16 de julio de 2015

Beatos ANDRÉS DE SOVERAL y DOMINGO CARVALHO. Beatos. M. 1645. 


Martirologio Romano: En la ciudad de Cunhaú en Natal, Brasil, beatos Andrés de Soveral, sacerdote de la Compañía de Jesús, y Domingo Carvalho, que, mientras se celebraba la Misa, fueron encerrados en la iglesia con engaño junto a la multitud de fieles y atrozmente asesinados

El 16 de julio de 1645, los holandeses que ocupaban el nordeste de Brasil, llegaron a Cunhaú, en Río Grande del Norte, donde varios colonos residían en los alrededores del Molino, ocupados en la plantación de la caña de azúcar. Era un domingo. La hora de la misa, 69 personas se reunieron en la capilla Nuestro Señora de Candeias. La capilla fue rodeada e invadida por soldados e indios que eliminaron a todos los que allí estaban, incluyendo al párroco sacerdote Andrés de Soveral que celebraba la misa. Ellos no opusieron resistencia a los agresores y entregando sus almas piadosamente al Creador. 

Andrés de Soveral nació en Sâo Vicente, hoy el Estado de São Paulo, en Brasil, una ciudad muy vinculada al beato José de Anchieta. Andrés estudió en el colegio de los jesuitas: Latín, Teología y Moral y en 1593 ingresó en la Compañía de Jesús de Bahía. Sabiendo muy bien el idioma indígena, estaba a cargo de de la conversión del Indios en los territorios dependientes de la escuela de Pernambuco, en la ciudad de Olinda. 
En 1606 viaja a Río Grande en una misión. Probablemente entre 1607 y 1610 pasó al clero diocesano, regresando a Rio Grande en 1614 ya como sacerdote secular y quedándose esta vez como parroco de Cunhaú, allí fundó la parroquia de Nuestra Señora de la Candelaria. Tenía 73 años cuando fue martirizado mientras celebraba la misa en su iglesia parroquial. 
“La figura del P. Andrés de Soveral, el pastor del pequeño rebaño de Cunhaú, despunta como el gran héroe que, no sólo ofreció su vida por la fe en el momento sublime del sacrificio eucarístico, sino que también exhorto a sus feligreses a que hicieran lo mismo, aceptando voluntariamente el martirio”. Fue martirizado por los calvinistas, junto a su comunidad. 
Además del beato Andrés, Domingo es el único nombre conocido de entre todas las víctimas de la masacre de Cunhaú. Después de la matanza, los asesinos empezaron a hacer fiesta y a robar las pertenencias de los cadáveres. Se dice que en uno de los cuerpos, el de Domingo Carvalho, quien era uno de los principales del lugar, encontraron cierta cantidad de oro que fue distribuido entre en los asesinos.