13 de octubre de 2014

Beata ALEJANDRINA MARÍA DA COSTA. (1904-1955).


Martirologio Romano: En el poblado de Balasar cercano a Braga en Portugal, beata Alejandrina María da Costa: que se quedó paralítica en todo el cuerpo para huir de las malvadas intenciones de un hombre que quería mancillarla, ofreció todos sus dolores al Señor y por amor de Dios y de los hermanos necesitados en la contemplación de la Eucaristía.  


Nació en Balasar, Oporto (Portugal), en el seno de una familia trabajadora. Después de hacer los estudios primarios en Póvoa do Varzim, volvió a su pueblo y con 12 años se puso a trabajar en el campo, pues tenía una constitución robusta, pero una enfermedad (se piensa que el tifus) estuvo a punto de costarle la vida, pero superó el peligro, pero después de esto su físico quedó marcado para siempre.
En 1918, tres hombres intentaron violarla a ella y a su hermana Deolinda, Alejandrina, para salvar su pureza se tiró de la ventana a una altura de cuatro metros. Las consecuencias fueron terribles. Hasta los 19 años pudo arrastrarse hasta la iglesia, donde, totalmente contrahecha, permanecía gustosa, siendo la admiración de sus vecinos. Después la parálisis fue progresando cada vez más hasta que los dolores fueron terribles, y se quedó completamente paralítica. En 1925 tuvo que guardar cama para no levantarse más en los restantes 30 años de su vida.
Hasta 1928 no dejó de pedirle a María la gracia de la curación con la promesa de hacerse misionera hasta que comprendió que el sufrimiento era su vocación: “Nuestra Señora me ha concedido una gracia aún mayor. Primero la resignación, después la conformidad completa a la voluntad de Dios, y en fin el deseo de sufrir”. En esta época comenzó a recibir los primeros fenómenos místicos, uniéndose a Jesús en los Sagrarios, por medio de María. Fue la lámpara de los sagrarios, y pasaba las noches peregrinando por los sagrarios, ofreciéndose al Padre como víctima por los pecadores, junto con Cristo y sus intenciones. Hizo el voto de hacer siempre lo que fuera más perfecto.
De 1938 a 1942, vivió todos los viernes la pasión de Cristo. “Amar, sufrir, reparar” fue el programa que le indicó Cristo. Su director espiritual el jesuita Mariano Pinho le indicó que escribiera todas sus revelaciones místicas. En 1936, le pidió al Papa que consagrase al mundo al Corazón Inmaculada de María, y en 1942, Pío XII accedió a sus súplicas. Desde 1942 dejó de alimentarse viviendo sólo de la eucaristía. En 1944 su nuevo director espiritual, el salesiano Humperto Pasquale, la animó para que siguiera escribiendo. En este mismo año se inscribió en la Unión de Cooperadores Salesianos. Rezó y sufrió por los cooperadores de todo el mundo. Los últimos años de su vida los pasó aconsejando a todas las personas que iban a visitarla, guiadas por su fama de santidad. Sus restos están enterrados en la parroquia de Balasar, y sobre su tumba se lee su epitafio que ella misma escribió: “¡Pecadores, si las cenizas de mi cuerpo pueden ser útiles para salvaros, acercaos, pasad sobre ellas, pisadlas hasta que desaparezcan. Pero ya no pequéis; no ofendáis más a Jesús!”. Fue beatificada por SS. Juan Pablo II el 25 de abril de 2004. 

San TEÓFILO DE ANTIOQUÍA. (c.120 - c.181).


Martirologio Romano: Conmemoración de san Teófilo, obispo de Antioquía, varón muy erudito, que ocupó esta sede como sexto sucesor de san Pedro y compuso un libro para defender la fe ortodoxa contra el hereje Marción.

