3 de octubre de 2014

San GERARDO DE BROGNE. M. 959.


Martirologio Romano: En la región de Namur, en Lotaringia, san Gerardo, primer abad del monasterio de Brogne, que él mismo había fundado. Trabajó para instaurar la disciplina monástica en Flandes y Lotaringia, y ayudó a muchos monasterios a recuperar la observancia primitiva.


Nació en el condado de Namur, en el seno de una familia de la aristocracia media terrateniente; fue educado al servicio de las armas; como paje del conde de Namur fue enviado en misión especial a la corte francesa (918). En Francia ingresó en el monasterio benedictino de Saint-Denis. Once años después fue ordenado sacerdote (927) y enviado a Bélgica para fundar una abadía en Brogne dedicada a santos Pedro y Eugenio, algunos biografos dicen que fundó esta abadía siendo todavía laico y por propia iniciativa y con sus propios fondos económicos. Fue abad de esta casa durante 22 años y durante este periodo contribuyó en la expansión de la regla benedictina entre numerosos conventos de Flandes, Lorena y la Champaña; fue célebre por la dulzura de su temperamento. Uno de sus biografos dijo de él: “Fue practicamente el único y el primero de Occidente que, en estos últimos tiempos, haya observado las normas de la vida religiosa”. 
Su reforma monástica se extinguió a su muerte. Permeneció fiel a la idea de “iglesia privada”, y él mismo fue propietario de la iglesia de Brogne, fundada en sus tierras. Esta actitud se explica indudablemente por la educación que recibió en Saint-Denis, monasterio del que rey era el abad. Gerardo se colocó en posiciones más cercanas a san Benito de Aniano y al monacato carolingio que a las de san Odón de Cluny, que también fue contemporáneo suyo. Sus restos desaparecieron de la abadía de Brogne durante la revolución francesa, y durante la Edad Media, su tumba fue lugar de peregrinación. 

Santos EWALDO “el Negro” y EWALDO "el Blanco". M. c. 695.


Martirologio Romano: En Sajonia, en la actual Alemania, dos santos mártires de nombre Ewaldo, el primer conocido como el Negro, el otro como el Blanco: sacerdotes de origen inglés, formados bajo el ejemplo de san Willibrordo y de sus compañeros, pasaron a Sajonia y, cuando comenzaron a predicar a Cristo, fueron capturados por los piratas, sufriendo el martirio

San Willibrordo y sus once compañeros empezaron la evangelización de Frisia en el año 690. Poco después, dos sacerdotes de Nortumbría siguieron el ejemplo de los misioneros y partieron a predicar el Evangelio a los sajones de Westfalia. Ambos habían pasado algún tiempo en Irlanda dedicados a las ciencias sagradas y los dos se llamaban Ewaldo. Para distinguirlos, el pueblo los apodaba "el Blanco" y "el Negro", por el color de sus cabellos. 
El primero era más versado en la Sagrada Escritura, pero ninguno de los dos cedía ante el otro en devoción y celo. Ambos sacerdotes llegaron a Germania hacia el año 694. Ahí conocieron a cierto personaje que se empeñó en presentarles a su señor, porque los misioneros llevaban algunas noticias que podían interesarle. Dicho Señor feudal los alojó en su casa durante varios días. Los misioneros aprovecharon ese retiro para hacer oración, cantar salmos e himnos y celebrar diariamente el Santo Sacrificio.
Al ver los bárbaros la conducta de los dos predicadores, temerosos de que persuadieran a su señor para que renegase de sus dioses y se convirtiese a la nueva religión, decidieron asesinarlos. A Ewaldo el Blanco le degollaron sin más ni más en donde lo encontraron. En cambio, a el Negro le atormentaron largamente con inaudita saña y, antes de matarle, le arrancaron los miembros uno a uno. 
Cuando el señor del lugar se enteró de lo sucedido, montó en cólera porque los bárbaros procedieron por su cuenta y ejecutaron a los monjes sin haberles presentado a su juicio. Como represalia, el señor feudal mandó ejecutar a los culpables e incendió la aldea. Los cuerpos de los mártires habían sido arrojados al rio, pero fueron descubiertos gracias al fulgor que despedían. Un monje inglés, llamado Tilmón, recibió aviso de lo que significaba aquel fulgor sobrenatural y les dio honrosa sepultura. San Beda dice que se trataba del río Rin, pero la tradición sitúa el martirio en Aplerbecke, sobre el Embscher, que es un afluente del Rin en las proximidades de Dortmund. 
El culto de los dos Ewaldo se popularizó inmediatamente. El rey Pipino mandó trasladar las reliquias a la iglesia de San Cuniberto, en Colonia, donde reposan todavía. El Martirologio Romano menciona a los dos Ewaldo, que son patronos de Westfallia. San Norberto consiguió algunas reliquias de estos mártires para los premonstratenses, en 1121 y dichos religiosos celebran la fiesta de estos santos.

