20 de abril de 2015

Santa INÉS DE MONTEPULCIANO. (1268/74 - 1317).

(Agnese Segni)
Pura, casta. Corderito.

Martirologio Romano: En Montepulciano, también de la Toscana, santa Inés, virgen, que vistió el hábito de las vírgenes a los nueve años, y a los quince, en contra de su voluntad, fue elegida superiora de las monjas de Procene, fundando más tarde un monasterio, sometido a la disciplina de santo Domingo, donde dio muestras de una profunda humildad.


Nació en Gracciano Vecchio cerca de Montepulciano (Toscana). Ingresó en el convento del “Sacco” a los nueve años, un de los muchos conventos que pertenecían al grupo de fundaciones de “la Penitencia”, que poco a poco fueron desapareciendo. Fue muy dada a la oración desde que tuvo uso de razón. Parece ser que fue una contemplativa precoz: se retiraba a lo más escondido de su casa y allí pasó horas en oración y contemplación. Rezó muchísimos padrenuestros y ave marías. 
En 1283, su comunidad la envió como abadesa y fundadora de un nuevo monasterio en Procena, donde se mostró una excelente superiora, en cuanto organización y vida religiosa; al mismo tiempo comenzó a sufrir fenómenos místicos. En 1306 se terminaron las obras de un nuevo monasterio en Montepulciano sobre las ruinas de unos burdeles, el de Santa María Novella, y por aclamación popular se pidió que la abadesa fuera Inés. Como abadesa tuvo que ocuparse de los negocios del monasterio, tanto espirituales como materiales, y se relacionó con alguna frecuencia con la Curia Romana, sobre todo, con el legado papal, pues el papa residía en Aviñón. 
Después de una visión en la que se le aparecieron tres naves con Agustín, Francisco y Domingo, invitándola a embarcar, se puso bajo la tutela de los dominicos. La comunidad de Montepulciano, se adhirió a las “Constituciones” de las religiosas dominicas, poniéndose a disposición de los frailes predicadores. A partir de ahora, Inés no será abadesa, sino priora. Llamó la atención por su entrega sin límites a toda clase de sacrificios (dormía en el suelo y tenía una roca como almohada) y a la más rigurosa obediencia de la observancia regular. Pronto todas las monjas se fijaron en ella y trataban de copiar sus virtudes. Durante este tiempo atendió a todo y a todos sin sufrir mengua por ello en su dedicación y entrega a Dios. Se olvidó de sí misma y se entregó a los cuidados que la obediencia le había encomendado... De ella se cuentan multitud de milagros y fenómenos místicos. 
Toda su vida vivió en Montepulciano, viviendo la caridad, y soportando sufrimientos corporales (parece que sufría del estómago) y sufrimientos de incomprensión y momentos de crisis espiritual. Su cuerpo permanece incorrupto. Santa Catalina de Siena fue en peregrinación a su tumba. Santa Catalina de Siena en sus “Diálogos” puso en boca de Cristo: "La dulce virgen santa Inés, que desde la niñez hasta el fin de su vida me sirvió con humildad y firme esperanza sin preocuparse de sí misma". Está enterrada en la iglesia de Santo Domingo de Orvieto. Benedicto XIII la canonizó el 10 de diciembre de 1726.