincia que fatigosamente comenzaba a reconstruirse luego de la ocupación de las tribus alamanas. Los textos hablan de su talento oratorio y de su gran caridad. Según algunos historiadores, habría participado en el 602 en un concilio cuyas actas se han perdido. Uno de los catálogos episcopales lo indica como décimo sexto obispo de Besançon, y añade que fue contemporáneo y amigo del papa san Gregorio Magno. Sobre ese mismo catálogo una mano posterior agregó que construyó en la ciudad episcopal la iglesia de San Pedro.
Durante su episcopado, en el territorio de la diócesis san Columbano organizaba su monasterio de Luxeuil. Nada impide creer que los obispos de Besançon, entre los cuales estuvo Nicecio, se hayan mostrado más que reticentes frente a las libertades que se tomaba san Columbano, en especial en el conflicto por la celebración de la Pascua. Los obispos de la región recelaban de las costumbres y ritos irlandeses que había traído san Columbano, y en el 602 lo llamaron a juicio, pero el santo no acudió, y se limitó a pedirles por carta que se ocuparan de problemas más importantes... 
Nicecio murió con toda probabilidad hacia el 610, y fue sepultado en la iglesia de San Pedro. Su nombre fue inscripto en el "Martirologio de Besançon", y en las letanías de la diócesis. Hoy la diócesis de Besançon la festeja el 8 de febrero, con oración propia. Le están dedicadas tres parroquias, respectivamente en la diócesis de Besançon, de St-Claude y de Angerans, donde en un tiempo fue especialmente festejado. Tiene culto local.

Beato PEDRO "el Ígneo". M. c. 1089.

Piedra firme. Roca

Martirologio Romano: En Albano, en el Lacio, beato Pedro, apellidado “Igneo” por haber pasado ileso por el fuego, que fue monje de Valumbrosa y después obispo de esta ciudad, trabajando sin tregua para restaurar la disciplina eclesiástica.

Parece que pertenecía a la familia florentina de los Aldobrandini. Ingresó en el monasterio de Vallombrosa bajo el gobierno de san Juan Gualberto y se cuenta que poco después, y por orden de su abad, para demostrar que el obispo de Florencia, Pedro Pavía, era culpable de simonía, pasó ileso por las llamas, por esto le llaman "el Ígneo". 
Según las fuentes de la época, cuando Pedro, ofició la misa ante la hoguera, luego: «intrépido de espíritu y con rostro alegre, después de hacer la señal de la cruz y llevando un crucifijo en la mano, el monje, con majestuosa solemnidad, pasó por entre el fuego, sin recibir ningún daño ni en su cuerpo, ni en ninguna de las prendas que llevaba». Los escritores declaran que ante sus ojos las llamas parecían extender el alba, y que los pies de Pedro se hundían hasta los tobillos en las cenizas al rojo vivo, pero que ni siquiera el vello de sus piernas se había quemado.
Pedro de Pavía ante el éxito de esta ordalía, fue depuesto, y Pedro fue nombrado abad de otro monasterios y después fue creado cardenal obispo de Albano y enviado al exterior como legado papal de san Gregorio VII, desempeñó legaciones en Italia, Francia y Alemania. Trabajó mucho por la restauración de la disciplina eclesiástica. Tiene culto local.

San ESTEBAN DE GRANDMONT. (c.1046 - 1124).

(Esteban de Muret, Esteban de Thiers. fr.: Etienne de Grandmont).
Corona. Coronado de laurel, victorioso

Martirologio Romano: En Muret, en la región aquitana de Limoges, san Esteban, abad y fundador de la Orden de Grandmont, que confió a los clérigos la alabanza divina y la contemplación, dejando la administración de los asuntos temporales a la caridad de los hermanos legos.

