21 de octubre de 2014

San HILARIÓN DE GAZA. (291-371).


Martirologio Romano: En la isla de Chipre, san Hilarión, abad, que, siguiendo las huellas de san Antonio, primero llevó vida solitaria cerca de la ciudad de Gaza y después fue fundador y ejemplo de la vida eremítica en esta región.


Hilarión nació en Tabatha de Gaza en el seno de una noble familia. Marchó a Alejandría para cursar estudios con un gramático; y allí recibió el bautismo. Entregó a los pobres todo el dinero, heredado de sus padres y compartió con san Antonio Abad la vida religiosa de oración y penitencia en el desierto; todavía muy joven, decidió trasladarse al desierto palestino de Majuma. "Persevera hasta el fin para que puedas saborear el fruto dulce de tus trabajos", le repitió Antonio, al despedirlo.
Habían pasado ya 22 años en el desierto, cuando comenzaron a interrumpirle muchedumbres de admiradores y tuvo que huir de Palestina a los desiertos del Nilo de Egipto, perseguido por los emisarios de Juliano el Apóstata, al promontorio de Pachinum en Sicilia y, después, hasta Dalmacia en Yugoslavia. San Jerónimo, su principal biógrafo, dice que marchó a visitar la tumba de san Antonio, y tras una breve estancia en el desierto, se trasladó a Bruchium, en las cercanías de Alejandría, y poco después a Occidente, donde no era conocido. Un día unos ladrones le preguntaron: "¿Qué harías si los ladrones te asaltaran?  - Cuando no se tiene nada los ladrones no dan miedo. - ¿Y no tendrías miedo de ser asesinado? - ¡Yo miedo!, no, no de verdad, porque sin ello deberé morir". 
Será en Chipre donde terminó sus días, diciendo: "Sal, alma mía: ¿de qué temes? Cerca de setenta años hace que sirves a Cristo, ¿y temes ahora morir?" Hilarión se encontró con Agatón en el desierto de Tebaida. Los dos aparecen llenos de sabiduría, paciencia y devoción. Se dice que cuando eran jóvenes aparecían graves y dignos como los viejos, y cuando llegaron a viejos, alegres y contentos como los jóvenes. Siempre humildes y serenos hicieron la guerra solamente a las tentaciones Agatón dijo: "Con el trabajo se provee a nuestra salud y se hace la guerra al demonio". "Sed, -enseñó después- como una columna de piedra, que no se enfada cuando es maltratada, pero que tampoco se hace más alta, cuando es alabada". 
La “Leyenda Áurea” narra algunos pasajes de la vida de estos dos eremitas: "Una vez dijo uno al otro: - Peleémonos juntos, como hacen los hombres del mundo. -Repuso el otro: yo no se como nace la pelea. -Dijo el primero: pon entre tu y yo un ladrillo; y yo diré: es mío. Tu dirás: no, es mío. Entonces nacerá la pelea. Entonces pusieron el ladrillo en medio y dijo uno: es mío. -Dijo el otro: no, es mío. Repuso el primero: bueno, que sea tuyo, quítalo y vete con Dios. Se fueron juntos y no pudieron pelearse". Desde 1969 su memoria ha sido limitada a los calendarios locales. 


San Agatón de Egipto. s. IV. 
Ermitaño y abad, junto con san Hilarión de Gaza en Egipto. Se retiraron al desierto de Tebaida bajo el influjo de san Antonio Abad. Durante tres años estuvo con una piedra en la boca para crearse la imposibilidad de hablar, de ahí procede su mote. Se había refugiado en el desierto para huir de toda tentación de cólera. Pero cuando se derramó el agua que llenaba un cántaro, rompió el recipiente. Dios quiso demostrarle que hasta en la soledad se puede caer en la ira. 
Se le han atribuido proverbios espirituales y morales bellísimos. "Con el trabajo se busca nuestra salud e se hace la guerra al demonio". "Sed como una columna de piedra, que no monta en cólera cuando viene maltratada, y tampoco se hace más alta cuando se la alaba". Es muy citado en “La vida de los Padres del desierto”

Santa ÚRSULA y compañeras. M. c. 386.


