28 de junio de 2015

San IRENEO DE LYON. (130/40 - c.200). Doctor de la Iglesia.

(Irineo).
Pacífico.

Martirologio RomanoMemoria de san Ireneo, obispo, que, como atestigua san Jerónimo, de niño fue discípulo de san Policarpo de Esmirna y custodió con fidelidad la memoria de los tiempos apostólicos. Ordenado presbítero en Lyon, fue el sucesor del obispo san Potino y, según cuenta la tradición, murió coronado por un glorioso martirio. Debatió en muchas ocasiones acerca del respeto a la tradición apostólica y, en defensa de la fe católica, publicó un célebre tratado contra la herejía.



Natural de Esmirnia. Fue discípulo de san Policarpo de Esmirna y de san Papías, discípulos de san Juan Evangelista. De la Galia meridional (a donde había emigrado) visitó Roma, donde entró en contacto con san Justino “el Filósofo”, relación que le permitió recoger una amplia documentación sobre las herejías dominantes, especialmente la gnosis (o conocimiento superior sobre Dios y el universo, basada en la creencia de la emanación de seres intermediarios (eones)). 
El papa san Ceferino lo envió a evangelizar Lyon; en el año 177 fue testigo de los martirios decretados por Marco Aurelio. El obispo san Potino, lo ordenó sacerdote en Lyon. Los confesores de la fe estaban impresionados por las desconcertantes profecías de los montanistas procedentes de Frigia, juzgadas severamente por el pontífice san Eleuterio (declaraban inminente la venida de Cristo con sus ángeles). Ireneo, fue enviado ante san Eleuterio como embajador de paz entre las Iglesias. Después de la muerte del obispo de Lyon, san Potino, fue elegido para sucederle (177 o 178) y enviado para luchar contra el racionalismo gnóstico. Algunos historiadores creen que Ireneo era obispo de Vienne cuando ocupó el cargo de la diócesis de Lyon y que unió la de Vienne a la de Lyon.
Es dudosa la tradición que le supone mártir, pero está atestiguada la delicadeza y el tacto de sus afanes por la unidad y el bien de las almas: medió ante el papa san Víctor I, que se disponía a excomulgar a los orientales por celebrar la Pascua en la misma fecha que los judíos, y recomendó someterse a la costumbre romana, pero usando procedimientos de persuasión y concordia. El pontífice atendió a su ruego, y el obispo lionés resolvió así una cuestión de disciplina sin olvidar los principios pero dando prioridad a la solución fraterna para con todos. 
Es el primer gran escritor de la Iglesia de Occidente: su obra contra el agnosticismo es testimonio de la tradición apostólica. Escribió un tratado "Adversus haereses". También escribió "Demostración de la enseñanza apostólica (Epideixis)". Sus escritos teológicos enfatizan la importancia de los dos Testamentos, la unidad de los Evangelios y la idea de la recapitulación de nuestra naturaleza humana en la naturaleza de Cristo y la primacía del Obispo de Roma, así como es considerado el primer teólogo mariológico. Inventó un criptograma llamado el “cuadro mágico”, en el cual, los fieles iniciados encontraban el signo de la cruz. Escribió: "es mejor y más útil ser simples y poco instruidos y mantenerse cerca de Dios con la caridad que parecer sabios y hábiles y blasfemar al propio maestro" y "La gloria de Dios consiste en que el hombre viva, y la vida del hombre consiste en la visión de Dios". Fue decapitado y parece que fue enterrado entre los mártires: santos Alejandro y Epipodio. Patrón de la diócesis de Lyon. MEMORIA OBLIGATORIA.