20 de julio de 2015

San JOSÉ MARÍA DÍAZ SANJURJO. (1818-1857).


Martirologio Romano: En la ciudad de Nam Dinh, en Tonquín, san José María Díaz Sanjurjo, obispo, de la Orden de Predicadores y mártir, que durante la persecución ordenada por el emperador Tu Duc fue condenado a muerte en odio a la fe cristiana.

Nació en el lugarejo de Vigo de la parroquia de Santa Eulalia de Suegos (Lugo), en el seno de una familia de labradores modestos. Ingresó en el seminario de Lugo y después, del cierre gubernamental del seminario, estudió en la Universidad de Santiago de Compostela, donde realizó estudio de Teología y Leyes. Durante su época de universitario, en 1842, ingresó en los dominicos de Ocaña, donde tomó el hábito e hizo la profesión. Fue ordenado sacerdote en Cádiz en 1844, cuando fue destinado a las misiones de Filipinas. Antes de partir tuvo que vencer la hostilidad de su padre a que fuera sacerdote y misionero. 
Fue destinado a las misiones del Extremo Oriente, y, como primer destino, Manila. Completó sus estudios en la universidad de Manila, donde ejerció como profesor un año en la Universidad de Santo Tomás de esta ciudad. Llegó a Vietnam en 1845, donde desarrolló su misión en la que tanto había soñado, y obtuvo un gran fruto apostólico. En 1849, fue nombrado obispo coadjutor de san Jerónimo Hermosilla, obispo de Platea, y tres años más tarde quedó al frente del vicariato central, donde siguió con su excelente labor misionera. 
No tardó en recrudecerse la persecución. En 1856 fue encarcelado. Desde allí escribió: “Este pecador, prisionero del Señor, saluda y se despide de todos hasta la gloria. Este cepo y estas cadenas son regalados adornos llevados por Jesús. Mi alma rebosa de alegría, esperando que mi sangre se derrame, y, unida con la de nuestro Redentor que vertió en el Calvario, purifique todas mis iniquidades”. Cargado de cadenas y una pesada canga, de donde pendía un rosario, fue conducido al lugar llamado de las “Siete Yugadas”, donde ya habían muerto cientos de cristianos. Allí fue atado a una estaca, y fue decapitado. El cadáver arrojado al río no pudo recuperarse. Sólo se pudo rescatar la cabeza que fue llevada al convento de Ocaña. Fue canonizado el 19 de junio de 1988 por el papa Juan Pablo II junto con los 117 mártires de Vietnam.