Martirologio Romano: En la ciudad de Colonia, en Germania, conmemoración de las santas vírgenes que entregaron su vida por Cristo, en el lugar de la ciudad donde después se levantó una basílica dedicada a santa Úrsula, virgen inocente, considerada como la principal del grupo.


Se supone que era hija de un rey de Gran Bretaña, y que cuando tenía años, fue pedida en matrimonio por los embajadores de un monarca pagano, Conan el Bretón, ella aceptó exigiendo que su prometido se bautizase y la acompañe en peregrinación a Roma; embarcó con un séquito de 11.000 vírgenes en una nave que capitaneaba un ángel y que remontó el Rin hasta Basilea. Después de cruzar los Alpes, fueron recibidos en Roma por el papa Ciríaco, pero en el viaje de regreso toda la expedición murió asaetada por los hunos ante las puertas de Colonia. Se dice que la última en morir fue Úrsula, que al negarse casarse con el propio Atila, la mató de un flechazo. Hasta aquí la leyenda. 
Posiblemente fuera una mártir con 11 compañeras en Colonia en el siglo IV. Entre ellas está Aurelia de Estrasburgo, Auta, Córdula, Cunera, Bega, Eduvigis de París, Eufrosina, Mabilla, Odila, Pinosa de Essen, Embeth, Warbeth y Wilbeth
En el siglo IX se descubrió en Colonia, Alemania, en una iglesia del siglo VI, un epígrafe enrollado que comienza así:" Martirio de Ursula y 11.000 vírgenes". Parece que fueron muchas menos. Es un documento que engloba el martirio de estas vírgenes en el lugar sobre el que se construyó una iglesia.
En el curso del siglo XII, la historia se complicó aún más, gracias a las «revelaciones» de santa Isabel de Schönau y del beato Germán José, canónigo premonstratense. Actualmente, todo el mundo está de acuerdo en que tales revelaciones eran puramente ilusorias, pero en la época en que tuvieron lugar se «descubrieron» en Colonia (1155) numerosas reliquias e inscripciones (naturalmente falsas), que pasaban por ser los epitafios de san Ciriaco Papa, de san Marino de Milán, de san Papunio, rey de Irlanda, de san Picmenio, rey de Inglaterra y de otros muchísimos personajes imaginarios que habían sufrido el martirio con santa Úrsula y sus compañeras. Las pretendidas «revelaciones» del beato Germán (si es que existieron realmente) eran aún más sorprendentes que las de santa Isabel, ya que tenían por finalidad resolver los múltiples problemas de la leyenda y explicar la presencia de los huesos de hombres y aun de niños recién nacidos, entre los restos de las mártires. 
Indudablemente lo que se descubrió en 1155 fue una fosa común. Por otra parte, todos los indicios nos llevan a pensar que los dos abades de Deutz falsificaron impíamente los hechos y complicaron en el fraude a santa Isabel y al beato Germán, sin que éstos lo supiesen.   
El culto a santa Úrsula y a sus compañeras se extendió muy pronto, y se levantaron muchas iglesia en su honor. En el siglo XIII la Sorbona la adoptó como patrona y lo mismo ocurrió en las universidades de Coimbra y de Viena. Su culto universal fue suprimido en 1969.

San MALCO. M. c. 390.


Martirologio Romano: Conmemoración de san Malco, monje, del que san Jerónimo expuso por escrito el testimonio de su ascesis y de su vida en Maronia, cerca de Antioquía.

