17 de octubre de 2014

San IGNACIO DE ANTIOQUÍA. (c.50/70 - c.107). Padre Apostólico. Doctor de la Iglesia.


Martirologio Romano: Memoria de san Ignacio, obispo y mártir, que, discípulo del apóstol san Juan, fue el segundo sucesor de san Pedro en la sede de Antioquía, siendo condenado, en tiempo del emperador Trajano, al suplicio de las fieras y trasladado a Roma, donde consumó su glorioso martirio. Durante el viaje, mientras experimentaba la ferocidad de sus centinelas, semejante a la de los leopardos, escribió siete cartas dirigidas a diversas Iglesias, en las cuales exhortaba a los hermanos a servir a Dios unidos con el propio obispo y a que no le impidiesen poder ser inmolado como víctima por Cristo.


Discípulo de san Juan Evangelista. Ignacio "Teóforo" (que lleva a Dios), como él mismo solía autodefinirse, tal vez después de haberse convertido del paganismo (se proclamaba un aborto) fue el tercer obispo de Antioquía en Siria desde el año 69 (después de san Pedro y san Evodio), Eusebio de Cesarea en su “Historia Eclesiástica” dice que fue “Ignacio, el hombre más célebre para muchos todavía hoy, segundo en obtener la sucesión de Pedro en el episcopado de Atioquía”. 
Sufrió la primera persecución de Domiciano contra los judíos y cristianos, pero luego fue condenado a muerte en tiempos de Trajano que había dado la orden: “No hay que ir a buscar a los cristianos, pero si se les denuncia y son convencidos, es preciso castigarlos”. Como tenía enemigos fue denunciado, y por tanto condenado a las fieras del anfiteatro, porque no era ciudadano romano. 
Fue llevado a Roma con una escolta de militar de diez soldados. En su viaje hacia la capital del Imperio, a través del Asia Menor, llegó a Filadelfia (Lidia), donde constató divisiones entre el clero; luego, a través de Sardes, llegó a Esmirnia, donde fue acogido en su prolongada estancia por  san Policarpo, obispo de la ciudad. Aquí escribió tres cartas a las tres comunidades, cuyos delegados habían acudido para venerarlo: Éfeso, Magnesia y Trales. Escribió también a la "Iglesia de Roma, que preside la caridad y que ha recibido la ley de Cristo y el nombre del Padre, y que ha recibido las ordenes de los apóstoles" rogando a aquellos cristianos que no intervinieran para evitar su martirio: "Dejadme que yo sea pasto de la fieras, que me ofrecen a modo de llegar a Dios. Soy trigo de Cristo. Sean los dientes de las fieras, la muela que me haga pan limpio de Cristo... Si llego a sufrir el martirio, resucitaré libre". 
Embarcado en Tróade, donde escribió otras tres cartas: a Filadelfia, a Esmirnia y a san Policarpo, el ilustre prisionero llegó a Neápolis, en Macedonia, y luego a Filipos, recorriendo la vía Egnatia, donde los fieles escoltaron a estos prisioneros (se le habían unido otros cristianos que se dirigían a Roma), que se embarcaron para Durazzo, en el Adriático. A la vista de Puzzoli, donde Ignacio le hubiera gustado desembarcar para seguir las huellas de san Pedro, la nave fue empujada por el viento hacia la desembocadura del Tíber. Desde aquí Ignacio se dirigió al circo, donde los espectadores le esperaban. Allí fue arrojado a las fieras, en lugar de los "gladiadores para los juegos públicos". Tuvo mucha fama en la antigüedad por ser un discípulo de los apóstoles, aunque la leyenda afirma que era uno de los niños que Jesús puso como ejemplo. MEMORIA OBLIGATORIA.  

Santos CATERVIO, SEVERINA y BASSO. M. c. 68.


Es una familia romana compuesta de los esposos Flavio Julio Catervio y Septimia Severina y su hijo Basso. De la inscripción en la tapa del sarcófago que se halla en Tolentino se desprende que Catervio pertenecía a una familia senatorial, que fue prefecto del pretorio y murió con 56 años. En tal epígrafe se recuerda el formulario del sacramento del matrimonio de forma poética: “El Señor Omnipotente, con con méritos iguales os unió en el dulce vínculo del matrimonio, custodie para siempre vuestro sepulcro. Oh Caterveio, Severina es feliz por haberse unido a ti: podeis resurgir juntos, con la gracia de Cristo, oh vosotros beatos, que el sacerdote del Señor, Probiano lavo con el agua bautismal y ungió con el sagrado crisma”. 
La tradición quiere que Catervio fuera el primer evangelizador de la ciudad de Tolentino y allí recibió el martirio con su familia. Es por ello, que es el patrono de Tolentino.
Una improbable leyenda piamontesa le atribuye a la santa familia también la evangelización de la ciudad de Tortona, de donde serían protomártires, hacia el año 68, cuando apenas llegaban a los Alpes Cozie otros evangelizarores huidos de la persecución neroniana. El célebre hagiógrafo Massa dice que Catervio era un hombre centenario. La familia entera evangelizó Tortona y fueron colaboradores del obispo san Marciano, siendo sus primeros mártires de todo el Piamonte. Esta versión ha sido ideada para justificar algunas reliquias de estos mártires.

San JUAN "el Enano" (Colobo). s. IV.


Martirologio Romano: En Licópolis, de Egipto, san Juan, eremita, que entre sus muchas virtudes se distinguió por su espíritu profético.

