13 de agosto de 2015

San JUAN BERCHMANS. (1599-1621).


Martirologio Romano: En Roma, san Juan Berchmans, religioso de la Compañía de Jesús, que, amado por todos por su piedad sincera, la prudente caridad y la alegría incesante, después de una breve enfermedad marchó serenamente al encuentro de la muerte

Nació en Diest de Brabante (Bélgica), en el seno de una modesta familia cristiana. Murió pronto la madre, y al final el padre fue ordenado sacerdote. Nuestro santo inició sus estudios en el seminario de Malinas y, al acabar sus estudios medios, entró, con 17 años, en la Compañía de Jesús donde "apasionado por la gloria de Dios y por Jesucristo, quiere trabajar sin perder la más pequeña parte de su tiempo", y estudió con la intención de ir de misionero a China. Por ingresar en la Compañía, Juan tuvo la oposición de su padre, pero él se mantuvo inflexible. Fue ordenado sacerdote en Malinas. 
Su detalle y control de las más mínima acciones, sobrenaturalizando siempre la intención, se ha hecho cita de ideal perfecto: "Mi mayor penitencia ha de ser la vida común", parece ser que le fastidiaba la vida comunitaria; su mayor penitencia era vivir con otros. Cuando tenía que hacer algo lo hacía con todo el amor del mundo bajo la mirada de la Virgen. "Quiero hacerme santo sin espera alguna; y la devoción a María Santísima es el fundamento de mi vida espiritual. Si amo a María, estoy seguro de mi salvación y de ser fiel a la vocación religiosa". A ella dedicó su “Coronita de las doce estrellas”. Fue conocido por la comunidad, como el “hermano alegre”, siempre dispuesto a ayudar a todo el mundo, y siempre con una sonrisa. 
Pululaban por aquel entonces los errores de Bayo, catedrético de Escritura de Lovaina, quien afirmaba, que María había sido concebida en pecado. Los teólogos san Roberto Belarmino y Francisco de Toledo intervinieron para esclarecer la verdad. Es curioso notar que el gran teólogo español Juan de Lugo, atribuye el movimiento en favor de la Inmaculada a las oraciones de Berchmans. En el último año de su vida Juan se había comprometido, firmando con su propia sangre, a "afirmar y defender dondequiera que se encontrase el dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen María". 
Fue el alumno más brillante del Colegio Romano de Roma, y allí pronunció el discurso y controversia en latín con gran altura y sencillez. Semejante discusión también la hizo en el Colegio Griego, y todos los asistentes quedaron impresionados. Seis días después, al sentirse morir dijo: "Mi mayor consuelo en esta hora es el no haber quebrantado nunca, en mi vida religiosa, regla alguna ni orden de los superiores, a sabiendas y advertidamente; y el de no haber cometido nunca un pecado venial". Una de sus frases más celebres será: "Si no me hago santo ahora que soy joven no lo será nunca". A los cinco años de su noviciado, un resfriado degeneró en una tuberculosis que lo llevará a la muerte en Roma. 
Si bien su causa se inició el mismo año de su muerte, la beatificación de san Juan Berchmans no tuvo lugar hasta el año de 1865 y su canonización en el de 1888 por el papa León XIII.