4 de febrero de 2015

San JOSÉ DE LEONESSA. (1556-1612).

El acrecentará. Añadido. Crecimiento


Martirologio Romano: En Amatrice, lugar del Abruzo, san José de Leonessa, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos, que en Constantinopla sostuvo en su fe a los cristianos cautivos y, habiendo sufrido grandes tribulaciones por haber predicado el Evangelio incluso en el palacio del Sultán, regresó a su patria y se distinguió por atender a los pobres.

Nació en Leonessa, Rieti. A los 17 años ingresó en los capuchinos, e hizo el noviciado en Asís; cambió su nombre de Eufrasio Desiderio por el de José. Fue ordenado presbítero y nombrado predicador. 
Era humilde, obediente y mortificado en grado heroico, y tres días a la semana no tomaba otro sustento que pan y agua. Generalmente predicaba con un crucifijo en la mano, y el fuego de sus palabras inflamaba el corazón de sus oyentes.
En 1587 fue enviado a Constantinopla como misionero entre los cristianos de Pera, suburbio de Constantinopla. Allí animaba y servía a los esclavos cristianos de las galeras con maravillosa devoción, especialmente durante una peste maligna, de la cual se contagió, aunque después recobró la salud. Con virtió a muchos apóstatas, y se expuso al rigor de la ley turca cuando predicaba la fe a los musulmanes. 
José fue encarcelado dos veces, pero él quiso predicar al sultán y entró en el palacio donde fue apresado, torturado y colgado de un pie en una horca para que se muriera lentamente, pero según se cuenta un ángel vino a liberarlo, y esto hizo que el sultán le soltara. 
De regreso en patria fue predicador en su convento de Umbría y sus resultados fueron clamorosos. Vivió siempre la caridad en todos sus ámbitos. Hacia el fin de su vida, estando en la ciudad de Amatrice, sufrió mucho a causa de un tumor. Para extirpérselo, fue sometido a dos operaciones sin anestesia, durante las que no exhaló el menor gemido o queja, sosteniendo todo el tiempo un crucifijo sobre el cual tenía fijos los ojos. Cuando se sugirió que antes de la operación debería ser atado, señaló el crucifijo, diciendo: "Este es el lazo más fuerte; esto me sujetaré mejor que cualquier cuerda lo haría". La operación no tuvo éxito y José murió felizmente a la edad de cincuenta y ocho años. Fue canonizado en 1746 por Benedicto XIV.