Había nacido pagano cerca de los ríos Tigris y el Eufrates en Asiria. Recibió una educación helenística. Se convirtió observando las costumbre de los cristianos, claramente superiores a la de los paganos, y leyendo la Biblia. De su experiencia de convertido y de su conocimiento de la cultura helenística se sirvió para polemizar contra los filósofos paganos de su época y aquellos cristianos helenizantes. Luchó contra las herejías que fueron surgiendo en su época. Fue un apologistas que tuvo como misión la fe cristiana y a la vez ganarse nuevos cristianos. 
Fue elegido sexto obispo de Antioquía en el 169. Como tal fue autor de muchos escritos de los cuales el más conocido este fragmento de la defensa de la fe cristiana “A Autólico”: "Pero si tu me dices: - Muéstrame tu Dios, yo te diré: Muéstrame tu hombre, y yo te mostraré mi Dios. Muéstrame que ven claro los ojos de tu alma, y que entienden bien los oídos de tu corazón... Dios se muestra a aquellos que lo pueden ver, cuando han abierto los ojos del alma. Todos tienen sus ojos, pero alguno los ha velado, incapaces de ver la luz del sol. El hecho es que los ciegos no ven, no demuestran por qué la luz del sol no aparece. Los ciegos se enfadan consigo mismos y con sus ojos. Del mismo modo, muchacho, si tu tienes los ojos del alma velados de tus culpas y de tus malos hábitos, no podrás ver la luz. Como un espejo limpio: así es como el hombre debe ver su propia alma pura. Si el espejo está oxidado, la faz del hombre no aparece sobre la superficie. Del mismo modo, si el hombre es pecador, este hombre no puede contemplar a Dios". 
Fue el primero que utilizó el término “Trias” (Trinidad), y una doctrina del “logos” precozmente elaborada. También escribió “Contra la herejía de Hermógenes” y “Contra Marción”. Es Padre de la Iglesia griega.

San GERALDO DE AURILLAC. (c.856 - 909).


Martirologio Romano: En Cierges, en la región de Auvernia, en la Galia, san Geraldo, que, siendo conde de Aurillac, fue un ejemplo para los demás príncipes por haber vivido como monje con hábito secular, procurando el bien de las regiones que tenía encomendadas.

Nació en el suroeste de Francia en el seno de una familia de la nobleza; su padre era conde. Recibió una educación conforme a las exigencias de la nobleza de su tiempo, pero también, tras unos problemas de salud, una instrucción literaria y religiosa que tendrá gran importancia en su vida. Conde de Aurillac en 875 a la muerte de su padre; llevó una vida virtuosa en un periodo donde esto era muy difícil para una persona de su rango. Pensó en recibir una orden sagrada, pero siguió el consejo del obispo Gozberto de Rodez de permanecer laico llevando una vida humilde y piadosa, casi monástica. Fundó (hacia el 895) la abadía benedictina de San Padro en sus tierras de Aurillac, bajo la autoridad directa de la Santa Sede y para el que obtuvo, en el 899, la inmunidad y protección real y la dotó con gran generosidad. Geraldo destacó por sus peregrinaciones, en particular a San Pedro de Solignac, a San Martín de Tours, a San Marcial de Limoges, pero sobre todo a Roma (siete veces) de donde recogió muchas reliquias para su monasterio. En el 902 se quedó ciego, y llevó una vida cada vez más monástica. Murió en su propiedad de Saint-Cirgues en Quercy, y fue enterrado e la abadía de Aurillac, que tomará su nombre. 
Gerarldo resistió las tentaciones del mundo; luchó contra la injusticia, pero sin atacar a nadie, se puso voluntariamente al servicio de la paz, protegió a la Iglesia y se sometió a la autoridad papal. Es un de los pocos laicos canonizados en el Medioevo. 

Beato GERARDO TUM "el Bienaventurado". (c. 1040 - 1120).


