21 de febrero de 2015

San PEDRO DAMIANI. (c.1007 - 1072). Doctor de la Iglesia.

(Pedro Damián. it.: Pier Damiani). 
Piedra firme. Roca.

Martirologio Romano: Memoria de san Pedro Damiani, cardenal obispo de Ostia y doctor de la Iglesia. Habiendo entrado en el eremo de Fonte Avellana, promovió denodadamente la vida religiosa y en los tiempos difíciles de la reforma de la Iglesia trabajó para que los monjes se dedicasen a la santidad de la contemplación, los clérigos a la integridad de vida y para que el pueblo mantuviese la comunión con la Sede Apostólica.



Huérfano desde muy niño (realmente sus padres le habían abandonado), se marchó a vivir con un hermano casado, que lo maltrató y le mandó guardar cerdos en los campos de Rávena. Pudo estudiar gracias al apoyo que recibió de otro hermano, Damián (de ahí su apelativo "Damiani"), arcipreste de Rávena, que tuvo piedad de él y lo envió a estudiar a Rávena, Faenza, Padua y Parma. Sobresalió tanto que, a los 25 años, era profesor en Parma y luego en Rávena. A los 28, hastiado de las vanidades del mundo, se hizo religioso camaldulense en Fonteavellana, para hacer penitencia y donde fue ordenado parece ser que por el obispo simoníaco Gebhard de Rávena. Pero abandonó este eremitorio, cuya regla había escrito, para asumir el cargo de predicador que le ofrecieron en el monasterio de Pomposa y otros monasterios. Cumplida su misión pudo volver a su comunidad avellanense donde, por su prudencia y amor a la observancia, fue elegido prior. Escribió la "Vita beati Romualdi", fundador de la comunidad de Fonte Avellana.
Sin embargo, una vez más, tuvo que dejar la soledad a instancias de Enrique III y de varios papas. A pesar de su oposición, el papa, san Esteban IX, le nombró obispo de Ostia y cardenal para que combatiese la simonía y el nicolaísmo -las intromisiones extrañas en los nombramientos eclesiásticos y la relajación de la disciplina en un sector del clero-. Con este espíritu, supo convencer al emperador Enrique IV de Alemania para que renunciase a su divorcio. Renunció más tarde (1067) a su sede, después de contemplar el fracaso de sus esfuerzos para reconciliar el papado con el imperio. Recorrió como legado papal Lombardía, Alemania y Francia, para defender a los monjes de Cluny. Escribió sobre el celibato sacerdotal y el desprecio de la vida mundana, con un rigorismo que asustaba y que puso en el recto camino a muchos espíritus extraviados en su obra "Libro de Gomorra". En la "Alabanza de la disciplina" o "Del desprecio del mundo", hizo esta reflexión: "El monje debe ser sacrificado y privarse de muchas cosas que tendría en el mundo..." Era partidario de las penitencias corporales, que él mismo llevó a la practica con mucha dureza. También escribió "Del celibato sacerdotal".
Presidió numerosos concilios y sínodos, además de visitar obispados y abadías: en Milán estuvo a punto de que lo lincharan porque llegó arremetiendo contra todos los vicios de la ciudad. Pero su impresionante presencia logró que la gente se volviera a su favor. Exhortó a hacerse religiosa a la emperatriz Inés que había sido abandonada del marido. Fue, asimismo, artífice de paz y de reconciliación entre facciones contrarias, siendo, con su rigor ascético y su lucha para liberar a la Iglesia de los asuntos temporales, un precursor de la reforma emprendida luego por su gran amigo el monje Hildebrando, el papa san Gregorio VII, cuyos métodos no compartió. Amaba su retiro de oración en Fonteavellana. Extendió la práctica de la consagración de los sábados a María. Murió en Faenza, después de pacificar su ciudad natal de Rávena entre los partidarios del papa y del antipapa. De él es esta frase que fue su programa de vida: "Todos los cristianos tienen que vivir la locura de la cruz y apartarse de toda filosofía terrestre, animal y diabólica, contraria al Evangelio". 
Aunque nunca hubo una canonización formal, la declaración en 1828 (otros dicen 1823), por SS. León XII, como doctor de la Iglesia, confirma el culto que se le venía tributando desde antiguo. MEMORIA FACULTATIVA.