Los datos que poseemos sobre san Malco, proceden de san Jerónimo, quien afirma haberlos oido de labios del propio Malco. Hallándose en Antioquía, hacia el año 375, Jerónimo visitó la ciudad de Maronia, que distaba unos cincuenta kilómetros, y conoció ahí a un anciano muy piadoso llamado Malco. Interesado por lo que había oído contar sobre él, Jerónimo interrogó personalmente a Malco, quien le refirió su historia. Había nacido en Nísibis y era hijo único. Desde muy joven, determinó consagrarse enteramente a Dios. Como se sintiese inclinado a casarse, huyó inmediatamente al desierto de Calcidia para reunirse con unos ermitaños. A los pocos años, se enteró de la muerte de su padre y pidió permiso a su abad para ir a consolar a su madre. El abad no vio con buenos ojos el proyecto y advirtió a Malco que era una sutil tentación del demonio. Malco insistió en que había heredado de su padre algún dinero con el que pensaba contribuir al ensanchamiento del monasterio, pero el abad, que era un hombre de Dios y sabía a qué atenerse, no se dejó persuadir y rogó a su joven discípulo que renunciase al proyecto. Sin embargo, Malco pensó que tenía el deber de ir a consolar a su madre y partió en contra la voluntad de su abad.
La caravana en la que viajaba Malco fue atacada por los beduinos, entre Alepo y Edesa, y uno de los cabecillas lo tomó prisionero junto con una joven y condujo a ambos al corazón del desierto, más allá del Eufrates. Ahi Malco se vio obligado a pastorear los rebaños del beduino, cosa que no le desagradaba. El amo de Malco, que estaba muy satisfecho con él, decidió buscarle una compañera. Cuando el beduino ordenó a Malco que contrajese matrimonio con su compañera de cautiverio, éste se alarmó, dado que era monje y sabía que la joven era casada. Sin embargo, según parece, la joven no se oponía al proyecto. Pero cuando Malco declaró que estaba dispuesto a suicidarse antes que contraer matrimonio, la joven, herida en su amor propio, le dijo que no tenía el menor interés por él y que podían simplemente fingir que estaban casados para complacer a su amo. Así lo hicieron, por más que la situación no satisfizo del todo a ninguno de los dos. Malco confesó a Jerónimo: "Llegué a querer a esa mujer como a una hermana, pero sin poder tenerle la confianza que se tiene a una hermana."
Un día en que Malco le propuso a su compañera huir y así lo hicieron; después de un hecho milagroso consiguieron despistar a sus perseguidores. 
Al cabo de diez días, llegaron a un campamento romano en Mesopotamia. El  capitán, a quien refirieron su historia, los envió a Edesa. Malco retornó más tarde a su ermita de Calcidia y fue a terminar sus días en Maronia, donnde le conoció san Jerónimo. Su compañera de cautiverio no consiguió encontrar a su marido. Entonces, acordándose del amigo con el que había compartido tantas penas y que la había ayudado a escapar, fue a establecerse cerca de él, sin impedirle el servicio de Dios y de sus prójimos. Ambos murieron a edad muy avanzada.

San SEVERINO DE BURDEOS. M. c. 420.


Martirologio Romano: En Burdeos, de Aquitania, san Severino, obispo, que, originario de las regiones de Oriente, fue recibido calurosamente por san Amando, que le quiso como su sucesor.

Parece que nació en Oriente, según san Gregorio de Tours; fue el cuarto obispo de Burdeos (405-420). 
El hagiógrafo Abel della Costa nos dice: “Según Venancio Fortunato, que escribió su vida en el siglo VI, se trataba de un obispo de Tréveris -que era en ese momento capital del Imperio- invitado por un ángel a trasladarse a Burdeos. Se trata seguramente de una alusión a la invasión de Tréveris en el 407, que castiga severamente a la ciudad, y que motivó que la administración imperial la abaandonara por varias décadas.
El obispo de Burdeos, san Amando, recibe al de Burdeos y se retira de su cargo, posiblemente ante el prestigio de aquel que era obispo de la capital. Sin embargo el retiro fue temporal, ya que san Severino muere un 21 de octubre, posiblemente hacia el 420. La vida escrita por Venancio Fortunato estuvo perdida durante siglos, y recién fue descubierta de nuevo en 1902; mientras tanto se contaba con la noticia transmitida por san Gregorio de Tours, quien había confundido la historia de san Severino de Tréveris-Burdeos con la de san Severino de Colonia, de apenas unos años antes. Por ese motivo, en el Martirologio Romano anterior aparecían mezclados en uno solo los dos personajes, y celebrados el 23 de octubre. En el Martirologio actual se han separado las dos historias, y se celebra el de Burdeos el 21 de octubre y el de Colonia el 23”.

