23 de agosto de 2015

Santa ROSA DE LIMA. (1586-1617).


Martirologio Romano: Santa Rosa, virgen, que, insigne desde la infancia por su ausera sobriedad de vida, vistió en Lima en Perú el hábito de las Hermanas de la Tercera Orden regular de los Predicadores. Dedicada a la penitencia y a la oración y ardiente de celo por la salvación de los pecadores y de las poblaciones indígenas, aspiraba a donar su vida por ellos, alcanzando a imponerse grandes sacrificios, para obtener la salvación de la fe en Cristo. Su muerte sucedió el día siguiente a éste.




Se llamaba Isabel Flores Oliva y nació en Lima en el seno de una familia de españoles. El sobrenombre de "Rosa" se lo dio una criada india (Mariana) cuando vio su rostro (parecido a una rosa). Fue considerada la rosa de Lima, por eso quiso llamarse "Rosa de Santa María". Recibió la confirmación de manos de santo Toribio de Mogrovejo que le cambió su nombre por el de Rosa. Tuvo una educación esmerada, muy superior a las de las mujeres de su tiempo. Hizo voto de virginidad y lo observó con discreción y penitencia, y para huir de las cosas mundanas le pidió permiso a su padre de vestir el hábito franciscano, y lo vistió hasta los 22 años. Un día le hablaron de sus trenzas como riesgo; y las cortó sin vacilar. Otro día le ponderaron la suavidad de sus manos; y prefirió desfigurarlas entre la cal y el mortero de albañilería. En la casa paterna, donde pasó su vida, reprodujo en su cuerpo los sufrimientos de la Pasión. Ella quiso todos los sufrimientos sólo por amor de Cristo, que le dijo: "Oh Rosa de mi corazón, tú eres mi esposa". Su madre no entendió lo que la pasaba y la corrigió duramente mientras vivió.
Deseó ingresar en un convento de clarisas, pero la Virgen María se lo impidió, y la hizo volver a su casa. "Lo que daría yo por anunciar el Evangelio. Iría a través de las ciudades, predicando la penitencia, con los pies descalzos, el crucifijo en la mano y el cuerpo cubierto de un cilicio espantoso. Caminaría durante la noche gritando: abandonad vuestras iniquidades. ¿Hasta cuando seréis como rebaños atolondrados?. Huid de los eternos castigos: pensad que sólo hay un instante entre la vida y el infierno". Recluida en su casa, hizo levantar una choza-ermita en el jardín de su casa, donde pasó grandes horas de oración y soledad.
Allí tendrá que sufrir la penitencia y la paciencia de ver todos los días a un amigo de su hermano, enamorado de ella, que la pretendía en matrimonio con el consentimiento de sus padres. Para vencer la tentación se colocó una corona de espinas debajo de la toca y dormía sobre un lecho de vidrios molidos. En 1610, a sus 24 años, vistió el hábito blanco y negro de las terciarias de santo Domingo ya que no había un convento en Lima de la segunda Orden. Escandalizó a las gentes de su época por sus duras penitencias, y se la tuvo por loca; uno de sus confesores le mitigó las penitencias. Se dedicó a cuidar y atender a los más pobres de Lima e hizo varios milagros; también gozó del don de profecía y tuvo muchas visiones que fueron catalogadas por sus confesores como místicas. Inspiró la fundación de un convento de dominicas en Lima y muchas jóvenes ingresaron por su mediación. Mantuvo coloquios espirituales con san Martín de Porres y con Vicente Bernedo. Los últimos años de su vida sufrió la “noche oscura del alma” pero ella se mantuvo unida a Cristo y a María, para pasar este proceso purificativo.
En su última enfermedad repetía: "Auméntame el dolor: pero, Dios mío, dadme paciencia". Su esposo Jesús la había advertido una noche: "Prepárate, se acercan los esponsales". Expiró repitiendo: "Jesús, Jesús, quédate conmigo", después de una larga y dolorosa enfermedad. Está enterrada en la iglesia de Santo Domingo de Lima. 
El Papa Clemente X la canonizó en 1671. La celebración litúrgica se realiza aun hoy el 30 de agosto en Perú, y es la fecha más tradicional, aunque en el calendario universal se ha trasladado al 23 del mismo mes. Es la primera santa de América. Patrona del Perú, de Lima, de América del Sur y de Filipinas. MEMORIA FACULTATIVA.