9 de julio de 2015

Santa PAULINA DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS AGONIZANTE. (1865-1942).


Martirologio Romano: En Paulópolis, ciudad de Brasil, santa Paulina del Corazón de Jesús Agonizante (Amábilis) Wisenteiner, virgen, la cual, habiendo venido de Italia al Brasil siendo aún niña, abrazada la vida religiosa fundó la Congregación de Hermanitas de la Inmaculada Concepción, para atender a enfermos y pobres, a los que, pasando muchos trabajos y penalidades, sirvió con gran humildad y en asidua oración.

Se llamaba Amabile Lucia Visintainer. Nació en Vigolo Vattaro (Trento, entonces territorio austriaco), en una familia de agricultores. Sus padres emigraron al Brasil, al poco de su nacimiento; ella no volvió nunca a su tierra de origen. La familia, con otros tridentinos, fundaron la localidad de Vígolo (en el actual municipio de Nueva Trento en el estado de Santa Catarina). 
Amabile fue una muchacha reservada pero de corazón generoso. Al quedarse huérfana de madre, atendió a su familia. A los 25 años comenzó su obra social, cuando encontró tirada en la calle a una enferma de cáncer, que no había encontrado puesto en el hospital. La choza en la que la hospedó fue la cuna del hospital San Virgilio. Conquistó las simpatías y benevolencia de la sociedad civil que la ayudó en su obra de caridad. 
Fundó la Congregación de las Hermanitas de la Inmaculada Concepción, estableciendo su casa madre en Nova Trento, pero dejó esta ciudad al poco tiempo y se estableció en Iparanga, (Sao Paulo) donde cuidó a los huérfanos, hijos de los antiguos esclavos. En 1909 fue destituida de su cargo por decisión del arzobispo de Sao Paulo, que cedió a las presiones de la congregación y de la sociedad local. Paulina, se arrodilló... se humilló... respondió que estaba totalmente dispuesta a entregar la Congregación... se ofreció espontaneamente para servir en la congregación como súbdita.
Durante diez años vivió en una casa muy pobre, dedicándose a los trabajos más humildes. Trabajó con los enfermos de la Santa Casa y con los ancianos del asilo de San Vicente de Paulo en Bragança Paulista, sin poder ocupar ningún otro cargo en su Congregación. Fueron años de oración, trabajo y sufrimiento: haciendo y aceptando todo para que la Congregación siguiera adelante. y “nuestro Señor fuera conocido, amado y adorado por todos en todo el mundo”. En 1918 fue llamada por su sucesora como superiora general a la casa generalicia, donde permaneció hasta su muerte, en una vida retirada, de intensa oración, dedicada a las hermanas enfermas. Murió en Sao Paulo diabética, ciega, con un brazo amputado por efecto de la gangrena producida por un pinchazo de aguja. Fue beatificada por SS Juan Pablo II y canonizada por el mismo Pontífice el 19 de mayo de 2002.