San UTO u OTÓN. (c.750 - c.820).


Martirologio Romano: En el monasterio de Metten, en Baviera, beato Uto u Otón, fundador y primer abad.

Nació en Milán y parece que fue bautizado por san Gamelberto, párroco de Michaelsbuch en Baviera, que estaba de paso en Milán durante su peregrinación a la tumba de los Apóstoles en Roma. El beato Gamelberto en su viaje de regreso, como hubiera presagiado la santidad del pequeño Uto, le pidió a sus padres que se lo confiaran, para darle al niño instrucción y formación religiosa. Los padres aceptaron y después de un tiempo, al llegar a la adolescencia, Uto se marchó con su padrino Gamelberto, por quien fue educado en el sacerdocio, sucediéndole después de su muerte (800) en la parroquia de Michaelsbuch, donde se quedó durante muchos años, desarrollando con fervor su ministerio. 
Apenado al ver las malas costumbres del pueblo, que no querían cambiar y para huir de los ecos de la guerra que amenazaban Baviera, deseó vivir en soledad, para lo cual se retiró a un bosque situado en la orilla izquierda del Danubio, estableciéndose  junto a una fuente seca, que según la tradición comenzó a manar prodigiosamente por sus oraciones; fuente que en su honr será llamada “Uttobrunn”. Aquí construyó una pequeña celda, donde vivió en oración y rigurosa penitencia, sin dejar de llevar la palabra de Dios a los vecinos.
La fama de su santidad se difundió por toda la región y Uto fue considerado un hombre de Dios. Parece que Carlomagno, un día mientras cazaba en el bosque, se encontró con Utto, quedando maravillado ante el hecho de que tenía colgada su hacha en un rayo de sol; el emperador le dijo que si tenía algún deseo él se lo cumpliría. Utto le pidió que en aquel lugar fuera construido un monasterio en honor de san Miguel, según la regla benedictina; así en Metten, cercana a Deggendorf en Baviera inferior, surgió en el 792 el monasterio solicitado, el mismo Carlomagno nombró a Uto como su abad. Fundó y dirigió el monasterio benedictino de Metten en Baviera (Flavigny). 
Parece que los monjes de la nueva comunidad llegaron del monasterio de Reichenau, el abad supo ser modelo de padre, cultivando la perfección religiosa. Utto murió en este monasterio y fue sepultado en la iglesia conventual; su tumba pronto fue meta de peregrinos.

Beato AMBROSIO FRANCISCO FERRO y compañeros. M. 1645.


Martirologio Romano: Junto al río Uruaçu, cerca de Natal, en Brasil, beatos Ambrosio Francisco Ferro, presbítero, y compañeros, mártires, que dieron la vida víctimas de la opresión que se desencadenó contra la fe católica

