5 de diciembre de 2014

Beato FELIPE RINALDI. (1856-1931).


Martirologio Romano: En Turín, beato Felipe Rinaldi, sacerdote de la Sociedad Salesiana, que trabajó por la difusión de la fe en tierras de misión

Nació en Lu Monferrato (Italia). Hasta los 20 años se dedicó a los trabajos en el campo. Conoció a san Juan Bosco, y decidió hacerse salesiano. Se le nombró director de la casa salesiana de Mathi Torinese, para vocaciones tardías. Se destacó por su bondad y capacidad de formación. San Juan Bosco le recibía tres veces a la semana y así le fue formando. El sucesor de don Bosco, el beato don Miguel Rua, le envió a España, y estuvo en Sarriá donde hizo de este centro el punto clave de la expansión salesiana de España y Portugal; fue Inspector de la provincia de España, y fundó 21 casas. Fue nombrado, a la muerte del beato Miguel Rua, rector mayor de la Sociedad de San Francisco de Sales (o Salesianos), y en este cargo permaneció hasta su muerte. 
En este alto cargo desplegó un celo y una paternidad admirables, subrayando que la verdadera fisonomía de la Obra Salesiana no está tanto en los éxitos exteriores cuanto en la profunda, serena y tranquila vida interior. Tradujo este su concepto dinámico de la espiritualidad y del trabajo en fuerza socialmente eficaz, intercediendo ante Pío XI para que concediese la indulgencia plenaria a la santificación del trabajo. 
Animador de movimientos laicales, animó y dirigió aquel grupo juvenil fervoroso de muchachas que, inspirándose en Don Bosco, se propuso desde 1910 unir los dos ideales de vida consagrada y de apostolado en el mundo para el bien de la juventud. Fue el inicio del "Instituto Secular de las Voluntarias de Don Bosco" (VDB). 
Pero, antes aún, Don Rinaldi atendió con un celo particular al Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, el cual, gracias a sus consejos, creció en vitalidad no menos que la Congregación Salesiana. Esta última aumentó con él, pasando de 4.788 miembros en 404 casas, a 8.836 en 644 casas, en una atmósfera donde "se respiraba más el afecto del padre que la autoridad del Superior". En este su modo de ser y de actuar es comúnmente reconocido el signo más incisivo del rectorado y de la "Santidad" de Don Felipe Rinaldi.
"Es verdad - atestiguó Don Pedro Ricaldone - que muchas veces él tuvo una salud enfermiza; pero fue capaz de conseguir un bien extraordinario. Se preocupó con todo su empeño de la formación del personal con reuniones, visitas y escritos que le hicieron apreciar y amar por todos". Fue un trabajador incansable. De mil modos y durante toda la vida, sin ahorrar fatigas, se dedicó a incrementar entre los obreros y las obreras de toda categoría las formas asociativas y las organizaciones de ahorro que desembocaron siempre en el crecimiento del sindicalismo cristiano y de las obras de previsión social. A todos los salesianos recomendó en particular la asistencia a los emigrados sin distinción de nacionalidad, acentuando en la caridad el máximo universalismo. Murió en Turín lleno de méritos.
Sus extraordinarias virtudes y la fama permanente de santidad que persistió después de su muerte animaron a introducir la causa de beatificación, que llegó a término con SS Juan Pablo II en la ceremonia del 29 de abril de 1990.