15 de febrero de 2015

San CLAUDIO DE LA COLOMBIÈRE. (1641-1682).

Cojo.

Martirologio Romano: En Paray-le-Monial, de Borgoña, en Francia, san Claudio La Colombière, presbítero de la Compañía de Jesús, que siendo hombre entregado a la oración, con sus consejos dirigió a muchos en su esfuerzo para amar a Dios.



Nació en Saint Symphorien d'Ozon (Delfinado, Francia). Su familia se trasladó a Vienne y allí estudió en el colegio de la Trinidad de la Compañía de Jesús, e ingresó en la Congregación Mariana.
A los 18 años ingresó en el noviciado de la Compañía de Jesús de Aviñón. Se hizo jesuita y dijo: "Cuando me hice religioso, tenía una grandísima aversión a la vida que iba a abrazar. Los planes que se trazan para servir a Dios, nunca se realizan sino a costa de grandes sacrificios. He ingresado en la Compañía de Jesús por el aprecio que siempre he tenido por sus Reglas; y por haber visto que los Superiores saben exigir de tal manera su observancia, que estoy persuadido ser cosa fácil santificarse uno mismo y ayudar con la palabra y el ejemplo a la santificación de los demás". Sabemos que tenía una inclinación hacia la literatura y la vida de sociedad. El maestro de novicios dio al padre Provincial este informe del novicio: "Es un joven con una prudencia superior a lo que corresponde a su edad. De juicio sólido, de rara piedad y las más altas virtudes no le parecen excesivas a su fervor". 
En 1660 fue enviado a París, donde estudió Teología en el colegio de Clermont, y fue nombrado preceptor de los hijos de Colbert, ministro de Finanzas de Luis XIV. París en aquellos momentos vivía un ambiente de renovación espiritual caldeado por la figura apostólica de san Vicente de Paúl, y la de Berulle y de M. Olier, iniciadores de la espiritualidad del seminario de San Sulpicio. Al mismo tiempo el jansenismo se adentraba en la sociedad. Fue ordenado sacerdote en 1669 y su nuevo destino fue el colegio de la Trinidad de Lyon. Su tarea apostólica fue la dirección de a Congregación Mariana del colegio; y su especialidad literaria, la oratoria sagrada, fue tan destacable que sus superiores le destinaron a la predicación.
1674, año de la tercera probación, fue decisivo en su vida donde recibió la impresión de la misión que debía realizar: "Hago el propósito firme de cumplir cuanto me sea posible con toda fidelidad todos los deberes de mi estado y ser fiel al Señor aun en las cosas más mínimas; romper de un golpe y para siempre las cadenas del amor propio, quitándole toda esperanza de ser alguna vez tenido en consideración; adquirir en poco tiempo los méritos de una vida larga; reparar las irregularidades pasadas; dar a Dios una prueba de gratitud por las infinitas gracias recibidas, y hacer de mi parte cuanto pueda para ser de Dios sin reserva alguna".
 Fue nombrado Rector del colegio de Paray-le-Monial, para que dirigiese espiritualmente a una religiosa que recibía la presencia del Sagrado Corazón: santa Margarita María de Alacoque. Durante un año y medio se encontraron los dos santos; santa Margarita hacía tiempo que había tenido una visión que le había dicho: "No temas, muy pronto te enviaré a mi amigo y siervo fiel para que guíe tus pasos y te ayude en la misión que te voy a encomendar". Claudio fue el único que la entendió. La santa escribió: "El padre tuvo que sufrir mucho por mi causa. Decíase que yo pretendía engañarle con mis ilusiones, pero él no se preocupaba de las habladurías y no dejó de ayudarme mientras estuvo en la ciudad y no ha dejado nunca de ayudarme"...
En 1676, fue trasladado a Londres, porque había sido nombrado predicador de la duquesa de York, la católica María Beatriz, hija del duque de Módena, que había puesto como condición para casarse con el futuro rey Jacobo II, tener un predicador católico. Difundió la devoción al Sagrado Corazón en un ambiente de hostilidad hasta 1678, cuando su apostolado se truncó al ser detenido y torturado en la Torre de Londres y condenado a muerte, por la delación de un sacerdote francés que quiso vengarse de él. Por la intervención del rey de Francia se le conmutó la pena capital por el destierro. Claudio tuvo una inmensa confianza en la Providencia, conocido como “Acto de confianza”. Murió a los 43 años en Paray-le-Monial, tras muchos sufrimientos a causa de una fuerte hemotisis.
El 16 de junio de 1929, el Papa Pío XI beatificó a Claudio La Colombière, cuyo carisma según Santa Margarita María Alacoque, consistió en elevar las almas a Dios siguiendo el camino de amor misericordia que Cristo nos revela en el Evangelio. Fue canonizado por SS Juan Pablo II el 31 de mayo de 1992, en la Basílica Vaticana.