5 de marzo de 2015

San JUAN JOSÉ DE LA CRUZ. (1654-1734).

(Carlos Cayetano Calosirto).

Martirologio Romano: También en Nápoles, san Juan José de la Cruz (Carlos Cayetano) Calosirto, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores, que, siguiendo las huellas de san Pedro de Alcántara, restableció la disciplina de la Regla en muchos conventos de la región napolitana.


Carlo Gaetano nació en la isla de Ischia, frente a Nápoles. Desde muy joven se sintió atraído por la figura de san Francisco de Asís, pero en aquellos tiempos la Orden franciscana no estaba en sus mejores momentos. En 1670 ingresó en los franciscanos alcantarinos, reforma que había iniciado san Pedro de Alcántara. Juan José fue el primer italiano que se adhirió a esta reforma. Fue encargado de construir el convento de Alifas, Campania. Por obediencia fue ordenado sacerdote, ya que se consideraba indigno. Fue maestro de novicios y guardián provincial de Italia, nombrado por el papa Clemente XI, en un principio no quiso aceptar alegando su falta de salud y su incompetencia, pero el nombramiento ya estaba hecho. 
Sus penitencias físicas fueron durísimas, imitando de este modo a su santo reformador: Pedro de Alcántara. Creó eremitorios fuera del monasterio para aquellos que querían vivir con mayor austeridad. A pesar de la estricta observancia de las reglas, puso un especial cuidado en que los novicios tuvieran tiempos regulares de recreo. Entendió, que lejos de ser un lujo, el recreo es una necesidad del espíritu humano. Por su amor a la pobreza llegó a ser llamado "el Padre de los cien remiendos". He aquí algunos de sus pensamientos: "Haced vuestro deber; Dios hará el suyo". "Andad, id, vivid siempre en la presencia de Dios. Aquí está el secreto de la santidad". "Aunque no hubiera cielo ni infierno, amaría a Dios como lo hago". 
Como todo reformador no escapó de las humillaciones, las injurias y las calumnias, por lo tanto fue objeto de toda clase de vejaciones que le hicieron sufrir por y con Cristo. Para hacer frente a la conjura tramada contra él, puso la fe y se defendió con la penitencia y la caridad. Vivió una pobreza extrema e hizo penitencias durísimas como ya había hecho san Pedro de Alcántara. Sufrió de una amplia fenomenología mística. Murió en Nápoles de un ataque de apoplejía. Fue canonizado por SS. Gregorio XVI el 26 de mayo de 1839.