16 de marzo de 2015

San JUAN DE BRÉBEUF. (1593-1649).


Dios es misericordioso. El que está en gracia de Dios. Admirable

Martirologio Romano: En la región de los hurones, perteneciente entonces al Canadá, pasión de san Juan de Brébeuf, presbítero de la Orden de la Compañía de Jesús, quien, enviado desde Francia a la misión del Hurón, murió por Cristo, después de ingentes trabajos, atormentado con gran crueldad por algunos paganos del lugar. Su memoria, junto con la de los compañeros en el martirio, se celebra el día diecinueve de octubre.

Nació en Condé-sur-Vire, Normandía. Ya con algunos estudios ingresó en la Compañía de Jesús en 1617. Deseaba ser hermano coadjutor pero los superiores lo destinaron al sacerdocio. Fue ordenado sacerdote jesuita en Rouen, y llegó a ser profesor en el colegio que la Compañía tenía en la ciudad y salió de Dieppe en 1625 y enviado al Quebec en el mismo año, donde vivió todo un invierno con una tribu algonquina para aprender su lengua y conocer las costumbres de los indígenas de la región. 
Era un hombre muy grande y era difícil que cupiera en las canoas para viajar entre los hurones, hasta que en 1626 pudo hacerlo y llegó a la aldea hurona de Toanche, que comprendía 15 chozas; durante tres años aprendió la lengua y costumbres (con otro compañero llevó a cabo el descubrimiento de las cataratas del Niágara). Recibió el nombre de: “Echon”. Volvió a Quebec, asedidada por los ingleses. Caída la ciudad, se vio obligado a volver a Francia con los demás compatriotas. En 1628 volvía a Québec llamado por la obediencia y tras la capitulación de los franceses al mando de Champlain vuelve a Francia. Pero la paz de Saint-GermaIn de 1633 le permite volver con los hurones. 
Durante 34 años trabajó entre los indios hurones y en 1637, tuvo el primer bautismo de adultos: Pedro de Tsiouendaentaha, a los dos día otra familia pidió el bautismo. Su trabajo halló muchas dificultades, su vida llegó a estar en peligro, pero la misión de Ossossane, fundada por el P. Brebeuf, florecía en conversiones. No obstante, el misionero sólo deseaba ser sustituido como director de la misma, lo que consiguió en 1638, quedando él bajo obediencia al nuevo superior. Con la llegada de cinco jesuitas, entre ellos Isaac Yogues, la aldea sufrió una epidemia de viruela. Tras romperse una clavícula marcha a Québec para reponerse y con el encargo de procurador de la Misión. Vuelve a ella en 1644, pero al poco tiempo es puesto al frente de la Misión de San Ignacio, que comprendía, además, la aldea de San Luis.
En 1649, mientras estaba en la lejana misión, fue sorprendido por la llegada de los iroqueses (aliados de los ingleses) -éstos lograron exterminar en una guerra de casi 20 años a la etnia de los hurones-. Aquí se encontraba con el P. Lalemant y llevado con los demás a la misión de San Ignacio, donde después de diversas torturas (con parodias del bautismo que había administrado a algunos), murió de un golpe de cuchillo que le arrancó el corazón (para comérselo al objeto de obtener su fuerza vital). Durante el martirio el sacerdote perdonaba a sus verdugos, y con esta oración murió.  Era el 16 de marzo de 1649.
Fue canonizado el 29 de Junio de 1930 por Pío XI, y su memoria litúrgica se celebra, junto con los otros mártires de la evangelización del Canadá, el 19 de octubre.