23 de julio de 2015

Beatas MARÍA DE MONTSERRAT GARCÍA SOLANAS, LUCRECIA GARCÍA SOLANAS y 8 compañeras. M. 1936.



Martirologio Romano: En Barcelona, España, beatas María de Montserrat, (en el siglo Josefa Pilar García y Solanas), y 8 compañeras religiosas profesas del Instituto de las Mínimas Descalzas de San Francisco de Paula, junto a la seglar Lucrecia García y Solanas (laica, viuda y hermana de Sor María de Montserrat), asesinadas por odio a la fe.


Josefa Pilar García Solanas, nació en Aniñón, (Zaragoza) en 1872. A la edad de 27 años ingresó en al convento de Monjas Mínimas de Barcelona, donde tomó el nombre de María de Montserrat y profesa de votos solemnes en noviembre de 1899. 
Según el testimonio que de ella se da en su proceso de beatificación: “Era una monja muy edificante que sobresalía en la humildad, muy puntual a todos los actos de la comunidad, caritativa con todos, y muy amante de la Virgen”. Era la superiora de la comunidad de Barcelona.
Raimunda Ors Torrents nació en Centellas, diócesis de Vic, (Barcelona) en el seno de una familia de labriegos en 1862. A los 22 años de edad ingresó en el convento de Monjas Mínimas de Barcelona y tomó el nombre de Margarita de Alacoque de San Ramón. En abril de 1887 hizo su profesión solemne.
El Señor la dotó de una inteligencia extraordinaria que ocultaba con su gran humildad y sencillez. Según testimonios: “sobresalía en todas las virtudes, sumamente obediente, caritativa, se consideraba la última de todas. Asidua en la lectura de la Sagrada Escritura. En su juventud tuvo el ejemplo y el consejo de la Sierva de Dios Carmen de Sojo porque trabajó en su casa”. Era la bibliotecaria y la portera, y se dice que, en una época en la que las religiosas casi no leían la Biblia, ella estaba tan versada en las Sagradas Escritura, que cuando los sacerdotes iban al locutorio del convento le decían: “Usted, más que una monja, es un monje: tiene la sabiduría de un fraile”. Tenía 74 años de edad y 49 de vida religiosa cuando fue martirizada; era la más anciana de toda la comunidad.
Dolores Vilaseca Gallego, nació en Piera, diócesis de Barcelona, en el seno de una familia de campesinos en 1871. Ingresó en el convento de Monjas Mínimas de Barcelona como monja de coro. Sus padres sufrieron mucho con su marcha ya que era hija única. Tomó el nombre de sor María de la Asunción y profesó de votos solemnes en enero de 1893. Según testimonios: "Era muy sencilla y destacaba de  manera especial en la mansedumbre”.
Desempeñó el oficio de maestra de novicias. Junto con la beata Madre Margarita de Alacoque, fue una de las hermanas que tramitó el traslado al convento de Horta, donde sirvió a la comunidad como Superiora del 1889 al 90, del 1922 al 25 y del 1931 al 35 desde su humildad y servicio incondicional. Tenía 65 años de edad y 43 de vida religiosa cuando fue martirizada. 
Mercedes Mestre Trinché nació en Barcelona en el seno de una familia de panaderos en 1889. A los ocho años perdió a sus padres y tuvo que ingresar en el orfanato, donde permaneció hasta los 26 años. Con esta edad ingresó en el convento de Monjas Mínimas de Barcelona donde fue admitida como monja de coro. Cambió su nombre por el de sor María de las Mercedes. Profesó de votos solemnes el 5 de octubre de 1920. 
Alma de profunda vida interior, deseaba gastar su vida por la gloria de Dios y el bien de sus hermanas. Se entregaba al trabajo con espíritu alegre y actitud de humilde servicio. Quienes la conocieron atestiguan de ella que fue siempre muy humilde y trabajadora, asidua a la adoración eucarística y de notable piedad mariana. Estaba encargada del torno del convento por su frágil salud. Fue premiada con el martirio a los 47 años de edad y 20 de vida religiosa. Cuando le hicieron la autopsia al cadáver se reveló que pudo ser forzada a juzgar por las lesiones encontradas. 
Vicenta Jordá Martí nació en Zorita (Castellón) en el seno de una familia de campesinos en 1899. Ingresó a los 22 años en el convento de Monjas Mínimas de Barcelona, tomando el nombre de María de Jesús. En 1924 emitió los votos solemnes, pero tuvo que repetirlos en 1935 a causa de un defecto de forma. 
Según varios testimonios: “Sobresalía de una manera especial en el recogimiento, siendo muy amante del silencio y vida interior. Su refugio era la oración. Manifestó que se había “ofrecido totalmente al Señor” A su lado todos se encontraban a gusto. En la comunidad tenía fama de santidad". Ayudaba mucho a la religiosa profesa con votos temporales que tenía como ayudante y que no tenía tanta iniciativa.
