20 de marzo de 2015

San CUTBERTO DE LINDISFARNE. (c.637 - 687).

(Cuthberto de Durham, Gutberto).
Esplendor, potente

Martirologio Romano: En la isla de Farne, en Northumbria, actual Inglaterra, san Cutberto, obispo de Lindisfarne, que en su ministerio pastoral se distinguió por la diligencia que antes había demostrado en el monasterio y en el eremo, y armonizó pacíficamente las austeridades y género de vida de los celtas con las costumbres romanas.


Era pastor de corderos de Landerdale (Inglaterra) cuando ingresó como monje en el monasterio de Melrose (fundado por san Aidán), que dirigían el abad san Eata y el prior san Boisil, que le aconsejaron la sumisión a sus maestros espirituales. Al ser llamado san Eata como abad del monasterio de Rippon, llevó consigo a Cutberto y le encomendó que se hiciera cargo de los extranjeros. 
Cuando san Wilfrido de York fue nombrado abad de Rippon, Curberto regresó a Melrose. Todo el país sufría el azote de una enfermedad conocida como «la peste amarilla» y Cutberto no escapó a ella. Sin embargo, cuando se le dijo que los monjes habían pasado la noche orando por su restablecimiento, él exclamó: «¿Qué estoy haciendo en la cama? ¡Es imposible que Dios haya cerrado sus oídos a tales hombres! Denme mi ropa y mis zapatos». Levantándose, inmediatamente comenzó a andar; su voluntad pareció triunfar por el momento sobre su enfermedad; pero, en realidad, nunca recuperó su salud.
Cuando san Boisil, murió de peste, en el 774, fue elegido prior de Melrose y como tal se dedicó a educar contra la superstición de los aldeanos. A fin de asistir a las abatidas gentes y de revivir la cristianidad, san Cutberto emprendió un extenuante esfuerzo misionero que duró todos los años en que fue prior, primero en Melrose y después en Lindisfarne. Viajó a través de montes y valles, algunas veces a caballo, otras a pie, prefiriendo siempre las más remotas aldeas, ya que éstas tenían menos oportunidades de ser visitadas. Como Aidán, enseñó de casa en casa, pero mientras éste iba siempre acompañado de un intérprete, por no conocer el dialecto, Cutberto podía hablar a los campesinos en su propia lengua y con su propio acento nortumbriano. Conocía la topografía, pues había recorrido las tierras bajas con sus rebaños, podía adentrarse en las vidas de sus oyentes y se contentaba con frugal comida. Su aspecto apacible y su palabra jovial y persuasiva, pronto le ganaron la voluntad de sus huéspedes, de manera que sus enseñanzas tuvieron un éxito extraordinario. Llevó el Evangelio desde la costa de Berwick hasta Solway Firth y donde quiera fue recibido y honrado como huésped.
Después del concilio de Whitby, Eata, abad de Lindisfarne, le nombró prior del monasterio (otro monasterio fundado por san Aidan), que seguía la nueva observancia benedictina. Su tarea no fue fácil, pues muchos de los monjes que quedaban eran contrarios a las innovaciones. Eata y Cutberto, cualesquiera que hayan sido sus sentimientos, estaban decididos a apoyar las decisiones del concilio de Whitby. Tuvieron que afrontar oposiciones y aun insultos, pero la conducta de Cutberto fue más allá de cualquier alabanza: ni una sola vez perdió la paciencia o el dominio de sí mismo; pero, cuando los descontentos se volvían demasiado agresivos, se retiraba tranquilamente y terminaba la discusión, para reanudarla cuando la pasión se había calmado. 
Después de algunos años en Lindisfarne, la añoranza de una vida de unión más íntima con Dios lo condujo, pidió retirarse en soledad a la isla de Farne; en este lugar vivió como solitario, durante algunos años. 
Fue elegido abad mitrado (tenía las misma facultades que un obispo pero sin abandonar su monasterio) de Lindisfarne en marzo del 685, en York, en el sínodo de obispos de Twiford en Northumberland, por el obispo de Canterbury, san Teodoro de Tarso y, en cuanto pudo, se retiró de nuevo a la soledad de su isla: "Cultivad la unanimidad y la obediencia, y no creáis que mi vida es mejor que la vuestra". Predicó, enseñó, distribuyó limosnas e hizo tantas curaciones milagrosas, que mereció durante su vida el nombre de «el Taumaturgo de Bretaña», título que mantuvo después de su muerte, debido a las curaciones efectuadas en su sepulcro. En cierta ocasión, reavivó con un beso al hijo de una viuda, en el que la vida parecía haberse extinguido. 
Es uno de los santos ingleses más famosos y su sepulcro fue uno de los lugares más frecuentados del Medioevo. Fue amigo de san Herberto, y ambos murieron el mismo día. Le sucedió san Eadberto, en la sede de Lindisfarne. Vivió en tiempos de la abadesa santa Ebba. Patrón de Durham.