Nació posiblemente en Amalfi, o de acuerdo a otras cuentas en Martigues, en Provenza, mientras que alguna autoridad incluye Chateau d'Avesnes, en Hainaut; nació en el seno de una familia noble. Ya sea como soldado o como comerciante, encontró su camino hacia Jerusalén, donde había existido un hospicio durante algún tiempo para la comodidad de las personas que deseasen visitar los lugares sagrados cristianos. Era guardián de un albergue de peregrinos que iban a visitar el Santo Sepulcro y así decidió fundar la Orden de los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén (hoy Orden de Malta) para asistencia de los enfermos y defensa de los santos lugares. 
Gerardo se hizo cargo de esta se convirtió en una fecha no posterior a 1100, y aquí organizó la Orden religiosa dedicada a San Juan, que recibió el reconocimiento papal de Pascual II en 1113, por la bula “Geraudo institutori ac praeposito Hirosolimitani Xenodochii”. Ésta fue renovada y confirmada por Calixto II poco antes de la muerte de Gerardo en 1120.
Durante el califato de Egipto su obra de misericordia no presentó dificultades. Pero en 1071, cuando la batalla de Macincurt y después la de Jerusalén fue suspendida en Egipto y pasó bajo el dominio de los turcos seleúcidas. 30.000 iglesias (entre ellas la del Santo Sepulcro en Jerusalén) fueron destruidas durante el reinado del califa loco Hakim. Este doloroso estado provocó la I Cruzada, guiada por Godofredo de Bouillon que conquistó Jerusalén en 1099. Gerardo se volcó en dar comida e información a los cruzados. La leyenda narra que arrojaba desde las murallas de la ciudad pan para los cristianos que la asediaban; cuando fue descubierto los panes se transformaron en piedras.
Gerardo poseía un extraordinario talento organizativo: construyó una casa para los peregrinos y la iglesia en honor de San Juan Bautista; gestionó la administración, la acogida, la comida y la asistencia pastoral para muchos peregrinos; se ocupó del cuidado de los enfermos y los indigentes; fue, como entonces se le definió “el Señor de los enfermos". Parece que para este menester reclutó a cruzados, para la defensa de los peregrinos.
El punto de partida de su comunidad parece que fueron las sedes establecidas en Italia y en el sur de Francia, y con el tiempo alcanzaron dimensiones europeas. En 1113 el papa Pascual II colocó el Hospital de Jerusalén bajo la protección de la Santa Sede. Los reyes de Jerusalén, Portugal, Castilla y León ayudaron a Gerardo, y también muchos príncipes y obispos.
Sus indicaciones y su ejemplo constituyeron la base de la primera Regla escrita para la Orden, por Raimundo de Puytra en el 1145 y el 1153. La tradición atribuye a Gerardo la profecía: "Nuestra confraternidad será eterna, porque en el terreno en el cual está plantada ahonda sus raíces, es la miseria del mundo; nuestra confraternidad durará hasta que le plazca a Dios y haya hombres dispuestos y empeñados en reducir esta miseria y hacer más soportable el sufrimiento".

Beata MAGDALENA PANATTIERI. (c.1443 - 1503).


Martirologio Romano: En la localidad de Trino, en el Monferrato, beata Magdalena Panattieri, virgen, hermana de Penitencia de Santo Domingo.

Nació en Trino-Vercellese (Montferrato). Fue Terciaria dominica tomando como modelo a santa Catalina de Siena. En un principio sus obras de caridad fueron, sobre todo, para los niños, pero su profundidad espiritual, en las catequesis que impartía, hicieron que la pequeña ciudad de Trino se convirtiera en lugar de peregrinación de los sacerdotes y gentes que buscaban un consejo espiritual. Intentó las reformas de las costumbres y como Savonarola, fue profeta de las desgracias que iban a suceder en Italia.
Gracias a los esfuerzos de la beata, los dominicos empezaron, a practicar más estrictamente la observancia. El año de 1490, la beata Sebastián Maggi fue de Milán a Vercellese para ratificar ese movimiento de reforma. Por entonces, los dominicos estaban envueltos en un pleito con uno de los miembros del consejo de Milán. El consejero abusó tanto de su poder, que fue excomulgado por Roma. En la terrible confusión que produjo esa sentencia, un joven abofeteó públicamente a Magdalena, la cual le presentó la otra mejilla, cosa que no hizo sino enfurecer más al agresor. Los habitantes de Vercellese vieron una especie de señal del cielo en el hecho de que el violento joven, que se llamaba Bartolomé Perduto, murió trágicamente un año más tarde, y el consejero de Milán falleció también a consecuencia de una terrible enfermedad. La beata lloró esas muertes sinceramente. Según parece, Magdalena profetizó las calamidades e invasiones que iban a abatirse sobre el norte de Italia en el siglo XVI. Los habitantes de Vercellese, que inexplicablemente no sufrieron daño alguno, atribuyeron a la intercesión de la beata ese favor. Sin embargo, en 1639, la población fue cañoneada por los españoles y los napolitanos, y las reliquias de Magdalena fueron destruidas.
Cuando Magdalena comprendió que se aproximaba el momento de su muerte, mandó llamar a todas las terciarias, a las que se unieron muchas otras personas, y les prometió orar por ellas en el cielo, diciendo: "No podría ser feliz en el cielo, si vosotras no estuviérais ahí." La beata entregó apaciblemente el alma a Dios, en tanto que los presentes entonaban el Salmo 30. El Papa León XII confirmó el culto como beata el 26 de septiembre de 1827.

Beato PEDRO ADRIÁN TOULORGE. (1757-1793).


