16 de julio de 2015

Beatos JUAN SUGAR y ROBERTO GRISSOLD. M. 1604. 


Martirologio Romano: En Warwick en Inglaterra, beatos Juan Sugar, sacerdote, y Roberto Grissold, mártires, que, condenados bajo el rey Jacobo I, uno por haber entrado en Inglaterra como sacerdote, el otro por ayudarle, alcanzaron después de duras torturas la palma del martirio

Juan Sugar nació en Wambourne, en el condado de Stafford, en el seno de una familia acomodada, de religión protestante, y fue educado en Oxford, en el Merton College. Era persona muy religiosa y esto le llevó a hacerse ministro anglicano, ejercitando su ministerio en Cannock, en el mismo condado de Stafford. No se conoce por qué pasos y por medio de qué personas llegó a la religión católica, pero es un hecho que abandonó su ministerio, se hizo católico y marchó a Douai a estudiar, donde fue ordenado sacerdote y enviado en 1601 a la misión inglesa. Trabajó por los condados de Warwick, Stafford, Wigorne, etc. Era un hombre de gran pureza e inocencia, manso y humilde, afanoso en socorrer a los pobres y mostrar con todos una gran caridad.
Fue arrestado en 1603 junto con Roberto Grissold cuando iban de camino a Rowington, en el condado de Warwick, y fueron encarcelados. El juez Kingsmill, lo condenó a muerte por ser sacerdote procedente de un seminario del continente y haber entrado en el reino inglés contra la ley que lo prohibía. Pidió a Dios que perdonase al juez y a todos los que lo habían perseguido y arrestado. Fue ahorcado y descuartizado.

Roberto Grissold nació en Rowington,en el condado de Warwick, hacia el año 1575. Era un católico fervoroso que no tenía reparo en ayudar a los sacerdotes católicos. Fue sorprendido y arrestado cuando acompañaba al padre Juan Sugar. Pudo haber salvado la vida tres veces. Primero, cuando lo arrestaron, porque uno de los que lo arrestaron era su primo Clement Grissold, quien le dijo que si quería siguiera su camino, que no lo arrestaban, pero él dijo que no se iba sin el sacerdote. Pudo también fugarse de la prisión, para lo cual le dejaron adrede la puerta abierta, pero él no quiso irse sin el sacerdote y, además, tenía deseos del martirio, y así se quedó con el sacerdote un año entero en la cárcel. Y su tercera oportunidad fue en el curso del proceso, cuando el juez Kingsmill le preguntó si estaba dispuesto a ir a una iglesia protestante y él respondió que no. Le dijo el juez que entonces iba a ser ahorcado. 
Y volviéndose a los católicos que habían acudido les pidió perseverancia. Llegado al lugar del suplicio, se arrodilló y empezó a orar, y aunque él había sido persona miedosa y hasta se había desvanecido una vez que se hirió, asistió con gran fortaleza moral al descuartizamiento del cuerpo del P. Sugar. Perdonó a sus perseguidores, también al verdugo, y recitó el Confiteor. Lo ahorcaron mientras invocaba el nombre de Jesús. Ambos fueron beatificados por Juan Pablo II el 22 de noviembre de 1987.