18 de mayo de 2015

San JUAN I. Papa (523-526). M. 526.

Dios es misericordioso. El que está en gracia de Dios. Admirable.

Martirologio RomanoSan Juan I, papa y mártir, que, habiendo sido enviado por el rey arriano Teodorico en embajada al emperador Justino de Constantinopla, fue el primer pontífice romano que ofreció la Víctima Pascual en aquella Iglesia, pero a su regreso, detenido de manera indigna y aherrojado en la cárcel por el mismo Teodorico, pereció como víctima por Cristo Señor, en Ravena, en la Flaminia.


Nació en Florencia o Siena, Toscana y fue ordenado para formar parte del clero de Roma: fue archidiácono. En Roma mantuvo una estrecha amistad con el filósofo el beato Severino Boecio. Es muy probable que fuera simpatizante del partido filo-oriental del antipapa Lorenzo, aunque en el 506 hizo un acto de sumisión al papa san Símaco. Fue cardenal-presbítero y elegido Papa, sucediendo a san Hormisdas. 
Gobernó la Iglesia sólo tres años y medio. Durante este tiempo fue el que introdujo el nuevo calendario de contar los años desde el nacimiento de Cristo, aconsejado por el monje Dionisio el Exiguo; así como la celebración de la Pascua tal como la conocemos hoy y la introducción del canto gregoriano. Se distinguió por una ferviente actividad administrativa y pastoral, y por la convocatoria de varios concilios provinciales; entre ellos fue célebre el de Orange (529), que puso fin a la controversia sobre "la Gracia", condenando las doctrinas pelagianas y semipelagianas.
La causa de su martirio se debe a una embajada forzada por el rey arriano de los lombardos, Teodorico, en el año 524, que lo mandó a Constantinopla a defender ante el emperador católico Justino la causa de los godos arrianos de Oriente oprimidos por los católicos (conversiones coaccionadas, sustracciones de iglesias, leyes inquisitorias romanas). Según una crónica contemporánea, el Papa fue recibido con todos los honores y reconocido incluso por el patriarca con motivo de la sucesión de la cátedra de Pedro. Coronó al emperador (526) Justino, provocando las iras del rey Teodorico (con sospechas de alta traición), el cual consideraba escasos los resultados de la misma misión papal (sólo restitución de iglesias, pero se les siguió prohibiéndoles que practicasen su fe), y por ello le hizo encarcelar en Rávena. El Papa murió de hambre y sed en la cárcel. Lo mismo había sucedido con dos ilustres senadores, Símaco y Severino Boecio, a quién Teodorico había mandado decapitar por lealtad al Papa. 
Refiere el historiador Procopio que, durante los tres años que sobrevivió Teodorico "hasta en los peces que le servían a la mesa, creía ver las miradas de las ilustres víctimas, reprochándole su crueldad". Está enterrado en la basílica de San Pedro del Vaticano. MEMORIA FACULTATIVA.