6 de julio de 2015

Beata NAZARIA IGNACIA MARCH MESA. (1889-1943).


Martirologio Romano: En Buenos Aires, en Argentina, beata Nazaria de Santa Teresa March Mesa, virgen, nacida en España y emigrante con su familia a México, la cual, llena de celo misionero, consagró su vida a la evangelización de los pobres y necesitados en varias naciones de América latina y fundó el Instituto de las Misioneras Cruzadas de la Iglesia.

Nació en Madrid, en el seno de una familia cristiana de la alta sociedad. Durante su primera comunión, sintió la llamada del Señor que la invitaba a seguirlo. Vivió interna en el colegio de las Comendadoras del Espíritu Santo, de Sevilla. Durante su adolescencia y juventud, quiso ser “misionero jesuita”, “mi sueño era el sacerdocio”, repetía. En el colegio fundó entre sus compañeras una congregación misionera, “las misioneras ocultas”. En Sevilla probó la pobreza y escuchó la profecía del padre Tarín y de la madre Angelita sobre su futuro como fundadora.
La familia se trasladó en 1906 a Méjico, y a los 18 años, Nazaria, a los pies de la Virgen de Guadalupe ingresó en el Instituto de las Hermanas de los Ancianos Desamparados; para hacer su noviciado tuvo que regresar a España. Con 23 años, fue destinada con otras compañeras a Oruro, Bolivia; aquí sintió que su espíritu misionero tenía que estar “al pie de la calle”, y con las licencias debidas, inició la fundación  de un instituto misionero: La Cruzada Pontificia. Se dedicaron a la catequesis, a recorrer los campos rurales, minas y ciudades, predicando y abriendo comedores para los desocupados y orfanatos para niños. Trabajó para la formación integral de la mujer, fundó el primer sindicato femenino. “Comprendí que los pobres eran la herencia que el Señor me daba”. La fundación se convirtió en la Congregación de las Religiosas Misioneras Cruzadas de la Iglesia, y las Misioneras Seglares de la Iglesia que pronto se expandieron por Argentina, Uruguay y España. 
Volvió a España, pero estuvo a punto de morir fusilada durante la guerra civil. Una intervención de una novicia y una contraorden le salvaron la vida. Tras peregrinar de embajada en embajada consiguió salir de España y volver a América, pero no sería la última vez que estaría en Europa, pues surcó varias veces el Atlántico. Murió en Buenos Aires, aunque sus restos reposan, por deseo suyo en Oruro, Bolivia. Ha sido calificada por algunos teólogos como “madre conciliar” o “profeta de la nueva evangelización”. Fue beatificada por SS. Juan Pablo II en Roma, el 27 de Septiembre de 1992.