21 de abril de 2015

San ROMÁN ADAME ROSALES. (1859 - 1927).

Ciudadano de Roma.

Martirologio Romano: En Nochistlán, en el territorio de Guadalajara, en México, san Román Adame Rosales, presbítero y mártir, que en la persecución contra la Iglesia fue martirizado por confesar a Cristo Rey.

Nació en Teocaltiche (Jalisco). Estudió en el seminario de Guadalajara y fue ordenado en 1890. Fue rector de ordenandos en el seminario y capellán penitenciario de la parroquia del Sagrario de Guadalajara (891). En 1895 fue nombrado párroco de La Yesca y dos años más tarde al Sagrario en la catedral. En 1913 fue nombrado párroco de Nochistlán y en 1922 vicario foráneo. 
Sacerdote de profunda humildad. Jamás se le oyó quejarse, ante cualquier dificultad decía con serenidad: "Sea todo por Dios". Se entregó a su ministerio con total dedicación: organizador de semanas sociales y muy volcado a las escuelas parroquiales. Construyó el templo de San José y por las rancherías, varias capillas. Organizó las Hijas de María y la Adoración Nocturna. Fundó las Hijas de María y San José.
En la persecución se ocultó en un rancho, y siguió administrando los sacramentos hasta que fue delatado. Mientras se hallaba en el rancho de Veladores fue detenido en 1927. Fue sacado con en ropa interior y amarrado, a ratos andando y a ratos a caballo fue llevado a Yahualica. Allí estuvo atado a una columna del porche del cuartel, sin darle de comer ni beber, y metiéndolo dentro de noche. 
El coronel Quiñones pidió una cantidad de dinero para dejarlo libre y se formó en seguida una comisión que en su parroquia de Nochistlán y en Yahualica consiguió la cantidad. Pero a punto estuvo de costarles ser detenidos a todos los que contribuyeron, y pese a pagarse el rescate no lo soltaron. 
Llegado el momento de la ejecución, en el cementerio de Veladores, trató de salvar a un soldado que se negaba a disparar y que también iba a fusilarlo, el párroco le indicó que se pusiera en el pelotón de fusilamiento, pero el soldado, Antonio Carrillo, se negó. Una descarga mató al párroco y otra al soldado. Sus restos fueron llevados a Nochistlán. Fue canonizado por Juan Pablo II el 21 de mayo de 2000.