23 de junio de 2015

Beata MARÍA RAFAELA CIMATTI. (1861 - 1945).

(Santina Cimatti. it.: Raffaella Santina Cimatti).

Martirologio RomanoEn Alatri, en la región del Lacio, en Italia, beata María Rafaela (Santina) Cimatti, virgen, de la Congregación de Hermanas Hospitalarias de la Misericordia, que llevó una vida humilde y oculta, y mostró constantemente su caridad atendiendo a los enfermos, especialmente a los pobres.

Santina Cimatti nació en el seno de una familia humilde, en Celle di Faenza, Ravenna, Italia. De sus cinco hermanos, los dos que sobrevivieron fueron sacerdotes y también murieron en olor de santidad. Después de la muerte de su padre en 1882, ella asumió la educación de sus hermanos, y también era catequista de su parroquia. 
Se sentía atraída a la vida religiosa, pero tuvo que esperar pacientemente para poder ayudar a su madre y hermanos. Luego de que ellos se unieron a la naciente congregación de san Juan Bosco, y su madre había sido alojada adecuadamente en una casa rectoral, fue finalmente libre de seguir su vocación. En noviembre de 1889 ingresó en las Hermanas Hospitalarias de la Misericordia, en la casa madre en Roma, tomando el nombre de María Rafaela. Hizo su primera profesión religiosa en 1891, haciendo además el voto hospitalario. La enviaron entonces a Alatri como ayudante de farmacéutico, y posteriormente la trasladaron a Frosinone. Hizo sus votos finales en 1905. En 1921 ella fue la superiora de la casa en Frosinone, y en 1928, en Alatri. Era madre, hermana, amiga y consejera, siempre lista para ayudar y un modelo de virtudes. 
Después de 50 años de vida religiosa, en 1940, renunció a su cargo de superiora, pero pidió permanecer en la comunidad de Alatri como una religiosa más para servir a sus hermanas, a los enfermos y al personal del hospital y consagrando más tiempo a la oración. En 1944, durante una de las etapas más duras de la II Guerra Mundial, llegaban muchos heridos que necesitaban atención, y aunque ya tenía 83 años de edad, sor Rafaela daba tanto amor y consuelo que ellos la llamaban "mamá". Presentó personalmente, con éxito, una protesta al general Kesserling del Cuartel General Alemán en Alatri, al oir un rumor de que para detener a las fuerzas aliadas iban a bombardear la ciudad. El general cambió sus planes y Alatri se salvó. Sor Rafaela murió dejando en la memoria la santidad de su vida y sus virtudes heroicas. Fue beatificada por el papa Juan Pablo II el 12 de mayo de 1996.