1 de noviembre de 2014

San CESÁREO DE TERRACINA. M. 300.


Martirologio Romano: En Tarracina, en la costa del Lacio, san Cesáreo, mártir.

Junto con Julián. Mártires en Terracina. Su devoción fue muy extendida en el último imperio y en el primer medioevo. No se sabe nada de ellos, sólo que había una iglesia en el Palatino (Roma) dedicada a Cesáreo el Africano. Dicen que Cesáreo era diácono en África, y que fue arrojado en Italia, en un saco al mar junto con el presbítero Julián.  
Según la leyenda, Cesáreo nació en áfrica setemptrional y era hijo de un mercenario y de una mujer patricia, perteneciente a la Gens Julia. Para agradecer al emperador sus favores llamaron al niño Cesáreo. Sus antepasados se habían convertido al cristianismo y Cesáreo, queriendo ser “uno con Jesús” fue consagrado diácono.
Renunció a su herencia y se marchó con sus compañeros a Roma. La nave naufragó en las costas de Terracina. Allí conoció como los desheredados y enfermos eran marginados mientras los nobles gozaban del lujo de la forma más desenfrenada. Decidió cuidar a los enfermos junto a un sacerdote llamado Julián que será su maestro y su mejor amigo, con el que formó la primera comunidad cristiana terranicense. Enterró a las santas vírgenes Domitila, Teodora y Eufrosina, que habían sido quemadas. 
Era costumbre en la ciudad hacer un sacrificio humano a Apolo y nuestros santos decidieron impedirlo. Cesáreo llegó hasta el lugar del sacrificio y habló al pueblo sobre la inutilidad de estos sacrificios. Fueron encarcelados y allí Cesáreo convirtió a los que estaban con él. Fueron torturados y por último ejecutados, lanzádolos por el monte dentro de un saco lleno de piedras.