27 de agosto de 2015

San CESÁREO DE ARLES. (c.470 - 542).


Martirologio Romano: En Arlés, de la Provenza, san Cesáreo, obispo, que, después de haber llevado vida monástica en la isla de Lérins, recibió ese episcopado en contra de sus deseos. Preparó y reunió sermones apropiados para las festividades que los presbíteros debían leer con objeto de instruir al pueblo y escribió también reglas de vida, tanto para hombres como para religiosas, para dirigir la vida monástica.

Nació en territorio de la ciudad de Cabillón (Châlon-sur-Saône), Francia, en el seno de una familia acaudalada de origen galorromano. A los 18 años, pidió a san Silvestre, obispo de la ciudad que lo admitiese en el clero de Châlons, donde que permaneció aproximadamente dos años; a los 20 años se ingresó como monje benedictino en Lerins donde recibió una sólida formación espiritual; su vida hizo que sus cohermanos le eligieran mayordomo o procurador de la comunidad, pero sus penitencias fueron tantas que su salud se resintió y sus superiores lo mandaron a reponerse a Arles. 
En el 449 recibió el cometido de restaurar la disciplina en un monasterio de los alrededores de Arles del que fue nombrado abad y allí recibió el sacerdocio de manos del obispo san Eonio y a los 30 años fue elegido arzobispo de Arles (502), sucediéndo a san Eonio. Fue un gran hombre de iglesia, presidió diversos concilios y particularmente el de Orange (529), en el cual se condenó el semipelagianismo. Su doctrina sobre la gracia es agustiniana. También luchó contra el paganismo residual. Fundó la gran abadía femenina de Aliscamps de Arles, que lleva su nombre; y para aquella comunidad escribió una regla monástica (“Regula sanctarum virginum”); su hermana santa Cesarea fue la abadesa. Anteriormente había escrito “Regula monachorum”, destinada a los monjes. Como síntesis de toda su vida escribió la llamada “Recapitulatio”, documento que nos detalla la organización de la vida religiosa a principios del siglo VI.  
Se preocupó mucho del decoro en las funciones litúrgicas y fue un excelente predicador, de manera que sus homilías  todavía se pueden leer con gran deleite. Fue ante todo un gran moralista. Se enfrentó a los reyes Alarico II y Teodosio. Fue guía de su pueblo en asuntos sociales y políticos, y siempre se demostró digno de su confianza. Durante el periodo de miseria provocado por el asedio de Arles en el 508 vendió los tesoros de su iglesia para socorrer a los pobres. Se dice que ha sido el primer obispo de Europa occidental en recibir el palio del Papa, cuando le pidió al papa san Símaco que fuera confirmada para Arles, la dignidad de sede metropolitana. Se le considera uno de los fundadores de la iglesia de Francia y uno de los Padres de la Iglesia.