Martirologio Romano: En Coutances, en la región francesa de Manche, beato Pedro Adrián Toulorge, sacerdote premonstratense y mártir, que en los días de la Revolución Francesa dio muestra de su entrega incondicional a Cristo.

Nacido en Muneville-le-Bingard, en la península de Cotentin, en el seno de una familia de propietarios agrícolas. Hacia 1776, le admiten en el seminario mayor de Coutances, regentado por los eudistas. Tras ser ordenado sacerdote en 1782, Pedro Adriano Toulorge es nombrado vicario de Doville, parroquia de seiscientos habitantes cuyo párroco es un canónigo premonstratense. La situación material de ambos sacerdotes les permite vivir modestamente, aunque con decencia. La parroquia cuenta con muchos indigentes, como consecuencia de la guerra de independencia norteamericana, que ha arruinado los oficios del mar. El párroco y su vicario ponen todo de su parte para asistirlos.
Pedro Toulorge acude con frecuencia a la abadía premonstratense de Blanchelande, que se halla muy cerca. Pedro Adriano pide al prior que lo admita en su comunidad; su objetivo es doble: dedicarse al ministerio sacerdotal en el medio rural y practicar la vida comunitaria a fin de hallar un apoyo espiritual. Una vez admitido, realiza el noviciado en la abadía de Beauport, en Bretaña. Hasta junio de 1788 el canónigo Toulorge no regresa a Blanchelande, donde profesa sus votos religiosos. Su ministerio lo ejerce en las parroquias vecinas, en especial mediante la predicación.
En julio de 1790, la Asamblea Nacional promulga la «Constitución Civil del Clero», acto cismático que coloca a la Iglesia de Francia bajo la tutela del poder civil. El 26 de agosto de 1792, cuando la «máquina revolucionaria» avanza inexorablemente, una ley condena a la deportación a todos los eclesiásticos funcionarios que no hayan prestado juramento. En adelante, lo que anima abiertamente a los perseguidores es el odio hacia el sacerdote y la religión. Los «rebeldes» que permanezcan en Francia, o que regresen después de haber emigrado, serán pronto reos de muerte. El clero que se mantiene fiel toma en masa el camino del exilio. El padre Toulorge comete entonces un error de cálculo: se considera afectado por la ley de destierro, cuando ésta sólo concierne a los sacerdotes funcionarios. Solicita sus pasaportes y se embarca el 12 de septiembre rumbo a la isla anglonormanda de Jersey, muy próxima. Allí coincide con más de quinientos sacerdotes de la diócesis de Coutances, llevando durante cinco semanas la existencia precaria de un emigrado sin recursos. No obstante, un compañero de exilio le indica su error sobre el alcance de la ley de destierro. Pedro Adriano, pensando en su país que está desprovisto de sacerdotes fieles, decide entonces regresar cuanto antes, con la esperanza de que su ausencia haya pasado desapercibida. Desembarca clandestinamente en una playa de Cotentin y enseguida se oculta en el monte; desde noviembre de 1792 hasta septiembre de 1793, vive en la clandestinidad desplazándose de un pueblo a otro, disfrazado, para celebrar Misa en casas particulares y administrar los sacramentos. 
El sacerdote es arrestado de inmediato y las pruebas (ornamentos sagrados, cáliz«) requisadas. Dos días después, los acusados son conducidos al directorio del distrito de Carentan para ser juzgados. Con el fin de escapar de la sentencia de muerte decretada contra los «emigrados regresados», Pedro Adriano oculta que ha abandonado Francia. El 22 de septiembre de 1793, Pedro Adriano comparece ante la Comisión administrativa de Coutances, encargada de decidir si debe ser declarado «emigrado regresado». Tras un largo interrogatorio a pesar de su agotamiento físico, reconoce su breve emigración a Jersey. Algunos jueces están incluso dispuestos a responder en lugar del padre a las preguntas del presidente, con objeto de que no tenga un cargo de conciencia; le bastará con guardar silencio. Pero él prefiere morir antes que dejar de decir toda la verdad, incluso ante un tribunal revolucionario.
Un silencio impresionante sigue a la lectura del fallo. Entonces, Pedro Adriano pronuncia las siguientes palabras: «¡Deo gratias! (gracias, Dios mío)« ¡Que se haga la voluntad de Dios y no la mía! ¡Adiós, señores, hasta la Eternidad, si es que son dignos de ella!». El pueblo de Cotentin otorgó al padre Toulorge el título de «mártir de la verdad». Fue beatificado el 29 de abril del 2012 por SS Benedicto XVI.

