12 de noviembre de 2014

San DIEGO DE ALCALÁ. (1400-1463).


Martirologio Romano: En Alcalá de Henares, en España, san Diego, religioso de la Orden de los Hermanos Menores, que se distinguió tanto en las islas Canarias como en la iglesia de Santa María de Araceli, en Roma, por su humildad y caridad en el cuidado de los enfermos.

Natural de San Nicolás del Puerto (Sevilla). Sus padres eran pobres y le pusieron el nombre de Diego en honor a Santiago, patrón de España. Siendo jovencito se fue a vivir a una ermita, bajo la dirección de un buen sacerdote que le enseñó el camino de la virtud. Vivió de limosna y compartió su dinero con los mendigos. Luego vivió como sacristán, hasta su ingreso en los franciscanos observantes, como hermano cooperador o converso en Arrizafa, cerca de Córdoba, donde ejerció de cocinero y portero, y con 30 años aprendió a leer y escribir. 
Renovando siempre en su vida, la pasión de Cristo, misionó, después del noviciado en la Casa-Grande de Sevilla, en la isla de Fuerteventura, con el cargo de guardián; donde atrajo a muchísimos guanches y los defendió de la rapacidad de los conquistadores, y llegó a fundar un convento franciscano. De nuevo lo trasladaron a la península, y fue al convento de Nuestra Señora de Loreto, cerca de Sevilla donde trabajó como hortelano y cocinero. Al año siguiente, 1450 lo encontramos en Roma: en un capítulo general de la Orden, en la adquisición del Jubileo del 1450, y la canonización de san Bernardino de Siena. Durante la epidemia romana de 1450, a falta de esperanzas humanas, signó, con la cruz, a los enfermos y, con el aceite de la lámpara de la Virgen, y succionó las llagas con su propia boca, provocando con ello el milagro. 
Vuelto a España, fue enviado al convento de Santa María de Jesús de Alcalá de Henares, donde pasó los últimos 13 años de su vida ejerciendo su vida de portero. Fue famoso por su generosidad hacia los pobres y hacia todos los que acudían al convento, produciéndose muchos milagros. Murió con fama de santo y sobre él empezaron a escribirse muchas leyendas que no tienen visos de autenticidad. Felipe II solicitó su canonización, porque un supuesto milagro de fray Diego había curado a su hijo, el príncipe Carlos. Esta tuvo lugar en 1588 por Sixto V. Desde 1969 su culto se ha limitado a los calendarios locales.