Conocido como "Kolobos" (el Enano), había nacido en Basta en Egipto; fue discípulo de san Pemón en el desierto de Scete y se le ha descrito como un hombre irascible y vanidoso por naturaleza; pero gentil y humilde por gracia divina. Era famoso por sus distracciones. Por obediencia regó un bastón de paseo y cuando germinó fue llamado "el árbol de la obediencia". 
   San Juan opinaba que la perfección de un monje consiste en salir lo menos de de su celda, en vigilar continuamente sus acciones y en no perder nunca de vista a Dios. Jamás hablaba de los acontecimientos del mundo ni comentaba las noticias, como suelen hacerlo los hombres superficiales. Vivía tan concentrado en las cosas divinas, que parecáa olvidado de las cosas terrenales. La humildad de san Juan era tanto más notable cuanto que era de temperamento vivaz y tendía a poseer una buena opinión de sí mismo; pero conocía perfectamente sus tendencias y se propuso esquivar el trato con los hombres y las vanas discusiones. Su sabiduría llegó a ser famosa. 
Cuando los berberiscos atacaron Scete, san Juan cruzó el Nilo y se retiró al sitio en que san Antonio había vivido, cerca del Mar Rojo. Ahí murió. Poco antes, sus discípulos le pidieron que les diese la última lección sobre perfección. El santo respondió humildemente, como si no quisiera citar su propia experiencia: "Nunca he hecho mi voluntad y nunca he enseñado nada que antes no hubiese yo practicado".

Beato GILBERTO DE HOYLAND. M. 1167/72.


Martirologio Romano: En Toulouse, de nuevo en la Galia, muerte de san Gilberto, abad de Citeaux, el cual, nacido en Inglaterra, varón ilustre por su saber, defendió a santo Tomás Becket.

De origen inglesa, se hizo cisterciense, probablemente en el monasterio de Ourscamp; conoció a san Bernardo de Claraval, al que intentó imitar en todo. Fue abad en el 1147 de Swineshead, en cuyo cargo permaneció 20 años; en el 1163, fue elegido abad de Citeaux. En 1167 renunció a la abadía ante la presión de las dificultades que el rey Enrique II puso a los cistercienses, quienes se pusieron al lado de santo Tomás Beckett.
En su doctrina condensada en los sermones se refleja una intensa vida espiritual. Estuvo atento a las corrientes teológicas de su tiempo, mencionando casos negativos como el cisma del antipapa Víctor. Su amor a la vida monástica y especialmente al Cister fue grande. Aludió a las persecuciones que recibió. Piensan sus biógrafos que son las persecuciones de Enrique II por su apoyo a santo Tomás, las que le obligaron a exiliarse en el monasterio cisterciense de Pontigny. 
Aunque no existan pruebas, parece que se retiró al monasterio de L’Arrivour, en la diócesis de Troyes, sufragánea de Claraval, donde murió. Aunque en el Martirologio Romano en español aparece como santo, es Beato como aparecen en los Martirologios en inglés, francés, alemán, italiano y latín.

Beato BALTASAR RAVASCHIERI DE CHIAVARI. (1419-1492).


Martirologio Romano: En Binaco, de la Lombardía, beato Baltasar Ravaschieri de Chiavari, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores.

Baltasar Ravaschieri nació en Chiavari (Liguria), en el seno de la familia de los condes de Lavagna. Entró joven en los franciscanos, estudió y se licenció en Teología, fue ordenado sacerdote y se dedicó a la predicación junto con san Bernardino de Feltre. Virtuoso y activo fue primero guardián  de su convento, y después Maestro provincial en Génova.
 La gota le paralizó todo el cuerpo y casi todos sus movimientos. Del mal que lo tenía postrado, hizo el instrumento de su santidad. En el convento de Binasco, cerca de Milán, le llevaban a la iglesia en brazos, y allí permanecía mucho tiempo, orando y meditando. O se hacia llevar a un bosque donde confesaba. Se dice que un día le sorprendió una nevada, y todos se olvidaron de él, cuando se quisieron dar cuenta vieron como la nieve había evitado caer sobre él. 
Todos los días era llevado en brazos por los hermanos para asistir a la Misa, tomar parte en la recitación del Oficio divino y sobre todo escuchar por larguísimas horas, a veces casi todo el día, las confesiones de los fieles, atraídos por la fama de su santidad.
Baltasar en su inmovilidad intensificó su vida de íntima unión con Dios y ofreció sus sufrimientos físicos y morales al amor  de Jesús por la conversión de los pecadores, que en gran número supo acercar a Dios. Desde la llanura de Pavía acudían a él los devotos que le llevaban sus enfermos para que obtuviera de Dios su curación, las madres le llevaban sus niños para que los bendijera. Seis años sufrió con perfecta serenidad el extenuante martirio de la gota. Consumido por el mal que le había martirizado sus miembros, serenamente expiró a la edad de 72 años. Fue sepultado en una urna de mármol. El papa Pío XI confirmó su culto el 8 de enero de 1930.

San RICARDO GWYN. (1537-1584).


Martirologio Romano: En la ciudad de Wrexham, en el País de Gales, san Ricardo Gwyn, mártir, que, padre de familia y maestro de escuela, profesaba la fe católica, siendo encarcelado bajo la acusación de convencer a otras personas a la conversión, y después de repetidas torturas, manteniéndose en su fe, fue ahorcado y, aún respirando, descuartizado.

