25 de mayo de 2015

SAN BEDA "el Venerable". (c.673 - 735). Doctor de la Iglesia.

(ing.: Bede the Venerable).
El que combate. Oración

Martirologio RomanoSan Beda el Venerable, presbítero y doctor de la Iglesia, el cual, servidor de Cristo desde la edad de ocho años, transcurrió toda su vida en el monasterio de Wearmouth, en el territorio de Northumbría, en Inglaterra, dedicado a la meditación y a la exposición de las Escrituras. Entre la observancia de la disciplina monástica y el ejercicio cotidiano del canto en la iglesia, sus delicias fueron siempre estudiar, enseñar o escribir.


El mismo, Beda al final de su "Historia eclesiástica del pueblo inglés", en el 731 escribe su autobiografía: "Yo, Beda, siervo de Cristo y sacerdote del monasterio de los bienaventurados Pedro y Pablo, sito en Wearmouth-Jarrow, he nacido en el territorio de este mismo monasterio. A los siete años fui confiado por mis padres al reverendísimo abad san Benito (Biscop) para mi educación, y luego a san Ceolfrido (coadjutor de san Benito Biscop). Luego pasé toda mi vida en este monasterio, enteramente dedicado al estudio de las Escrituras. Además de las observancias regulares y de la tarea cotidiana de cantar el oficio en la iglesia, siempre me ha gustado estudiar, enseñar y escribir. 
A los diecinueve años recibí el diaconado, y a los treinta años el presbiterado (ordenado por san Juan de Beverley). Desde mi admisión al sacerdocio hasta mi quincuagésimo noveno año me dediqué, para mi propio uso y para el de mis hermanos, a redactar breves notas sacadas de las obras de los santos Padres, o también a comentarlas conforme a su pensamiento y a su interpretación: tres libros sobre el inicio del Génesis, dos libros de homilías sobre el evangelio...".
Dividió sus días según las horas canónicas, entre la oración y el estudio, sin un minuto de distracción y ni de turbación, "siempre escribiendo, siempre orando, siempre leyendo, siempre enseñando". Por esto fue definido como "alma de cristal", transparentísima a la gracia de la vida espiritual. La vivencia de la humildad fue una de sus mayores características. Se dedicó sobre todo al estudio de la Biblia y de la Historia. Su libro "Historia eclesiástica de los anglos" le hizo merecedor del título de "Padre de la Historia inglesa" y sus obras "De temporibus" y "De temporum ratione" contribuyeron para que el año se comenzase a contar a partir de la Encarnación según el cómputo propuesto en el siglo VI por Dionisio el Exiguo. Escribió también muchas obras hagiográficas (como el primer martirologio histórico), y sobre otros temas como la medición del tiempo; es el modelo del estudioso benedictino. Con espíritu crítico a la hora de citar las fuentes en que se inspiró, él mismo se auto proclama "verax historicus". La regla que regía en el monasterio de Beda eran varias, aunque asistimos al proceso de benedictización del monacato itinerante de las islas. Por eso a Beda se le considera un benedictino. 
Realmente asimiló toda la ciencia de su época, hasta el punto de convertirse en una enciclopedia viviente: gramático, naturalista, historiógrafo, poeta y teólogo. Por mediación de su maestro Trumberto, que fue monje en Lerins, se relaciona con la escuela de Canterbury, a la que debe la cultura clásica grecolatina traída a la isla por san Teodoro de Tarso. Fue para el renacimiento carolingio el modelo del eclesiástico sabio, como lo denominó el sínodo de Aquisgrán en el 836: "Venerabilis et modernis temporibus doctor admirabilis" (Venerable y en los tiempos modernos doctor admirable). Sabemos que hizo algunas salidas a la isla de Lindisfarne para recoger datos sobre la vida de san Cutberto de Lindisfarne; otra para visitar a un presbítero llamado Wicredo; una salida a York para visitar al abad y obispo Egbeto. 
Tuvo por discípulos a los santos Wigberto, Cutberto de Canterbury y Egberto de Nothumbría. De su escuela salieron discípulos eminentes, como el beato Juan Duns Scoto, Claudio (fundador de la universidad de Pavía). Murió en la vigilia de la Ascensión, con 60 años, y mientras redactaba un nuevo escrito a sus discípulos recitó sus últimas palabras: "Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo" y expiró. 
Un autor dijo de él: "Si consideras sus estudios y numerosos escritos, parece que nada dedicó a la oración. Si consideras su unión con Dios, su entrega a las alabanzas divinas, parece que no le quedaba tiempo para estudiar". Antes de su muerte se leían sus tratados y homilías en las iglesias dándole el título de "Venerable". MEMORIA FACULTATIVA.