OTROS SANTOS DEL DÍA:



San Benedicto. M. 304. 
Parece que fue un soldado, quizás de origen friulano, del ejército imperial destacado en Cupra, convertido al cristianismo durante el servicio militar. La tradición dice que fue martirizado en el puente del torrente Menocchia en los alrededores de la antigua ciudad de Cupra, durante la persecución de Diocleciano. Tenía 28 años.
Después del martirio, los cristianos del lugar le dieron sepultura, construyendo un sepulcro escondido, casi como una catacumba al cual acceder sin ser vistos por los paganos. La tumba fue murada con una lápida, que en parte hoy se conserva. Después del edicto de Constantino, sobre la tumba se construyó un oratorio, sobre el que iban a orar mucha gente llamada por su fama taumatúrgica, sobre todo contra las enfermedades de cabeza. El oratorio se convirtió en la iglesia abacial de San Benedicto. Es el patrón de Tronto.

Santos Fausto, Jenaro y Marcial. M. c. 304. 
Martirologio Romano: En Córdoba en Andalucía, España, santos Fausto, Jenaro y Marcial, mártires, que adornaron la ciudad como tres coronas
Parece que eran hermanos. Dicen que eran hijos de un mártir: san Marcelo, centurión romano. Los datos biográficos son muy inciertos. Eran cordobeses, durante el desgobierno en Andalucía de un tirano que se llamaba Eugenio. Fueron educados en la fe cristiana con exquisito fervor. Quizás pasada la adolescencia, se presentaron ante el gobernador para confesar su fe.
-"Somos cristianos de profesión. ¿Qué negocio traes con los inocentes que en nada te han ofendido?
-Sois unos desesperados.
-Si de algo desesperamos es de ti, que estás abandonado de Dios hasta el punto de obligar a sus siervos a que renieguen de El."
 El premio a su confesión fue el potro. Les cortaron las orejas, las narices, las cejas, el labio inferior y les destrozaron los dientes; la tortura la sufrieron juntos. Por fin fueron quemados vivos. Prudencio les llamó "Los tres coronados de Córdoba". 

San Florencio de Tesalónica. M. 312. 
Martirologio Romano: En Tesalónica, ciudad de Macedonia, san Florencio, mártir, que, según la tradición, después de varios tormentos murió quemado vivo.
Mártir en Tesalónica; murió en la hoguera durante la persecución de Maximiano Daia. 

San Lubencio de Kobern. s. IV.
Martirologio Romano: En Kobern, junto al Mosela, en el territorio de Tréveris, san Lubencio, presbítero.

Antigua abadía de S. Martín de Tours
San Venancio de Tours. s. V. 
Martirologio Romano: En Tours, de la Galia Lugdunense, san Venancio, abad, el cual, habiéndose casado en su juventud, al visitar la basílica de san Martín se conmovió ante la vida de los monjes y, con el permiso de su esposa, se juntó a ellos para vivir para Cristo.
En Tours, de la Galia Lugdunense, san Venancio, abad, el cual, habiéndose casado en su juventud, al visitar la basílica de San Martín se conmovió ante la vida de los monjes y, con el permiso de su esposa, se juntó a ellos para vivir para Cristo. 

San Leobono de Salagnac. s. VI/VII.
Martirologio Romano: En Salagnac, en el territorio de Limoges, en Aquitania, san Leobono, eremita.
Vivió como eremita en la región de Salagnac (hoy Grand-Bourg), en la diócesis de Limoges. No se tienen documentos sobre su vida, pero en el Medievo fue objeto de culto en la diócesis de Limoges. Sus reliquias están custodiadas en Grand-Bourg.

San Rómulo de Génova. M. d. 641. 
Martirologio Romano: En Matuta (hoy Sanremo), en la costa de la Liguria, san Rómulo, obispo de Génova, que, lleno de ardor apostólico, murió durante una visita pastoral.
Según la tradición local de San Remo, Rómulo había recibido educación en la tierra de Matuta, fue luego elegido obispo de Génova, y más tarde, para escapar de la invasión de los longobardos, se retiró en estricta penitencia al interior de Matuta, en una zona llamada aun hoy «de san Rómulo», a una gruta llamada Bauma, donde murió, y que se convirtió en lugar de peregrinación. Es recordado por su fe e inconmensurable caridad. Nota característica de su ministerio era la bondad, «parecía más como padre que un señor ... era el padre de los pobres ... verdaderamente competente para acabar con discordias de todo tipo». 
Cuando en el siglo X los sarracenos amenazaron la ciudad, sus restos fueron trasladadas a una nueva sede episcopal llamada Villa Matutiana, que cuando recibió la reliquias, cambió el nombre por el de San Rómulo, y con el tiempo se convirtió en la ciudad de San Remo. 