Sus nombres son: Antonio Baracho, Antonio Vilela Cid, Antonio Vilela hijo y su hija, Diego Pereira, Manuel Rodrigues Moura y su esposa, hija de Francisco Dias hijo, Francisco de Bastos, Francisco Mendes Pereira, Juan da Silveira, Juan Lostau Navarro, Juan Martins y siete jóvenes, José do Porto, Mateo Moreira, Simón Correia, Esteban Machado de Miranda y dos hijas suyas, Vicente de Souza Pereira.
Andrés de Soveral, Ambrosio Francisco Ferro y 28 compañeros. Estos son los primeros martirios sucedidos en tierra brasileña. Son los protomártires del Brasil. Son dos martirios sucedidos con unos meses de intervalo, y en el que junto a los fieles seglares parecieron dos animosos párrocos, los presbíteros el jesuita Andres de Soveral y Ambrosio Francisco Ferro, sacerdote diocesano. 
Este doble martirio se sitúa en la pugna de Holanda contra España para apoderarse al menos de una parte del Brasil, sobre todo con miras coloniales y económicas, pero también con la pretensión de imponer el calvinismo. España y Portugal tuvieron el mismo soberano desde 1580 hasta que en 1640 el duque de Braganza se sublevó contra Felipe IV y logró proclamarse rey de Portugal. La enemistad entre Holanda y España repercutió en las tierras brasileñas, y en 1624 llegó la escuadra holandesa al Brasil. En 1640 el nuevo rey de Portugal hizo las paces con Holanda, pero en Brasil se renovaron las hostilidades y la diferente confesión religiosa fue motivo de fuertes discordias y en este ambiente se producirá la persecución religiosa. 
El evangelio había llegado al Río Grande del Norte, en 1597, por parte de los misioneros jesuitas, franciscanos y sacerdotes diocesanos llegados de Portugal. Comenzaron la catequesis de los los indios potiguara, algunas de cuyas tribus eran caníbales. En este ambiente hostil la siembra de los misioneros produjo sus frutos: la creación de comunidades cristianas, pacificación, construcción de capillas... En 1630, los holandeses invadieron aquellas tierras y se hicieron con el poder, y quisieron convertir a los nativos al calvinismo. 
La persecución anticatólica no impidió que los ya católicos siguieran practicando su religión y que funcionase la organización pastoral de la Iglesia. Esta organización constaba de dos parroquias: una, la de Nuestra Señora de la Presentación, en la población de Natal, capital hoy de la diócesis, y otra en el pueblo de Cunhaú, dedicada a Nuestra Señora de la Candelaria. De la primera parroquia era párroco don Ambrosio Francisco Ferro y de la segunda Andrés de Soveral. 
En 1645, hubo una revuelta de campesinos contra los holandeses, hasta que lograron expulsarlos de aquellos territorios, pero la persecución religiosa entre los calvinistas holandeses, ayudados por algunas tribus indígenas, contra las comunidades católicas comenzó de forma atroz.
El 16 de julio de 1645, ocurrió la primera matanza la del beato Andrés Soveral y el segla Domingo Carvalho (Ver) 16 de julio.
La segunda persecución fue el el 3 de octubre de aquel año, los holandeses llegaron al pueblo de Uruçu, la reacción fue la huída. Todos buscaron refugio. Pero fue inútil, pues los holandeses, acompañados de unos 200 indios convertidos al calvinismo lograron localizarlos, juntamente con don Ambrosio Francisco Ferro. Eran hombres, mujeres y niños, parientes entre sí. Comenzó la tortura de los detenidos con gran crueldad y después a su ejecución. A Mateo Moreira, laico, sencillo y profundamente religioso, el arrancaron el corazón y murió exclamando: “Alabado sea el Santísimo Sacramento”. Nos ha quedado el nombre de algunos de de ellos: Antonio Vilela, el joven, y una de sus hijas, José Do Porto, Francisco de Bastos, Diego Pereira, Juan Lostau Navarro, Antonio Vilela Cid, Esteban Machado de Miranda y dos de sus hijas, Vicente de Souza Pereira, Francisco Mendes Pereira, Juan da Silveira, Simón Correia, Antonio Baracho, Juan Martins y siete jóvenes compañeros. Manuela Rodríguez Moura y su esposa; una hija de Francisco Díaz, el joven. Estos últimos todavía no han sido beatificados, sino que están en proceso. 

