25 de abril de 2015

Beatos JOSÉ TRINIDAD RANGEL, ANDRÉS SOLÁ y LEONARDO PÉREZ. M. 1927.


Mártirologio Romano: En el rancho de San Joaquín, Jalisco, México, beatos José Trinidad Rangel Montaño, presbítero, Andrés Solá y Molist, presbítero y Leonardo Pérez Larios, laico, todos ellos mártires.

José Trinidad Rangel Montaño (1887 - 1927). Nació en el rancho “El Durazo” en la ciudad de Dolores Hidalgo, Guanajuato, en el seno de una familia humilde, en 1887. Por falta de recursos económicos, no pudo ingresar en el seminario hasta 1909; se le concedió una beca por su aplicación en el estudio, que le permitió vivir como seminarista interno. En 1919, fue ordenado sacerdote.
Su primer destino fue la parróquia del Sagrario de León en calidad de miembro del Centro Catequético de la Salle. Se refugió en la ciudad de León, Guanajuato, por no cumplir con la ley civil de inscribirse como sacerdote en el registro del Gobierno.
En León, vivió como refugiado en casa de las hermanas Alba y allí entabló amistad con Andrés Solá, refugiado como él, y en quien encontró una ayuda en su vivencia sacerdotal. Rechazó el ofrecimiento de su hermano de refugiarse en Estados Unidos, y prefirió aceptar el ofrecimiento de su superior eclesiástico de ir a celebrar clandestinamente los oficios de Semana Santa a las hermanas Mínimas de San Francisco del Rincón, donde fue detenido y trasladado a la comandancia antes de sufrir el martirio.
Como sacerdote destacó por su modestia, humildad, sencillez y celo por la salvación de las almas. Con intrepidez evangélica, desempeñó su ministerio, sin negar en ningún momento su condición sacerdotal aunque eso significará el encarcelamiento y la muerte. 

Andrés Solá y Molist (1895 - 1927). Nació en la masía de “Can Vilarrasa” de Taradell (Barcelona), en el seno de una familia de agricultores en 1895. Al escuchar la predicación de un misionero en el pueblo de Sentforas, él y su hermano Santiago, ingresaron en los claretianos. Recibió la ordenación sacerdotal en 1922 en Segovia.
Fue destinado a Méjico en 1923 donde desempeñó varios oficios. Se encontraba en el convento de León, al estallar la revolución mejicana y sus leyes anticlericales; optó por refugiarse en casa de una amiga para evitar ser expulsado del país. Pero sus superiores le ordenaron trasladarse a Méjico, D.F. donde estuvo unos días, pero regresó a León, con el permiso de sus superiores, para seguir desarrollando allí su labor de misionero. Al saber que había una orden de arresto, pudo huir, pero no quiso; por ello fue arrestado, y confesó con valentía su condición de sacerdote. Fue fusilado.

Leonardo Pérez Larios (1883 - 1927). Nació en Lagos de Moreno, Jalisco, en el seno de una familia sencilla en 1889. A la muerte de su padre se trasladó la familia a vivir a León. Quiso casarse, pero la oposición de la familia de la novia, le impidió hacerlo. Quiso ser religioso, pero le resultó imposible por tener a su cargo a dos hermanas que no poseían medios de subsistencia.
Fue un cristiano de profunda fe, a pesar de las dificultades; gran devoto de la Eucaristía y de María. Perteneció a la Congregación Mariana, donde hizo voto de castidad y donde se reunían para adorar al Santísimo Sacramento. 
Fue detenido en casa de las hermanas Alba, tras participar en la Eucaristía y en la Hora Santa que Andrés Solá había organizado después de la misa. Los soldados al verlo vestido de negro y con una actitud muy devota, lo tomaron por un sacerdote. Fueron inútiles las aclaraciones realizadas por el beato Solá y las personas que estaban en ese momento en la casa. Cuando le preguntaron sobre su condición sacerdotal él la negó, pero afirmó ser católico. Fue conducido al cuartel y de ahí con dos compañeros al martirio.

El domingo 24 de abril de 1927, entre cinco y siete de la tarde, fueron juzgados por un tribunal improvisado, acusados falsamente de ser los asaltantes del tren de Guadalajara, descarrilado en el kilómetro 491, entre las estaciones La Mira y Las Salas, el 23 del mismo abril. En el transcurso del juicio el P. Solá dijo al juez que no podían fusilarlo, porque él era un misionero español, a lo que contestó el juez: «También para los extranjeros tenemos balas». El General Sánchez, incapaz de enfrentar a los verdaderos responsables del descarrilamiento del tren y con el afán de quedar bien con sus superiores, envió a Joaquín Amaro, Secretario de Guerra y Marina este mensaje: «Acabo de aprehender a tres cabecillas del asalto al tren...». El Gral. Amaro respondió: «Lléveselos al lugar del descarrilamiento, y fusile a los tres». Los prisioneros fueron llevados a Lagos de Moreno la noche del 24 y ahí durmieron hasta la madrugada del día 25, en que se reanudó el viaje hasta Encarnación de Díaz, donde fueron bajados y trasladados al tren militar del General Amarillas. De ahí fueron llevados hasta el kilómetros 491, entre La Mira y Las Salas. Se les ordenó a los dos sacerdotes y a Leonardo, descender del tren y fueron conducidos junto a un charco de petróleo y chapopote, se absolvieron disimuladamente, se pusieron en cruz y recibieron las descargas.
El P. Rangel y Leonardo murieron de inmediato y el P. Solá, aún con vida, se revolcaba en el charco de chapopote. Los soldados despojaron a sus víctimas de todo y volvieron al tren. Al iniciar el tren su marcha, el oficial de la escolta ordenó a una cuadrilla de trabajadores ferroviarios: «Quemen esos cuerpos». Eran las 8:52 de la mañana del lunes 25 de abril de 1927.
Al partir el tren bajaron los trabajadores Petronilo Flores, Miguel Rodríguez y otros más. Al acercarse Petronilo, oyó que el P. Solá le decía: «Oye, ¿qué vas a hacer conmigo?». «Nada, señor», le dijo; y el padre añadió: «¿Ves esos dos muertos que están a mi lado? Uno es sacerdote de Silao, de la Iglesia del Perdón; yo soy sacerdote español, de León, somos sacerdotes y morimos por Jesús... morimos por Dios, estoy muy herido, muerto por Jesús». Le dijo también que el otro -Leonardo-, no era sacerdote, y le pidió que por caridad los enterraran.
El P. Solá sobrevivió dos horas más, sin poder moverse, sumergido en aquel charco de chapopote, desangrándose, sobrecogido por la calentura y atormentado por la sed, experimentando un verdadero suplicio. Eran las doce del día cuando murió. Los ferroviarios, en lugar de quemar los cuerpos, cavaron tres sepulturas en las que depositaron los cuerpos. Días después, Manuel Pérez, hermano de Leonardo, obtuvo permiso para trasladar los cuerpos al panteón de Lagos de Moreno, que era la población más cercana; los cuerpos fueron exhumados y trasladados a Lagos de Moreno el 1º de mayo. Fueron beatificados por SS Benedicto XVI el 25 de mayo de 2005.