12 de febrero de 2015

San BENITO DE ANIANO. (c.750 - 821).

(fr.: Benoît d’Aniane).
Bendecido. Decir bien de alguien

Martirologio Romano: En el monasterio de San Cornelio de Indam, en Germania, tránsito de san Benito, abad de Aniano, que propagó la Regla benedictina, confeccionó un Consuetudinario para uso de monjes y trabajó con empeño en la instauración de la liturgia romana.



Se llamaba Witiza y era visigodo de Aniano, en la Septimania (Languedoc); era hijo de Aigulf, conde de Maguelonne. Fue copero del rey Pipino el Breve y de Carlomagno, pero a los 20 años, tomó la resolución de entregarse a Dios. En el 774, mientras servía en el séquito de Carlomagno en su campaña de Italia contra los longobardos, estuvo a punto de ahogarse en el Tesin, cerca de Pavía, al intentar salvar a su hermano, hizo la promesa de retirarse del mundo por completo. De regreso al Languedoc se reafirmó en su resolución gracias al consejo de un ermitaño llamado Widmar y se retiró a la abadía de Saint-Seine cerca de Dijon, donde le nombraron ecónomo. Sus hermanos de religión le detestaban por severo (negaba el vino que concedía la regla), y los rigores de su ascesis parecían echarle en cara costumbres relativamente cómodas. Entonces Witiza decidió volver a su tierra natal del Languedoc, y allí junto al río Aninae, fundo una comunidad con una regla mucho mas estricta que la de san Benito, que a su juicio pecaba de condescendiente. Se le unió el anciano y piadoso Guimer o Widmar. La suma pobreza, el trabajo durísimo y los implacables ayunos (sólo pan y agua) que hacían morir a los monjes de inanición frustraron su intento, y hacia el 782, Witiza rectificó: adopta el nombre de Benito así como su regla. 
El rey Ludovico Pío le ordenó asumir la vigilancia de todas las abadías de Languedoc, Provenza y Gascuña, y le encargó la reforma de todas las abadías francesas y alemanas; en 814 le nombró abad de Marmoutier, en Alsacia, y luego, más cerca de él, en Inden, donde con la ayuda de Ludovico Pío, fundó la abadía de Kornelimünster o Inden, cerca de Aquisgrán, como modelo de todas las abadías y que será el lugar de su muerte. En Aquisgrán presidió una reunión o concilio de todos los abades del Imperio (871) que marcó historia  entre los benedictinos. Fue el guía y maestro de la Europa civilizada, siempre con su férreo y característico talante absoluto, disciplinado y centralizador, sin más ley que la regla, que no debía interpretarse ni comentarse, sólo cumplirse. Reformador del monacato benedictino y es considerado como “el primer artífice de la unidad cultural y espiritual europea”.