8 de abril de 2015

Beato CLEMENTE DE ÓSIMO. M. 1291.

Mente gloriosa. Misericordioso, dulce, benigno. 

Martirologio RomanoEn Orvieto, de la Toscana, en Italia, beato Clemente de Ósimo, presbítero de la Orden de Ermitaños de San Agustín, que dirigió y promovió la Orden con gran eficacia y adaptó sabiamente sus leyes.

Natural de Ósimo, Toscana. De adolescente entró a formar parte de la Congregación eremítica de Bréttino, llegará a ser agustino en 1256. En 1269 fue provincial de la provincia anconitana. A partir del 1271 gobernó la Orden por tres años. Después de haber renunciado a su oficio, llevo una vida retirada. Aun así, tuvo el cargo de visitador de la Provincia Romana. Por segunda vez fue elegido General, ahora por unanimidad, en el Capítulo de 1284. Luego, en el Capítulo celebrado en Florencia en 1287 será confirmado por otros tres años, y obligado a aceptar nuevamente el cargo de General en el Capítulo de Ratisbona de 1290. La muerte le sorprendió en la primavera del año siguiente.
Clemente desarrolló en su generalato una gran labor en beneficio de la Orden: intervino en algunas Provincias, potenció los estudios, insistió en la observancia religiosa, consiguió ayudas económicas, dispensas pontificias, como por ejemplo la exención de la jurisdicción de los obispos, fundó conventos femeninos, fomentó la creación de bibliotecas y archivos provinciales, etc. Su gobierno destacó por haber comenzado en la Orden la tradición mariana (1284) cuando habla de "Benedicta tu" y "Vigiliae B. M. Virginis" en honor de Nuestra Señora de Gracia; por la formulación y promulgación de leyes estables o Constituciones para toda la Orden, conocidas por "Constituciones de Ratisbona(1290), que permanecieron en vigor, salvo ciertos retoques, hasta 1551; y por apostar firmemente por la cultura, creando cuatro Estudios Generales en Italia - Roma, Bolonia, Padua y Nápoles - y otro más en París, centro de la cultura europea del tiempo.
Cuatro veces General, gobernó la Orden de forma admirable, labor que le fue reconocida por los Papas Honorio IV y Nicolás IV. Visitó los conventos de Francia, Alemania e Italia, y fue confesor del cardenal Gaetani, futuro Bonifacio VIII. Murió con fama de taumaturgo y de santo en Orvieto, siendo enterrado en el convento agustino de la ciudad. Por esta razón está considerado como el segundo fundador de la Orden de los Ermitaños de San Agustín. Clemente XIII confirmó su culto en 1761.