Cuando en julio de 1936 tuvieron que abandonar el convento y refugiarse en otro lugar, parece que refirió a la Madre Consuelo que tenía miedo de poner en peligro su virginidad pero no del martirio. Pero después que su hermana en religión la animó, se puso en oración y, un momento después, le dijo: “He dado todo al Señor, que haga de mi lo que quiera; estoy completamente confiada en Dios”. 
Cuando el 23 de julio la torre en la que se habían escondido fue asaltada por los milicianos, nuestra beata se escondió en un lugar apartado para orar y cuando fue descubierta, se entregó voluntariamente. Fue martirizada a la edad de 37 años y 15 de vida religiosa. Era la más joven del grupo y de la autopsia del cadáver se supo que no había sido violada.
Josefa Panyella Doménech nació en San Andrés de la Barca (Barcelona) en el seno de una familia de campesinos en 1865. A los 21 años ingresó en el convento de Monjas Mínimas de Barcelona como Hermana lega y tomó el nombre de Josefa del Purísimo Corazón de María. En noviembre de 1887 hizo su profesión de votos solemnes.
Su lema era “sonreír siempre”. Tenía una gran inclinación para el canto y como era anciana se ocupaba de recoger las hojas del jardín, aunque siempre estaba disponible para ayudar a las otras monjas especialmente en la cocina. Un testimonio dice: “como era anciana, ibamos todas hacia ella. Nos hablaba en catalán y no la entendíamos, pero, solamente con su sonrisa y su humildad, era un gran ejemplo para nosotras”. Fue martirizada a los 71 años de edad y 49 de vida religiosa. 
María Montserrat Ors Molist, nació en San Martín de Centellas (Barcelona) y diócesis de Vic en el seno de una familia de trabajadores en 1890. Ingresó en el convento de la Mínimas de Barcelona a los 24 años de edad como hermana lega,. Su padre la animó a seguir su vocación religiosa y tuvo que consolar a su madre que se quedó muy apenada. 
Hizo su profesión solemne el 8 de octubre de 1919 y tomó el nombre de María de San Enrique. Muy amante de meditar en la Pasión de Jesús, tenía gran sed de sacrificios, y cumplía su deber con alegría y generosidad. Era la cocinera de la comunidad y como tal buscó siempre el bienestar de sus cohermanas.
Tenía 46 años de edad y 17 de vida religiosa, cuando fue martirizada, en la granja de la Rabasada (Barcelona) durante la guerra civil española y su consiguiente persecución religiosa. La autopsia de su cadáver demostró que probablemente fue violada, a juzgar por las lesiones que presentaba.
Teresa Rius Casas, nació en San Martín de Provençals (Barcelona) en 1875. Ingresó a los 24 años en el convento de Monjas Mínimas de Barcelona como Hermana lega ya que a duras penas sabía leer. Un año después emitió sus votos solemnes y tomó el nombre de sor Trinidad.
Poseía el don de la contemplación y una gran alegría, sencillez y humildad de corazón. Todos los ratos libres los pasaba con Jesús presente y vivo en el Sagrario. En su trabajo como enfermera, cuidaba con mucho cariño a los enfermos. Un hermana confirmó: “Cuando le conocí era muy humilde, alegre y de gran carácter”.
Cuando estalló la guerra civil, tuvo que abandonar el convento junto con ocho cohermanas y Lucrecia García Solanas, y se refugió en un edificio cercano, Torre Arnau. El 23 de julio de 1936, algunos milicianos, informados por el portero del convento, asaltaron el edificio buscando diez monjas. Entraron en el comedor, y allí vieron nueve religiosas rezando el Rosario y preguntaron por la madre superiora, con el fin de apropiarse de los valores del convento. Todas las presente fueron metidas en un camión, y después de hacerlas bajar, fueron torturadas y asesinadas. Tenía 61 años y 31 de vida religiosa.
Ana Ballesta Gelmá, nació en Barcelona en el seno de una familia de jornaleros en 1895. Al morir sus padres, siendo niña, tuvo que ingresar en el orfanato hasta 1916. Ingresó en el convento de Monjas Mínimas de Barcelona a los 20 años como Hermana lega y tomando el nombre de Filomena de San Francisco de Paula, y en noviembre de 1920 emitía los votos solemnes.
Junto con sor María de San Enrique ejercía el oficio de cocinera de la comunidad. Era muy observante de la Santa Regla y muy caritativa. Destacaba por su vida de penitencia y oración constante. Fue martirizada a los 41 años de edad y 19 de vida religiosa.