Nació en Llanidloes en Powys (Gales). Estudio en Oxford y luego en el Saint John's College en Cambridge. Renunció al anglicanismo, se casó y tuvo seis hijos. Fue maestro de escuela en Overton, Wrexham y Gresford. Presionado porque no asistía a los servicios religiosos, asistió a uno de una iglesia anglicana, pero ello le causó un profundo desasosiego interior y se arrepintió de ello. Puso su escuela en una vieja granja para evitar su arresto. En 1579, mientras se hallaba en Wrexham, fue reconocido por un apóstata, quien le denunció a las autoridades. 
Fue arrestado pero consiguió escapar una noche, y vivió libremente durante un año y medio, hasta que fue detenido de nuevo y fue encerrado en la cárcel de Ruthin. Estuvo durante cuatro años detenido, y le obligaron a ir a una iglesia protestante, intentaron convencerle de la verdad del anglicanismo. El juez le condenó a pagar una multa de 800 libras por haber causado desorden en la iglesia. En septiembre, se le impuso una multa de 1680 libras (con el valor de 1960) por no haber asistido a los servicios protestantes en todo el tiempo que llevaba en la prisión. El juez le preguntó cómo iba a pagar esas multas tan elevadas. Ricardo respondió: «Tengo algón dinero». «¿Cuánto?», preguntó el juez: «Seis peniques», replicó el santo sonriendo. Después de ser juzgado otras tres veces, fue enviado con otros tres laicos y el sacerdote jesuita Juan Bennet ante el consejo de las Marcas. Los mártires fueron torturados en Bewdley, Ludlow y Bridgnorth, para que revelasen los nombres de otros católicos. En la cárcel escribió numerosas poesías religiosas en galés, en los que exhortaba a sus compatriotas a permanecer fieles a la Santa Madre Iglesia y describía, con una violencia comprensible en sus circunstancias, a la nueva religión y sus ministros. . 
En octubre de 1584, san Ricardo fue juzgado por octava vez, en Wrexham, junto con otros dos católicos, Hughes y Morris. Se le acusaba de haber tratado de reconciliar con la Iglesia de Roma a un tal Luis Gronow y de haber sostenido la soberanía pontificia. Ricardo respondió que jamás había cruzado una palabra con Gronow. Este último declaró más tarde, públicamente, que el vicario de Wrexham y otro fanático le habían pagado a él y a otras dos personas cierta suma para que levantasen falso testimonio. Como los miembros del jurado se negaron a asistir al juicio, el juez formó de improviso otro jurado, cuyos miembros tuvieron la ingenuidad de preguntarle, ¡a quiénes debían absolver y a quiénes debían condenar!, Ricardo Gwyn y Hughes fueron sentenciados a muerte, y Morris recobró la libertad. (Hughes fue después indultado). El juez mandó llamar a la esposa de Ricardo, quien se presentó con su hijito en los brazos y la exhortó a no imitar a su marido. Ella replicó: «Si lo que queréis es sangre, podéis quitarme la vida junto con la de mi esposo. Basta con que deis un poco de dinero a los testigos e inmediatamente declararán contra mí».
Fue sentenciado a muerte en Wrexham, Gales. Al llegar al patíbulo se encontró con muchos simpatizantes suyos, la mayoría alumnos, pudo bendecir a su mujer y a su hijo pequeño. Pidió perdón a quien hubiera podido haber ofendido y perdonó al verdugo. La multitud gritó que le dejasen morir antes de desentrañarlo, pero el alcalde, que era un apóstata, se negó a conceder esa gracia. El mártir gritó en la tortura: «¡Dios mío! ¿Qué es esto?» «Una ejecución que se lleva a cabo por orden de Su Majestad», replicó uno de los esbirros. «¡Jesús, ten misericordia de mí!», exclamó el santo. Unos instantes después, su cabeza rodaba por el suelo. Fue beatificado en 1929 y canonizado en 1970 por SS Pablo VI.

Beato PEDRO DE LA NATIVIDAD DE SANTA MARÍA VIRGEN CASANI. (1572-1647).


Martirologio Romano: En Roma, beato Pedro de la Natividad de Santa María Virgen Casani, presbítero de la Orden de los Clérigos Regulares de las Escuelas Pías, que orientó sus dotes naturales y de la gracia a la educación de los niños, contento de servir a Dios en los párvulos.