Nació en Thiers (Auvernia); era hijo del vizconde feudal del lugar; a los 12 años acompañó a su padre en peregrinación a la tumba de san Nicolás de Bari; enfermó en Benevento, y allí se quedó y fue educado por el arzobispo san Milón. Allí pasó 12 años, donde conoció a un grupo de eremitas calabreses. Impresionado por su ejemplo, decidió imitarlos, hizo aprobar su proyecto por el papa Alejandro II y pasó con ellos otros cuatro años.
A su regreso a Francia, fundó en Muret (cercano a Limoges) una congregación de monjes-anacoretas sobre el modelo que había conocido en Calabria: con una ceremonia, escribió un documento en el que declaraba que renunciaba al demonio y se consagraba a la Santísima Trinidad y metió el dedo en un anillo, único bien material que le quedaba de su patrimonio. Sus penitencias y austeridades fueron muchas, típicas de los ascetas de la época. Transcurría el día recitando salmos y el Oficio de la Santísima Trinidad, además coloquiaba con los numerosos visitantes que iban a pedirle consejo. A su alrededor se le unieron muchos discípulos, atraídos por su austeridad de vida. La gobernó durante 46 años, aunque parece que no fue nunca monje. 
Hacia el final de su vida, recibió la visita de dos cardenales, Legados pontificios en Limoges, y que luego serían los papas Inocencio II y Anacleto II. Murió con casi 80 años, después de recibir los sacramentos; en el se encuentra la inspiración del eremitismo gregoriano, hecho de oración, rechazo de cualquier riqueza y trabajo manual; en contraste con la normativa de los monasterios benedictinos tradicionales. Después de su muerte la comunidad, se engrandeció, se trasladaron a Grandmont, de donde deriva el nombre de "grandmontines" y tuvieron mucha difusión hasta que, por falta de vocaciones, fue suprimida entre el 1770 y el 1787. El rey Enrique II de Inglaterra fue bienhechor de Grandmont, y a petición suya, el papa Clemente III canonizó a san Esteban en 1189.

Beata JOSEFINA GABRIELA BONINO. (1843-1906).

(it.: Giuseppina Gabriella Bonino).

Martirologio Romano: En Savigliano, localidad del Piamonte, en Italia, beata Josefina Gabriela Bonino, virgen, que fundó una congregación religiosa bajo la protección de la Sagrada Familia de Nazaret, para educar a los huérfanos y asistir a los enfermos pobres.

Nació en Savigliano, provincia de Cuneo, diócesis de Turín. Al trasladarse la familia a Turín, recibió la educación con las Hermanas de San José, progresando en su vida espiritual con la oración y los sacramentos. Vueltos a Savigliano, cuidó a su padre enfermo hasta su muerte y continuó sus prácticas de vida a cristiana.
A los 18 años hizo voto temporal de castidad; con el deseo de desprenderse más de las comodidades familiares, ingresó en la Tercera Orden Carmelitana y luego a la Tercera Orden Franciscana. Se dedicó a la colaboración en las obras parroquiales. Enferma de una neoplasia en la columna vertebral, se sometió a una dolorosa cirugía sin que le hiciera efecto la anestesia aplicada. Su curación se consideró milagrosa, y fue a Lourdes en acción de gracias a la Virgen. Muerta su madre, se consagró a la obra "Colombo" a favor de las niñas huérfanas de Savignano, labor que fue criticada por la "gente bien" de su pueblo natal.
Finalmente se decidió fundar un instituto religioso: las Hermanas de la Sagrada Familia, para la educación de las huérfanas, y su formación escolar y religiosa, y para el servicio de los enfermos pobres. Así, a la edad de 38 años la Superiora de su Instituto, cargo que desempeñará con prudencia y sabiduría hasta su muerte. El 8 de septiembre de 1887 recibe aprobación diocesana su Instituto, y el 6 de octubre tomó el hábito religioso y emitió los votos con 11 compañeras, y tomó el nombre de Josefina Gabriela de Jesús. Después de procurar el crecimiento de su Congregación, murió de pulmonía en Savona, conforme a su predicción, a la edad de 62 años. Sus últimas palabras "¿Ha llegado el momento? Dios mío, que se cumpla en mí tu voluntad". Luego, dijo a las hermanas: "¡Rogad por mí!". Fue beatificada por Juan Pablo II el 7 de mayo de 1995.

Beata MARÍA ESPERANZA DE JESÚS. (1893-1983).


(María Josefa Alhama y Valera).

Martirologio Romano: En Collevalenza, en la provincia de Perugia, Italia, beata María Esperanza de Jesús (Alhama Valera), virgen, fundadora de las congregaciones de las Esclavas del Amor Misericordioso y de los Hijos del Amor Misericordioso.