San Comgano. s. VII. 
Martirologio Romano: En la isla de Iona en Escocia, deposición de san Comgano, abad, que, llegó de Irlanda a esta región junto a su hermana santa Kentigerna, con los hijos de ella y con algunos misioneros
La tradición dice que era un príncipe irlandés, hermano san Kentigerna, hijo del rey Kelly al que sucedió en el gobierno de la provincia de Leinster (el Martirologio Romano, considera que es un varón en lugar de una mujer). Fue atacado por los príncipes limítrofes, derrotado y herido en la batalla, tuvo que huir a Escocia, llevando al exilio a su hermana y su sobrino, el futuro abad san Felán.  
Al llegar a Lochalsh, ante la isla de Skye, Comgan edificó un monasterio del que fue su abad; llevó durante años una vida de ejemplar austeridad y espíritu de penitencia que le honró. Los siete hombres que le siguieron fueron sus primeros monjes. Cuando murió, su sobrino lo enterró en la isla de Iona, donde dedicó una iglesia en su memoria.  

San Simberto de Augsburgo. M. c. 809. 
Martirologio Romano: En Augsburgo, de Baviera, en Germania, san Simberto, obispo, que antes fue abad de Mürbach.
Pretendido sobrino de Carlomagno. Educado en la abadía benedictina de Murbach (Alsacia), de la que fue abad; en el 778, fue elegido obispo de Ausburgo, pero conservó la dirección de Murbach. Fue una personalidad notable en todos los aspectos, pero sobre todo por su obra en rehacer la disciplina y los estudios eclesiásticos. 

Santa Parasceve "la Joven". s. X. 
Santa venerada en los países eslavos con el nombre de Pekta, Parasceve vivió probablemente en el siglo X. Su tierra natal era Epibatai, cerca de Constantinopla. Vivió algún tiempo en un monasterio, pero pronto lo dejó para llevar una vida de eremita. Al cabo de algunos años, tras una revelación, dejó su refugio y regresó a vivir como penitente en Epibatai. 
Los acontecimientos milagrosos verificados tras su muerte, el hallazgo de su cuerpo, que emanaba un delicado perfume, y el subsiguiente traslado de sus reliquias, están en el origen de su culto. Su nombre es de origen griego, significa “preparación”. En la iconografía aparece como mártir, pero es que se la equivoca con santa Parasceve o Veneranda, mártir en Roma. Es muy venerada en Rumanía y Bulgaria.

Santa Quelidonia(c.1077 - 1152). 
Martirologio Romano: Cerca de Subiaco, en el Lacio, santa Quelidona o Celidona, virgen, que, como dice la tradición, durante cincuenta y dos años condujo vida solitaria y austera, dedicada únicamente a Dios.
Natural de Cicoli en los Abruzzos. Hacia el 1092, deseando dedicarse solamente a Dios, abandonó la casa paterna y se retiró a vivir vida eremítica en una gruta de los montes Simbruni, a dos millas de Subiaco. El lugar era conocido como Mora Ferogna, aquí vivió 59 años en soledad, dedicada a la oración y el ayuno, soportando heroicamente las inclemencias del tiempo, durmiendo en el suelo, desafiando la ferocidad de los lobos, comiendo solamente lo que le llevaban los fieles, atraídos por su fama de santidad y sus milagros, y a veces, era alimentada milagrosamente por Dios. Una sola vez interrumpió su soledad y fue entre el 1111 y el 1122, que marchó en peregrinación a Roma.
De regreso a Subiaco, en la basílica de Santa Escolástica, recibió del cardenal Conón, obispo de Palestrina, el hábito benedictino. Retomó su vida eremítica, que no abandonó hasta su muerte; de la gruta apareció una columna luminosa que llegaba hasta el cielo y que fue vista por numerosos testigos. Su cuerpo se encuentra en el monasterio de Santa Escolástica. Patrona principal de Subiaco.