5 de marzo de 2015

San CONÓN "el Hortelano". M. 250.

Polvo, ceniza. Alto

Martirologio Romano: En Pamfilia, san Conón, mártir, hortelano de profesión, que bajo el emperador Decio fue obligado a correr ante un carro con los pies atravesados por clavos y, cayendo de rodillas, entregó el espíritu mientras oraba.

Originario de Nazaret en Galilea; trabajo como un pobre huertano en Mandona (Carmel) en Panfilia y fue martirizado durante la persecución de Decio. 
Después del martirio de los santos Papías, Diodoro y Claudiano, durante la persecución de Decio, el prefecto Publio fue a la región, se detuvo en las puertas de la ciudad e hizo saber a los habitantes que deberían reunirse a su alrededor. Todo el mundo respondió a la llamada; sin embargo un tal Naódoro, con algunos ancianos de la ciudad pidió ayuda para buscar a los que pudiesen haberse escondido. Se organizó un equipo, al que se unió un tal Orígenes y no tardó en llegar al sitio donde Conon cultivaba su jardín. Después de arrastrarlo a la cola de un caballo lo presentaron al Prefecto, como al único cristiano que habían encontrado. 
El prefecto se dirigió a Conon y le preguntó quién era, de dónde venía y cuál era su familia. A todo esto, Conon respondió sencillamente: -Soy de Nazaret de Galilea. Mi familia es la de Cristo, a quien desde mi infancia reconozco como a supremo Dios. El Prefecto le indicó que apostatara pero nuestro santo hortelano rehusó vehementemente por lo cual fue torturado clavándole clavos en los pies y obligado a que corriera delante de su carro, el anciano, después de una carrera, mientras recitaba los salmos, sintió que las fuerzas le fallaban y todavía agonizante tuvo aliento para exclamar: «¡Señor, recibe mi espíritu!», antes de expirar.