Beato PEDRO CAPUCCI. (1390-1445).


Martirologio Romano: En la ciudad de Cortona, en la Toscana, beato Pedro Capucci, presbítero de la Orden de Predicadores, el cual, meditando sobre la muerte, se ejercitó en la vida espiritual y con su predicación exhortó a los fieles a evitar la muerte eterna.

Poseemos muy pocos datos acerca de la vida del beato Pedro, debido a que los archivos del convento de Cortona, donde vivió la mayor parte de su vida, quedaron destruidos durante un incendio. 
Nació en Tiferno (Cita di Castello), en el seno de la familia Capucci. A los quince años tomó el hábito de Santo Domingo. En el convento de Cortona, donde hizo el noviciado bajo la dirección del beato Lorenzo de Ripafratta, conoció a los beatos Antonino Pierozzi y a Juan de Fiesole (fray Angélico). 
El beato Lorenzo le recomendó que se dedicase más bien a la contemplación que a la acción, pero las lecciones del Breviario hacen notar que Pedro estaba siempre pronto a ejercitar los ministerios sacerdotales con cuantos se lo pidiesen, tanto dentro como fuera del monasterio. 
Se refieren varios milagros obrados por este beato. Una vez, encontró en la calle a un hombre de mala vida y le detuvo para decirle: "¿Qué maldad estás tramando?, ¿Cuánto tiempo vas a seguir añadiendo pecado sobre pecado? No te quedan más que veinticuatro horas de vida, al fin de las cuales, tendrás que dar cuenta a Dios de tus actos". El hombre se intranquilizó, pero no hizo caso. Aquella misma noche sufrió un grave accidente y, en seguida mandó llamar al beato Pedro, con quien se confesó humildemente antes de morir. 
El beato solía predicar con una calavera en la mano; se le conoció como el "predicador de la muerte". Su culto fue confirmado por Pío VII.

Beato CARLOS DE AUSTRIA. (1887-1922).


Martirologio Romano: En la Isla de Madeira (Portugal), beato Carlos de Austria, rey.

Nació en el castillo real de Persenbeug en la región del Austria Inferior. Sus padres eran el archiduque Otto y la Princesa María Josefina de Sajonia, hija del último rey de Sajonia. Carlos recibió una educación expresamente católica y desde su niñez fue acompañado con la oración por un grupo de personas, porque una religiosa estigmatizada le había profetizado grandes sufrimientos y ataques contra él. De aquí surgió, tras la muerte de Carlos, la "Liga de oración del emperador Carlos por la paz de los pueblos", que en 1963 se convertirá en una comunidad de oración reconocida en la Iglesia. Muy pronto creció en Carlos un gran amor por la Eucaristía y por el Corazón de Jesús. Todas las decisiones importantes provenían de la oración. 
En 1916, tras el asesinato del emperador Francisco Fernando -su tío abuelo-, (lo que originó la I Guerra Mundial), y la muerte del su tío abuelo Francisco José, asumió, con 29 años la corona de Emperador de Austria y Rey Apostólico de Hungría. Durante su etapa castrense, procuró antes "buscar la paz que ganar batallas de prestigio", y se ganó el aprecio de sus compañeros por su sencillez y fortaleza de carácter. Visitó a las tropas en el campo de batalla, e intentó que sus soldados oyeran misa y rezaran el rosario. Este deber Carlos lo concibe, también, como un camino para seguir a Cristo: en el amor por los pueblos a él confiados, en el cuidado por su bien y en la donación de su vida por ellos.
En 1911 se casó con la princesa Zita de Borbón-Parma. Tuvieron 8 hijos. Cuando se casó dijo: "Ahora tenemos que llevarnos el uno al otro al Cielo". El deber más sagrado de un rey - el compromiso por la paz - Carlos lo puso al centro de sus preocupaciones a lo largo de la terrible guerra. Fue el único, entre los responsables políticos, que apoyó los esfuerzos por la paz de Benedicto XV. Intentó restaurar la paz en el mundo, y solventar los conflictos internacionales; en 1917 concedió una amplia amnistía a los presos políticos. 
Por lo que respecta a la política interior, incluso en tiempos extremadamente difíciles, abordó una amplia y ejemplar legislación social, inspirada en la enseñanza social cristiana. Su comportamiento hizo posible al final del conflicto una transición a un nuevo orden sin guerra civil. A pesar de ello fue desterrado de su patria. Carlos fue enviado al exilio en la isla de Madeira (Portugal). Como él consideraba su misión como un mandato de Dios, no pudo abdicar de su cargo. Por deseo del Papa, que temía el establecimiento del poder comunista en Centroeuropa, Carlos intentó restablecer su autoridad de gobierno en Hungría. Pero dos intentos fracasaron, porque él quería en cualquier caso evitar el estallido de una guerra civil. 
Murió en el exilio en Funchal en la isla de Madeira, de una dolencia pulmonar, con 34 años. Había dicho: "Mi única aspiración ha sido siempre conocer lo más claramente posible en todas las cosas la voluntad de Dios, y realizarla de la manera más perfecta".  Sumergido en la pobreza, vivió con su familia en una casa bastante húmeda. A causa de ello se enfermó de muerte y aceptó la enfermedad como un sacrificio por la paz y la unidad de sus pueblos. Carlos soportó su sufrimiento sin lamento, perdonó a todos los que no le habían ayudado y murió con la mirada dirigida al Santísimo Sacramento. 
Fue beatificado por SS. Juan Pablo II el 3 de octubre de 2004. Su fiesta litúrgica se ha establecido para el 21 de octubre.