Del animador del este grupo de hoy es Ambrosio Francisco Ferro: era portugués y había nacido en las Azores. Luego emigró a Brasil y se ordenó sacerdote en la diócesis de Bahía. Había sido nombrado vicario de Río Grande en 1636. Era generoso, muy piadoso y desinteresado. Cuando conoció las matanzas que se perpetraban por parte de los calvinistas holandeses y que no tenían otro propósito que ahuyentar a los portugueses de la región, temió lo peor para sus feligreses y trató de salvar sus vidas. Les alentó a refugiarse en la Fortaleza de los Reyes Magos, llamada luego Castelo de Keulen, que estaba en la aldea cercana al Uruaçú.
Ayudó a construir defensas y empalizadas por si llegaban los perseguidores que habían perpetrado la matanza de Cunhaú y de los que se sabía que seguían haciendo estragos por la región. No quedan datos de su martirio. Parece que fue de los primeros en ser atravesado por una espada, precisamente por ser el sacerdote del grupo y ser conocido por los asesinos.

Beato CRESCENCIO GARCÍA POBO. (1903-1936).


Martirologio Romano: En Madrid, capital de España, beato Crescencio García Pobo, presbítero de los Terciarios Capuchinos de la Virgen de los Dolores y mártir, que derramó su sangre durante la persecución contra la fe.

Nacido en Celadas (Teruel), hijo de Lorenzo y María. Al quedar huérfano de padre es internado en el Asilo de San Nicolás, de los Terciarios Capuchinos. Ingresa en la Congregación y hace sus primeros votos en 1921, ordenado sacerdote en 1928. Es enviado, sucesivamente, a los reformatorios de Santa Rita y Príncipe de Asturias, ambos en Carabanchel Bajo (Madrid) y, en 1935, pasa a la casa de Sograndio en Asturias. De carácter alegre, extrovertido, pero sencillo, humilde, mortificado y buen religioso. Ordenado, metódico, se distinguió por su entrega generosa y sacrificada a su ministerio de reeducación.
A comienzos de julio de 1936 regresa al reformatorio Príncipe de Asturias, de Madrid, donde le sorprende el estallido de la guerra. Asaltada el día 20 la casa religiosa, debe dejarla y se queda en Madrid. Se refugia en casa de Pilar Torres, y se hace pasar por estudiante de medicina. El día 23 es arrestado en la calle e ingresado en la cárcel de Ventas. Se le interroga e invita a renunciar a su fe, a lo que se niega, y recibe malos tratos. Destinado al departamento carcelario, conocido como «de los intelectuales», comparte prisión con Ramiro de Maeztu. Por fin, el 3 de octubre es sacado con otros presos y llevado a Paracuellos de Jarama, donde es fusilado. Fue beatificado el 11 de marzo de 2001 por el papa Juan Pablo II.

Beato JOSÉ MARÍA POYATOS RUIZ. (1914-1936).