Nacido en Lucca, Italia. Impresionado por la muerte ejemplar de su madre, él se sentía llamado entrar en la Congregación de la Virgen Bendita, fundado en Lucca por san Juan Leonardi. Antes de entrar en el noviciado había estudiado con los franciscanos en Lucca. Fue ordenado sacerdote en la Basílica de Letrán y se realizó su ministerio sacerdotal predicando, oyendo confesiones y en el cuidado pastoral de juventud para quienes fundó la Congregación de Nuestra Señora de las Nieves en Lucca.
 Después de la muerte de san Juan Leonardi, sus hijos ofrecieron su ayuda pastoral a las Escuelas Pías. Con el fin de asegurar su continuidad, san José de Calasanz unió su obra con la Congregación de Lucca. Pablo V aprobó esta unión en 1614.
 Pedro Casani fue nombrado rector de San Pantaleón, casa principal de las Escuelas Pías. Pero los padres de Lucca muy pronto comprendieron que ellos no podrían aceptar el ministerio de las escuelas definitivamente sin traicionar su propio carisma fundacional. Pablo V separó las dos instituciones en 1617. Pedro Casani decidió permanecer en las Escuelas Pías como parte del grupo de Calasanz, constituido por Pablo V en Congregación Religiosa de votos simples. Pedro Casani jugó un papel eficaz en la transformación a una Orden con votos solemnes.
 San José de Calasanz continuó, durante 30 años, dándole cada vez más responsabilidades a Pedro Casani y lo designa como el primer rector de la casa matriz de San Pantaleón, primer asistente general, primer maestro de novicios y primer Provincial de Genova y Nápoles, comisario general para las fundaciones en Europa Central y el primer candidato para suceder al fundador como Vicario General. Pedro Casani era un hombre pío y predicador dotado que incansablemente emprendía misiones promoviendo la observancia regular en Roma y donde sea.
 Su amor de pobreza religiosa era una razón para su unión espiritual con san José de Calasanz y era consistente con la dedicación preferencial hacia sus escuelas para los niños pobres. Para mantener esta pobreza rigurosa, los dos estaban en contra de aceptar generosidad excesiva de los bienhechores. Ellos también compartieron los dolores del nuevo instituto, las alegrías y frustraciones de ser incapaces de satisfacer tantas demandas para fundaciones. Sin embargo, Pedro Casani no estuvo libre de líos. Fue hecho prisionero, despojado de su oficio como Asistente General y la Orden fue reducida a una congregación simple sin votos. Durante todas estas humillaciones, Pedro Casani defendió al fundador y su trabajo con resignación heroica. Él pidió en vano la intercesión favorable de amigos y poderosos. Murió asistido por san José de Calasanz que escribió muchas cartas comunicando su muerte pía y comenzando su causa para la beatificación. Fue beatificado el 1 de octubre de 1995 por SS Juan Pablo II.

Beato JACOBO BURIN. (1757-1794).


Martirologio Romano: En la región de Laval, también en Francia, beato Jacobo Burin, presbítero y mártir, que durante la Revolución Francesa ejerció su ministerio pastoral a escondidas, debiendo pasar de casa en casa, hasta que fue fusilado mientras sostenía en sus manos el cáliz.

Vidriera con la vida el beato Jacobo
Nació en Vermon. Estudió en Le Mans y fue ordenado sacerdote en 1780. Primero fue enviado como vicario a Lammay, en el antiguo deanato de La Ferté-Mace, donde se distinguió por sus virtudes sacerdotales y su interés por el estudio. Esto le granjeó el afecto de su obispo que lo nombró párroco de Saint Martin-de-Connée en 1787. Ejerció su ministerio con tanto celo y caridad que dejó un recuerdo admirable. Predicador extraordinario, transmitió con gran convicción la palabra divina, y puso especial empeño en catequizar a los niños. Tuvo dos vicarios que trabajaron con él con una gran sintonía. Había en la parroquia un gran número de pobres a los cuales se les dedicó toda la atención.
Se negó a prestar el juramento a la Constitución Civil del Clero, que había formulado los revolucionarios franceses, pues si bien prestó juramento de fidelidad a la nación, la ley y el rey, dejó escrito un texto en el que se negaba a ir en contra del papa. Por eso cuando recibió la bula del papa Pío VI, se la leyó a sus fieles y dejó claro que el se apartaba del juramento hecho anteriormente. Fue denunciado, encarcelado una breve temporada y juzgado, y por ello se le destituyó de su parroquia y desterrado de la misma.
Cuando en 1792 les obligaron a jurar la Constitución, sino serían deportados, Burín eligió la clandestinidad. Vestido de vendedor ambulante y con el falso nombre de Sebastián recorrió las parroquias de Saint George-sur-Erve, Saint Thomas-de-Courceriers, Trana, Champgeneteux, Villaines, Loupfougères y la suya propia, atendiendo espiritualmente a los fieles que se negaban a comulgar con los sacerdotes juramentados. Así estuvo durante dos años, hasta que una señorita de apellido Lemaire dijo que se quería confesar con un sacerdote ortodoxo y, pensando que se trataba de una revolucionaria conversa, se avisó al abate Burin. Éste acudió a Petit-Coudray de Champgeneteux, donde le esperaba un grupo del furibundo escuadrón móvil de Ëvron. Se le avisó de la traición, pero uno de los soldados le disparó, cayó al suelo y allí lo remataron. El verdugo, besó su fusil, satisfecho de su buena puntería. Está enterrado en su parroquia de Saint Martín-de-Connée.  

Beatas MARÍA NATALIA DE SAN LUIS VANOT y 4 compañeras. M. 1794.


Martirologio Romano: En Valenciennes, ciudad también de Francia, beatas María Natalia de San Luis (María Luisa Josefa) Vanot y cuatro compañeras, vírgenes de la Orden de las Ursulinas y mártires, que durante la Revolución Francesa, por odio a la fe católica, fueron condenadas a muerte y subieron al patíbulo recitando el salmo Miserere

Sus nombres son: beatas Lorenza de San Estanislao (Juana Regina) Prin, María Úrsula de San Bernardino (Jacinta Agustina Gabriela) Bourla, María Luisa de San Francisco (María Genoveva) Ducrez y María Clementina del Santísimo Sacramento (María Magdalena) Déjardin.
Las Ursulinas se establecieron en Valenciennes en 1654 y, durante 140 años, se entregaron ahí a la enseñanza de los niños y al cuidado de los pobres. Cuando el convento fue clausurado en la Revolución Francesa, las religiosas se refugiaron en el convento de Mons. En 1793, las tropas austríacas ocuparon Valenciennes, y las ursulinas volvieron a abrir la escuela, que siguió funcionando después de la entrada de las tropas francesas. 
En septiembre de 1794 las ursulinas fueron arrestadas en virtud de la ley Lacoste, por haber vuelto ilegalmente del extranjero para abrir un convento. El 17 de octubre, fueron juzgadas cinco de las religiosas que confesaron abiertamente que habían vuelto a Valenciennes para enseñar la doctrina católica, por lo que el juez las condenó a muerte. 
La guillotina se levantaba en la plaza del mercado. Al ver llorar a sus hermanas, la madre Dejardin (beata María Agustina) dijo a su superiora: "¡Madre mía, vos nos habéis exhortado a ser valientes y, ahora que vamos ser coronadas, os echáis a llorar!" Cinco días más tarde, la superiora beata María Clotilde Paillot y otras cinco religiosas, que se contaron entre las últimas víctimas de la Revolución fueron guillotinadas ahí mismo. La Beata María Clotilde declaró: "Morimos por la fe de la Iglesia Católica, Apostólica Romana". 