Nació en Santomera (Murcia) en el seno de una humilde familia de jornaleros. En una tierra pobre, el analfabetismo era la regla general del ambiente a finales del siglo XIX y principios del XX. Siendo la mayor de nueve hermanos, Mª Josefa entró muy joven a servir en casa de un adinerado comerciante de Santomera, José Fernández, más conocido como Pepe Ireno. Durante esos años, Madre Esperanza aprendería las primeras letras gracias al interés de los hijos de Pepe. 
El 15 de Octubre de 1915 entró como religiosa en el convento de clausura de las “Hijas del Calvario” en Villena (España). Esta Congregación fue agregada al Instituto de las “Misioneras Claretianas” el año 1920, hoy llamadas Hijas de la Enseñanza de María Inmaculada. Sería en esos años cuando Madre Esperanza comenzó a cultivar su formación humana y espiritual.
Madre Esperanza fue enviada años más tarde al convento de Vélez Rubio, dedicándose a la enseñanza de niños. Al transcurrir un año de este nuevo destino fue trasladada, esta vez a Madrid, donde residió con los Padres Claretianos, congregación de la que también sería separada más tarde.
El motivo de estos continuos traslados era la incertidumbre de la Santa Iglesia ante Madre Esperanza como consecuencia de los hechos observados en su persona. Se decía que se habían notado en ella algunas “cosas sobrenaturales”, tratando de determinar si estos hechos provenían de Dios o sólo eran “engaños o fantasías”. Ante esta tesitura se pone a la Madre Esperanza bajo observación del Santo Oficio, pero pronto se decide dar el voto de confianza a una persona que había demostrado su dedicación a Dios y su buena voluntad.
En la Nochebuena de 1930 salió de este Instituto para fundar, en Madrid, la Congregación de las Esclavas del Amor Misericordioso, una congregación que acogía a pobres y niños.
En un minúsculo piso de la calle de Velázquez, en Madrid, con el apoyo económico de la condesa de Fuensalida, y la asistencia espiritual del sacerdote Esteban Ecay, Madre Esperanza de Jesús puede emitir sus votos con unas pocas Hermanas que la han seguido en la naciente Congregación de Esclavas del Amor Misericordioso. 
Los niños serán los primeros beneficiarios y también los pobres, los ancianos y los sacerdotes. Y sin embargo, la incomprensión, la oposición y la persecución seguirán acechando. Seguirá el rosario de pruebas que marcan la especial presencia de Dios en las almas realmente grandes. El Obispo de Madrid, niega su bendición y aprobación y ordena y manda que nadie la ayude y colabore con ella.  No teniendo permiso para tener el Santísimo en la capilla, durante 30 años, niñas y religiosas desfilaban cada mañana hasta la parroquia más próxima. A pesar de todos los obstáculos, al poco tiempo se expandieron por diversos puntos de la geografía española conventos de esta congregación.
Con el estallido de la contienda civil española y los prolegómenos de la II Guerra Mundial, la santomerana viaja a Roma en 1936. Allí tiene que defenderse ante el Santo Oficio de acusaciones y difamaciones sobre su persona y sobre la Congregación recién nacida. 
Cuando estalló la II Guerra Mundial se entregó al cuidado de los heridos afectados por los bombardeos y de las víctimas de la guerra. Fue en estos momentos cuando se ocupó de proporcionar alimentos a aquellos que entonces nada tenían. Durante esos difíciles años no sólo estará dedicada a estos avatares, sino que también procede a nuevas fundaciones de conventos en territorio italiano.
La fundación de una nueva Congregación de los Hijos del Amor Misericordioso en la ciudad italiana de Collevalenza el 15 de agosto de 1951 fue un punto clave en la trayectoria biográfica de Madre Esperanza. Fue en esta ciudad, perteneciente a la diócesis de Todi, donde Madre Eperanza se establece definitivamente.
Desde allí la devoción del Amor Misericordioso conocerá un rápido desarrollo y expansión por Italia, al igual que años atrás lo había conseguido por distintas partes de España. Consagró y dedicó toda su vida al Señor y a la misión de darlo a conocer, a todas las personas, como un Padre y una tierna Madre.
Con objeto de difundir el concepto de la gran amabilidad de Dios y de su ilimitado Amor para con los hombres, realizó en Collevalenza (Italia) el Santuario del Amor Misericordioso, donde Madre Esperanza consumará su vida dedicada íntegramente a la ayuda a los más necesitados. La Madre Esperanza tenía experiencias místicas, construyó el Santuario confiada en la Divina Providencia y obedeciendo a la voluntad de Dios, que por expreso pedido de Él e indicando un lugar preciso por medio de la religiosa, se excavó un pozo de 122 metros de profundidad donde salió el agua descrita por Jesús: “esta es el agua de mi misericordia”. Allí construyó piscinas para que los enfermos puedan bañarse pidiendo la curación tanto física y del alma. También hay una fuente donde pueden tomar el agua.
Atendió a los peregrinos que se acercaban hasta el santuario, escuchándolos y dándoles consejo y consuelo. Se llega a decir de Madre Esperanza que “su corazón vivía en el cielo pero sus pies estaban en la tierra”. San Juan Pablo II, el mismo año que publicó su Encíclica “Dives in Misericordia”, visitó el Santuario el 22 de noviembre de 1981, en su primera visita fuera del Vaticano luego del atentado que sufrió el 13 de Mayo, para dar gracias al Amor Misericordioso: “Hemos venido en visita a este santuario porque a la misericordia de Dios somos deudores de nuestra salud”.
Su vida estuvo señalada por diversas enfermedades de las que solía sanar, muchas veces bajo el asombro de los médicos que la curaban. Sólo la enfermedad que la acechó en los últimos días de su vida acabó con la la labor de Madre Esperanza en la tierra, a la edad de 90 años. Falleció el 8 de febrero de 1983 en Collevalenza, un pueblecito del Municipio de Todi en Roma. Sus restos mortales descansan en la cripta del Santuario del Amor Misericordioso de Collevalenza. Fue beatificada por el papa Francisco el 31 de mayo de 2014.