Nació en Vilches (Jaén). El padre de José María trabajaba en Obras Públicas. La mayor parte de su vida de niño y joven se desarrolló en Rus, cercano a Úbeda y Baeza y en las inmediaciones de la entonces importante estación ferroviaria de Linares-Baeza. En Rus la familia Poyatos Ruiz abrió una tienda de comestibles para ayudarse en su trabajo; pero el negocio no prosperaba, por los tiempos que corrían y la generosidad de nuestro beato. Por ello marchó a Úbeda para trabajar allí en una fábrica de orujo junto con su hermana María del Castillo. 
Los primeros meses pasaron desapercibidos y vivieron día de paz y tranquilidad; en el trabajo de la fábrica, se distinguió por el cumplimiento de su deber. José María conectó muy rápidamente con la Parroquia de San Nicolás de Bari y allí solicitó pertenecer a la Acción Católica. 
Su condición de aspirante de Acción Católica le llevó, desde el primer momento, a ser testigo de la fe y de Cristo ante sus compañeros de trabajo. Frecuentaba la Iglesia de Santa María, donde pasó a ser miembro de la Adoración Nocturna. Llevó una honda vida religiosa y de piedad, oración profunda y vida interior, contacto íntimo con Dios. Daba la Doctrina Cristian aún a los hijos de sus compañeros de trabajo y también montó una especie de "escuela" para chicos que no podía ir a la oficial. Él ya había abierto un Centro de Acción Católica en Rus. Muy pronto, José María comenzó a sentir una soterrada persecución de parte de algunos compañeros de trabajo en la fábrica misma, a la salida o entrada de ella: la razón claramente era por ser cristiano y no esconderse de serlo.
Intentaron, presionándole, que participara en un comité para pedir aumento de sueldo, él se negó pues quería ser libre y porque la revuelta no le parecía justa. La Fábrica extractora de aceite, cayó en manos de un comité de trabajadores, destituyendo a los dueños y directivos. Todos decidieron despedir a José María, menos el encargado y el personal de oficina; firmando todos en contra de él por tener ideas contrarias a la de ellos y dándole lo que le correspondiera por "despido". 
José María supo del incendio de la Iglesia de Rus y de la detención de su padre y de casi todos los varones de la familia. Todo le hacía sufrir, pero a la vez veía más claro su fin y se preparaba a ello; apenas salía de la casa, leyendo, orando, meditando. Supo también que un grupo de milicianos hacían guardia cerca de la casa con el propósito de disparar contra él nada más que verle salir; así se lo avisó una vecina, después de prometer y jurar no lo dirían a nadie. 
La situación de los hermanos Poyatos se hacía insostenible: sin trabajo, sin ingresos, prácticamente vigilados y el varón casi detenido en casa, la familia expulsada de Rus y o detenida... José María tenía conciencia clara de la proximidad de su martirio. Decía: "En el cielo me uniré a los que me esperan y, desde allí, pediremos y lograremos el triunfo de la fe en España".
El 3 de octubre de 1936 fue detenido y llevado ante la cruz que hay a la entrada del cementerio de Úbeda, allí Los disparos de las armas de los asesinos, milagrosamente, fueron incapaces de cruzar el pecho de José María, quien gritaba: "¡Viva Cristo Rey". Esto dio lugar a una mayor furia en sus verdugos, que con un disparo le rompieron el cuello y lo asesinaron. Fue beatificado el 13 de octubre de 2013 por SS Francisco.

OTROS SANTOS DEL DÍA:



San Dionisio "el Areopagita". M. 95. 
Martirologio Romano: Conmemoración de san Dionisio Areopagita, que se adhirió a Cristo al escuchar al apóstol san Pablo hablando ante el Areópago, y fue primer obispo de Atenas.
Presidente del Areópago de Atenas. Fue convertido por san Pablo en Atenas (At 17,34), y según antiguos escritos fue el primer obispo de Atenas. Se dice que murió quemado vivo en Atenas. Esto es lo que se sabe de cierto, aunque le han atribuido muchos escritos, que han pasado a la historia de la Patrística como “Pseudodionisio”, ya que no se sabe nada seguro. También le han equivocado con san Dionisio, obispo de París, de lo que le viene su popularidad en la Edad Media, y el que se le atribuyera el presunto tratado “De la Jerarquía Celeste” donde los ángeles se reparten en nueve jerarquías o coros. 
Según el relato de Vicente de Beauvais, Dionisio observó en Atenas el eclipse solar que se produjo con la muerte de Cristo. Impresionado por el fenómeno, lo explicó con el advenimiento de un “Dios desconocido” a quien elevó un altar. Según san Juan Damasceno, después de la conversión de Dionisio, éste visitó a María en Jerusalén, e incluso asistió, junto a san Timoteo, primer obispo de Éfeso, en sus últimos momentos, en compañía de los apóstoles. 

Santa Cándidas. II - III. 
Martirologio Romano: En Roma, en el cementerio de Ponciano, en la vía Portuense, santa Cándida.
Formaba pare de un grupo de mártires de la vía Ostiense en Roma, cuyo cuerpo fue trasladado a la iglesia de Santa Práxedes de Roma, por orden del papa san Pascual I. Posiblemente sea la misma santa Cándida que se celebra en Milán como mártir y virgen. 