Lucrecia García Solanas nació en Aniñón (Zaragoza) en 1866. Hermana de la beata Madre María de Montserrat García y Solanas. En 1910 se casó con José Gaudí Negre, el cual murió en 1926; parece que no tuvieron hijos. Había decido vivir en el convento de su hermana haciendo los servicios externos, cuando se quedó viuda y sin hijos. Vivía con ellas desde hacía más de 10 años, en una casa fuera del convento y hacía de intermediaria entre el monasterio y el mundo externo.
Estaba siempre a disposición de las monjas. También se le concedió que participase en la oración comunitaria. Cuando estalló la guerra civil en 1936, y las monjas tuvieron que abandonar el convento y refugiarse en un edificio cercano, Torre Arnau, se le ofreció la posibilidad de refugiarse entre algunos parientes de Barcelona, a lo cual se negó para no abandonar a su hermana y el resto de la comunidad.

Era el 19 de julio de 1936 cuando, a las 9 de la mañana, una mujer llegó corriendo al monasterio para avisar a las religiosas para que escaparan. Los responsables de la persecución anticatólica habían comenzado a quemar las iglesias de Barcelona y posiblemente harían lo mismo con su convento. La madre superiora, que hasta entonces, a pesar de la violencia, no había querido dejar el convento, le dijo a las monjas de vestirse de civil. Las hizo salir y las escondió en una casa de campo cercana, perteneciente al amo de aquel terreno. De allí saldrían para buscar refugios mejores. Desde el sótano donde estaban escondidas, sentían el rumor de los milicianos que, con la ayuda de perros, buscaban sus víctimas.
El 21 de julio, un grupo armado entró en el monasterio, rompiendo el portón con dinamita. Entraron el la iglesia adyacente, la profanaron y la quemaron. Después de ir al monasterio para saquearlo, profanaron los cuerpos de dos monjas que habían muerto pocos meses antes, y los dejaron expuestos a la mofa pública. El 22 de julio, el grupo de monjas refugiadas aumentó por el regreso a algunas de ellas que no podían permanecer en sus casas, pero al día siguiente el portero del convento, que conocía su escondite, las traicionó. Los milicianos las encontraron en la casa de campo rezando el rosario. Preguntaron por la madre superiora para interrogarla sobre las riquezas que esperaban encontrar en el monasterio. La abadesa dio un paso adelante y ofreció su vida a cambio de las de sus cohermanas. Les dijo a los milicianos, que su hermana Lucrecia era una laica, pero ellos no la escucharon y querían saber donde estaban las otras monjas. Las encontraron en el sótano, de rodillas en oración. Todas las mujeres fueron arrestadas y para ellas comenzó el calvario.
Los republicanos insultaron a las religiosas, les pusieron sus rosarios al cuello e insultándolas las pusieron en fila mientras las paseaban por la carretera. Se salvó sólo una de ellas, hermana de un anarquista famoso. Las otras, según testimonio ocular de Amparo Bosch Vilanova: “Las pusieron en fila como si fueran a comulgar, las han llevado por la carretera donde había un camión y allí las arrojaron como sacos de patatas, con una violencia tal como para romperles los huesos”. El camión se dirigió a San Andrés, donde las mujeres, después de ser torturadas, fueron ejecutadas. Testigos han contado que hacía las siete de la tarde de aquel día oyeron disparos. Los cuerpos de las monjas fueron encontrados apiñados. En total eran diez, nueve religiosas y una laica. Tenían heridas de arma blanca en el pecho y en las partes íntimas, con los vestidos arrancados y agujereados por armas de fuego.
Fueron martirizadas en la granja de la Rabasada (Barcelona). Mientras eran torturadas, todas las religiosas y Lucrecia, temieron más al estupro que a la muerte, tanto que en sus cuerpos se encontraron signos de una lucha durísima. Cuando iban al martirio fueron repitiendo en voz alta: "¡Viva Cristo rey!" y los milicianos, en la granja de la Rabasada, comentaron: "vaya  valientes esas monjas que han caido esta tarde"... y ofrecieron gozosamente su vida como testimonio de su fe. Según otros testigos, las diez mártires habían entregado su vida rezando de rodillas por el perdón de sus asesinos. Cuantas las conocieron testifican de ellas la ejemplaridad de su vida.
La vida de las Monjas Mínimas es una vida sencilla, de trabajo, silencio y oración. Su espiritualidad de caridad, humildad y penitencia forja en ellas ese talante de sencillez y alegría que las caracteriza. Fueron beatificadas el 13 de octubre del 2013 por SS Francisco.