15 de diciembre de 2014

Beatos PABLO GARCÍA SÁNCHEZ y RAMÓN EIRÍN MAYO. M. 1936.


Pablo García nació en Lérida en 1892. En 1917, entró en la casa salesiana de Huesca y dos años más tarde empezó el noviciado en Carabanchel Alto. Allí profesó como salesiano en 1920. Su primer destino fue Orense, donde estuvo cinco años. El curso 1926-1927 estuvo en Sarriá, y después cuatro años en Gerona. Los dos cursos 1931-1933 los pasó en Orense de nuevo, y los tres últimos de su vida, en Carabanchel Alto. 
Con la comunidad del seminario salesiano de la que formaba parte, corrió todos los riesgos y penalidades, hasta que se instaló en la pensión Vascoleonesa. La abandonó el 25 de septiembre, sin que dejara constancia de su nuevo domicilio ni de la razón de su traslado. 
Denunciado como religioso, allí le detuvieron junto con una religiosa de la Sagrada Familia. A ambos los condujeron a la checa instalada en el palacio episcopal, y los sometieron a severos interrogatorios. Ninguno de los dos negó su condición de religiosos, si bien sólo don Pablo fue asesinado por este motivo. Según pudo deducir la religiosa tras escuchar a un miliciano decir: “Él se encuentra bien; ya no le duele nada”, a don Pablo Gracia lo fusilaron hacia mediados del mes de diciembre de 1936. Se desconoce, no obstante, el lugar y la fecha exacta de su muerte. 

Ramón Eirín nació en La Coruña en 1911. Alumno del colegio salesiano coruñés, en el taller de carpintería, sintió nacer su vocación: al principio aspiraba al sacerdocio; pero pronto comprendió que Dios le quería coadjutor apóstol entre los obreros, según el espíritu de don Bosco. Hizo el noviciado en Mohernando (Guadalajara), donde profesó como salesiano en 1930. Para perfeccionarse en su oficio, fue enviado a San Benigno Canavese (Turín), donde estuvo desde 1932 hasta 1935. Destinado a la casa de Atocha, la persecución truncó al cabo de un año su apostolado entre los alumnos carpinteros, que lo recordarán siempre muy virtuoso y con un espíritu que comunicaba a cuantos le rodeaban. 
El día 19 de julio, cuando los milicianos iniciaron el asalto al colegio, don Ramón saltó por una ventana a la calle y se puso a salvo en el portal de un edificio cercano. Al obligarle los porteros de la casa a marcharse de allí, se dirigió primero a la pensión Vigo, situada en la plaza de Santo Domingo. Luego pasó a otra situada en la calle Antonio Grilo, 6. 
Algún tiempo después, don Ramón se puso a trabajar como enfermero en el asilo de Ancianos Incurables de la calle Atocha. Allí le detuvieron el 15 de diciembre de 1936. Eran las seis de la tarde. Dos desconocidos entraron en el hospital, acompañados de milicianos y se lo llevaron. No se supo más de él. Permanece en la penumbra el lugar de su asesinato y sepultura. Lo más probable es que fuera fusilado en Paracuellos del Jarama y esté enterrado en el cementerio de esa localidad madrileña.