24 de julio de 2015

Beatos LUIS DE SAN MIGUEL DE LOS SANTOS (Luis de Erdoiza y Zamalloa) y tres compañeros. M. 1936.


Junto con Melchor del Espíritu Santo, Santiago de Jesús y Juan de la Virgen del Castellar.

Luis de Erdoiza y Zamalloa (1891-1936) nació en Amorebieta (Vizcaya). En 1905 entró en el aspirantado de los Trinitarios de Algorta; allí vistió el hábito en 1906, y emitió su profesión simple en 1907. Estudió la Filosofía en La Rambla (1907-1908). Siendo de inteligencia despierta, los superiores lo destinaron como conventual a la casa de San Carlino, en Roma. Allí hizo la profesión solemne, en 1910, recibiendo la ordenación sacerdotal en la Archibasílica de Letrán en 1916. En la Pontificia Universidad Gregoriana volvió a cursar Filosofía (1910-1913), también la Teología (1913-1917), y estudió dos años de Derecho canónico en el Angelicum (1917-1919).
Fue destinado al convento de la Orden en Viena (Austria), donde residió entre 1920 y 1925, consiguiendo un dominio perfecto de la lengua alemana. Trabajó con denuedo en el ministerio parroquial, dirigía las funciones de la iglesia y tenía fama de predicar bien. Vuelto a España, estuvo un año en Algorta, y en 1926 fue nombrado maestro de estudiantes coristas del convento de Córdoba. Entre 1929 y 1933 fue superior del convento de Belmonte. En el Capítulo Provincial de 1936 fue elegido Consejero Provincial.
Sus discípulos de Belmonte lo recuerdan como un hombre muy observante de la Regla y Constituciones, que exigía también a los demás su puntual observancia. Era algo rigorista, de carácter exigente, aunque con los enfermos era muy cariñoso y paternal, preocupándose de que no les faltase nada. Se dedicó con gran empeño y frutos a los ministerios de la confesión y del púlpito. Algo exagerado y puntilloso en el cumplimiento de las rúbricas litúrgicas. 
El P. Luis sufrió durante largos años de problemas de salud muy dolorosos, ciática, reúma y varices, que le provocaron varias fuentes en la pierna derecha por las que sangraba. Muchas temporadas no podía salir de la cama. 
Cuando el P. Luis fue detenido en su convento, lo llevaron hasta el Ayuntamiento dándole golpes y puñetazos; él iba con un bastón, porque no podía andar debido a las úlceras de la pierna. Iban pregonando delante de él: «¡Ya ha caído un pájaro! ¡Le vamos a colgar en la farola de la Plaza!». Una vez en la Casa consistorial, los jefes de los milicianos venidos de Vallecas acordaron fusilarle, desnudo, junto a la farola de la Plaza. Mientras duraban las deliberaciones, le golpeaban con las pistolas en la cara y en el cuerpo; el P. Luis permaneció todo el tiempo con los ojos cerrados, «sin hacer un guiño ni quejarse lo más mínimo». Lo llamaban «el fraile gordo». Uno de los milicianos se encaró con él y le dijo: «¿Con que tú eras el que hace unos días nos perseguías a todos en Vallecas con una pistola?» (otros afirman que decía «en Somosierra»); el P. Luis quedó callado. El miliciano insistió: «¿Con que no contestas? Señal que tú fuiste»; al final, el P. Luis respondió: «No fui yo», con voz sumisa, humilde, sin violentarse. Varios hombres del pueblo salieron en su defensa, diciendo a los milicianos que el P. Luis no se había ausentado en aquellos días de Belmonte.

Melchor del Espíritu Santo (Melchor Rodríguez Villastrigo). (1899-1936). Nació en Laguna de Negrillos (León). Hizo el aspirantado en la Orden Trinitaria en Algorta y fue condiscípulo del beato Domingo del Santísimo Sacramento. En 1917 comenzó el noviciado en el Santuario de la Virgen Bien Aparecida, y el año siguiente emitió su profesión simple. Realizó sus estudios de Filosofía (1918-1920) y Teología (1920-1924) en Córdoba, donde hizo su profesión solemne en 1921. La ordenación sacerdotal fue en Valladolid, en 1924. Fue nombrado superior de los conventos de Alcázar de San Juan, en 1933, y de Belmonte en 1936.
En Alcázar fue admirable su dedicación a la enseñanza. Se entregó totalmente a la enseñanza y educación de los alumnos del colegio trinitario. Se dedicó también con esmero a la predicación y ministerio de la penitencia, e introdujo la costumbre de explicar el catecismo los domingos. Era un religioso virtuoso, y como tal fue admirado por el beato don Antonio Martínez, párroco de Santa Quiteria de Alcázar, sacerdote ejemplar y primer mártir del clero alcazareño.