María Luisa Josefa Vanot nació en Valenciennes en 1728, en el seno de una famila distinguida. En 1749, profesó en las Ursulinas y se distinguió por su modestia y espíritu religioso; al profesar tomó el nombre de María Natalia de San Luis Gonzaga. A pesar de tener un carácter muy tímido, en el momento de la prueba invitó a sus hermanas a rezar las oraciones de los agonizantes y pidió perdón a la comunidad. Cuando oyó su nombre marchó con paso firme hacia la guillotina.
Dos de ellas, las beatas Lilvina Lacroix y Ana María Erraux, habían sido brigidinas, y la beata Josefina Leroux había sido clarisa pobre; las tres se habían quedado con las ursulinas cuando sus respectivas comunidades fueron expulsadas. Fueron canonizadas por SS Benedicto XV en 1920, al canonizar a las once ursulinas de Valenciennes.

San ISIDORO GAGELIN. (1799-1833).


Martirologio Romano: En la ciudad de Hué, en Annam, san  Isidoro Gagelin, presbítero de la Sociedad de Misiones Extranjeras de París y mártir, que, por su fe en Cristo, fue estrangulado en tiempo del emperador Minh Mang.

Francisco Isidoro era natural de Montperreaux (Besançon). Estudió en el seminario de Besançón cuando en 1819 se hizo misionero de las Misiones Extranjeras de París. En el 1822 fue enviado al Vietnam, donde fue ordenado sacerdote. Trabajó como profesor en el colegio de Phuong-Ru. Trabajó con celo en la pastoral con los cristianos e indígenas del país. El rey Minh-Manh llamó a los misioneros a la corte para aprovecharse de sus conocimientos, pero no dejando por ello de privar de su ministerio a las diversas comunidades. Francisco cumplió yendo a la corte pero cuando se le quiso premiar sus servicios haciéndolo mandarín, prefirió se le dejase libre de volver a sus trabajos apostólicos.
La persecución estalló en 1833 y los misioneros se escondieron en las montañas. Pero Francisco se dio cuenta que la ausencia de los misioneros hacía que muchos cristianos apostatasen, entonces decidió entregarse esperando que si se cebaban con él dejarían en paz con los demás misioneros al menos durante un tiempo. Se presentó al mandarín de Nong-Song, en la provincia de Binh-Dinh, en 1833. Fue enviado a Hue cargado con la canga. En el suburbio de Bai-Dan fue estrangulado. Tres días después de su entierro el rey hizo sacar el cadáver para comprobar que no había resucitado como Jesús. Sus reliquias fueron trasladas en 1846, al Seminario de Misiones Extranjeras de París. Fue canonizado el 19 de junio de 1988 por el papa Juan Pablo II.

Beato CONTARDO FERRINI. (1859-1902).


Martirologio Romano: En la localidad de Suna, junto al lago Maggiore, en Italia, beato Contardo Ferrini, que, dedicado a la educación de la juventud, superó con la fe y la vida cristiana las ciencias humanas.

Nació en Milán en el seno de una familia burguesa: su padre era catedrático de Física. Siendo todavía muy niño se presentó al prefecto de la biblioteca Ambrosiana para rogarle que le enseñara el hebreo. Al poco tiempo ya lo hablaba y escribía. Siguió el estudio del siríaco y otras lenguas. 
El ambiente de Italia no era fácil para llegar a donde Contardo llegó. El anticlericalismo estaba a la orden del día. Era cierto que se había unificado Italia, pero el Papado había sufrido un duro golpe. No era fácil ser imparcial, saber dónde estaba la verdad y qué era lo mejor para la Iglesia.
Su tío Buccellati, abad y profesor de Derecho penal, fue quizá uno de los que más influyeron para que Contardo se decidiera por la carrera de Derecho. Para ello se trasladó al colegio Borromeo de Pavía, después consiguió una beca que le trasladó a Berlín, volviendo después para impartir Derecho romano en la universidad de Pavía. Allí le esperaban duras pruebas, pero con su esfuerzo y la ayuda de la gracia, de todas salió airoso. Ellos blasfemaban, tenía conversaciones poco honestas... él huía de ellos, como de una continua tentación, y se entregaba al estudio y a la oración. Su pureza no se contaminó jamás a pesar de encontrarse en aquel clima enrarecido. En el verano de 1881 hizo voto de castidad que guardó incólume durante toda su vida. No era su vocación la de religioso, sino la de un laico cristiano.
Fue profesor de Derecho penal en las universidades de Messina, Módena y Pavía. Era Terciario franciscano, miembro de la sociedad de San Vicente de Paúl y amigo de monseñor Achille Ratti (el beato papa Pío IX) que así nos lo describe: "Era de estatura media, lleno de solidez, de armonía, de elegancia de líneas; el paso rápido, pero firme... la pluma siempre presta y llena de sabiduría; la palabra cuidada y persuasiva; en su rostro, un aire de simpatía siempre igual, que jamás le abandonó hasta la misma vigilia de su muerte; pero ante todo, sobre ese rostro brillaba un resplandor de pureza y de amable juventud. Su mirada tenía toda la dulzura de la bondad, excelente corazón; sus ojos, su amplia frente, llevaban consigo el reflejo de una inteligencia verdaderamente soberana...". Fue modelo de profesor católico, notable por su "insaciable deseo de oración". Fue elegido concejal en las elecciones municipales de Milán en 1895 y se distinguió por su compromiso cristiano en la política, defendiendo la enseñanza religiosa en las escuelas.
Tenía un temperamento tímido e introvertido, pero su contacto personal con los alumnos era entrañable y abierto. Le admiraban todos los que llegaban a él. Era un enamorado de María y de la Eucaristía. Todos los días iba a misa antes de empezar a trabajar. Vivía una auténtica pobreza y hacía signos claros de una gran caridad. Publicó profundos estudios sobre diversos temas que fueron muy apreciados por los expertos. Aún ahora le siguen muchos y aceptan las investigaciones que realizó. Murió relativamente joven en Suna, en el lago Mayor, de tifus. Sus restos se encuentras en la capilla de la Universidad Católica de Milán. Pío XII lo proclamó Beato en 1947, señalando en él "el modelo del hombre católico de nuestros días". 

