10 de marzo de 2015

San ATTALO DE BOBBIO. M. 627.

(Atalas de Bobbio, Atalo, Atala. fr.: Attale). 
Joven.

Martirologio Romano: En el monasterio de Bobbio, en la Liguria, san Attalo, abad, quien, cultivador de la vida cenobítica, se retiró primero al monasterio de Lérins y después al de Luxeuil, donde fue sucesor de san Columbano, brillando sobremanera por su celo y por su virtud de discernimiento.

Nació en Borgoña (Francia), en el seno de una noble familia. Para que recibiera una buena educación fue confiado a san Arigio, obispo de Gap. Deseando una vida más austera, Atalas huyó y se refugió en el monasterio de Lerins. Como no estuviera contento de la vida que allí se hacía pasó al monasterio de Luxeuil, cuando era abad san Columbano. Aquí encontró la austeridad que tanto deseaba. 
Cuando el santo irlandés tuvo que exiliarse de tierras francesas, Atalas, le siguió en todas sus fundaciones: Saint Gallo en Suiza, y el célebre monasterio de Bobbio, en Italia septentrional, donde fue el segundo abad (615), hasta su muerte. Tuvo que afrontar el hecho de que sus monjes le abandonaran durante algún tiempo porque no podían soportar el rigor de la regla de san Columbano, pero poco tiempo después regresaron arrepentidos. 
Jonás de Susa, su hagiógrafo nos lo describe como “hombre querido por todos, de gran fervor, caridad con los pobres y peregrinos. Sabía mantener el orgullo, pero era humilde con los más humildes, no se dejaba acallar en conversaciones con las personas inteligentes, pero con los simples sabía hablar de los secretos de Dios. Sabio cuando aparecian problemas espinosos, firme contra los herejes, era fuerte en la adversidad, disciplinado en los momentos favorables, siempre templado y discreto. Mostraba aprecio hacia sus subalternos, sabiduría con sus discípulos. En su presencia ninguno podía estar demasiado triste o feliz”.
Como san Columbano, combatió el arrianismo, difundido en los alrededores de Milán. Cuando enfermó gravemente, pidió que lo sacaran de la celda, cercana a la cual había una cruz que él tocaba cada vez que entraba o salía, también pidió que lo dejaran solo. Como testimonio un monje dijo que el santo estando moribundo oró con fervor y durante varias horas tuvo una visión del paraíso. Llevado de nuevo a su celda, murió al día siguiente. Su cuerpo fue colocado junto al de san Columbano.