OTROS SANTOS DEL DÍA:



San Laureato. s. II-III. 
Coronado de laurel.
No se sabe nada de este santo mártir. Es un mártir de los primeros siglos del cristianismo. Tiene solamente culto en el pueblo de Castelpoto (Bn) en Italia de donde es patrón y cuyas reliquias son veneradas y que se les han atribuido dones taumatúrgicos.

San Honorato de Milán. M. 570. 
Honrado.
Martirologio Romano: En Milán, en Lombardía, memoria de san Honorato, obispo, que ante el inminente ataque de los lombardos salvó a una buena parte de su pueblo, trasladándolo a Génova.
Obispo de Milán (567) en el momento de las disputas con los arrianos y las invasiones lombardas. Los bárbaros lo expulsaron de su sede, y puso a salvo a parte de sus fieles trasladándolos a Génova; murió en el exilio en Génova. 

San Iacuto. s. VI.  
(Giacuto, Jacinto, Jacut).
Martirologio Romano: En Bretaña Menor, san Iacuto, abad, hermano de los santos Winwaldo y Guethnoc, que construyó cerca del mar el monasterio que después llevó su nombre.
Hijo de santos Fragano y Gwen de Proermel y hermano de santos Winwaldo y Guethnoc. Fueron discípulos de san Budock y como él fueron expulsados de Britania por los invasores sajones. Jacinto fue abad en la abadía de Saint-Jacut, Bretaña. 

San Pablo de Verdún. M. c. 649. 
Pequeño, débil. El que descansa.
Martirologio Romano: En Verdún, en la Galia, san Pablo, obispo, que, después de ser monje, fue elevado a la sede episcopal de esta ciudad, en la que promovió el culto divino y la vida regular de los canónigos.
Era un cortesano del rey Clotario II, que primero se retiró a vivir como ermitaño en el monte Voge (hoy Paulberg) en Tréveris y después ingresó en el monasterio benedictino de Tholey, donde fue nombrado director de la escuela monástica. Hacia el 630 el rey Dagoberto le nombró obispo de Verdún a petición del clero y del pueblo. Restauró el culto divino, dio impulso a la vida canónica y se dedicó con gran empeño a la formación del clero.