Beato FIDEL FUIDIO RODRÍGUEZ. (1880-1936).


Martirologio Romano: En Ciudad Real, en España, beato Fidel Fuidio Rodríguez, religioso de la Sociedad de María y mártir, que durante la persecución religiosa descansó en el Señor al ser fusilado.

Nació en Yécora, Álava. Nada más nacer su familia se trasladó a Vitoria, donde abrió un pequeño comercio. Su íntimo amigo Narciso Esténaga, ingresó en el seminario diocesano, y luego fue obispo de Ciudad Real y también murió mártir; él ingresó en los marianistas. Licenciado en Historia en 1905, conoció en 1910 al famoso arqueólogo Hugo Obermeier, que despertó su gusto por la investigación arqueológica. Realizó varios estudios cuya importancia aún perdura: “Carpetania romana” y “Oretania romana”. Descubrió el yacimiento paleolítico de Valdarachas, junto al río Jabalón.
Enseñó en Cádiz, Jerez de la Frontera y desde 1910 en el colegio del Pilar de Madrid. Fue un hombre alegre, extrovertido, optimista. Durante 23 años desplegó una actividad prodigiosa: además de las clases, animó la pastoral; organizó la Cruz Roja juvenil, excursiones de arqueología. Se doctoró en 1932. Solía decir: “El momento más feliz del día es aquel en que abro la puerta de la clase para misionar a mis alumnos”.
Con la República tuvo que trasladarse a Ciudad Real, y fue detenido en la fonda “La Paca” por llevar un crucifijo en el cuello y ser religioso. Preso en el Gobierno Civil estuvo relativamente a salvo, pero hubo un simulacro de juicio y fue fusilado en Carrión de Calatrava (Ciudad Real). 

Beato PERFECTO CARRASCOSA SANTOS. (1906-1936).


