16 de diciembre de 2014

Beato FELIPE SIPHONG ONPHITAK. (1907-1940).


Martirologio Romano: Cerca de la ciudad de Mukdahan, en Tailandia, beato Felipe Siphnog Onphitak, mártir, que, siendo padre de familia, le eligieron presidente de la comunidad al ser expulsado el sacerdote del pueblo Song-Khon y, al iniciarse la persecución contra los cristianos, le llevaron junto al río Tum Nok, donde fue fusilado.

Nació en Nongseng (Tailandia). Cuando conoció el cristianismo se adhirió intensamente y se bautizó. La Providencia quiso que Felipe sea uno de los primeros católicos tailandeses. Estudió en el colegio parroquial de Non Seng y terminados sus estudios secundarios había dado muestras de una adhesión tan fuerte a la fe que en 1929, los misioneros le encargaron de la enseñanza religiosa de la escuela parroquial del pueblo de Phaluka. Fue un ferviente catequista. Luego los misioneros lo enviaron a evangelizar Songkhon. En este pueblo, en 1931, se casó con María Thong y allí también le nacieron sus cinco hijos.
Para 1940 los católicos tailandeses eran ya unos 700 pero lamentablemente estalló la guerra entre Tailandia y la Indochina Francesa y los católicos fueron considerados como amenaza para la identidad nacional, pues eran dirigidos por misioneros franceses. Cuando fueron alejados los misioneros, le fueron confiados los fieles que se quedaban sin pastores. 
Los soldados llegaron a este pueblo en agosto de 1940 y comenzaron a presionar a los creyentes para que abandonaran esta fe “extranjera”. Animados por Felipe y las religiosas Agnese Phila y Lucía Khambang, todos permanecieron firmes en la fe. Los soldados llegaron a la conclusión de que eliminando a Felipe esta comunidad cedería finalmente a las presiones. Con una carta falsificada citaron a Felipe a la subprefectura y la tarde del 15 de diciembre él se trasladó en bicicleta a la supuesta llamada que le hacían, pero fue interceptado por un par de soldados que le esperaban y que al día siguiente, 16 de diciembre, le dispararon sin que él les guardara ningún rencor. De esta forma su sangre fecundó la semilla del Evangelio que empezaba a germinar en este país del Asia. Juan Pablo II los beatificó el 23 de abril de 1989.