Santa LAURA MONTOYA UPEGUÍ. (1874-1949).


Martirologio Romano: En el lugar de Belencito, cerca de Medellín, en Colombia, santa Laura de Santa Catalina de Siena Montoya y Upeguí, virgen, que, con notable suceso, se dedicó a anunciar el Evangelio entre los pueblos indígenas que aún desconocían la fe en Cristo y fundó la Congregación de las Hermanas Misioneras.

Nació en Jericó (Colombia), se llamaba María Laura de Jesús Montoya y Upeguí. Cuando tenía 13 años, su padre fue asesinado, en cruenta guerra fraticida por defender la religión y la patria; sufrió la confiscación de sus bienes por parte de sus enemigos y dejó a su familia en la más estrema pobreza y por esta causa la familia tuvo que separarse; Laura fue a vivir a casa de su abuelo en la finca de la Víbora en Amalfi, y de su madre aprendió a perdonar y a fortalecer su carácter con cristianos sentimientos. La lectura de la Escritura, la llevaron a la oración contemplativa. Creció sin estudios, por las dificultades de su pobreza y la itinerancia de su horfandad. 
En 1886 asistió al colegio del Espíritu Santo en Medellín y en 1889 ingresó en la Normal de Medellín donde alcanzó el título de maestra. Ejerció en varios pueblos de Antioquia, labor que ejerció con éxito y luego finalmente fue directora del colegio de la Inmaculada de Medellín. Quiso ser carmelita, pero abandonó su sueño para ser misionera entre los indios de Colombia. 
En 1914, apoyada por monseñor Maximiliano Crespo, obispo de Santa Fe de Antioquia, fundó la Congregación de las Hermanas Misioneras de María Inmaculada y Santa Catalina de Siena, con el fin de evangelizar a los indígenas y cambió su nombre por el de Laura de Santa Catalina de Siena. Fue una mujer de grandes virtudes, que se dejó llevar siempre por el Espíritu Santo. Llegó a ser una erudita de su tiempo, una pedagoga connotada, escritora castiza, mística profunda por su experiencia de la oración contemplativa. Comprendió la dignidad humana y la vocación divina del indígena. Quiso insertarse en su cultura, vivir como ellos en pobreza, sencillez y humildad de esta manera derribar el muro de discriminación racial que mantenían algunos líderes civiles y religiosos de su tiempo. La solidez de su virtud fue probada y purificada por la incomprensión y el desprecio de los que la rodeaban, por los perjuicios y las acusaciones de algunos prelados de la iglesia que no comprendieron en su momento, aquel estilo de ser "religiosas cabras". Escribió las "Voces Místicas", inspirada en la contemplación de la naturaleza y su “Autobiografía”. Pasó nueve años en silla de ruedas sin dejar su apostolado de palabra y de su pluma. Murió en Medellín, conocida como la "maestra de los indios". Canonizada por SS. Francisco el 12 de mayo de 2013. Es la primera santa colombiana.