San Fausto y compañeros. M. 257.  
Mártires en Alejandría
Martirologio Romano: En Alejandría de Egipto, conmemoración de los santos Fausto, Cayo, Pedro, Pablo, Eusebio, Queremón, Lucio y otros dos, los cuales, primero bajo el emperador Decio y después bajo Valeriano, por orden del prefecto Emiliano, muchos sufrieron junto al obispo san Dionisio como confesores de la fe; entre ellos Fausto alcanzó, bajo el emperador Diocleciano, también la palma del martirio
Es un grupo de cristiano de Alejandría de Egipto que fueron exiliados a Libia, durante la persecución de Decio y juzgados de nuevo y martirizados en Alejandría durante el imperio de Valeriano. Eusebio era un diácono, que sobrevivió, fue obispo de Laodicea y murió en el 269. Queremón, que había sufrido durante la persecución de Decio, fue enviado al exilio; de Lucio no se sabe nada. Hay alguna confusión sobre la identidad de algunos de estos mártires.  

San Hesiquio. M. c. 380. 
Martirologio Romano: En Majuma en Palestina, conmemoración de san Hesiquio, monje, que fue discípulo de san Hilarión y su compañero de peregrinaje
Monje que fue discípulo de san Hilarión de Gaza, en Majuma, cerca de Gaza en Palestina. Siguió a su maestro de un eremitorio a otro y cuando san Hilarión huyó a Sicilia, estuvo tres años buscándolo. A la muerte de Hilarión (371) se llevó sus restos a Majuma donde murió después de una larga vida llena de méritos. 

Ruinas de Bagai (Argelia)
San Maximiano de Bagai. M. 404. 
Martirologio Romano: Conmemoración de san Maximiano, obispo de Bagai, en Numidia, que, apaleado repetidas veces por los herejes, fue precipitado desde lo alto de una torre, dejándolo por muerto, pero recogido por unos transeúntes, se recuperó y no dejó de luchar por la fe católica.
Era un donatista africano que se convirtió al catolicismo y fue elegido obispo de Bagai en Numidia, pero como su nombramiento desagradase al pueblo convenció a los padres del concilio de Milevi a aceptar su renuncia. Los donatistas, a los cuales había quitado la basílica de Calvianum, le hirieron gravemente y lo arrojaron de una torre, pero Maximiano se salvó y marchó a Italia, donde obtuvo un decreto de justificación del emperador Honorio.

San Cipriano de Toulon. M. 546. 
Martirologio Romano: En Toulon, en la Provenza, de la Galia, san Cipriano, obispo, discípulo de san Cesáreo de Arlés, que defendió en varios sínodos la fe ortodoxa sobre la gracia, enseñando que nadie puede llegar a lo divino si antes no ha sido llamado por la gracia de Dios.
Primero fue monje en San Víctor en Marsella y después obispo de Toulon (Tolón). Fue un gran adversario del semipelagianismo que defendió en varios sínodos la fe ortodoxa sobre la gracia, enseñando que nadie puede llegar a lo divino si antes no ha sido llamado por la gracia de Dios. San Cesáreo de Arles, su maestro, escribió su biografía. 

San Adalgoto de Chur. Beato. M. 1165. 
Martirologio Romano: En Chur, entre los helvecios, beato Adalgoto, obispo, discípulo de san Bernardo en Claraval, que fue un buen ejemplo de disciplina monástica.
Ingresó en la abadía de Claraval, cuando era abad san Bernardo; en el 1150, fue nombrado abad de los benedictinos de Dissentis y obispo de Coira (Suiza), donde fundó un hospital para los pobres; fue un excelente pastor.  
 
San Francisco de Borja. (1510-1572). 
Martirologio Romano: San Francisco de Borja, presbítero, quien, muerta su mujer, con la que había tenido ocho hijos, ingresó en la Orden de la Compañía de Jesús y, pese a haber abdicado de las dignidades del mundo y rehusado las de la Iglesia, resultó elegido prepósito general, y fue memorable por su austeridad de vida y oración
Falleció en Roma el 30 de septiembre. Su festividad se celebra en España el 3 de octubre y tiene Memoria Litúrgica. (Ver) 30 de Septiembre. MEMORIA FACULTATIVA