8 de abril de 2015

San DIONISIO DE CORINTO. M. c. 180.

Pensamiento de Zeus. Dios de Nisa: Baco.

Martirologio Romano: Conmemoración de san Dionisio, obispo de Corinto, el cual, dotado de admirable conocimiento de la palabra de Dios, no sólo enseñó con la predicación a los fieles de su ciudad y de su provincia, sino también a los obispos de otras ciudades y provincias mediante sus cartas.

Obispo de Corinto, fue uno de los más distinguidos hombres de Iglesia del siglo II. Se hace acreedor de las iglesias de Oriente por su amplio espíritu de servicio, como aparece en sus “Siete cartas católicas”: a los cristianos de Lacedemonia, Atenas, Nicomedia, Gortina, Creta, Knosos y el Ponto. 
Casi todas las herejías de los tres primeros siglos provenían de los principios de la filosofía pagana. San Dionisio se dedicó a hacerlo notar y a descubrir la escuela filosófica que había dado origen a cada herejía. Al hablar de la escuela de los marcionitas (que negaba el Antiguo Testamento y otros aspectos de la doctrina), dice: «Nada tiene de extraño que hayan llegado incluso a falsificar el texto de la Sagrada Escritura, puesto que estaban acostumbrados a falsificarlo todo». 
Al obispo san Pinito de Nkossos le exhortó que no se empeñara en hacer guardar a todos la castidad absoluta, y que fuera comprensivo con las flaquezas de la carne: y que aconsejase el matrimonio a los que no se atrevían a perseverar en la virginidad. La paz y la unidad, la pureza en la fe y en la vida, la virginidad y el matrimonio, debían resplandecer, según él, en la vida siempre con un sentido cristiano. 
El Martirologio Romano decía: “En Corinto, el bienaventurado Dionisio, obispo, que, por su ciencia y por la gracia que Dios le dio para proclamar su palabra, ilustró al pueblo: no sólo de su ciudad y de su provincia, sino que, por medio de sus cartas, adoctrinó también a los obispos de otras ciudades y provincias. Tal veneración tenía hacia los romanos pontífices, que mandó leer sus cartas públicamente en las iglesias los domingos. Floreció en tiempos de los emperadores Marco Aurelio y Lucio Aurelio Cómodo”. Mantuvo correspondencia con el papa san Sotero y conoció a san Pedro, san Pablo y san Juan. 
En una carta en que agradece a la Iglesia de Roma, entonces gobernada por san Sotero, las limosnas que no dejó de enviarle, escribe san Dionisio: «Desde los primeros tiempos habéis practicado la limosna y ayudado a las Iglesias necesitadas. Siguiendo el ejemplo de vuestros padres, socorréis a los pobres, especialmente a los que trabajan en las minas. Vuestro santo obispo Sotero no cede en nada a sus predecesores, sino que les aventaja. La paternal solicitud con que consuela y aconseja a cuantos se acercan a él, es de todos conocida. Esta mañana celebramos en comunidad el día del Señor y leímos vuestra carta, así como la que antes nos había escrito Clemente». Esto significa que en la Iglesia de Corinto se leyó aquella carta de instrucción, después de leerse la Sagrada Escritura y de celebrarse los sagrados misterios.
Aunque los griegos lo conmemoran como mártir parece ser que murió de muerte natural, aunque se le debería dar el rango de mártir por los muchos sufrimientos, que por causa de la fe, padeció.