19 de diciembre de 2014

Beato URBANO V. (1310-1370). Papa de Aviñón. (1362-1370).


Martirologio Romano: En Aviñón, de la Provenza, beato Urbano V, papa, que, siendo monje, fue elevado a la cátedra de Pedro y se preocupó en retornar la Sede Apostólica a la Urbe y de restituir la unidad a la Iglesia.


Se llamaba Guillermo De Grimoald. Hijo de un barón de Roure. Nació en Grisca, diócesis de Mende; sus padrinos de bautismo fueron sus tíos beato Eleazaro de Sabran y su esposa beata Delfina. Fue enviado a estudiar a Montpellier, en cuya universidad estudió Teología; luego pasó a Toulouse, donde encontró en muchos estudiantes un ambiente de libertinaje que no compartió. Perseveró en la piedad y en la oración. Se sentía especialmente atraído por el Derecho canónico, en cuyos estudios profundizó. 
Recibió las ordenes menores y antes de recibir el subdiaconado se hizo monje benedictino en la abadía de Chirac, fue ordenado sacerdote y enviado a París y luego a Aviñón con el fin de recibir el doctorado. Fue llamado a Montpellier como profesor de Derecho y de Teología y fue vicario general del obispo de Clermont. En 1352 fue elegido abad de San Germán de Auxerre, y fue llamado por el papa Inocencio VI, los papas residían en Aviñón, para que fuera legado suyo en diversas misiones diplomáticas, que llevó a cabo con gran dedicación. En 1361 el papa le premió nombrándolo abad de San Víctor en Marsella, sin que dejara su servicios diplomáticos, mandándolo como legado a la corte de Nápoles. 
En el conclave del 1362, en Aviñón, lo eligieron sucesor de Inocencio VI. Puso en orden la curia papal, luchó contra la simonía. Tenía una gran vida interior, austera y humilde. Excomulgó a Bernabé Visconti, señor de Milán, por no levantar el asedio a la ciudad pontificia de Bolonia. Gracias a  las santas Catalina de Siena y Brígida de Suecia, decidió volver a Roma, que lo hizo en el 1367, desembarcando en Corneto, donde le esperaban san Juan Colombini y los jesuatos, fue aclamado por la multitud, entre ellos el poeta Petrarca que le dedicó algunos epígramas. Trazó un plan de restauración de numerosas iglesias de Roma que estaban en estado ruinoso. Mandó restaurar la abadía de Montecasino. Reformó el gobierno de Roma. En 1368 coronó al emperador Carlos V. En 1369 recibió al emperador de Bizancio, Juan Paleólogo, concibiéndose esperanzas para la unión. Las llamadas de Urbano a una cruzada a los príncipes para que ayudaran a Bizancio no tuvieron eco. 
En este tiempo murió el cardenal Albornoz, que había mantenido en paz los Estados Pontificios, su muerte sumió los territorios en un caos, que fueron aprovechados por los cardenales franceses para convencer al Papa para que regresase a la seguridad de Aviñón, y regresó, a pesar de que santa Brígida le amenazó con la ira divina y las súplicas de Petrarca. Su madre decía: "Hijo mío, yo no os comprendo, pero Dios os comprende". Murió en Aviñón a los pocos días de su llegada a causa de unas fiebres. Pío IX confirmó el culto del beato Urbano en 1870.