Nació en Villacañas (Toledo) en el seno de una familia de labradores de posición media. A los diez años comenzó los cinco de humanidades, de los cuales estudió tres en el seminario franciscano de Belmonte y los dos restantes en el de Alcázar de San Juan. Llamaba la atención por su inocencia y se ganó el afecto de todos, compañeros y profesores. En 1921 vistió el hábito franciscano en Arenas de San Pedro. Hizo su profesión temporal en 1922. Empezó los estudios de filosofía en el convento de Pastrana, pero un tumor en el tobillo le obligó a interrumpirlos. Mejorado, marchó a Consuegra (Toledo), en donde terminó la filosofía y cursó la teología. Llevaba con serenidad el mal que padecía, el cual no le impedía entregarse con ardor a su formación. Obtenía calificaciones brillantes y colaboraba en la revista del seminario. Emitió su profesión solemne en Consuegra en 1927 y fue ordenado sacerdote en 1929.
La enfermedad dicha le acompañó toda la vida, pero no fue capaz de robarle su optimismo y su alegría. Sencillo, simpático, bondadoso y con cierta dosis de timidez, era el encanto de sus hermanos, incapaz de hacer mal a nadie o molestarlo, aunque él era el blanco de muchas bromas. Siempre fue parlanchín, con una locuacidad inocente y alegre que indicaba un alma limpia y candorosa. Se sentía plenamente feliz en su vocación y amaba ardientemente a su Orden y a la Iglesia. Su ideal era ser apóstol y misionero.
Desde 1929 a 1935 estuvo en el convento de Pastrana como profesor del seminario de filosofía. Daba clases de las materias científicas y montó un laboratorio de química. Además, era director del coro, confesor de los seminaristas mayores y, algunos años, fue asistente de la Orden Franciscana Seglar y director espiritual del seminario menor. Daba también cauce a sus ansias apostólicas escribiendo artículos y poemas en la revista "Cruzada Seráfica", en los que explicaba las verdades de la fe, ensalzaba y defendía a la Iglesia y la religión en los años de la Segunda República española. En octubre de 1935 fue destinado al convento de San Antonio, de la calle Duque de Sesto, en Madrid, como secretario de la provincia franciscana de Castilla, y en donde siguió ejerciendo el apostolado sacerdotal.
En ese convento le encontró la guerra civil española de 1936. La comunidad tuvo que abandonar el convento a partir del 18 de julio; el P. Perfecto salió el día 20 y se refugió en casa de unos vecinos. Hacia el 24 de julio salió para Villacañas. Estuvo en casa de sus padres unos 50 días. En ese tiempo se preparó para el martirio con una vida de oración casi ininterrumpida. También confesó a algunas personas. Tenía miedo a la muerte y le sacudían los nervios al oír relatar los asesinatos, pero decía: “Si Dios me quiere mártir, ya me dará fuerzas para soportar el martirio”. Lo veía cercano y, a pesar de su miedo, deseba esa gracia, repitiendo con frecuencia: “¡Qué ocasión para ser mártir!”.
Sabían en el pueblo que estaba en casa de sus padres, pues algunos le habían visto entrar, pero ni los izquierdistas querían meterse con él, pues le consideraban “un ser inocente”. Mas uno de ellos, que luego se ufanaría de haberle dado una paliza al fraile, se presentó en casa de los Carrascosa en la madrugada del 14 de septiembre acompañado de tres hombres armados, y ordenó: “¡Que salga el fraile!”. Avisado, Perfecto se vistió y salió. A partir de ese momento perdió todo miedo. Dijo a la familia: “No teman ustedes por mí”. El padre le dijo: “Hijo mío, a decir la verdad”. Y él: “Sí, padre, sí”.
Se lo llevaron a la ermita del Cristo, donde tenían presos a algunos más. Fueron 33 días de prisión heroica. La familia y otras personas constataban las señales de las torturas, que también los otros presos sufrían: el rostro amoratado, hinchado y desfigurado, los ojos enrojecidos, el cuerpo como si no cupiese en la ropa, en ésta, manchas de sangre. Una persona atestiguó: “¡Hay que ver las palizas que le están dando para que blasfeme y no lo logran!”. Una vez le presionaban: “Di que tu madre es una mala mujer y que la Virgen también lo fue”. Él respondió: “Mi madre no es lo que decís, aunque pudo haberlo sido; pero la Virgen ni lo fue ni pudo serlo”.
No se abatió, no se quejó de las torturas ni de los torturadores, ni sufrió mella su bondad y su celo apostólico. Alentaba a los compañeros, les exhortaba a aceptar el martirio, a no blasfemar, a perdonar a los verdugos y a rezar, y les administraba el sacramento del perdón. Como dijo uno de los compañeros de prisión, “era un ángel para todos”.
A primera horas de la madrugada del 17 de octubre de 1936, el P. Perfecto fue conducido junto con cinco seglares al cementerio de Tembleque (Toledo). En el trayecto expresó su gozo porque iba a alcanzar a Dios con el martirio. Ya en el cementerio, animó a los compañero y les fue dando la absolución, para lo cual pidió ser fusilado el último. Allí fueron enterrados. Terminada la guerra civil, en abril de 1939, fueron exhumados el P. Perfecto y sus compañeros de martirio. Trasladados a Villacañas, fueron llevados procesionalmente por las calles y por la ermita que les hizo de prisión, y enterrados en el cementerio municipal.

Beato RAIMUNDO ESTEBAN BOU PASCUAL. (1903-1936).


Martirologio Romano: En la localidad de La Nucia, cerca de Alicante, también en España, beato Raimundo Esteban Bou Pascual, presbítero y mártir, que durante la persecución mereció, cual discípulo fiel, ser redimido por la sangre de Cristo.

Nació en Polop de la Marina, Alicante. Fue encontrado envuelto en pañales por una familia de Benimantell que lo adoptó. Estudió en el Seminario de Valencia y fue ordenado en 1930. Estuvo de coadjutor en Almusafes y fue capellán de las Religiosas de Cristo Rey de Benifaió, en Valencia, y en diciembre de 1931 fue nombrado cura regente de Planes. Destacó por su modestia, laboriosidad y gran espíritu de servicio a los más pobres. Cura regente de Planes. Eran tiempos difíciles pero él no se echó atrás en el ejercicio de su ministerio, cuidando con gran celo de la catequesis.
Llegada la revolución de julio de 1936, el día 22 fue saqueada y cerrada su parroquia y, ante el peligro evidente de seguir en Planes, se fue a Catamarruch y, poco después, a Benimantell, a casa de una tía suya. Aquí estuvo hasta que el 15 de octubre supo que los milicianos venían por él y escapó al campo. Pidió albergue en algunas casas pero le fue negado y por fin volvió a su casa, donde supo que su padre y su hermano estaban presos. Entonces decidió entregarse. En la madrugada del día 17 lo llevaron junto a las tapias del cementerio y allí lo acribillaron a balazos. Antes de morir perdonó a sus asesinos. En carta escrita días antes, había señalado que no cabe mayor honra que el martirio. Fue beatificado el 11 de marzo de 2001 por el papa Juan Pablo II.

