8 de abril de 2015

Beato DOMINGO DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO ITURRATE. (1901-1927).

(Domingo Iturrate Zubero)
Nacido el día del Señor

Martirologio Romano: En el convento de Belmonte, cerca de Cuenca, en España, beato Domingo del Santísimo Sacramento Iturrate, presbítero de la Orden de la Santísima Trinidad, que trabajó con todas sus fuerzas en la salvación de las almas y en fomentar la glorificación de la Trinidad.

Nació en el caserío “Biteriño”, anteiglesia de Dima (Vizcaya) en una familia rural de once hermanos y profundamente cristiana. De niño tuvo un temperamento sensible y algo proclive a la irritabilidad, pero mostró un carácter espiritual poco común. A los 13 años estudió humanidades en el seminario trinitario de Algorta (Vizcaya) e ingresó en la Orden. Durante su noviciado, su formador tuvo que urgirle que cumpliera el reglamento para que durante el recreo, no estuviera permanentemente en la capilla. Su maestro de novicios tuvo que vigilarle para que no se extralimitara en las penitencias. 
A los 17 hizo profesión religiosa en el santuario de la Bien Aparecida (Cantabria) regentado por los Trinitarios y se llamó Domingo del Santísimo Sacramento. Fue ordenado sacerdote en Roma con 24 años y vivió en el convento de San Carlos de esta ciudad; en la Universidad Gregoriana estudió Filosofía y Teología. Al mes siguiente cayó tuberculoso. Con muchos esfuerzos terminó sus estudios y obtuvo el doctorado. En la profesión solemne, hizo un voto específico de “hacer lo que conociere más perfecto”. Según él, lo importante no es “hacer muchas cosas, sino hacer bien todo lo que es del agrado de Dios”.
Pero estaba herido de muerte. Volvió a su casa. Para que viviese un clima más propicio, le enviaron a Belmonte (Cuenca) y allí murió a los 26 años. Su lápida que dice así: "Fue dechado de perfección religiosa, angelical en su pureza, encendido de celo por la gloria de la Santísima Trinidad, devotísimo de la Madre de Dios, extremoso en la caridad con sus prójimos; fue imitador de Cristo crucificado, dotado por Dios de gracias muy singulares". Su vida fue un ejemplo de serena sencillez, fruto de una santidad vivida minuto tras minuto, sin llamar la atención de nadie. Fue beatificado por Juan Pablo II el 30 de octubre de 1983.