OTROS SANTOS DEL DÍA:



Santos Dasio, Zótico y Cayo. M. c. 303. 
Martirologio Romano: En Nicomedia en Bitinia, hoy Turquía, santos Dasio, Zótico y Cayo, que, domésticos de Diocleciano, injustamente acusados del incendio del palacio imperial, fueron condenados a muerte y ahogados en el mar con pesadas piedras atadas al cuello
Es un grupo de 15 soldados martirizados en Nicomedia, durante la persecución de Diocleciano. 

Santa Leticia.  
No existen noticias sobre esta santa, signo de que este nombre no existe, no obstante la tradición quiere que su memoria sea el 21 de Octubre. El 13 de Marzo se cita, en algún calendario una Laetitia, virgen.

San Viator de Lyon. M. 400. 
Martirologio Romano: En Lyon, de la Galia, conmemoración de san Viator, lector, que, discípulo y ministro del obispo Justo de Lyon, siguió a éste en su retiro a Egipto y en su muerte.
Catequista y lector del obispo de Lyon, san Justo. Siempre estuvo al lado de su arzobispo; como un fiel servidor y como un humilde admirador de su maestro. Y esto llegó a tal grado, que un día san Justo quiso retirarse de todos los honores, desapareció de su tierra y se fue al desierto de Egipto. El fiel Viator se fue con él. Los fieles de Lyon sintieron su falta y fueron a buscarlos para hacerlos regresar. No fue posible. Dijeron que no. El emisario lionés se quedó con ellos. Viator murió más tarde que su maestro y sus cuerpos fueron trasladados a Lyon. 

Santa Cilina. M. 458. 
Martirologio Romano: En Laon, ciudad de la Galia, santa Cilina, madre de los santos obispos Principio de Soissons y Remigio de Reims.
Madre de san Remigio, obispo de Reims y san Principio, obispo de Soissons. Era ciega. San Montano, monje también ciego, profetizó que el nacimiento de su hijo san Remigio y le curaría de su ceguera.  

Santa Celina de Meaux. M. d. 480. 
Nació en Meaux, en el seno de una familia de la nobleza; a pesar del ambiente que la rodeaba, deseó consagrarse a Dios. La ocasión de abrazar la vida religiosa se le presentó por un encuentro con santa Genoveva de París, que estaba de paso en su ciudad. Celina, contraria a los deseos de su prometido que deseaba retenerla, se refugió con santa Genoveva en la catedral, cuyas puertas milagrosamente se abrieron y al pasar ellas, se cerraron. Entonces Celina, una vez que tomó el hábito de las vírgenes, se consagró enteramente a las obras de caridad. Sus restos se encuentran en la catedral de Meaux.

San Vendelino. (c.554.-c. 617).  
Martirologio Romano: En Tréveris, de Austrasia, san Vendelino, eremita.
Fue el hijo de un rey escocés; después de una juventud piadosa, en secreto dejó su hogar para unirse a una peregrinación a Roma. A su regreso, se estableció como un ermitaño en Westricht en la diócesis de Trier. Cuando un gran terrateniente lo acusó de su vida improductiva, entró a su servicio como cuidador de ganado. Posteriormente, un milagro obligó a dicho señor a permitirle regresar a su soledad. Entonces Vendelino estableció una compañía de ermitaños, de la cual surgió la Abadía benedictina de Tholey. Fue consagrado abad aproximadamente en 597, de acuerdo a las últimas leyendas. Aparentemente, Tholey fue fundado como un cuerpo colegiado aproximadamente en 630. Es difícil decir que tan confiables son sus últimos biógrafos.
Al rededor de la iglesia que se edificó su tumba se fundó la ciudad de Sankt Wendel, cerca de Tréveris. Su festividad sólo la celebra la diócesis de Trier. 