OTROS SANTOS DEL DÍA:



Oseas. s. VIII  a. C. 
Martirologio Romano: Conmemoración de san Oseas, profeta del Antiguo Testamento, que no sólo con sus palabras, sino con su misma vida mostró al Señor al pueblo infiel de Israel, como Esposo siempre fiel y movido por una misericordia infinita.
Profeta menor compañero de Amós. Hijo de Beerí. Profetizó a las tribus del reino del Norte; su profecía fue en contra de sus compatriotas samaritanos a los que predijo su destrucción. Fue un profeta “vigía” que conocía la política y el culto. Y se esforzó por releer la historia de su tiempo con la mirada escrutadora y crítica de un creyente. Con ojos de un Dios mil veces abandonado, de un Dios al que hay que buscar, de un Dios que, sin embargo, es compasivo. 
Su mujer Gomer, se fue detrás de sus amantes. Escribió el más desgarrado poema de amor mal pagado. Sus hijos llevan nombre simbólicos: Yizreel (Dios Siembra), Lo-Rujamá (Incompadecida) y Lo-Ammi (No-mi-pueblo). En su propia historia va descifrando la historia de su propio pueblo. Oseas pregunta qué sentido puede tener los sacrificios y el culto de un pueblo que olvida la justicia. (Os 5, 6; 6, 4-6; 8, 11-13). Nadie como Oseas ha cantado el amor de un Dios que se deja buscar, que se hace cercano y accesible y el símbolo es su matrimonio que tiene tres etapas (matrimonio, divorcio y reunión); la fidelidad de Dios hacia su pueblo lo impulsa a aceptar a Gomer, a amarla “como Dios ama a los israelitas” (3,1). El evangelio de Mateo, pone en boca de Jesús una frase de Oseas: “Misericordia quiero y no sacrificio” (Os 6, 6; Mt 9, 13). 

Santos Rufo y Zósimo. M. c. 107. 
san Rufo
Martirologio Romano: Conmemoración de santos Rufo y Zósimo, mártires, que el beato Policarpo asoción con el martirio de san Ignacio, escribiendo a los Filipenses: “Ellos compartieron la pasión del Señor y no amaron el siglo presente, como aquel que por ellos y por todos murió y resucitó”
Ciudadanos de Filipos, posiblemente discípulos de san Pablo, fueron llevados a Roma junto a san Ignacio de Antioquía y arrojados a las fieras del anfiteatro dos días antes del martirio de su obispo. San Policarpo hizo un canto de su virtud en la “Carta a los Filipenses”: «No corrieron en vano, sino que iban armados de la fe y la rectitud. Partieron al sitio que les tenía preparado Aquél por quien habrían de sufrir, porque no amaron este mundo sino a Jesús, que murió y fue resucitado por Dios para nuestra salvación ... Por ello, os exhorto a todos a vivir rectamente y a ejercitar la paciencia, de la cual os han dado ejemplo no sólo Ignacio, Zósimo y Rufo, sino también otros que vivieron entre vosotros, así como el mismo Pablo y los demás Apóstoles.»

Santos Martires Volitanos. s. III. 
Martirologio Romano: En África Proconsular, santos mártires Volitanos, a los que san Agustín celebró en un sermón.
Volitana era una urbe o un barrio no lejos de Cartago, en la que, durante la persecución de Diocleciano, siendo Anulino proconsul, murieron muchos cristianos que fueron alabados por san Agustín.

San Dulcidio de Agen. M. 420. 
Martirologio Romano: En Agen, ciudad de Aquitania, san Dulcidio, obispo, que luchó denodadamente por la fe católica contra la herejía arriana.
Obispo de Agen, sucedió a san Febadio. Durante su gobierno se sucedieron las irrupciones de los vándalos y visigodos, a los que se impuso con la fuerza de sus virtudes y de sus milagros. Construyó una iglesia que puso bajo la advocación de santa Fe y san Caprasio. Luchó contra el arrianismo.
En otros santorales se afirma que era obispo de Aquisgrán, Francia y que murió en el 450. Pero debe ser un desdoblamiento del primero. Su culto se ha limitado a los calendarios locales.  

San Florencio de Orange. M. c. 524. 
Martirologio Romano: En la ciudad de Orange, en la Provenza, de la Galia, san Florencio, obispo.
Nacio en Tours. VIII obispo de Orange en Francia. Participó en el Concilio de Epaone en el 517 y en el provincial de Arles del 527; en este último sínodo asistió su sucesor. Durante una peregrinación a Roma, pernoctó en Fiorenzuola d’Arda donde resucitó a una niña. Su “Vita” no merece mucha confianza y se parece mucho a la de Verano, obispo de Cavaillon. 

Társila Córdoba Belda. Beata. (1861-1936). 
Martirologio Romano: En la ciudad de Algemesí, en la región de Valencia, también en España, beata Tarsila Córdoba Belda, mártir, que, siendo madre de familia, pasó a la gloria de Cristo en la persecución.
Nació en Sollana, Valencia. En 1884 se casó con Vicente Girona Lozano de quien tuvo tres hijos. Tuvo que ver la muerte de sus tres hijos por enfermedad y la de su marido. En 1922 se quedó viuda. Se dedicó a vivir su viudez en una entrega apostólica a los demás. Tenía una gran devoción por María, y pertenecía a varias asociaciones religiosas de su parroquia. Sobresalió por su dedicación a los pobres a los que ayudó de forma heroica.  
Encarcelada por el Comité de su pueblo a causa de su religión y pertenencia a la Acción Católica, confortó a sus compañeros de prisión y exhortó a todos a entregarse a la voluntad de Dios con confianza. Había socorrido a la familia del jefe del Comité que ordenó su detención y posterior fusilamiento. Detenida el 10 de octubre estuvo en prisión en el exconvento de mercedarios hasta el día 17 en que fue sacada de madrugada y fusilada en la tapia del cementerio de Algemesí. Fue beatificada el 11 de marzo de 2001 por el papa Juan Pablo II.