Santiago de Jesús (Santiago Arriaga y Arrien). (1903-1936). Nació en Líbano de Arrieta (Vizcaya), en seno de una familia campesina. Siendo el mayor de los hermanos varones, se le confiaron trabajos de responsabilidad en el campo. Sintió pronto la vocación para la vida religiosa trinitaria. En 1915 fue la entrada en el aspirantado de Algorta; allí quedará hasta 1919, cuando pasó al noviciado, en el Santuario de la Virgen Bien Aparecida, en Cantabria. En 1920 emitió su profesión simple. Estudió Filosofía en Villanueva del Arzobispo (1920-1922) y en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma (1922- 1924); en la misma Universidad cursó la Teología (1924- 1928). Hizo la profesión solemne en San Carlino, en 1924; fue ordenado sacerdote en Roma en 1927. 
Vuelto a España en 1928, fue designado profesor del aspirando de Algorta, donde perduró hasta 1930. Trasladado a Belmonte, fue profesor de filosofía entre 1930 y 1932, y de teología entre 1932 y 1936. En 1932 fue nombrado maestro de estudiantes de Belmonte, nombramiento reiterado por el Capítulo Provincial de 1933. Dicho nombramiento, hecho en la persona de un joven religioso de 29 años de edad, deja ver las dotes extraordinarias del P. Santiago. Sus discípulos lo recuerdan por su carácter agradable, que hermanaba la alegría con la modestia religiosa; tenía mucha paciencia para explicar; era muy activo y trabajador. Tenía una gran voz para el canto.

Juan de la Virgen del Castellar (Juan Francisco Joya y Corralero). (1898-1936). Nació en Villarrubia de Santiago (Toledo). Cuando tenía 16 años se marchó a trabajar a Madrid, a una tienda de combustibles en la calle del Príncipe, cerca de la iglesia de los trinitarios de la calle Echegaray. Frecuentando la iglesia, conoció la Orden y pidió entrar en ella. Fue admitido para hermano cooperador, tomando el hábito en Algorta en 1918; escogió el apellido religioso «de la Virgen del Castellar» por devoción a la Patrona de su pueblo natal. La profesión simple la realizó en 1920. Poco después fue enviado por los superiores a Santiago de Chile, donde emitió la profesión solemne en 1923. De Chile fue trasladado a Buenos Aires (donde destacó como catequista en el Colegio «Madres Argentinas»), y de allí a Roma (convento de San Carlino) donde residió entre 1930 y 1932. Tras un brevísimo período en Madrid, fue enviado a Belmonte, de donde fue conventual hasta su muerte.
Fray Juan era de temperamento jovial y alegre. Fue un buen sacristán, portero y sastre. En Belmonte fundó la Pía Asociación de la Santísima Trinidad (sección de niños) y la Asociación del Niño Jesús. Devotísimo de su patrona, la Virgen del Castellar, compuso y editó una novena que durante muchos años fue practicada por la gente de Villarrubia de Santiago. Llamaba la atención, a quienes le conocieron, que siendo un hombre con poca preparación intelectual, fuera capaz de ser tan buen pedagogo y de tener tantas iniciativas educativas coronadas con el éxito; su bondad, sencillez, alegría e imaginación suplieron en él la falta de estudios. 
En el calabozo de Belmonte, el grupo de religiosos pasaron la noche del 30 de julio orando, y se confesaron entre ellos. En la cárcel de Cuenca se dio por entero a sus compañeros de prisión. Un laico, sobreviviente de dicha cárcel recuerda así al Padre Luis: «Se mezclaba muy familiarmente con nosotros, estando muy atento a todos nosotros, especialmente en los momentos cruciales, cuando, por ejemplo, habían matado a alguien». 

El día 31 de julio, los cuatro religiosos encarcelados fueron llevados en un camión a la cárcel provincial de Cuenca, donde permanecieron hasta el 20 de septiembre, en que fueron «puestos en libertad». Esta «libertad» era en realidad un engaño; bajo apariencia de legalidad, se liberaba a los presos, teniendo todo preparado para que fueran capturados por milicianos armados que podían asesinarlos a su antojo. Los cuatro fueron de nuevo detenidos y llevados al cuartelillo de la «Hacienda Vieja». El 24 de septiembre fueron fusilados a las puertas del cementerio de Cuenca. Allí fueron enterrados, en una fosa común. El 19 de octubre de 1939 fueron identificados sus restos y sepultados en un panteón, dentro del mismo cementerio de Cuenca. El 24 de enero de 1953, gracias a las gestiones del Ministro Provincial de España, P. Andrés de Cristo Rey, los restos de los cuatro mártires fueron exhumados y trasladados a la iglesia conventual de Belmonte. Actualmente se encuentran en la iglesia parroquial de San Juan de Mata, en Alcorcón (Madrid), regentada por los padres trinitarios.