28 de octubre de 2014

San RODRIGO AGUILAR ALEMÁN. (1875-1927).


Martirologio Romano: En la localidad de Ejutla, en México, san Rodrigo Aguilar, presbítero y mártir, que durante la persecución fue colgado de un árbol por los soldados, alcanzando gloriosamente el martirio que deseaba.

Nació en Sayula (Jalisco). Estudió en el seminario auxiliar de Ciudad Guzmán, y fue ordenado sacerdote en 1903. Sacerdote poeta de fina sensibilidad. Consagró su sacerdocio a la Virgen de Guadalupe. Con todo su corazón imploró: "Señor, daños la gracia de padecer en tu nombre, de sellar nuestra fe con nuestra sangre y coronar nuestro sacerdocio con el martirio; ¡Fiat voluntas tua!". 
Fue enviado como vicario a San Pedro Analco en La Yesca, donde bautizó a muchos indios huicholes. En 1909, fue nombrado coadjutor de Lagos de Moreno, Jalisco, y luego capellán de Las Margaritas en Atotonilco el Alto, capellán de Palomar y Vizarra en Cocula y en 1923, párroco de Sayula.
Hizo una peregrinación a Tierra Santa y escribió un libro con sus experiencias. En 1925 pasó como párroco a Unión de Tula. En 1927 se vio obligado a dejar su parroquia, y como el mismo que lo acogió lo denunció, tuvo que huir, llegando a Ejutla, en cuyo colegio de San Ignacio se refugió y donde clandestinamente siguió ejerciendo su ministerio. 
En este año, asaltaron el convento, mientras él estaba examinando a un seminarista. Todos pudieron huir menos él, un seminarista y varias religiosas. Llevado al seminario intervino en su contra un hombre casado, que había pretendido que Rodrigo lo casara de nuevo, y lo odiaba por su negativa. 
En la madrugada lo llevaron a la plaza del pueblo de Ejutla, para ahorcarlo allí. Él tomó la soga con sus manos y la bendijo y regaló su rosario a uno de los verdugos. Le pusieron la soga al cuello y le preguntaron: “¿Quién vive?” Y él contestó: “Cristo Rey y la Virgen de Guadalupe”. Tiraron de la soga y quedó colgado. Lo bajaron antes de que muriera y le preguntaron lo mismo y repitió lo mismo. Esta tortura se la hicieron tres veces más. Permaneció colgado hasta las 5 de la tarde. Unos amigos lo bajaron y lo enterraron con la soga. Cinco años más tarde sus restos fueron inhumados y llevados a la parroquia de la Unión de Tula. Fue canonizado por san Juan Pablo II el 21 de mayo de 2000.