15 de diciembre de 2014

San URBEZ. M. c. 805.


Nació en Burdeos; su padre era pagano y su madre cristiana, al morir su padre, su madre Asteria le enseñó los rudimentos de la fe cristiana. Siendo muy joven, Burdeos fue invadida por bandas procedentes de la península Ibérica. Él y su madre fueron apresados y llevados a la ribera del Sil, y allí sufrieron cautiverio, primero por los salteadores de Burdeos y luego por los musulmanes que habían invadido España. Gracias a la invocación a los santos Justo y Pastor, consiguieron la libertad. Urbez se trasladó a Alcalá de Henares para dar las gracias a los santos, pero se encontró que la ermita que recogía los restos de los santos estaba prácticamente destruída, con lo que recogió las reliquias y las quiso llevar a Burdeos.
Llamado por Dios a una mayor penitencia, cruzó los Pirineos, donde se dice fue pastor de ovejas del valle de Añisclo. Para la vigilancia de sus rebaños, habilitó como refugio y santuario la cueva de Sastral. Años después se trasladó a pastorear al valle del Ara, y allí edificó con sus propias manos una capilla a las afueras del lugar de Albella, donde depositó las reliquias de los santos alcalainos. Esta capilla, restaurada varias veces, es la única que quedó intacta de toda la diócesis de Barbastro durante la guerra civil española, por la oposición de los romeros.
La tradición relata que buscando una mayor contemplativa, ingresó en el cenobio de San Martín de Val de Onsera, donde fue ordenado sacerdote. Predicó en el valle de Nocito, donde dejó una profunda huella de su santidad evangélica. Murió en este lugar y enterrado con las reliquias de Justo y Pastor que nunca se separaron de él. No tenemos noticias fidedignas de su vida.