26 de mayo de 2015

San FELIPE NERI. (1515 - 1595).

(it.: Filippo Neri).
Amigo de los caballos o del alto

Martirologio Romano: Memoria de san Felipe Neri, presbítero, que, consagrándose a la labor de salvar a los jóvenes del maligno, fundó el Oratorio en Roma, en el cual se practicaban constantemente las lecturas espirituales, el canto y las obras de caridad, y resplandeció por el amor al prójimo, la sencillez evangélica y su espíritu de alegría, el sumo celo y el servicio ferviente de Dios



Nació en Florencia, y se llamaba Felipe Rómulo. Su padre, Francisco Neri era notario. Fue educado en los dominicos de San Marcos donde se entusiasmó por Savonarola. Durante su adolescencia fue un amante de la poesía y de la música. A los 18 años fue enviado por un tío mercader a San Germano en Campania para que se dedicara al comercio, y allí se enamoró de la vida claustral, pero la orden benedictina no era para él (en Montecasino tuvo como maestro al ilustre monje Eusebio de Éboli). A sus 21 años, en 1536, llegó a Roma. Después de asistir a los cursos de Teología de la Sapienza (conoció a san Ignacio de Loyola), se consagró a la asistencia de los peregrinos en el barrio de la Regola, deseaba remediar toda miseria y de hacer que todos amasen a Cristo. Su gran ilusión fue ser misionero como san Francisco Javier, pero una voz le avisó: "Tus Indias están en Roma". 
Fundó la fraternidad de la Santísima Trinidad de Convalecientes y luego la de Peregrinos, en la iglesia de San Salvador del Campo, la cual cumplió en 1550 una gran obra de atención a los peregrinos del Años Santo, así como a los extranjeros pobres y a los convalecientes que carecían de asilo. Durante la carestía de 1538-1539 visitó a los enfermos. Ordenado sacerdote a los 36 años (1551), vivió en la iglesia de San Girolamo della Carità, donde fundó la obra, que más tarde (1554) se denominó Congregación del Oratorio, en la que chicos y jóvenes se reunían para ejercitarse en obras espirituales, caritativas y culturales. La Congregación del Oratorio se compone de sacerdotes seculares que sin votos religiosos viven en comunidad unidos por el vínculo de la caridad y dedicados a la predicación y el confesionario. En 1575, la Congregación del Oratorio se trasladó definitivamente a la iglesia de Santa María de la Vallicella.
En su apostolado entre la juventud, marchó de grupo en grupo, siempre bien recibido, infundiendo pureza y virginidad, como expresión del más encendido amor de Dios, con su amabilidad y alegría contagiosas. En su oración personal repetía: "Señor no te fíes de mi". Se dedicó a la reforma católica y decía: "Es posible restaurar las instituciones humanas con la santidad, pero no restaurar la santidad con las instituciones". "No busquéis huir de la cruz que Dios os manda, porque seguro que os enviará otra mayor". “Nadie quiera ser santo en un día, que no se es bien pegarse tanto a los medios que se olvide el fin”. “La humildad es la salvaguarda de la pureza, no hay mayor peligro que no temer al peligro”. Se dice que un día pidiendo limosna, un señor, fastidiado por su insistencia, le propino un guantazo, y él repuso "Esto es para mí, y te lo agradezco, ahora dame algo para mis muchachos". 
Llamado "el apóstol de Roma"Mantuvo contacto con las grandes figuras de su época, tanto santos (Ignacio, Carlos Borromeo, Camilo de Lelis, Francisco de Sales, Félix de Cantalicio), como papas (Pablo IV, san Pío V; Gregorio XIII, Gregorio XIV, Clemente VIII); pero sufrió también la humillación de ver que Pablo IV le retiraba el permiso de confesar, mal informado sobre su actividad de organización de las mismas peregrinaciones. Fue rector de la iglesia de San Juan de los Florentinos. Aquí reunió a los primeros sacerdotes del Oratorio que constituyó, durante sus 33 años, el centro de la vida religiosa de Roma. Aquí se educó Baronio (el futuro historiador y cardenal), Francisco María Tarugi, Francisco Bordino, Alejandro Fedeli y Ángel Velli, que fueron el primer núcleo de la nueva fundación. 
Los papas quisieron hacerle obispo y cardenal; el pueblo le honró en vida como santo, y él intentó escabullirse con chanzas y burlas. Fue hasta que murió el hombre más alegre de la ciudad (se le conoció como "Pipo el Bueno") y se sirvió del humor como medio para vencer el orgullo y también para poner penitencias a sus penitentes. Aunque nos dirá: "En el servicio de Dios no es suficiente reír". Cuando celebraba Misa con el pueblo tenía que leer alguna historieta de humor, para que le "distrajese" un poco, y no caer en un éxtasis de varias horas. Si la celebraba solo, el monaguillo se iba y volvía dos horas después. Un éxtasis le produjo la dilatación del corazón y la deformación de dos costillas. Fue uno de los primeros teólogos en interceder por la protección de los animales contra la crueldad y la tortura. 
En los últimos años de su vida, se retiró a una actividad privada de confesiones y dirección espiritual. Recibió la unción de los enfermos y el viático de manos de Baronio y del cardenal Federico Borromeo y murió entre vómitos de sangre. Fue canonizado por Gregorio XV el 12 de marzo de 1622. MEMORIA OBLIGATORIA.