9 de agosto de 2015

Beato FRANCISCO JÄGERSTÄTTER. (1907-1943).


Martirologio Romano: En Brandeburgo, Alemania, beato Francisco Jägerstätter, campesino austríaco mártir, que murió guillotinado por negarse, en obediencia al Evangelio, a servir militarmente a un régimen contrario a la dignidad humana.

Nació en la aldea de St. Radegung, Austria, en el seno de una familia de granjeros. Durante su juventud y adolescencia se distinguió por su alegría y vitalidad. A pesar de las tentaciones propias de su edad, permaneció siempre firmemente arraigado a los principios de la fe. En 1936 se casó con Franziska Schwaniger, que le dió tres hijas. Los esposos eran católicos practicantes.
Tras la anexión de Austria por los alemanes, le ofrecieron ser alcalde de su pueblo. Lo rechazó. Fue además el único en su pueblo que votó en contra de la anexión. 
En 1943 fue llamado a cumplir el servicio militar, en pleno conflicto mundial, declaró que como cristiano no podía servir a la ideología nazi y combatir en una guerra injusta (conocía la eutanasia que se aplicaba a los enfermos psíquicos). Su vida y su elección reflejaban un radicalismo evangélico que no admitía réplicas, sino que provocaba e interpelaba.
Ante el terror nazi, ante la oscuridad de las conciencias y el consiguiente olvido de Dios, Franz elevó su voz sin alardes, pero con gran valor, para defender a la Iglesia de la furia anticlerical y para anunciar con su ejemplo el amor al prójimo, hermano en Cristo y no un hermano contra el cual combatir. Consideraba que aquella guerra era “culpa y grave pecado”. Le gustaba repetir: “El que no lee, se convierte en pelota de la opinión de los otros”.
Franz fue procesado por insumisión por un tribunal en Berlín, que lo condenó a muerte. Permaneció detenido en la prisión militar de Linz, desde allí fue trasladado a una cárcel en Brandeburgo. Quienes compartieron con él aquellos meses testimoniaron que soportó la prueba con infinita paciencia, en particular el profundo dolor de la despedida de su esposa e hijas. A su esposa envió una serie de cartas, en las que destaca continuamente su entrañable e inquebrantable amor a la familia, a la Iglesia, a Dios, así como su petición de perdón por todos los sufrimientos que podía haber ocasionado con su decisión de oponerse a la guerra.
Poco antes de ser guillotinado se le administró los sacramentos y se le preguntó si necesitaba algo. Respondió con gran entereza: “Tengo todo, tengo las sagradas Escrituras, no necesito nada”. Fue beatificado el 26 de octubre de 2007 en Linz (Austria) durante el pontificado de SS Benedicto XVI, y en la ceremonia, que convocó cerca de 5000 personas, estuvieron presentes su viuda, Francisca Jägerstätter, y sus tres hijas.