12 de noviembre de 2014

San MARGARITO FLORES GARCÍA. (1899-1927).


Martirologio Romano: En la ciudad de Tulimán, en México, san Margarito Flores, presbítero y mártir, que, en la gran persecución contra la Iglesia, por ser sacerdote fue encarcelado y fusilado, obteniendo así la gloria del martirio.


Nació en Taxco de Alarcón (Guerrero-Méjico) en el seno de una familia pobre y campesina. A los 13 años tuvo una grave enfermedad de viruelas negras. Curado, ayudó a su padre en el campo hasta que cogió una pulmonía, trabajando luego en una empresa comercial hasta que volvió otra vez caer gravemente enfermo.
En 1914, ingresó en el seminario de Chilapa y se ayudó económicamente a sus estudios siendo el peluquero de los seminaristas. Fue ordenado sacerdote en 1924. Primero se quedó como profesor del seminario para pasar luego como vicario cooperador de Chilpancingo, donde fomentó la frecuencia de los sacramentos y fundó un colegio católico, que estimó mucho.
Por causa de la persecución, fue trasladado a Tecapulco. Mientras realizaba una visita al párroco de Cocalotenango, llegaron los soldados, y tuvieron que refugiarse en las montañas. Luego cada sacerdote se fue a su casa familiar, pero la de Margarito no quiso recibirlo por miedo.
Finalmente fue acogido por un familiar, y más tarde marchó a Méjico capital, donde, en cuanto pudo ejerció su ministerio. Descubierto fue encarcelado, y aquí pudo ejercer su misión consolando y confesando a numerosos condenados a muerte. Fue dejado libre, y regresó a Chilapa hasta que fue destinado como párroco de Atenango del Río (Guerrero). Estaba fuera de la diócesis cuando supo la muerte del padre san David Uribe y exclamó: "Me hierve el alma, yo también voy a dar la vida por Cristo; voy a pedir permiso al superior y también voy a emprender el vuelo del martirio". Fue nombrado párroco en funciones y antes de llegar a su iglesia fue reconocido y se le envió a Tulimán; se le concedió elegir el sitio de su muerte y él eligió la pared de la iglesia. Llegado ante ella pidió un momento para rezar. Uno de los soldados que iba a fusilarlo se acercó y le pidió perdón. El mártir lo perdonó y lo bendijo. Luego fue fusilado. Durante tres días su cuerpo estuvo tirado en el suelo, finalmente sus restos reposan en la ermita del Señor de Ojeda de su pueblo.