8 de febrero de 2015

Santos MÁRTIRES DEL MONASTERIO DE DIO EN CONSTANTINOPLA. M. c. 485.


Martirologio Romano: Conmemoración de los santos monjes mártires del monasterio de Dio en Constantinopla, que, por defender la fe católica, por llevar una carta del papa san Félix III contra Acacio, fueron ejecutados con gran crueldad

Martirio de la comunidad de monjes de San Didio que defendieron la fe de la Iglesia emanada del concilio de Calcedonia, cuando se opusieron al cisma de Acacio, y mantuvieron su obediencia al papa san Félix III. 
El monasterio, que funcionaba bajo la regla de los «acemetas» -monjes que se turnaban para que la alabanza a Dios fuera continua, las 24 horas- fue considerado un modelo de piedad y virtud durante el siglo V, y por tanto gozó de gran prestigio en la vida religiosa constantinopolitana. Pero sobre todo, la ortodoxia de los monjes, y su adhesión incondicional a la sede romana y al concilio de Calcedonia, les dio un papel destacado en los confusos acontecimientos eclesiásticos e imperiales del fin del siglo V en Constantinopla.
A pesar de que el Concilio Ecuménico de Calcedonia había clarificado de modo definitivo la cuestión cristológica fundamental de las dos naturalezas de Cristo, los monofisitas, que pretendían una única naturaleza en Cristo, ganaban terreno. En este contexto, y con el ascenso de un nuevo emperador, Zenón, el patriarca de Constantinopla, Acacio, buscó a su manera pacificar la Iglesia por medio de una fórmula de fe de compromiso, el «Henoticón», que si bien dejaba afuera a los monofisitas declarados, en la práctica implicaba dejar sin efecto el concilio de Calcedonia, y además se hacía a espaldas de la sede romana. Todo esto ocurría en el año 482.
Fueron los monjes acemetas quienes, comprendiendo el peligro letal para la fe que hubiera sido una firma de los legados papales aceptando el Henoticón, enviaron un mensajero a Roma. Fue elegido papa san Félix III, quien convocó un sínodo que depuso a los legados, y tomó cartas personales en la cuestión del “Henoticón”, la vigencia del conclio de Calcedonia, y la autoridad del patriarca de Constantinopla. También esta carta fue remitida por mediación de los monjes de San Dio. Sin embargo, la reacción del emperador y de Acacio, lejos de clarificar la cuestión abriendo el camino a una verdadera pacificación de la Iglesia, no se hizo esperar: los partidarios del partido constantinopolitano irrumpieron en la celebración del monasterio y mataron a algunos monjes como prueba de poder, lo que dio inicio al llamado "cisma de Acacio", que duró unos 20 años, y fue uno de los tantos precursores de lo que siglos más tarde sería la ruptura con Roma que se mantiene hasta hoy.
Lamentablemente, desconocemos tanto los nombres, como la cantidad de monjes muertos en defensa de la ortodoxia y la unidad de la Iglesia, así como la fecha histórica de su martirio. El Cardenal Baronio los inscribió el 8 de febrero en el primer Martirologio Romano.