12 de noviembre de 2014

San JOSAFAT KUNCEWICZ. (c.1580 - 1623).


Martirologio Romano: Memoria de la pasión de san Josafat (Juan) Kuncewicz, obispo de Polock y mártir, que animó con constante celo a su grey a la unidad católica, cultivó con amorosa devoción el rito eslavo-bizantino y, en Vitebsk en Bielorusia, en aquel tiempo bajo la jurisdicción polaca, cruelmente asaltado por una multitud de personas adversaria a él, murió por la unidad de la Iglesia y por la verdad católica.  


Es el gran apóstol de la unidad entre la Iglesia católica y la ortodoxa. Juan Kuncewycz, nacido de familia de funcionarios y fiel a la ortodoxia en Vladimir o Wolodymyr, Polonia, se convirtió a la Iglesia católica rutena unida. Esta comunidad de cristianos ortodoxos había decidido unirse a Roma, después del sínodo ruteno de Brest-Ltovsk (1595) y que tuvo la aprobación del papa Clemente VIII. Juan entró en el 1604, en el convento de los basilianos de la Santísima Trinidad en Vilna, tomando el nombre de José (Josafat), y con su amigo Rutski (metropolitano más tarde) emprendió la reforma de los basilianos. Josafat se convirtió así en el primer novicio del primer monasterio basiliano unido, fue hegúmeno (superior) y archimandrita. Se dedicó a la predicación para convertir a los hermanos separados, componiendo un libro apologético que recogía sólo textos eslavos para la defensa de la unidad de la Iglesia (1617). Estamos en un contexto en el que tres Iglesias se repartían los países rutenos: los católicos latinos; los cismáticos griegos con sus poderosas confraternidades, que recibían el apoyo de Constantinopla y Moscú, y los católicos de rito uniata griego (mal vistos por muchos polacos, que desdeñaban las largas ceremonias orientales y al clero casado e ignorante). 
Ordenado coadjutor del arzobispo de Pólotsk o Polock y luego sucesor en la sede episcopal (1617), Josafat, que vivía en un país cercano a Moscovia, donde había muchos cismáticos, sintió que su vocación era la de difundir la fe católica entre los rutenos, prodigándose durante diez años de manera incansable, tanto con sínodos y sanciones contra el clero indigno, como con catequesis. Escribió un Catecismo elemental. Por ello suscitó violentas reacciones: primero en la nobleza rutena, suplantada en la nómina de los beneficios eclesiásticos; segundo, en la burguesía, apegada al rito nacional, que temía la introducción de los usos latinos (la nobleza rutena se había pasado al rito latino), y tercero por el pueblo, indiferente a las cuestiones de jurisdicción teórica y refractario a la modificación litúrgica romana, considerada como una traición. A sus 43 años será el hombre más amado y más odiado. El lo conoció y lo proclamó en público: "Quiera Dios que yo dé mi vida por esa unión santa, por el primado de Pedro, y por el Santo Padre, sucesor suyo". La fuerza persuasiva de su vida consiguió grandes conversiones. 
Una trama urdida entre el clero ortodoxo bizantino y la nobleza católica polaca (Polonia necesitaba la ayuda de Constantinopla para luchar contra Suecia y los turcos) decidió que era necesario terminar con la labor misionera de Josafat. Fue bárbaramente asesinado por un grupo de facinerosos en Vitebsk (Bielorrusia), instigados por los nobles y por disidentes griegos, cuando, después de haber asistido a los maitines en la catedral, había vuelto a casa. El cuerpo fue arrojado al río Dvina, con su cilicio lleno de piedras al cuello. Josafat antes de morir les dijo: "Vosotros me odiéis a muerte, pero yo os llevo en el corazón y estaría feliz de morir por vosotros". Josafat fue mal interpretado por sus adversarios, que creían que quería latinizar a los rutenos uniatas, cuando de hecho, conocedor sólo de las lenguas eslavas y no del latín, no quiso jamás renunciar para sí y para sus fieles a las costumbres eslavo-bizantinas y a la religiosidad oriental. Su obra sobre la defensa de la unidad de la Iglesia era la expresión de la justa concepción de la ortodoxia, que no estaba ligada a la cultura latina con preferencia a la griega o eslava. 
Es el primer católico uniata canonizado por la Santa Sede. Fue canonizado en 1867 por Pío IX. Quince años más tarde, León XIII fijó el 14 de noviembre como fecha de la celebración de su fiesta en toda la Iglesia de Occidente, aunque con la última reforma del calendario fue puesta en el 12, que le es más propio. Está enterrado en la basílica de San Pedro de Roma. MEMORIA OBLIGATORIA.