San Mauronto de Marsella. M. c. 804.
Martirologio Romano: En Marsella, ciudad de la Provenza, en la Galia, san Mauronto, obispo, que fue también abad del monasterio de san Víctor.
Abad de San Víctor en Marsella y, hacia el 767, fue elegido obispo de la ciudad.

San Bertoldo de Parma. (1072-1106). 
Natural de Parma, de padres ingleses; y artesanos muy pobres. A los siete años, trabajaba en el taller de zapatería de su padre, ayudándolo en este trabajo. Pero a los 12 años, Bertoldo abandonó el trabajo para servir al Señor en humildad. Tuvo que vencer la resistencia paterna y se marchó a la iglesia parmesana de San Alejandro, junto a la cual existía un monasterio de benedictinas. 
En la historia de las Ordenes religiosas, Bertoldo está considerado como el precursos de los “conversos” o hermanos legos, conocidos como oblatos regulares que viven en las abadías benedictinas. Ejerció de sacristán de la iglesia y formaba parte de la comunidad y vivió la Regla con gran celo. Fue siempre obediente a sus superiores y vivía a base de penitencias corporales, humildad y serenidad, las monjas lo ponían como modelo a las jóvenes novicias. Con el permiso de su superior fue peregrino en Roma y en Francia donde visitó el hospital de San Antonio Abad, en el que obró, según se cuenta, muchos milagros. Murió todavía joven en Parma mientras oraba. 

San Hilarión de Moglena. 1164. (Iglesia ortodoxa).
Su vida fue escrita por Eutimio Vulgaris (1375-13939). Moglena es una región montañosa de Macedona occidental; está formada esencialente por una cadena de montañas llamadas Neretchka Planina (la Almoplia de la antigüedad). Fue sede episcopal hasta la Edad Media cuyo titular residía en Florina. 
Hilarión después de llevar vida monástica fue nombrado obispo de Moglena. Combatió contra los herejes, especialmente los bogomilios y maniqueos, establecidos en la parte montañosa de su diócesis. Fue honrado como santo especialmente por las iglesias eslavas.

Julián Nakaura Jingoró. Beato. M. 1633. 
Martirologio Romano: En la colina Nishizaka, en Nagasaki, Japón, beato Julián Nakaura Jingoró, presbítero de la Orden de la Compañía de Jesús y mártir, se dedicó a la evangelización en medio de grandes peligros, y luego de una agonía de tres días en el tormento de la fosa, murió confesando su fe.
Sacerdote jesuita, había sido uno de los niños enviados a Roma en 1582, de parte de los "daimyós" cristianos. Es una figura japonesa, símbolo del intercambio cultural entre Oriente y Occidente. Se dedicó a la evangelización en medio de grandes peligros, como misionero oculto, durante muchos años. Le llevaron a la colina Nishizaka, con las manos atadas a la espalda y en compañía de un grupo de misioneros jesuitas y dominicos. Murió en el tormento de la fosa (18-21 de octubre de 1633), confesando su fe, diciendo: "Este gran dolor, por amor de Dios". Tenía 64 años. 
Las autoridades civiles quisieron dar publicidad a los martirios, para atemorizar y conseguir apóstatas entre los cristianos. Por esto, fueron muchos los testigos de los hechos, especialmente portugueses comerciantes (algunos jóvenes nacidos en Nagasaki, que conocían bien el japonés). 
               
San Pedro Yu Tae-ch’Ol. (1826-1839). 
Martirologio Romano: En Seúl, en Corea, san Pedro Yu Tae-ch’Ol, mártir, que a los trece años exhortaba a los compañeros de cárcel a aceptar los tormentos, consumando su martirio al recibir cien azotes y ser estrangulado.
Nació en Ipjeong, cerca de Seúl. Hijo de san Agustín Yu Chin-Gil. Tenía 13 años cuando fue encarcelado en Seúl por los enemigos de la fe cristiana. Durante su estancia en la cárcel no paró de exhortar a los demás presos para soportar las torturas a que fueron sometidos. Padeció también él enormes sufrimientos, y consumó su martirio por estrangulación. Mártir en Seúl. Fue canonizado por san Juan Pablo II el 6 de mayo de 1984.